Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 22. Volumen XXVII, 1990 


Un mensaje optimista


Acuerdo o desacuerdo de Cartagena.
Un testimonio sobre el Pacto Andino

Jaime Salazar Montoya
Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1989,
207 págs.

El Acuerdo de Cartagena, que dio nacimiento al comúnmente llamado Pacto Andino, fue suscrito en mayo de 1969. Cinco países: Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú lo integraron inicialmente. En el año 1973 ingresó Venezuela, y tres años después, en 1976, se retiró Chile.

Los primeros años constituyeron un período fructífero, pues se diseñaron los mecanismos que irían a llevar a la práctica los anhelos de sus fundadores, y el comercio intrasubregional creció. Sin embargo, las dificultades no se hicieron esperar, y hacia 1986 se evidenció una crisis, que ha sido persistente desde entonces.

Cuatro reformas ha tenido cl tratado constitutivo. La primera, en 1973, que permitió el ingreso de Venezuela. La segunda y la tercera, ocurridas en 1976 y 1978 respectivamente, que revistieron un carácter formal y se limitaron a ampliar los plazos para la aplicación de los mecanismos de la integración. Por último, la cuarta reforma, que se discutió en cinco largos años, culminó con la firma del llamado Protocolo de Quito.

Sobre este último período versa el trabajo de Jaime Salazar Montoya. Hombre práctico, de empresa, ajeno a las veleidades burocráticas y a los cargos oficiales, impulsor de ideas, de lenguaje directo y llano. Así como es él, así es su libro. Ha procurado despojarlo de tecnicismos y términos que nada le dicen al lector común. Es la crónica, agradablemente contada, de lo sucedido en el interior del órgano ejecutivo del Grupo Andino, que es la junta del Acuerdo de Cartagena, durante los años 1985 a 1988. No tiene pretensiones académicas ni es un trabajo que sirva para exponer, en forma didáctica, en qué consiste el sistema complejo de nuestra integración subregional. Es un testimonio que aclara muchas cosas; por ejemplo, la relación que existe entre las largas y pesadas negociaciones donde no se avanza nada y la falta de voluntad política de los gobiernos, para dar pasos adelante en la integración. Los discursos floridos, la retórica diplomática y las actuaciones de los representantes y negociadores de los gobiernos. Las generosas promesas y los reiterados incumplimientos de los compromisos adquiridos.

El título de la obra encierra el dilema del Pacto. żEs un acuerdo lo que tenemos, o un desacuerdo? Porque los países se han esforzado más en hacer resaltar lo que los desune, que en dedicarse a reforzar lo que los une. Eso se aprecia en la descripción que el autor hace de todas las reuniones de la comisión (órgano decisorio del acuerdo), de los ministros, cancilleres y presidentes. Es interesante mirar hacia atrás para darse cuenta de que se ha perdido mucho tiempo en negociaciones sin sentido, pues a éstas no las inspiraba el deseo de concertar, sino el ánimo de dilatar el proceso y generar desgaste y agotamiento. Hacia el futuro la voluntad política, si existe, debe reflejarse en negociaciones más francas y abiertas. Que se vaya al fondo de los problemas y a las causas de los mismos y que no se acoja "la línea de menor compromiso y riesgo", que, según Salazar, fue una conducta que prevaleció en el período que él relata.

Un capítulo interesante y que contiene aportes derivados de la experiencia de haber estado metido en "el barro con los pies descalzos", tal como afirma Manfred Max Neef, citado por el autor en la Presentación, es el relacionado con la marcha de los órganos del acuerdo. La comisión, la junta, el tribunal de justicia, el parlamento, el Fondo Andino de Reservas, la Corporación Andina de Fomento y la Asociación de Empresas Estatales de Telecomunicaciones son objeto de breve análisis y de sugerencias para su mejor funcionamiento. Enfatiza el hecho de que la integración es un sistema de órganos interrelacionados que exigen buscar posiciones comunes y nuevos campos de trabajo.

El mensaje es optimista, y el autor mira el futuro para hacer recomendaciones. Considera que la integración es una alternativa válida; que es la única forma de afirmar la identidad de los pueblos; que el trabajo debe ser más humano; que se deben explorar otros intentos de cooperación; que se le debe imprimir menos sentido comercialista y vincular a todos los agentes y no solamente a los funcionarios de gobierno; que la integración física (al igual que en el período incaico) es necesaria para estrechar el vínculo aglutinante de los países, a través de los caminos y de las comunicaciones; que deben impulsarse las empresas multinacionales andinas e imprimir mayor dinamismo a la seguridad alimentaria, al aprovechamiento industrial, a la investigación y a los adelantos tecnológicos.

El libro está dirigido a aquellos que deseen conocer intimidades de los últimos años del Grupo Andino. Pero debería ser leído por quienes han tenido algún tipo de protagonismo en dichos años. Ahí se verán en un espejo y podrán reflexionar y hacer una sana autocrítica de su actuación, sin importar si en el libro les pisaron los callos o no.

GUSTAVO TOBON