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García
Márquez y los últimos Bolívares de la
Gran Colombia
El general en su laberinto
Gabriel García Márquez
Editorial Oveja Negra, Bogotá, 1989,
286 págs.
I
A diferencia de la mayoría de los libros
de García Márquez publicados después de 1967, su última novela, El general en su
laberinto, ha sido acogida principalmente con respeto, admiración y deleite. No es
que no hayan causado controversia algunos fragmentos, como, por ejemplo, los que
ocasionaron el enfado de los partidarios de Francisco de Paula Santander al ver "al
hombre de las leyes" de Colombia tan fuertemente criticado y quizá se
dice hasta "calumniado" (aunque sea en palabrasincluso
documentadas del propio Bolívar); o hayan encendido la
ira de los entusiastas de un Bolívar heroico e inmortal
que no soportan la idea del Libertador en fatal decaimiento. No diríamos que a todo
lector le haya gustado la novela, pues alguno que otro añora ¡todavía! el
mundo de Cien años de soledad lamenta la ausencia casi total del sentido del
humor en palabras de García Márquez, "el horror de
este libro"
1.
Y no pretendemos que alguno que otro lector
no se sienta hastiado ante el "exceso" del equipo bibliográfico manejado por
García Márquez, aunque lo haga con suma destreza
2
Los elogios han sido
muchos y contundentes. En España, por ejemplo, escribe Rafael Conte, en El País, que el
libro impresiona por su "clasicismo, limpieza, orden interno y externo, depuración
estilística y estructural"
3
.
En Colombia se publica en
El Tiempo (Bogotá), con anticipación al libro, una carta abierta del expresidente
Alfonso López Michelsen a García Márquez, en la cual se "asombra" de las
abundantes virtudes de la novela
4
. Jorge Eduardo Ritter, también en El Tiempo, la describe como el resultado de
"una investigación prolija en simbiosis perfecta con una prosa depurada
y mágica"
5
.
De "estupendo y admirable"
califica el libro Rafael Solana en Siempre, de México
6
. Un mes más tarde, en la misma revista, asevera Mada
Carreño: "De veras nos alegra que, por esta vez, el Nobel haya tenido
razón"
7
.
En Puerto Rico, en Imagen, comenta Diego
Robledo: la obra tiene "una hermosa prosa y un estilo que
hipnotiza"
8
.
Ahora
bien. ¿Cómo hemos de entender la más reciente novela de nuestro premio Nobel? ¿Cuáles
serán sus relaciones con sus obras anteriores? ¿Cómo ha de leerse en el contexto de
otras novelas, cuentos y obras sobre el gran Libertador? ¿Cómo maneja García Márquez
el espacio y el tiempo, temas siempre presentes en su obra? ¿Cómo hemos de entender las
metáforas claves de la novela, especialmente las del laberinto y del río? Dichas
preguntas quizá se hilen fácilmente, pero difícilmente se contesten. En lo que sigue,
no pretendemos sondearlas a fondo. Nuestros esfuerzos más bien han de considerarse como
un ensayo preliminar a una meditación más amplia.
II
Desde
ciertas perspectivas, El general en su laberinto es una novela escrita en contra de
El otoño del patriarca, ya que el Bolívar histórico, aun siendo considerado el
padre de la patria, es una figura antipatriarcal. Podría haber sido su gobierno una
dictadura "perpetua", limitada sólo por su muerte. Pero no lo fue. Su vida y su
mando, a diferencia de Franco en España y del "héroe" en El otoño del
patriarca, no fueron un "experimento con la inmortalidad", como alguna vez
había calificado García Márquez el período de Franco. Bolívar abandonó repetidas
veces el mando, asumiendo sus poderes únicamente en tiempos de crisis. Su poder nunca fue
como el ficticio de la Mamá Grande o el del patriarca, pues no ejerció dominio sobre el
tiempo o sobre la naturaleza. Además, García Márquez interpreta la vida de Bolívar
como una escuela del arte de morir. Por lo tanto, Bolívar no es el "otro"
patriarca, ni en su primavera ni en su otoño.
