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Profesión de fe en el proteccionismo
Historia económica de Antioquia
Gabriel Poveda Ramos
Colección Autores Antioquenos, Medellín,
1988
Este trabajo de Poveda Ramos tiene
el mérito, y la utilidad al mismo tiempo, de sintetizar de manera armónica los
anteriores trabajos que sobre historia económica antioqueña había ya publicado el
autor. Podemos mencionar en especial sus Dos siglos de historia económica de Antioquia
(1984), Minas y mineros de Antioquia (1984) y, naturalmente, su Historia del
ferrocarril de Antioquia
(1974).
Poveda nos muestra, en
los capítulos iniciales, el estado tan precario en que Antioquia se encontraba con
relación al resto del país hasta mediados del siglo XIX. Los testimonios del gobernador
Francisco Silvestre, quien a finales del siglo XVIII daba cuenta del estado tan deprimido
de la provincia de Antioquia, son refrendados con cifras bien interesantes por Poveda,
quien dedica el primer capítulo a contrastar el tremendo subdesarrollo de Antioquia
frente al resto del país, que se hallaba en mejores condiciones. El análisis de Poveda,
que coincide con la visión muy clara que tuvo el oidor Mon y Velarde, es la de que la
gran restricción para el despegue inicial de la economía antioqueña (el takeoff de
Rostow) fue la deficiente infraestructura alimenticia de la provincia. Quizás acá radica
uno de los puntos más valiosos del trabajo de Poveda. El autor calcula los déficit
alimentarios que exhibía la provincia de Antioquia, tomando sus principales productos
(maíz, frijol, carne) para demostrar cómo hasta ya entrado el siglo XIX Antioquia no
adquiere la autosuficiencia alimentaria, con lo que se verifica la hipótesis de que
mientras esta autosuficiencia no se hubo alcanzado no fue factible que el desarrollo
económico de Antioquia se iniciara con el empuje que pudo exhibir a todo lo largo del
siglo XIX.
Poveda,
igualmente, suscribe el hecho, ya constatado por otros historiadores, de que Antioquia no
fue una provincia de grandes haciendas. Los latifundios fueron menores que en otras
provincias colombianas. Esto permitió la conformación de una mayor movilidad social y
una agricultura de parcelas familiares que iba a ser, con posterioridad, el origen de la
colonización antioqueña y del desarrollo de la economía cafetera. Desde luego, que el
desarrollo económico de Antioquia no hubiera partido del latifundio sino de la pequeña
minería, no quiere decir que éste hubiera sido un desarrollo sin conflictos de tierras,
que, por supuesto,
los hubo
tanto en el período anterior a la colonización antioqueña como durante la colonización
misma. El punto es importante para destacar que la acumulación inicial de capital radicó
principalmente en la actividad minera y comerciante, más que en la actividad agrícola y
ganadera, como aconteció en otras regiones del país.
Del trabajo de Poveda
queda en claro lo que pudiéramos llamar la secuencia del desarrollo económico de
Antioquia. Esta secuencia empieza con la minería de aluvión, prosigue con la minería de
vetas, a la cual va asociado el crecimiento del comercio, y la acumulación naciente de
capital, con la cual se financia la ampliación inicial de la frontera agrícola, en las
vegas del Cauca y en el suroeste, en un principio, y posteriormente hacia el sur, región
de Caldas, Quindio y norte del Valle. Prosigue el crecimiento de la ganadería, y más
adelante vendrá la que para Poveda constituye el punto central de explicación del
crecimiento económico de Antioquia, que es la construcción del ferrocarril y todo lo que
ello significó, para concluir en el estadio final, o sea en la industrialización.
