Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 22. Volumen XXVII, 1990 
 

La colonización de los Llanos


Yo le digo una de las comas...
Alfredo Molano. Darío Fajardo y Julio Carrizosa
Fondo FEN Colombia-
Corporación Araracuara, Bogotá, 1989

El libro, que hoy nos ocupa es un importante esfuerzo de los autores por estudiar, desde tres ópticas distintas, uno de los procesos contemporáneos de colonización más importantes: el de la reserva natural y biológica de La Macarena.

Los tres ensayos que forman el libro: "La colonización: voces y caminos" del sociólogo Alfredo Molano, "La colonización de La Macarena en la historia de la frontera agraria" del antropólogo Darío Fajardo y "Las modificaciones de los principales ecosistemas de la serranía de La Macarena" del ecólogo Julio Carrizosa Umaña, junto con la "Caracterización físico-biótica de la reserva" y los "Aspectos físicos de la región" de Claudia Córdoba y Alvaro E. Castaileda, aportan una completa visión tanto social, económica, política y cultural (Molano y Fajardo) como física, geográfica y biológica (Carrizosa, Córdoba y Castañeda).

Sin embargo, la información factual suministrada por Molano no es lo suficientemente aprovechada en los análisis hechos por Fajardo ni por Carrizosa, y viceversa. A primera vista, parece que Fajardo y Carrizosa no efectuaron trabajo de campo, pues, como se vera más adelante, tanto los trabajos de estos dos autores como los de Córdoba y Castañeda no aportan información nueva. Pero, cuando el desprevenido lector se sumerge en los tres ensayos, encuentra tal riqueza de información y de análisis, presentados didácticamente, en lenguaje accesible para el no iniciado (el título mismo de la obra así lo denota), que no puede suspender la lectura. Esto quizá se deba a la forma poco convencional como se presenta el libro: en vez de encontrar los temas de geografía física, descripción del área, etc., el lector comienza por los resúmenes o trozos de vida recogidos y perfectamente hilvanados por Alfredo Molano, para continuar luego con el denso pero bien sustentado estudio de Darío Fajardo sobre la colonización y la ampliación de la frontera agraria en Colombia. Para finalizar, ahí si, con los aspectos ecológicos y físicos de Julio Carrizosa y compañía.

Las historias de Molano prosiguen una línea de trabajos del autor en la región orinoquense (Selva adentro y siguiendo el corte). Es Molano el continuador de una corriente literario investigativa iniciada en nuestro país por Jorge Villegas y Hernando Grisales cuando, en 1976, basados en grabaciones hechas con Crescencio Salcedo, lograron presentar la vida del inolvidable creador de Año viejo y La múcura, y que, junto con Molano, ha tenido en los últimos años al periodista Germán Castro como sobresaliente representante. Dicha modalidad tiene sus raíces en el trabajo de campo antropológico, pero combina la metodología de la entrevista y la técnica del reportaje, obligándolo a respetar el testimonio del informante y a reproducirlo textualmente. Pero como el entrevistador, en la búsqueda de su información, pasa trabajos, angustias, alegrías, se ve compelido a que su propia experiencia se incorpore a la narración, lo cual la hace mucho más rica y humana.

Así, pues, Alfredo Molano, en veintiséis entrevistas grabadas en la población de Vista hermosa y los ríos Güejar. Ariari, Guayabero y Duda, logró hacer una travesía, en la cual no sólo reconstituyó la historia de la colonización de la reserva de La Macarena, sino muchos incidentes de la violencia que ha estremecido a Colombia desde las guerras civiles del siglo XIX hasta la más reciente. Efectivamente, por esas páginas deambulan renombrados personajes guerrilleros, bandoleros y bandidos, desde el coronel Bernardo Rodríguez, pasando por Dumar Aljure, Efraín González, el "Ganso" Ariza, hasta Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas y otros más. Narra también los distintos booms económicos que periódicamente se han presentado en la región (caucheros, tigreros, extracción de maderas, caza y pesca, marihuana y coca). Al pasar tales bonanzas, fenómeno propio de las economías extractivas, el colono ha tenido que volver a sus cultivos "tradicionales", pero las consecuencias sociales, económicas y culturales, derivadas de estos tiempos de efímera prosperidad, no han cesado con los bajones. El hombre y su ambiente (la reserva biológica de La Macarena) han continuado erosionándose.

