Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 23, Volumen XVIII, 1990
 

Argumentos: educación para la mayoría de edad

CARLOS SÁNCHEZ LOZANO 
JUAN GUILLERMO GÓMEZ G.

Fotografías: Mario Rivera

LA MUERTE DEL PSICOANALISIS PROCLAMADA DESDE BOGOTA D. E.

SI FUESE PRECISO DEFINIR rápidamente la intención intelectual de la revista Argumentos, es posible concluir que ella ha buscado contribuir, dentro del ámbito espiritual y científico de la universidad colombiana, a que sea sustancial y necesario a sus objetivos públicos y académicos el pensar ilustradamente. O para decirlo con los términos de Emmanuel Kant en un texto que se encuentra traducido en unos de los últimos números de la revista: "La ilustración es la salida del hombre de su condición de menor de edad de la cual él mismo es culpable. La minoría de edad es la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la dirección de otro... Sapere aude! ĄTen valor de servirte de tu propio entendimiento! es pues la divisa de la ilustración. La pereza y la cobardía son las causas de que la mayoría de los hombres, después que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena, permanecen con gusto como menores de edad a lo largo de su vida, por lo cual le es muy fácil a otros el erigirse en tutores" (Argumentos, núms. 14-17, pág. 29).

Pese a que en Colombia se favorece no el pensar ilustradamente sino el pensar dogmáticamente, Argumentos, la revista editada y dirigida por el filósofo y profesor de la Universidad Nacional Rubén Jaramillo Vélez, ha tratado modestamente de superar este vivo estilo de reflexión intelectual. Modestamente, en sentido estricto aquí, quiere decir: con las limitaciones económicas propias que sufre una publicación independiente, editada solitariamente, y en la medida que las posibilidades del saber universitario lo han permitido, esto es, soportando los vicios que se han asentado institucionalmente: una persistente mediocridad profesoral —habilidosamente excusada— y la recepción no-crítica del saber europeo y norteamericano. Científicamente esto es grave, porque pensar para la sociedad tiene sus requisitos rigurosos. Por colocar un solo ejemplo (y de paso así comenzamos a reseñar cronológicamente número por número de la revista):  la recepción del psicoanálisis en Colombia. żO habría que decir "recepción homicida"? En efecto, dos psiquiatras colombianos, en sendos libros, proclamaron desde Bogotá la muerte del psicoanálisis. Uno de ellos —José Francisco Socarrás— se sirvió de él para hacer lo que llamaríamos "El retrato libidinoso de un godo thanático". El otro, el imparable Mauro Torres, con un superyoísmo superdocto concluiría: "El psicoanálisis ha muerto desde el momento en que fracasaron sus pretensiones científicas. Y los débiles destellos de vitalidad que aún se advierten sólo se explican por el aire superficial que le aportan sus últimos entusiastas, sean estos sostenidos por la fe o el interés económico...".  Queden, pues, Laureano Gómez: psicoanálisis de un resentido y Freud, biografía crítica de Socarrás y Torres, respectivamente, como testimonios de que la "ciencia santista" no es ningún fantasma caduco.

Primer número de la revista Argumentos publicada por Rubén Jaramillo Vélez en 1981. Para la ilustración de la cubierta del núm. 2 de 1983 se utilizó un fotomontaje de John Heartfield del semanario Arbicker Ilustriere Zeitung de 1932.