Decir que Bolívar
es un antipatriarca no implica, empero, la ausencia de aspectos "patriarcales"
en su persona, o que no tenga cualidades del coronel Aureliano Buendía o
de otras figuras similarmente poderosas. Bolívar, el gran libertador, fue también un
dictador, lo cual a veces olvidamos al verlo venerado en las estatuas en los parques. Su
absoluto poder y la fuerza de ordenar se manifiestan en febrero de 1814, cuando ordena la
ejecución de todos los presos realistas en la Guaira, orden que al cumplirse lo
transforma en un general de innegable poder en su Guerra a Muerte contra los españoles.
Este episodio es recordado por García Márquez al fin del penúltimo apartado de la
novela (pág. 231). El que se otorgó a sí mismo poderes dictatoriales en la primera
constitución de Venezuela; el que fue nombrado por el congreso del Perú como
"dictador", título bajo el cual había de esperarse que salvara al país; el
que en agosto de 1828 proclamó el llamado "decreto orgánico", en el cual, en
su primer artículo, asumió el "poder supremo", anulando las funciones de la
vicepresidencia, con lo que, de hecho, excluía a Santander del gobierno
9
ésta fue una figura
dictatorial. Y más aún fue la figura que proclamó lo siguiente:
Colombianos: No os diré nada
de libertad, porque si cumplo mis promesas, seréis más que libres, seréis respetados;
además, bajo la dictadura, ¿quién puede hablar de libertad? ¡ Compadezcámonos
mutuamente, del pueblo que obedece y del hombre que manda solo!
10
.
Increíble arrogancia,
sentimientos compartidos igualmente por el patriarca de García Márquez y el emperador
Napoleón. "He feels hes Bonaparte", dice Miranda Lyndsay de Bolívar en El
general en su laberinto (pág. 83). Como nos recuerda Lovera De-Sola, en los dos años
de la dictadura, Bolívar "deroga leyes, favorece a la Iglesia, prohíbe las
sociedades secretas, hace proscribir las obras del filósofo
Bentham"
11
. Este Bolívar "patriarcal" podría
haber sido la materia prima para una gran novela sobre el poder; este Bolívar casi no
aparece en El general en su laberinto. Naturalmente, surge la pregunta: ¿por qué
no?.
Pero si se encuentran
ecos "patriarcales", o ecos de otras figuras de gran poder en la prosa de la
novela. Algunas frases en El general en su laberinto podrían haber sido sacadas
directamente de El otoño del patriarca o de Cien años de soledad: su "retiro
del poder" (pág. 19), "los deleites del poder" (pág. 46), "el halo
mágico del poder"
(pág. 39), "las veleidades del poder" (pág. 27), y los "desengaños del
poder" (pág. 13). Bolívar comparte con el coronel Aureliano Buen día el hecho de
haber sido guerrillero o revolucionario, comandante, como él, en "guerras inútiles" (pág. 13)
12
que comprueban ante todo "la inutilidad de la
gloria" (pág. 27). En Honda, después de abandonar definitivamente el mando,
Bolívar "quería saber qué había ocurrido en el mundo desde que él se fue"
(pág. 76). Del mismo modo, el patriarca, el día 12 de octubre de 1492, al amanecer en su
puerto caribeño, se pone "a averiguar qué había ocurrido en el mundo mientras él dormía"
13
,
y
ve las carabelas de Colón. Había sido tan difícil matar a Simón Bolívar como lo fue
al coronel Aureliano Buendia. El Libertador no tiene quién lo mate. Al igual que el
coronel en El coronel no tiene quién le escriba, Bolívar espera con ansiedad el
correo. Y como muchos de los personajes garciamarquianos, sólo al borde de la muerte ve
"por primera vez [...] la verdad" (pág. 266).
