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Argumentos: educación para la mayoría
de edad
CARLOS SÁNCHEZ LOZANO
JUAN GUILLERMO GÓMEZ G.
Fotografías:
Mario Rivera
LA MUERTE DEL PSICOANALISIS PROCLAMADA
DESDE BOGOTA D. E.
SI FUESE PRECISO DEFINIR rápidamente la
intención intelectual de la revista Argumentos, es posible concluir que ella ha buscado
contribuir, dentro del ámbito espiritual y científico de la universidad colombiana, a
que sea sustancial y necesario a sus objetivos públicos y académicos el pensar
ilustradamente. O para decirlo con los términos de Emmanuel Kant en un texto que se
encuentra traducido en unos de los últimos números de la revista: "La ilustración
es la salida del hombre de su condición de menor de edad de la cual él mismo es
culpable. La minoría de edad es la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin
la dirección de otro... Sapere aude! ĄTen valor de servirte de tu propio entendimiento!
es pues la divisa de la ilustración. La pereza y la cobardía son las causas de que la
mayoría de los hombres, después que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de
conducción ajena, permanecen con gusto como menores de edad a lo largo de su vida, por lo
cual le es muy fácil a otros el erigirse en tutores" (Argumentos, núms. 14-17,
pág. 29).
Pese a que en Colombia se
favorece no el pensar ilustradamente sino el pensar dogmáticamente, Argumentos, la
revista editada y dirigida por el filósofo y profesor de la Universidad Nacional Rubén
Jaramillo Vélez, ha tratado modestamente de superar este vivo estilo de reflexión
intelectual. Modestamente, en sentido estricto aquí, quiere decir: con las limitaciones
económicas propias que sufre una publicación independiente, editada solitariamente, y en
la medida que las posibilidades del saber universitario lo han permitido, esto es,
soportando los vicios que se han asentado institucionalmente: una persistente mediocridad
profesoral habilidosamente excusada y la recepción no-crítica del saber
europeo y norteamericano. Científicamente esto es grave, porque pensar para la sociedad
tiene sus requisitos rigurosos. Por colocar un solo ejemplo (y de paso así comenzamos a
reseñar cronológicamente número por número de la revista): la recepción del psicoanálisis en Colombia. żO
habría que decir "recepción homicida"? En efecto, dos psiquiatras colombianos,
en sendos libros, proclamaron desde Bogotá la muerte del psicoanálisis. Uno de ellos
José Francisco Socarrás se sirvió de él para hacer lo que llamaríamos
"El retrato libidinoso de un godo thanático". El otro, el imparable Mauro
Torres, con un superyoísmo superdocto concluiría: "El psicoanálisis ha muerto
desde el momento en que fracasaron sus pretensiones científicas. Y los débiles destellos
de vitalidad que aún se advierten sólo se explican por el aire superficial que le
aportan sus últimos entusiastas, sean estos sostenidos por la fe o el interés económico...".
Queden, pues, Laureano Gómez:
psicoanálisis de un resentido y Freud, biografía crítica de Socarrás y
Torres, respectivamente, como testimonios de que la "ciencia santista" no es
ningún fantasma caduco.
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Primer
número de la revista Argumentos publicada por Rubén Jaramillo Vélez en 1981.
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Para la
ilustración de la cubierta del núm. 2 de 1983 se utilizó un fotomontaje de John
Heartfield del semanario Arbicker Ilustriere Zeitung de 1932.
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Contra
estas "recepciones nacionales del psicoanálisis es contra las que ha pretendido
luchar Argumentos. Y también contra las que, supuestamente, pasan por ser más
académicas y menos vulgares: las de Alvaro Villar Gaviria y la del doctor h.c. Estanislao
Zuleta. Estos dos últimos han rentado prósperamente de la relación
"marxismo-psicoanálisis" que, en sus casos, es reducida al marxismo de
Wenceslao Roces, libretraductor de E/capital, y al Freud de las Obras completas en
la versión gaúcha de 1942. El número 1 de Argumentos (la. ed., 1981; 2a. ed., ampliada,
1986), al menos cumple la tarea mínima, sin explicarla, de contrarrestar estos
contrabandos intelectuales. Tratando un tema parcial de la bibliografía psicoanalítica
contemporánea, "la teoría de la libido y su relación con la personalidad
autoritaria fascista", amplía su horizonte temático para homenajear al escritor
alemán Heinrich Mann (1871-1950), cuyo libro E/súbdito (1914, la. ed. por
entregas) sirve a Jaramillo Vélez para hacer, como él dice, "un análisis de la
novela de H. Mann con base en el cual se resume la teoría freudiana de la ontogenia del
carácter, ejemplificada en el caso del carácter autoritario" (pág. 7 de la 2a.