Contra estas "recepciones nacionales del psicoanálisis es contra las que ha pretendido luchar Argumentos. Y también contra las que, supuestamente, pasan por ser más académicas y menos vulgares: las de Alvaro Villar Gaviria y la del doctor h.c. Estanislao Zuleta. Estos dos últimos han rentado prósperamente de la relación "marxismo-psicoanálisis" que, en sus casos, es reducida al marxismo de Wenceslao Roces, libretraductor de E/capital, y al Freud de las Obras completas en la versión gaúcha de 1942. El número 1 de Argumentos (la. ed., 1981; 2a. ed., ampliada, 1986), al menos cumple la tarea mínima, sin explicarla, de contrarrestar estos contrabandos intelectuales. Tratando un tema parcial de la bibliografía psicoanalítica contemporánea, "la teoría de la libido y su relación con la personalidad autoritaria fascista", amplía su horizonte temático para homenajear al escritor alemán Heinrich Mann (1871-1950), cuyo libro E/súbdito (1914, la. ed. por entregas) sirve a Jaramillo Vélez para hacer, como él dice, "un análisis de la novela de H. Mann con base en el cual se resume la teoría freudiana de la ontogenia del carácter, ejemplificada en el caso del carácter autoritario" (pág. 7 de la 2a. cd., que citaremos en adelante). O como lo explica literariamente el mismo Heinrich Mann en sus Memorias de 1945: "Me documenté sobre la novela del burgués alemán bajo Guillermo II desde el año de 1906. Terminé el manuscrito en 1914, dos meses antes del estallido de la guerra... El fascismo también: si se considera la figura del ‘súbdito’ desde la posteridad. Cuando lo concebí me faltaba el concepto de fascismo que se veía llegar, pero no la intuición" (cit. en Argumentos 1, pág. 87). Esta figura del súbdito, del pequeño burgués fascistoide, es exhibida socialmente a través del ánimo de notoriedad, reconocimiento discriminador y un arribismo solapado ejercido, además, con brutalidad física; e individualmente se manifiesta —como lo categoriza el psicoanálisis— en una inseguridad continua ligada al temor por la pérdida del afecto paterno y al temor a la castración, al castigo.

Jaramillo Vélez recurre, para confirmar sus hipótesis, a una amplia bibliografía —primaria y secundaria— de la Teoría crítica, es decir, la que surgió del ya famoso Círculo de Fráncfort —Horkheimer, T. Adorno, Marcuse— y polemiza tácitamente con las teorías del superyó del psicoanálisis ortodoxo, revisionista y desocializado del Fromm maduro y de la escuela funcionalista estadounidense (Horney, Thompson). La caracterología de este ‘ciudadano bueno’ lo lleva a convertir "su frustración y su odio en reserva de agresión contra los otros: los proletarios, los débiles, las mujeres, los enfermos, los judíos" (pág. 42). Es inherente a la sociedad burguesa el ejercicio continuo de la violencia por parte de sus clases dominantes, y el ‘súbdito’ no apareció únicamente en la Alemania de 1933 a 1945. Este mediocre filisteo se encuentra latente en cualquier sociedad liberal —aun en la nuestra— y espera anhelosamente que se cumpla su sueño político de un Fuhrer, "un gran político", "un hombre íntegro con un poder ilimitado", el dictador. El primer número de Argumentos apenas vislumbra la importancia de estudiar este oscuro problema. De ahí la vigencia de las últimas frases del ensayo de Heinrich Mann "Geist und Tat" ("Espíritu y acción"), donde supone la responsabilidad vigilante de los intelectuales frente a esa catástrofe posible: "El hombre del puño y la autoridad deben ser el enemigo. Un intelectual que se acerca a la casta de los señores traiciona el espíritu. Pues el espíritu no es nada conservador y no otorga ningún privilegio. El disuelve, él es nivelador, y por sobre las ruinas de cien fortalezas impulsa a las últimas realizaciones de la verdad y la justicia, a su cumplimiento, así sea éste el de la muerte" (Argumentos 1, pág. 59).

Cubierta y contracubierta del número 4-5 de 1983 traducción directa del alemán de Rubén Jaramillo.

ARGUMENTOS, UNA REVISTA "GERMANOFILA"

 Con este argumento (un banal argumento, por cierto, pero amplia y discretamente compartido, juicio casi similar con aquel que acusó a Mito, la revista de Gaitán Durán, de ser una publicación "afrancesada"), con este parco nominativo se ha querido descalificar la labor intelectual dirigida por Rubén Jaramillo. La frase, proveniente del reducido caudal de ideas de un politólogo de la Universidad de los Andes, lleva consigo un supuesto contradictor posible:

Argumentos no es una revista "colombianófila". Y lo que se desprende de cualquier publicación "colombianófila" —que llene los requisitos para serlo— es precisamente eso: que sea acrítica, despolitazada, ‘literaria’ en el sentido particular del término. Es decir, que exhiba simulación, lujo formal y un nacionalismo patriotero —o, en su defecto, un cosmopolitismo exclusivista— que esté sumiso a las necesidades políticas o culturales del momento.