Otras frases traen a la
memoria escenas o títulos o tiempos de las narraciones anteriores. Así, por ejemplo, la
obvia alusión a "las nieblas de la soledad" (pág. 159); la también obvía al
"olor de las guayabas" (pág. 113); a "la pensión vitalicia"
(pág.171), ésta con ecos de El coronel; a "los tiempos del oro", con
reminiscencias de La hojarasca, Cien años de soledad y El otoño del
patriarca. Sin olvidarnos de que todo el ambiente del río Magdalena había figurado
antes en El amor en los tiempos del cólera. El mismo río va a dar a un mar muy
distinto en cada novela: al del amor eterno en El amor en los tiempos del cólera, al
de la muerte en El general en su laberintti. Tales intertextualidades podrían
multiplicarse, pero estos ejemplos bastan, espero, para establecer algunos vínculos entre
la más reciente novela de García Márquez
y sus anteriores.
En la literatura
latinoamericana hemos experimentado recientemente un auge de la representación novelada
del tirano
14
Ahora está de moda otra
figura, la del Libertador, el general, su excelencia Simón Bolívar. En los últimos
cinco o seis años se han publicado muchos libros, tanto de crítica como de novela, sobre
él. Escritores de Venezuela y de Colombia, como es de esperar, son los que más se han
obsesionado con Bolívar; casi todos con la implícita o anunciada intención de
"bajarlo de las estatuas".
En Venezuela, tal
acercamiento a Bolívar motiva, por ejemplo, las novelas de Caupolicán Olivalles (Yo,
Bolívar
Rey,
1983) y de Denzil Romero (La esposa del Dr. Thorne, 1988).
Esta última, cargada con gotas pornográficas, se publica en la misma serie en que el
candidato a la presidencia del Perú elogia a la madrastra. Bolívar funciona en La
esposa del Dr. Thorne principalmente como el objeto fálico de las atenciones de
Manuela Sáenz. Notemos, también, que en la crítica y en la investigación histórica.
el intento desmitificador motiva el reciente libro de R. J. Lovera De-Sola (1984). Su título
lo dice todo: El gran majadero.
En Colombia aparecen dos
libros del maestro Germán Arciniegas, ambos himnos al libertador, Bolívar y la
revolución (1984) y Bolívar, de San Jacinto a Santa Marta(1988). El más
reciente interesa por tratarse del viaje final de Bolívar por el río Magdalena en mayo
de 1830, punto que lo relaciona con El general en su laberinto de García Márquez
y con La ceniza del Libertador, novela de Fernando Cruz Kronfly. Interesa también
destacar cómo Arciniegas se acerca a Bolívar por medio de técnicas narrativas que
pretenden penetrar la mente del héroe moribundo, obligándolo a soñar y a repasar
casi en delirio los momentos cumbres y "las
amarguras" de su vida
15.
Con igual
intento de acercamiento, de humanizar a Bolívar, de presentarlo "más de todos los
días, despojado de la grandilocuencia de la bibliografía tradicional", es el libro
de Fabio Puyo Vasco,
Muy cerca de Bolivar(1988)
16
. Intenta,
además, darle mayor forma al caudaloso y ahora indispensable río documental que
publicó, en 1983, en compañía de Eugenio Gutiérrez Cely, Bolívar día a día(3 vols.).
Este último, según indica el mismo García Márquez en las "Gratitudes", al
final de El general en su laberinto, sirve muy bien como "carta de
navegación" (pág. 270) por la vida de Bolívar.
Anticipándose
a García Márquez en unos dos años, el novelista colombiano Fernando Cruz Kronfly narra
el último viaje de Bolívar por el Magdalena en La ceniza del Libertador (1987).
Sintiéndose emancipado del peso histórico, dada la falta de documentación acerca del
viaje, Cruz Kronfly crea una obra algo surrealista en la cual aparecen fantasmas
totalmente inventados. Entre ellos, por ejemplo, un capitán de champán ciego (es guía,
como en Virgilio y en Dante, en el camino a la muerte) y un testigo
misterioso que se sienta en el comedor del champán casi al lado de un Bolívar enfermizo,
y lo anota todo. Mientras tanto, toma de seguido, todos los días del viaje, una bebida
inexistente en 1830:
cerveza
en lata. El testigo, claro está, es un poco el mismo Cruz Kronfly, insertándose en la
narración y consiguiendo de tal manera la necesaria documentación. Cruz Kronfly hace que
Bolívar, en el momento de despedirse del "hombre del comedor"
17,
al fin del viaje,
entienda esto: "comprende [Bolívar] que aquel hombre, que aquel testigo mudo lo ha
escrito todo, lo contará todo algún día. Entonces descansa, se despide por última vez
y se abandona a los ajenos brazos que lo arrastran" (pág. 330). Toda la pesadilla
que quiere ser este libro se cuenta con una atención minuciosa a la "patobiografía"
de Bolívar, a la tuberculosis de la cual, según otros investigadores
18,
sufría ya desde 1824 y
que probablemente adquirió durante la infancia.