cd., que citaremos en adelante). O como lo explica literariamente el mismo Heinrich Mann
en sus Memorias de 1945: "Me documenté sobre la novela del burgués
alemán bajo Guillermo II desde el año de 1906. Terminé el manuscrito en 1914, dos meses
antes del estallido de la guerra... El fascismo también: si se considera la figura del
súbdito desde la posteridad. Cuando lo concebí me faltaba el concepto de
fascismo que se veía llegar, pero no la intuición" (cit. en Argumentos 1, pág.
87). Esta figura del súbdito, del pequeño burgués fascistoide, es exhibida socialmente
a través del ánimo de notoriedad, reconocimiento discriminador y un arribismo solapado
ejercido, además, con brutalidad física; e individualmente se manifiesta como lo
categoriza el psicoanálisis en una inseguridad continua ligada al temor por la
pérdida del afecto paterno y al temor a la castración, al castigo.
Jaramillo Vélez recurre,
para confirmar sus hipótesis, a una amplia bibliografía primaria y
secundaria de la Teoría crítica, es decir, la que surgió del ya famoso
Círculo de Fráncfort Horkheimer, T. Adorno, Marcuse y polemiza tácitamente
con las teorías del superyó del psicoanálisis ortodoxo,
revisionista y desocializado del Fromm maduro y de
la escuela funcionalista estadounidense (Horney, Thompson). La caracterología de este
ciudadano bueno lo lleva a convertir "su frustración y su odio en
reserva de agresión contra los otros: los proletarios, los débiles, las mujeres, los
enfermos, los judíos" (pág. 42). Es inherente a la sociedad burguesa el ejercicio
continuo de la violencia por parte de sus clases dominantes, y el súbdito no
apareció únicamente en la Alemania de 1933 a 1945. Este mediocre filisteo se encuentra
latente en cualquier sociedad liberal aun en la nuestra y espera anhelosamente
que se cumpla su sueño político de un Fuhrer, "un gran político", "un
hombre íntegro con un poder ilimitado", el dictador. El primer número de Argumentos
apenas vislumbra la importancia de estudiar este oscuro problema. De ahí la vigencia de
las últimas frases del ensayo de Heinrich Mann "Geist und Tat" ("Espíritu
y acción"), donde supone la responsabilidad vigilante de los intelectuales frente a
esa catástrofe posible: "El hombre del puño y la autoridad deben ser el enemigo. Un
intelectual que se acerca a la casta de los señores traiciona el espíritu. Pues el
espíritu no es nada conservador y no otorga ningún privilegio. El disuelve, él es
nivelador, y por sobre las ruinas de cien fortalezas impulsa a las últimas realizaciones
de la verdad y la justicia, a su cumplimiento, así sea éste el de la muerte"
(Argumentos 1, pág. 59).
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Cubierta y
contracubierta del número 4-5 de 1983 traducción directa del alemán de Rubén
Jaramillo.
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ARGUMENTOS, UNA REVISTA
"GERMANOFILA"
Con este
argumento (un banal argumento, por cierto, pero amplia y discretamente compartido, juicio
casi similar con aquel que acusó a Mito, la revista de Gaitán Durán, de ser una
publicación "afrancesada"), con este parco nominativo se ha querido
descalificar la labor intelectual dirigida por Rubén Jaramillo. La frase, proveniente del
reducido caudal de ideas de un politólogo de la Universidad de los Andes, lleva consigo
un supuesto contradictor posible:
Argumentos no es una
revista "colombianófila". Y lo que se desprende de cualquier publicación
"colombianófila" que llene los requisitos para serlo es
precisamente eso: que sea acrítica, despolitazada, literaria en el sentido
particular del término. Es decir, que exhiba simulación, lujo formal y un
nacionalismo patriotero o, en su defecto, un
cosmopolitismo exclusivista que esté sumiso a las necesidades políticas o
culturales del momento.