De temas "germanófilos" tratan varios números de Argumentos. Los números 2 y 3, por ejemplo, están dedicados a la Presentación de la Teoría crítica de la sociedad (el segundo) ya la traducción directa del alemán de un extenso ensayo de Max Horkheimer, El Estado autoritario (el tercero). El primero de los trabajos es el resultado, según informa el propio editor, de la revisión a sus propios cursos y seminarios sobre el tema. Este número 2 de Argumentos puede ser considerado, sin pretensiones de ningún tipo, como el más sistemático de los trabajos que se han elaborado en Colombia en procura de presentar histórico-políticamente, al estudiante universitario interesado, una visión inicial sobre las tesis de la llamada "Escuela de Fráncfort". El número, de cincuenta páginas, está dividido en dos partes. La primera se ocupa en explicar los antecedentes del Institut für Sozialforschung (Instituto para la Investigación Social), el cual, a partir de los años treinta, sería denominado en el exilio popularmente como Escuela de Fráncfort. Para ello, Jaramillo Vélez hace un prólogo biográfico-anecdótico del grupo con base en un libro de Martín Jay sobre el asunto. Se sitúa históricamente el nacimiento del Instituto dentro de la decidida respuesta de un grupo de intelectuales comunistas, que ante el fracaso de la revolución socialista alemana, en noviembre del 18, y el consiguiente proceso contrarrevolucionario que siguió a la presidencia del socialdemócrata Ebert, propusieron la creación de una entidad marxista extrauniversitaria, en 1923, y que llegaría, a contar con el pensamiento revolucionario más valioso de Europa occidental: Pollock, el economista, Horkheimer y Theodor Adorno, más conocidos, y posteriormente con la vinculación de los jóvenes Erich Fromm y Herbert Marcuse. Hasta pocos meses antes del ascenso de Hitler, en marzo de 1933, el grupo permaneció unido en Alemania. Pero el hecho de ser marxistas —y algunos de ellos judíos— las obligó a partir rápidamente, primero a Francia y finalmente a los Estados Unidos, donde, en la Universidad de Columbia, encontrarían asiento provisional. La Zeitschrift (revista) del Instituto llegaría, en el exilio, a editar trabajos fundamentales del materialismo histórico y de las modernas ciencias sociales. Baste citar los ensayos sobre Cultura y sociedad de Marcuse, los Estudios sobre autoridad y familia y La personalidad autoritaria dirigidos por Horkheimer. A ninguno de ellos los alcanzó a tocar ningún SS o un asesino de la Gestapo, pero un colaborador cercano a la Escuela no tendría tanta suerte: Walter Benjamin se suicidaba cerca a la frontera franco-española, en 1940, ante~el temor de ser aprehendido. Una frase suya, un Leivmotiv que se halla al final de su ensayo sobre Las afinidades electivas de Goethe, podría sintetizar la reflexión última sobre su trabajo, su destino, sobre el hombre mismo: "No se nos ha dado la esperanza sino por favor de los desesperanzados".

La muy útil traducción sobre E/Estado autoritario (1940) de Max Horkheimer realizada por Jaramillo Vélez y publicada en el número 3 de Argumentos, en enero de 1983, ampliaba evidentemente el marco conceptual sobre el que se deben estudiar, ya no sólo el Estado autoritario o el "capitalismo de Estado" (Engels) en la Alemania del 33 al 45, sino la estructura política y militar de las sociedades latinoamericanas que por esos años soportaban dictaduras fascistas (Chile, Argentina, Uruguay, Guatemala). Frente a las cómodas y reaccionarias dicotomías del politólogo francés Jean-Francois Revel, "comunismo o democracia", diariamente explotadas en nuestro medio por un periodista-novelista, el ensayo de Horkheimer plantea consecuencias filosófico-históricas que no tienen nada que ver con estos dilemas: "La competencia de los asalariados había garantizado la prosperidad de los empresarios privados. Esa era la libertad de los pobres [...] No podía haber suficientes pobres, su número era una bendición para el capital. Pero en la misma medida en que el capital concentra a los trabajadores en la gran empresa, entra en crisis y hace de su existencia un callejón sin salida. Ni siquiera pueden ya venderse. Su interés los conduce al socialismo. Si por una vez la clase dominante ‘ha de alimentar a los trabajadores en lugar de ser alimentada por ellos’, es la horade la revolución" (Argumentos 3, pág. 17)

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