Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 22. Volumen XVIII, 1990 


Una octava más alta


Danzas colombianas
Alberto Londoño
Universidad de Antioquia, Medellín, 1988,
341 págs., dibujos, fotografías,
31 transcripciones musicales

Desde la perspectiva realista, la mayoría de los bailes tradicionales de Colombia han perdido su vigencia social y cultural. Sólo en regiones muy específicas y en casos muy particulares, estos bailes retienen su función original. Los campesinos de Cundinamarca, Santander y Boyacá no bailan regularmente el torbellino y el tres, sino rumbas y merengues, y entre los habitantes del sur de la costa pacífica la salsa reemplazó el berejú, el bambuco viejo y la caderona de sus fiestas tradicionales. Es interesante anotar que éste no es un hecho reciente sino un proceso paralelo a los procesos de índole social, política y cultural que han transformado al país en los últimos cincuenta años. Esta situación no le resta valor ala publicación que comentamos, sino que la sitúa en una perspectiva diferente de las intenciones de su autor.

Los bailes que describe Londoño son en su mayoría utilizados actualmente en espectáculos de diversa índole. El "bambuco", el "torbellino", la "cumbia", lo que se llama "joropo" y otros bailes más son el repertorio de los grupos de danza de colegios, universidades, empresas o diferentes instituciones que persiguen un fin específico, que es el de proporcionar entretenimiento y actividades comunitarias entre sus miembros, siempre con el propósito de hacer presentaciones públicas en actos sociales y culturales. Sin embargo, hay otros que todavía forman parte de tradiciones culturales antiguas. La Candanga de Obregón las cucambas, algunas versiones del baile de cintas, monos y matachines y los congos son ejemplos de éstos, y en esencia se trata de bailes (casi siempre comparsas) que han sido y son interpretados en las procesiones o actos relacionados con algunas festividades específicas, especialmente aquellas religiosas de Carnaval, San Juan, Corpus Christi y Navidad, entre otras.

Para la elaboración de su trabajo, Londoño utiliza fuentes diferentes. Por un lado, una larga experiencia como bailarín y director de grupos de danza, la cual, infortunadamente para este trabajo, no lo desliga del paternalismo ni de la visión romántica de la cultura popular que caracterizan los estudios de sus principales autores básicos: Guillermo Abadía, Octavio Marulanda, Jacinto Jaramillo y Harry Davidson. Por otra parte, usa menciones literarias a bailes y danzas contenidas en fuentes literarias y costumbristas y en última instancia —la más valiosa y las menos numerosas (tan solo tres)— que son entrevistas de viajes de campo de investigación a Barranquilla, Girardota (Antioquia) y Buenaventura. La información obtenida es, pues, bastante heterogénea, presenta problemas metodológicos esenciales y resulta muy difícil de utilizar para la pretendida elaboración de teorías acerca del origen y desarrollo de los bailes mencionados.

Otro aspecto esencial del libro es el relativo a sus representaciones gráficas de los pasos y figuras de los bailes, mal llamadas "planimetrías" (término perteneciente a la topografía), también denominadas "planigrafías" en otros intentos de descripción de bailes 1 . Las representaciones de Londoño resultan muy rudimentarias, si se comparan con aquellas que se hubieran obtenido al utilizar la flotación Laban o labanotación, que no sólo se refiere a los movimientos de los pies sino que incorpora una descripción de otros movimientos del cuerpo de quien baila. Este no es el único sistema de representación, puesto que en la actualidad se trabaja en perfeccionar otros, aunque la labanotación se halla muy difundida en el mundo. 2

El aspecto musical es el otro elemento fundamental del trabajo y resulta también —junto con el de la metodología— bastante deficiente. Ninguna dc las transcripciones musicales tiene indicada su fuente; es decir, la grabación de la cual se extrajo. La inclusión de obras dc José Barros, Lucho Bermúdez, Alejandro-Wills, Luis Ariel Rey, Alberto Urdaneta, Emilio Sierra y otros, manifiesta una notona ausencia de criterio de selección. Tomando sólo dos ejemplos, ni la Guabina chiquinquireña de Urdaneta ni el Galerón llanero de Wills tienen realmente nada que ver con los bailes tradicionales de Boyacá ni de los Llanos. Lo que se conoce como guabina en Boyacá y Santander y los golpes recios bailados en toda la región llanera son totalmente ajenos a la estructura rítmica y melódica y formal de las piezas mencionadas, ambas producto de ambientes urbanos. Sin embargo, volviendo a la única información de primera mano que posee el libro (es decir, las entrevistas y viajes de campo) resultan valiosas las transcripciones de las vueltas, shiotis, monos y congos, entre otras. Vale la pena mencionar aquí cómo la información presentada en el libro resulta bastante inexacta cuando se aleja de su contenido inmediato, que es la descripción dc los bailes. El "siotis" o "shiotis" es el chotis español o el Schottisch alemán. Es absurdo considerarlo un baile del siglo XVIII en Antioquia (pág. 69), cuando se sabe que solo comenzó a popularizarse en España y América durante la segunda mitad del siglo pasado 3 .

El trabajo de Londoño acusa problemas de orden metodológico, de uso de fuentes, de falta de información, pero su problema básico es el criterio (o ausencia de él) con que presenta y elabora sus conceptos. No encuentro posible que con trabajos así se pueda llegar al objetivo fundamental que plantea, según sus palabras: desarrollar "un arte nacional con sello de identidad en el mundo" (pág. iii).

EGBERTO BERMUDEZ

1 Por ejemplo, en Darío Torregro y otros, "La danza del caimán, A Contratiempo, núm. 2, octubre de 1987, págs. 84-90. (regresar1)

2 Este sistema se ha tratado de introducir en Colombia en un articulo elaborado en México y publicado por la mencionada revista. Cf. A Contratiempo, núm. 1, junio de 1987, págs. 18-21. (regresar2)

3 Es interesante ver que esta información figura en la obra de Harry Davidson, Diccionario folclórico de Colombia, Bogotá, Banco de la República, 1970, t. II, págs. 179-180, citada pero, al parecer, poco consultada por Londoño. Para una versión musical diferente, cf. Ellcin Pérez y otros, "El siotis antioqueño", en A Contratiempo, núm. 3, febrero de 1988, págs. 71-72. (regresar3)