De temas
"germanófilos" tratan varios números de Argumentos. Los números 2 y 3, por
ejemplo, están dedicados a la Presentación de la Teoría crítica de la sociedad (el segundo)
ya la traducción directa del alemán de un extenso ensayo de Max Horkheimer, El Estado
autoritario (el tercero). El primero de los trabajos es el resultado, según informa
el propio editor, de la revisión a sus propios cursos y seminarios sobre el tema. Este
número 2 de Argumentos puede ser considerado, sin pretensiones de ningún tipo, como el
más sistemático de los trabajos que se han elaborado en Colombia en procura de presentar
histórico-políticamente, al estudiante universitario interesado, una visión inicial
sobre las tesis de la llamada "Escuela de Fráncfort". El número, de cincuenta
páginas, está dividido en dos partes. La primera se ocupa en explicar los antecedentes
del Institut für Sozialforschung (Instituto para la Investigación Social), el cual, a
partir de los años treinta, sería denominado en el exilio popularmente como Escuela de
Fráncfort. Para ello, Jaramillo Vélez hace un prólogo biográfico-anecdótico del grupo
con base en un libro de Martín Jay sobre el asunto. Se sitúa históricamente el
nacimiento del Instituto dentro de la decidida respuesta de un grupo de intelectuales
comunistas, que ante el fracaso de la revolución socialista alemana, en noviembre del 18,
y el consiguiente proceso contrarrevolucionario que siguió a la presidencia del
socialdemócrata Ebert, propusieron la creación de una entidad marxista
extrauniversitaria, en 1923, y que llegaría, a contar con el pensamiento revolucionario
más valioso de Europa occidental: Pollock, el economista, Horkheimer y Theodor Adorno,
más conocidos, y posteriormente con la vinculación de los jóvenes Erich Fromm y Herbert
Marcuse. Hasta pocos meses antes del ascenso de Hitler, en marzo de 1933, el grupo
permaneció unido en Alemania. Pero el hecho de ser marxistas y algunos de ellos
judíos las obligó a partir rápidamente, primero a Francia y finalmente a los
Estados Unidos, donde, en la Universidad de Columbia, encontrarían asiento provisional.
La Zeitschrift (revista) del Instituto llegaría, en el exilio, a editar trabajos
fundamentales del materialismo histórico y de las modernas ciencias sociales. Baste citar
los ensayos sobre Cultura y sociedad de Marcuse, los Estudios sobre autoridad y
familia y La personalidad autoritaria dirigidos por Horkheimer. A ninguno de
ellos los alcanzó a tocar ningún SS o un asesino de la Gestapo, pero un colaborador
cercano a la Escuela no tendría tanta suerte: Walter Benjamin se suicidaba cerca a la
frontera franco-española, en 1940, ante~el temor de ser aprehendido. Una frase suya, un Leivmotiv
que se halla al final de su ensayo sobre Las afinidades electivas de Goethe,
podría sintetizar la reflexión última sobre su trabajo, su destino, sobre el hombre
mismo: "No se nos ha dado la esperanza sino por favor de los desesperanzados".
La muy útil traducción
sobre E/Estado autoritario (1940) de Max Horkheimer realizada por Jaramillo Vélez
y publicada en el número 3 de Argumentos, en enero de 1983, ampliaba evidentemente el
marco conceptual sobre el que se deben estudiar, ya no sólo el Estado autoritario o el
"capitalismo de Estado" (Engels) en la Alemania del 33 al 45, sino la
estructura política y militar de las sociedades latinoamericanas que por esos años
soportaban dictaduras fascistas (Chile, Argentina, Uruguay, Guatemala). Frente a las
cómodas y reaccionarias dicotomías del politólogo francés Jean-Francois Revel,
"comunismo o democracia", diariamente explotadas en nuestro medio por un
periodista-novelista, el ensayo de Horkheimer plantea consecuencias
filosófico-históricas que no tienen nada que ver con estos dilemas: "La competencia
de los asalariados había garantizado la prosperidad de los empresarios privados. Esa era
la libertad de los pobres [...] No podía haber suficientes pobres, su número era una
bendición para el capital. Pero en la misma medida en que el capital concentra a los
trabajadores en la gran empresa, entra en crisis y hace de su existencia un callejón sin
salida. Ni siquiera pueden ya venderse. Su interés los conduce al socialismo. Si por una
vez la clase dominante ha de alimentar a los trabajadores en lugar de ser alimentada
por ellos, es la horade la revolución" (Argumentos 3, pág. 17)
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