En sus
"gratitudes" y en su dedicatoria, García Márquez llama la atención sobre el
magistral e inspirador cuento de su amigo Alvaro Mutis, El último rostro, que
relata no el viaje final pero sí algo de los últimos meses
de la vida de Bolívar. El cuento se construye por medio de
recursos neo-románticos y borgesianos. Es decir, Mutis narrael hallazgo de unos
manuscritos perdidos, escritos por un coronel polaco de apellido Napierski, quien, en
Cartagena, conoce a Bolívar (el 29 de junio de 1830) y pasa algunos días (hasta el 10 de
julio) a su lado. La figura de Napierski, puro invento de Mutis, la objetiva García
Márquez al utilizarla irónicamente y muy a su manera como fuente histórica
en su novela (pág. 194).
Bolívar, pues,
está en el aire. En este clima para abandonar la metáfora fluvial en la cual
nadábamos anteriormente concibe y escribe García Márquez El general en su
laberinto, sacándolo a la luz en marzo de 1989, justamente al cumplir los 61 años.
La fecha no es casual, pues la novela, además de ser un retrato de Bolívar, puede
considerarse un auto-retrato de García Márquez. ¿Y por qué no? No es sólo que García
Márquez sea ya figura de la historia lo es sino que también todo escritor,
inevitablemente, se novela así mismo. Lo reconoce el propio García Márquez en una
entrevista con María Elvira Samper, publicada el 20 de marzo de 1989 en Semana. Al
contestar una pregunta sobre su relación personal con la figura del Libertador, García
Márquez dice lo siguiente:
Me siento identificado en
muchas cosas con Bolívar. Por ejemplo, en esa cosa de no pararle muchas bolas a la muerte
porque lo distrae a uno de lo fundamental, que es lo que está haciendo uno en la vida. Y
esa es una interpretación que tengo de Bolívar perfectamente comprobable por sus cartas
y por su conducta. No quería saber absolutamente nada de los médicos, ni de su
enfermedad. Debía sospechar que estaba al borde de la muerte, creía que no tenía
remedio. Si se ponía a averiguar... Una enfermedad es como un empleo: hay que dedicarse
por completo a eso. Yo también tengo esa misma concepción. Que la idea de la muerte no
me distraiga de lo que estoy
haciendo,
porque lo que va a
quedar es lo que uno haga
vivo...
19
No había
sido siempre así. En los quince años, más o menos, que hay entre El otoño del
patriarca y El general en su laberinto, García Márquez ha alcanzado, me
parece, cierta serenidad. El secreto de una buena madurez parece ser alterando una
frase de Cien años de soledad un pacto honrado con la muerte. "No me
moleste ahora parece decir García Márquez: no le voy a poner atención hasta
aquel día en que Ud. venga por mí. Y entonces me iré con Ud. con calma". Y,
efectivamente, es este el sentimiento, el arte de vivir y de morir, que García Márquez
tanto admira en Bolívar.
García Márquez
comparte con Bolívar mucho más que un amor a la vida y una indiferencia a la muerte. En
Bolívar se encuentra ha dicho cara a cara con una persona muy familiar
20
. Muchas con las semejanzas: ambos son hombres del Caribe; ambos añoran el
calor y la vida de la costa, que abandonan para vivir muchos años en ciudades o en
cordilleras remotas cuyas "lloviznas eternas" (pág. 224) deprimen el alma.