La construcción del
ferrocarril dur6 sesenta y tres heroicos años: de 1886, cuando se decreta su
construcción, hasta el 7 de agosto de 1929, cuando la primera locomotora cruza el túnel
de La Quiebra. Para visualizar la importancia del ferrocarril de Antioquia en el
desarrollo económico de esta provincia, baste citar este párrafo de Poveda, en el cual
se ilustra muy bien la magnitud del abaratamiento de costos que significó el ferrocarril
para la provincia: "Basándose en información recogida en Antioquia y otras partes
del país, P.W. Mac Greevy ha calculado que el flete promedio en caminos de herradura de
Colombia en el período 1845-1880 era de 41,6 centavos por tonelada! kilómetro; y que ya
en la época de iniciarse nuestro ferrocarril (hacia 1880, era de 60 centavos por tonelada/
kilómetro. Puede tenerse una idea de la importancia económica del ferrocarril señalando
que Cisneros calculaba que en él el flete sería de 17 centavos tonelada! kilómetro para
importaciones, 8 centavos tonelada/ kilómetro para exportaciones y 8,5 centavos tonelada/
kilómetro para café, herramientas y utensilios, de manera que habría de resultar más o
menos 65% más barato que por los medios usados antes que acabamos de describir".
El ferrocarril se
concluye pocos meses antes que estalle la gran crisis del año 29 que, como es bien
conocido, cerró los mercados de capitales y el crédito externo para obras como éstas.
Fue ésta una de las últimas obras públicas que el país logró financiar concurriendo
al mercado de capitales internacional en los años veinte. Fue, en este sentido,
providencial que el ferrocarril hubiera logrado terminarse en ese momento, porque un
retraso adicional probablemente habría implicado una dilación de veinte o treinta años
en su terminación.
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El despegue industrial de
Antioquia lo señala Poveda entre 1880 y 1890, o sea, más temprano de lo que creen
ubicarlo otros historiadores económicos de Antioquia. "Algunos historiadores
económicos colombianos y también la Cepal afirman que la industrialización en este
país comenzó después de la gran crisis dice Poveda. Esta es una
apreciación inexacta, en parte explicable por la celeridad que experimentó el desarrollo
fabril en los años treintas. Pero el desarrollo industrial con rasgos de modernidad y
como movimiento irreversible, de Colombia, comenzó en Antioquia hace un siglo, se
afianzó desde comienzos del siglo XX y cobró impulso definitivo desde los años
veintes".
Este
despertar temprano de la industrialización antioqueña explica, según Poveda, que
Antioquia sufriera menos con la guerra de los Mil Días que otras provincias que, al
iniciarse el siglo, eran mucho más dependientes de la agricultura y la ganadería, que
fueron las actividades que mayores estragos sufrieron con la guerra de comienzos del
siglo. La actividad comercial e industrial que ya comenzaba a despuntar en Antioquia,
además de que en su territorio no se libraron las grandes batallas de la guerra, le
permitió a Antioquia, no sólo no verse muy afectada con la contienda, sino
indirectamente beneficiarse económicamente de ella.
Por eso afirma el autor
que "Antioquia se encontró en una posición sumamente ventajosa en comparación con
el resto del país [al terminar la guerra de los Mil Días]. Su potencial productor era
aún pequeño pero estaba intacto; sus muertos y heridos no fueron tantos como en otras
regiones; había acumulado reservas de oro líquido; sus tierras estaban indemnes; y sus
numerosos y prósperos campesinos del sur y del Quindío, así como sus cafetales, habían
logrado esquivar la conflagración, en buena parte. Además, en otros sitios del país, al
terminar el siglo se habían cerrado varias industrias, como las ferrerías de
Cundinamarca y Boyacá, las factorías de tabaco del Tolima, los talleres textileros de
Santander, una fábrica de loza en Bogotá, etc. Estaba pues, Antioquia, en la mejor
posición para convertirse en un proveedor importante de manufacturas para el resto del
territorio, ya que no de alimentos, pues sus suelos pobres nunca produjeron en
abundancia".
Es, pues, en este
momento, al final de la guerra de los Mil Días, cuando Antioquia comienza a integrarse en
realidad a la economía colombiana en conjunto, no solo como la pobre
compradora de antes, sino ya como una importante
proveedora.
Uno de los
aspectos más interesantes del trabajo de Poveda, por el profundo conocimiento que sobre
la materia exhibe, es todo lo relacionado con el proceso de la minería, desde los
estadios iniciales de las explotaciones de aluvión por pequeños barequeros hasta la
explotación minera industrial de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, con
todos los procesos entrelazantes para el desarrollo metalúrgico y de bienes de capital,
que el progreso metalúrgico representó, así como el aporte al progreso del país que
significó la llegada de los ingenieros extranjeros que estuvieron asociados al proceso de
despegue de la industria minera antioqueña.
