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Dos errores más
Tiempo de barbarie
Blas Melo Henao
Crearte lmpredy, Bogotá, 1988, 1.039 págs.
Clamor de justicia (Homenaje a Olaf Palme)
Ricardo Salivar V&:
(compilador).
Universidad lncca
de Colombia, Bogotá. 1988, 120 págs.
Para irnos entendiendo
desde el comienzo: los dos libros son para decirlo en el argot antimarxistoide de
Cobo Borda "realistas-socialistas, hartísimos, manipuladores y cursis".
(A propósito de la cursilería en las letras colombianas, no hay que olvidar que el
germen no es proletario sino burgués; si no, recuérdese la cursilería de la burguesía
valluna en María de Jorge Isaac.). Efectivamente, los dos son
"homenajes": uno "al proletariado campesino y urbano de Colombia" y el
otro a Olof Palme, líder de la socialdemocracia sueca.
Empecemos por Tiempo
de barbarie. Téngase en consideración que es una novela de ¡1.039 páginas!, una
verdadera Guerra y paz de ¡a literatura panfletaria colombiana. No es por irritar
al autor, quien según informa el prologuista del libro, el actual presidente de la
Central Unitaria de Trabajadores seguramente es un modesto y entregado líder
sindical, ya entrado en años, y quien, también seguramente dedicó las pocas horas
libres que tiene un explotado en Colombia a redactar sus "Memorias reales". El
que un obrero haga literatura en Colombia es ya un reto. El que lo haga de deficiente
manera es otro problema y, por ahora, es
mejor no sacar al aire libre los trapos sucios de la casa. Comencemos por el
final de la novelita, citando unos largos párrafos:
Carlos volvió a besar
a Maribel. Entonces ella rodeó su cuello, emocionada, temblorosa.
Quiero decirle algo Maribel. Desde que
me inicié en la lectura de los buenos libros, me nadó una idea que ha venido
fortaleciéndose con el correr de los años: ¡quiero ser escritor!... Quiero escribir una
novela que debe ser, primero que todo un mensaje para el pueblo. para el obrero, para el
campesino. para todo aquel, en fin, que tenga siquiera un poco de dignidad, un poco de
amor por la patria y sobre todo, de afecto por el hombre, para que se rebele y se disponga
a dar la gran batalla contra la ignominia que nos aplasta. contra las castas opresoras que
se turnan el poder para satisfacer sus ansias desmesuradas de lucro y de poder utilizando
para conseguirlo. lodo el aparato de que disponen, de cohersión y aplastamiento, anulando
a su pueblo, bestializóndolo por el vicio, fanatizándolo con su propia propaganda
incesante, desmedida y siempre mentirosa!
Eso sería muy hermoso. y debe hacerlo. Hay que mostrar todas las heridas
por repugnantes que parezcan. Nada hay que ocultar. Hay que revelar todos los
sufrimientos, todas las persecuciones, todas las villanías, todos los atropellos
cometidos contra tantos inocentes, porque no es ocultando la verdad, por repulsiva que
parezca, por vergonzosa que sea como vamos a lograr su repudio total. Si la gente se
avergüenza mejor. Hay que sublevar las conciencias contra todos los que quieren
prostituirlas !...
Maribel volvió e mirar a Carlos ansiosamente, como tratando de descubrir si la engañaba.
Pero su seriedad y emoción la
convencieron. Entonces, echándose en sus brazos, le apretó
con fuerza...
Y allí mismo, sobre la arena amarilla, la
poseyó. experimentando los dos un gozo estremecedor y anonadante [págs.
1.037-1.039].
Explicaciones: pese al
carácter de propaganda notoria (que en otras partes se hace francamente insoportable
pág. 530, como las diatribas y aleluyas en favor del socialismo y la
irremediable bondad y toma del poder por los pobres, etc., etc.
págs. 169, 490, 817),. de la
carencia de recursos estructurales, en fin, de, lograr siquiera imitar con éxito alguno
de los logros tradicionales de la novela realista-decimonónica, hay leves acercamientos
al género de novela que Angel Rama llamara literalmente "libros de urgencia",
agregando que el ánimo de denuncia militante inmediata, de preocupación por el presente
político cada vez más angustioso, era constante en estos escritores, lo que iba en
demérito de la estructura formal y, por supuesto, de la belleza y perfección temática a
la que toda obra debe aspirar. Pero que lo permanente en las mejores novelas de estos
"francotiradores es la rebelión contra todas las formas del poder, su reconocimiento
de que éste se extiende a las más variadas manifestaciones de la vida social y de su
cultura, afectando tanto las relaciones sexuales como las estructuras lingüísticas, la
organización aparentemente racional del discurso como las formas legales de la
explotación económica, la estructura familiar como el sistema de clases" ("Los
contestataríos del poder", en La novela latinoamericana. 1920-1980. Bogotá,
Colcultura, 1982, pág. 483).
También como
"literatura de urgencia" se pueden catalogar los veintisiete cuentos que
integran el volumen Clamor de justicia, recopilados por Ricardo Bolívar V. Según
explica el propio compilador y donador del premio al ganador (quinientos dólares),
"esta publicación es el resultado material del homenaje que le rendimos a este
insigne estadista Olof Palme, estadista y nobilísimo defensor de la humanidad
asesinado por la intolerancia y la ciega violencia de nuestro tiempo la noche del 28 de
febrero de 1986" (pág. 9). El relato ganador, Eran los tiempos o la historia de
Jesús Santos Titancayooc: el último deicida de Ayacucho, de la peruana Fernanda
Aguilar, describe otro capítulo de la cruel batalla que se libra en esta zona del Perú
entre las fuerzas militares y los grupos guerrilleros de fuerte asentamiento indígena. El
hilo narrativo es llevado a través de uno de los hijos de Jesús Santos, bárbaramente
asesinado por el ejército en medio de la comuna: "Eso iba decirles: Que era bueno. Que él no
había hecho nada a naides. Que los malos eran otros. Que ¡por ese Dios de los cerros/
naides tiene la culpa de vagar por la puna, desertan pobre, tan enjuto y trasijado. Y de
vivir en medio de la revolución de unos y el olvido de otros" (pág. 17).
El resto de los cuentos
tienen un Leitmotiv insistente y agotador: denuncias por torturas en los
respectivos países de los participantes (especialmente en los seis argentinos, en un
hondureño relato cuyo personaje es un paramilitar suicida, y en la
costarricense), historias de jóvenes que abandonan sus estudios universitarios para
ingresar a grupos guerrilleros rurales (en cl relato de la colombiana) o urbanos (en tres
de los españoles)... Mejor dicho, como para hacer una antología benedittiana de
conciencia" política y dulce amor en las trincheras.
Estos dos volúmenes
reseñados tienen asegurado el pronto olvido. Lo que pasa es que no todos los libros
mediocres cuentan con la fortuna de Mis primeros cuarenta años, de ser
prologados por un expresidente de la república y
escritos por un (mágicamente) nuevo rico. Y, en últimas, eso ya no importa, pues, como
diría un personaje de Los parientes de Ester de Luis Fayad, "en todo caso es
mejor ser un nuevo rico que un nuevo pobre".
CARLOS SANCHEZ LOZANO
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