Ambos se sienten incómodos "entre cachacos", quienes, según las palabras de El
general en su laberinto, tienen maneras "relamidas", y un "dialecto
ladi no [que les sirve] más para ocultar que para decir" (pág. 46). Más aún: se
sienten, en cierto sentido, "forasteros... en todas partes" (pág. 225). Pero
algo todavía más importante vincula a García Márquez con Bolívar. Al investigar la
vida del Libertador, descubre dice que toda su obra narrativa está
fundamentada en la historia y en la cultura de Colombia y del Caribe. Descubre que no se
ha inventado nada. Los espacios y los tiempos de su obra no son solamente literarios o
míticos; son históricos, geográficos, culturales.
CONTINUAR
1 Gabriel
García Márquez, El general en su laberinto, Bogotá, Editorial Oveja Negra, 1989, pág.
272. En adelante indicamos dentro del texto, entre paréntesis, la página respectiva.(regresar1)
2 Véase,
por ejemplo, la impaciente y enojada reseña de Javier Goñi, en América 92, 1,núm. 1
mayo de 1989, pág. 46.(regresar2)
3 El
País, Madrid, 3 de abril de 1989, suplemento Cultura, pág. 1.(regresar3)
4 El
Tiempo, Bogotá, 26 de febrero de 1989, pág. SA. (regresar4)
5
El Tiempo, Bogotá, 9 de abril de 1939, Lecturas
Dominicales, pág. 4.(regresar5)
6
Siempre, México, ID de mayo de 1989, pág. 9.(regresar6)
7
Siempre,
México, 7 de junio de 1989, pág. 51.(regresar7)
8
Imagen, julio de 1989, pág. 94.(regresar8)
9 Fue
dicho decreto la causa, según los historiadores, del atentado del 25 de septiembre de
1828 (del cual falsamente mc acusó a Santander, también según los historiadores, de
haber sido uno de los cabecillas). Véanse dos recientes estudios: Proceso seguido al
general Santander por propia cuenta del acontecimiento de la noche del 25 de septiembre de
1828 en Bogotá, Bogotá, Biblioteca de la Presidencia de la República, 1988; Pilar
Moreno de Angel, Santander: Biografía. Bogotá, Planeta Colombia, 1939, en especial el
capítulo XXX, págs. 452-470.(regresar9)
1O
Bolívar día a día, edición dirigida por
Fabio
Puyo Vasco y Eugenio Gutiérrez
Cely, Bogotá,
Procultura, 1983, vol. 3,
pág. 460.(regresar10)
11
Lovera De-Sola, El gran majadero. Caracas, Academia Nacional de la Historia, 1984,
pág. 57.(regresar11)
12
Aunque no tan inútiles, añadiríamos, ya que consiguen la emancipación de la Gran
Colombia.(regresar12)
13
García Márquez, El otoño del patriarca, Barcelona, Plaza y Janás, 1975, pág. 44.(regresar13)
14
Aunque podríanse establecer raíces genealógicas más antiguas, digamos que, en el siglo
XX, la época de dicha representación se establece con El señor presidente (1946)
de Miguel Angel Asturias y que culmina, entre otras
novelas, con las de Alejo Carpentier (El recurso del método, 1973), de Augusto Roa Butos
(Yo el Supremo.
1973), de Demetrio Aguilera
Malta (El secuestro del general. 1973), de Pedro Jorge Vera (El pueblo soy yo, 1976) y,
obviamente, de Gabriel García Márquez (El otoño del patriarca, 1975).(regresar14)
15 Germán Arciniegas,
Bolívar, de San Jacinto a Santa Marta, Bogotá, Planeta Colombiana Editorial, 1988,
págs. 181 y sig.(regresar15)
16 Fabio Puyo Vasco, Muy
cerca de Bolívar, Bogotá, La Oveja Negra, 1988, pág. 7.(regresar16)
17 Fernando Cruz
Kronfly, La ceniza del Libertador, Bogotá, Planeta Colombiana Editorial. 1987,
pág. 329.(regresar17)
18 Véanse, por
ejemplo, Enfermedad y muerte
del Libertador,
Caracas, Oficina Central de Información, 1976, y Oscar Beaujon, El libertador enfermo,
2a. cd., Caracas, Vargas, 1968.(regresar18)
19 Semana, núm. 358, 20
de marzo de 1989, págs. 32-33.(regresar19)
20 Véase Semana, pág. (regresar20)
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