La presentación hecha por Molano permite comprender las causas que han motivado a distintos colonos, oriundos del Tolima, el Valle del Cauca, Boyacá y el Magdalena medio a emigrar hacia La Macarena y fundarse allí, así como el manejo que han hecho del medio ecológico, el tipo de organizaciones, la mística que acompaña al que se mete a abrir monte. Muestra cómo, ante la ausencia del Estado, la guerrilla se ha convertido en un elemento de control social, económico y aun ecológico. Los testimonios recogidos no sólo con la grabadora, sino también con la cámara fotográfica, son concluyentes: los "muchachos" han logrado organizar a la población, sustituir los cultivos de coca; así mismo, han conseguido que vuelva a haber pesca en los ríos, que el manejo del bosque y aun de la reserva misma sea balanceado. Todo ello se resume en el importante documento, reproducido por Molano, "Los colonos diagnostican y proponen soluciones.

La consecución de la información y la "armada" de las historias hubo de costarle a Molano y su equipo de investigación cierto tiempo, pero el resultado final, desde el punto de vista de la literatura sociológica y aun antropológica, es realmente importante. Por ejemplo, la última de las historias, la del yagé, describe en inmejorable forma cómo la brujería y la acción del curaca son elementos importantes dentro de la vida de muchos colombianos.

Del documentado estudio de Darío Fajardo, vale la pena destacar el esfuerzo del autor por dar un panorama general de los procesos de ocupación del territorio nacional, dentro de los cuales se enmarca la colonización de la serranía de La Macarena. Basado en los principales autores que han abordado el problema de la colonización en Colombia (Fals Borda, Parsons, López Toro, Villegas, Jimeno, entre otros) y desarrollando la idea de frontera en diferentes modalidades, Fajardo logra su objetivo. Sin embargo, se queda corto en analizar la riqueza documental suministrada por Molano en cuanto a los aspectos culturales. Pero, viéndolo desde esa óptica, el ensayo de Fajardo sirve para mostrar cómo los aspectos económicos y aun políticos de la colonización y de la violencia son los más tratados por los especialistas, no así los de la cultura.

Julio Carrizosa Umaña trae planteamientos valiosos que deben ser tenidos en cuenta para posteriores trabajos que se emprenden sobre la relación de la colonización con la ecología o, como el mismo Carrizosa lo dice, la visión dinámica del ecosistema. Es decir que, si bien el colono es un depredador potencial, a medida que va conociendo el medio en donde se ha fundado, y se va interrelacionado con él, el pionero va construyendo un nuevo ecosistema, que constituye su ambiente próximo, del cual conoce estrictamente lo necesario, pero permite que con el tiempo la estabilidad entre las relaciones de uno y otro se presente. Sin embargo, y al igual que con el ensayo de Fajardo, los aportes a lo específico son prácticamente nulos. Es, pues, un buen análisis basado en información ya conocida.

Los ensayos de Claudia Córdoba y Alvaro E. Castañeda, aunque combinan trabajo de campo con una revisión de la bibliografía existente, dejan de lado la información suministrada por Molano y el análisis hecho por Fajardo.

Antes de terminar, es conveniente hacer resaltar la labor editorial realizada por la Fen y la Corporación Araracuara. Sin embargo, se observa una falla, y es que los sitios y accidentes nombrados por Molano no aparecen en los mapas presentados por Córdoba y Castañeda, lo cual dificulta al lector localizarlos.

Así, sin lugar a dudas y pese a la evidente falta de labor de conjunto, el libro en cuestión cumple con el objetivo fundamental de los autores, que es el de mover a reflexión y vislumbrar una solución que tome en cuenta a los colonos actuales sin comprometer el futuro de las nuevas generaciones.

JOSE EDUARDO RUEDA ENCISO