Pero,
adicionalmente a esta fase de la historia minera de Antioquia, uno de los aspectos más
polémicos que Poveda exhibe son sus críticas radicales a lo que fue la política de
inversión extranjera en minería a finales del siglo XIX. Acá la posición de Poveda es
bastante radical, como podemos verlo en el siguiente trozo que dedica a la materia:
"No parece, entonces, como opina Alvaro López en su ensayo clásico sobre migración
y cambio social en Antioquia en el siglo XIX, que los empresarios colombianos (y más
concretamente los antioqueños) hubieran demostrado ser menos competentes frente a los
extranjeros, a quienes hubieran de vender sus minas. Y es que nuestros gobernantes, con la
vocación herodiana que casi siempre los acompañó, dieron ventajas especiales al capital
extranjero, ventajas que no otorgaron a los nacionales, y así propiciaron la enajenación
de muchas minas a manos de propietarios norteamericanos en especial, e ingleses, fue así
como a finales de los años ochentas se registraron las corrientes más intensas de
inversión extranjera en este sector, en Antioquia. Es indudable que esa corriente de
entrada de dólares, francos y libras esterlinas, se vio fuertemente estimulada por el
envilecimiento de la moneda colombiana que vino como consecuencia de las grandes emisiones
de papel moneda". Posteriormente Poveda agre
gará críticas igualmente severas a la política
en materia de inversión extranjera en minería durante los primeros decenios del siglo
XX.
Vale la pena también
anotar que Poveda llama la atención sobre el proceso de concentración que se dio en la
industria antioqueña durante los años veinte, y que luego se vio acentuada durante la
crisis de los años treinta. Muchas de las grandes industrias antioqueñas se formaron por
fusiones y absorciones que gradualmente se fueron dando en los primeros decenios del
presente siglo. Este fenómeno había sido ya estudiado por Juan José Echavarría, y
ahora es refrendado por Poveda. Esta comprobación pone sordina a la leyenda rosa según
la cual todo el proceso de formación de la industria antioqueña fue el resultado de un
mercado de capitales fluido, transparente y amplio. Hubo algo de eso, desde luego, pero
las fusiones y las adquisiciones fueron un proceso muy importante para explicar el
crecimiento de ciertas industrias antioqueñas, muy especialmente las textileras.
El trabajo termina con un
juicio poco amable por parte de Poveda de lo que fue la política industrial durante el
gobierno de López Michelsen: "En agosto de 1974 subió al poder un nuevo Presidente
que desde el comienzo de su mandato no hizo secreto de su desvío por la industria como
factor esencial del desarrollo de Colombia. El y sus Ministros insistieron en que la
industria en Colombia es una actividad artificial, hecha a base de una exagerada
protección arancelaria, y en otras tesis análogas, y que a estas alturas de la historia
y del conocimiento no es necesario entrar a controvertir. Baste señalar que dichas tesis
fueron esgrimidas desde 1840 por un político, don Florentino González, para oponerse a
los defensores de la modesta e incipiente industria de entonces y para defender la
exclusiva dedicación de la economía colombiana a la agricultura, y eventualmente a la
exportación de productos agrícolas para importar todas las manufacturas. Tales tesis,
desgraciadamente, tuvieron eco y éxito en el siglo pasado por azares de la política,
contribuyeron a desmantelar la naciente industria en Santander y Bogotá, y lograron
empujar al país por un declive de empobrecimiento progresivo y de dependencia económica
y política hacia el exterior que se prolongó desde 1850 hasta 1905".
Con este cargo, un poco
injusto, contra el gobierno de López, puesto que la crisis industrial fue más bien la
consecuencia de la severa recesión mundial, el libro termina haciendo una manifestación
de fe en lo que pudiéramos llamar un proteccionismo razonado, y con un elogio de la
última fase del desarrollo económico de la provincia antioqueña, o sea la fase
industrial.
JUAN CAMILO
RESTREPO SALAZAR
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