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Naciente
historia regional
Los Llanos una historia sin
fronteras
Academia de Historia del Meta
(compiladora)
Crear Arte, Bogotá. 1958, 513 págs.
El Primer Simposio de
Historia de los Llanos trajo a Villavicencio, entre el 11 y el 13 de agosto de 1988, un
nutrido grupo de investigadores interdisciplinarios de Colombia, Estados Unidos y España.
La Academia de Historia del Meta ha publicado en un grueso tomo las treinta y una
ponencias, verdadero caudal de informaciones e interpretaciones. Este libro es de consulta
obligatoria para los estudiosos de la problemática llanera. Al mismo tiempo, la claridad
de expresión de la mayoría de las ponencias permite una fácil y agradable lectura, aun
para aquellos lectores que no sean especialistas. Las ponencias están agrupadas bajo los
seis grandes rubros de conquista, biografía, economía, independencia, conflictos
sociales y estudios regionales. Para que se pueda apreciar la riqueza de este volumen,
esta reseña quiere hacer resaltar aquellas ponencias que han hecho aportes, a veces
significativos, al conocimiento de la historia llanera.
Para la conquista,
fácilmente se destaca el sólido trabajo de José Ignacio Avellaneda Navas sobre los
comienzos de San Juan de los Llanos, en el siglo XVI. El estudio de Avellaneda Navas es un
ejemplo de cómo se debiera hacer el manejo cuidadoso de las fuentes inéditas en España
y en Colombia.
El enfoque
biográfico es conducido exitosamente por cuatro investigadores. José A. Blanco Barros,
mediante una esmerada búsqueda en los archivos coloniales, rescata la vida del
funcionario español Antonio de Latorre y Miranda. Una labor similar hace Jane M. Rausch
para José de Calasanz Vela, quien durante la mayor parte del tiempo, entre 1873 y su
trágica muerte en 1895, fuera el único sacerdote en el Meta. Camilo Riaño acude
principalmente a las fuentes orales para presentar los aspectos salientes de la vida y la
obra del
médico
Roberto Franco. Esta investigación bien pudiera servir de base para un libro sobre
Roberto Franco y la medicina tropical en Colombia, o también para estimular a otros
investigadores que quisieran acudir a las entrevistas para escribir estudios biográficos
sobre otros de los muchos personajes de la historia llanera.
Dentro del marco
biográfico pero en un género aparte, se destaca "La historia de Julio Barrera,
versión guahíba" por el indígena Marcelino Sosa. Este valioso documento permite
oír por primera vez y sin intermediarios la voz del pueblo indígena sobre los sucesos
narrados en La vorágine. Tanto para interpretar la novela de José Eustasio
Rivera, como para la historia de los guahibos, este texto será de consulta frecuente e
indispensable. En un simposio donde predominaron los antropólogos, no deja de causar
sorpresa que el trabajo del guahíbo Sosa, en lugar de haber sido estimulado, haya
recibido observaciones baladíes, fruto de un esnobismo profesional mal entendido.
Sobre la
economía hay dos trabajos sustanciales. El articulo de José Eduardo Rueda acerca de las
haciendas de la Compañía de Jesús en los Llanos rompe completamente con los antiguos
mitos anticlericales. De su lectura no queda la menor duda de que la expulsión de los
jesuitas, en 1767, fue una catástrofe para los Llanos, pues, al contrario del patrón
normal de llegar a destruir y saquear, estos religiosos vinieron a construir y a crear
riquezas en la región. Augusto J. Gómez L. y Camilo Domínguez, en su "Economía
extractiva y com
pañías privilegiadas en los
Llanos, 1850-1930", detallan y confirman la visión que antes había aparecido en mi
ensayo Los Llanos: colonización y economía.
Para
el período de la independencia se encuentran tres artículos apoyados en una sólida
consulta de archivos. José Eduardo Rueda Enciso narra los débiles esfuerzos del gobierno
español para llenar el enorme vacío dejado en la región del Arauca y Cuilota después
de la expulsión de los jesuitas. Miguel Izard revela el impresionante aumento de la
violencia oligárquica desde finales del siglo XVIII. Eduardo Pérez O. y Pedro Gustavo
Huertas R. aclaran y analizan cuidadosamente el legado de desorden dejado por las guerras
de independencia, en particular las pandillas del asesino Javier Morales, cuyo expediente
se anexa como prueba documental de sabrosa lectura.
Las cinco ponencias sobre
conflictos en los Llanos forman un conjunto bien revelador. La primera, de Augusto Gómez
L., se inspira en la obra de Bartolomé de las Casas para proporcionar una espeluznante
narrativa sobre el exterminio sistemático llevado a cabo contra las tribus indígenas. En
efecto, esta ponencia presenta testimonios irrefutables de lo que bien pudiera llamarse el
"libro negro" de la violencia infligida a los indígenas en los Llanos. La
violencia cultural no es menos dañina que la física para el indígena, como lo muestran
Luz Marina Castro Agudelo y Renán Vega Cantor en su artículo sobre los guahíbos del
Vichada.
El conflicto político,
en particular la guerrilla liberal de los años cincuenta, es el tema central de tres
ponencias. Las de Reinaldo Barbosa E. y Justo Casas Aguilar son anticipos de
investigaciones de mayor envergadura, que ojalá desemboquen en sólidos libros. Es
evidente la facilidad con que Casas Aguilar integra su narrativa a una conceptualización
analítica muy elaborada. De modo más localizado pero no menos revelador, Oscar Gonzalo
Londoño D. muestra el impacto de la violencia política sobre los habitantes de la
región del río Ariari. Entre sus hallazgos se destaca el papel del Estado como
agudizador, en vez de pacificador, de las tensiones existentes.
Una visión
regional la proporcionan las tres últimas ponencias de Nohora Beatriz Guzmán Ramírez
sobre el Píedemonte llanero durante 1856- 1904, Luz Stella Rey Sabogal sobre el Meta, y
un devastador estudio de Carlos Munar sobre la ineptitud bogotana en el lastimoso caso de
la base aérea en Marandúa.
Las ponencias de
este libro permiten vislumbrar un salto en el nivel de los estudios históricos
regionales. Casi unánimemente, los autores realizan trabajo de campo o usan archivos, y
el caudal de nuevos datos desenterrados desplaza sensiblemente las fáciles
generalizaciones que hasta hace pocos años se hacían pasar por investigaciones. Incluso,
se alcanza a entrever un nuevo problema desconocido hasta hace poco: que un excesivo apego
a tomar notas de archivo impida reconstruir no un expediente, sino la visión del proceso
histórico cuyas huellas son los documentos escritos y orales. Algunos de los autores ya
han publicado libros, y se puede confiar en la aparición de tomos valiosos por parte de
muchos de los demás ponentes. Se alejan los tiempos cuando la historia de los Llanos era
el patrimonio privilegiativo de unos pocos, y se entra en la etapa de la democratización
de la investigación, lo cual de ninguna manera ha traído una visión caótica. Todo lo
contrario, a este reseñador lo que más le llamó la atención de la lectura de las
treinta y una ponencias, y a pesar de los inevitables matices, es la visión articulada y
armónica que proporcionan. Proviniendo los ponentes de distintas disciplinas y
encontrándose en diversas etapas de su formación intelectual, es altamente encomiable el
nivel de profesionalismo que evidencia esta publicación. Felicitaciones a la Academia de
Historia del Meta y a los demás patrocinadores por haber auspiciado el simposio y la
divulgación de las ponencias a través de esta valiosa publicación.
RENE DE LA PEDRAJA TOMAN
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