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Discursos, homilías, evocaciones
Ensayistas
Ciro Alfonso Lobo Serna
(compilador)
Biblioteca de Autores Ocañeros, Instituto Caro
y Cuervo, Bogotá. 1988, 389 págs.
Si el título de este
libro hubiera sido Miscelánea, seria menos injusto con el lector, porque luego de
recorrer sus casi cuatrocientas páginas encuentra toda clase de géneros, pero el que
más escasea es el ensayo.
Es
lamentable que este último tomo (número 20) de la Biblioteca de Autores Ocañeros peque
de tanta ligereza en la selección de textos y de tanta generosidad en la escogencia de
los autores, contradiciendo los parámetros que señalaron el rigor y la calidad de tomos
anteriores, como los dedicados a los Felibres, José Eusebio Caro, Luis Eduardo Páez
Courvel, los cronistas y la historia de la ciudad de Ocaña.
En Ensayistas,
la constante es la improvisación para un desordenado y desigual collage de
discursos, homilías, conferencias, prólogos de antologías, semblanzas humanas,
comentarios de libros, evocación de ciudades y paisajes, notas necrológicas, cróni
cas aldeanas e, incluso, una carta. Y en ese
pintoresco álbum retórico muy pocas veces asoma la cabeza esa sobria figura del ensayo.
Son veintiún autores,
entre antiguos y contemporáneos, reconocidos e inéditos, estudiosos y frívolos, que no
cumplen con la intención del antologista, de presentar "un buen número de letrados
que han dado lustre a la comarca nortesantanderiana de Ocaña". Y conste que la
provincia si tiene ensayistas que merecían la promoción en el pulcro estilo editorial de
esta colección.
Lucio Pabón
Núñez, Jorge Pacheco Quintero, Leonardo Molina Lemus, Ciro Alfonso Lobo Serna y Páez
Courvel han incursionado con éxito en este género, y sus textos son los que más se
aproximan a cumplir con las exigencias del titulo de la antología. Sin embargo,
comparados con otros trabajos, éstos son artículos de tono menor, sin el rigor, la
investigación, las alternativas, hipótesis y conclusiones del verdadero ensayo. De
Pacheco Quintero, por ejemplo, se escogió un prólogo a la Antología de la poesía en
Colombia, con interesantes planteamientos sobre los períodos renacentista, barroco y
neoclásico, pero sin la profundidad de otros estudios suyos sobre el mismo tema. De
Pabón Núñez, una evocación lírica de Florencia y un discurso con motivo de los
ochenta años de la Constitución de 1886, teniendo él, como tiene, eruditos ensayos
sobre la hispanidad, el Quijote, Primo de Rivera y la guerra civil española. Y de Páez
Courvel, un discurso almibarado sobre el paisaje santandereano, para la sesión solemne de
un centro de historia.
El
antologista, que tampoco acierta en la escogencia de sus textos, reconoce que las muchas
horas de repaso, de estudio y de selección para encontrar los ensayos, no siempre totales
por falta de espacio, signifique haber hallado lo mejor que, en ese género,
escribieron". Y al referirse a los ensayistas más recientes confiesa haber sacado
sus escritos de periódicos de provincia o de diarios bogotanos, aspirando a leerlos
algún día "con un estilo más castigado".
Si se hubiera sacrificado
cantidad por calidad, se hubiera logrado el espacio para destacar los ensayos que no
aparecen. Y hubiera sido preferible esperar que los recientes escritores castigaran su
estilo para incluirlos, como premio, en una colección tan decorosa como ésta.
MIGUEL MÉNDEZ CAMACHO
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