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"Círculo des-cuadrado"
Antología Círculo de la poesía
colombiana
Anónimo (compilador)
Círculo de Lectores, Bogotá, 1989, 278 págs.
En el caso de esta
antología, es necesario volver a comenzar por el abecé del asunto: que,
etimológicamente, antología quiere decir escoger flores; que esto
implica una escogencia y por lo tanto un escogedor y unos criterios. Elemental
y por lo elemental omitido en el presente volumen.
En ninguna parte de esta
antología se dice quién escogió los poetas y los poemas; hay créditos para la
dirección editorial un término tan amplio, que quiere decir cualquier cosa y
que corrió a cargo de Clara Isabel Cardona; hay créditos para el diseñador de la
cubierta, para el "consultor" (conociendo la probada seriedad y buen juicio de
Guillermo Alberto Arévalo, cabe preguntarse qué tanto le consultaron); hay créditos
para la asesoría fotográfica, para la fonografía (esta antología viene acompañada de
un casete); hay créditos para el diseño,
la diagramación, la fotocomposición, la corrección y la impresión; hay toda
una página donde se le dan créditos a todo el mundo, pero por ninguna parte, ni en esa
página ni en otra, aparece el crédito para la persona que seleccionó si así
puede decirse los poetas y los poemas de esta antología.
No se sabe, pues, a
quién atribuir la escogencia, asunto que podría ser significativo, en el caso de que sea
alguien que haya publicado otros materiales para, a través de ellos, tratar de deducir,
quizá con dificultad, los criterios adoptados en este caso.
Porque tampoco las pautas
de la selección (difíciles de adivinar, acaso inexistentes, a juzgar por la simple
lectura de la muestra) se expresan en un texto introductorio. Es más: aquí se trata,
expresamente, de un libro precedido de un no-prólogo. En efecto, antes del índice
aparece una carta del expresidente Carlos Lleras Restrepo, donde cuenta: "hace algún
tiempo me solicitaron ustedes que escribiera el prólogo para la Antología Círculo
de la Poesía Colombiana y yo acepté ese encargo en la creencia de que podría
cumplirlo oportunamente. Sucede, empero, que otros trabajos urgentes, y sobre todo la
dirección de Nueva Frontera, me han impedido atender, como yo deseaba hacerlo, esa
honrosa tarea. Tal situación ha venido a agravarse con el mal estado de mi salud y por
todo ello me veo obligado a pedir a ustedes que me exhoneren [sic] del compromiso que
acepté con la mejor buena voluntad, pero que me impondría un esfuerzo en las actuales
condiciones de salud que no puedo realizar".
Como puede verse,
se trata, con toda claridad, de un no-prólogo de un no-prologuista que
empero se preocupa por dejar constancia:
"no tuve yo intervención en la selección de
los poetas y de las poesías que ha reunido el Círculo". Yo no fui: eso parece decir
el no-antologista.
Sin responsable, sin
criterios de selección explícitos, el reseñista debe aventurarse a tratar de
esclarecerlos. Infructuosamente. Aquí, con nostalgia, puede invocarse la anterior
antología que editó el Circulo y que, no obstante su calidad y su éxito editorial
se dice que vendió más de 20.000 ejemplares, ha sido retirada de la
circulación y reemplazada por esta Antología Círculo de la poesía colombiana. Juan
Luis Panero, el poeta español, preparó en 1984 para esta editorial la muy sobria Cien
años de poesía colombiana, que tenía una primera virtud: que optaba, con
diafanidad, por ser una antología de poetas; allí se trataba de escoger, con José
Asunción Silva como punto de partida, los nombres más representativos de nuestra
lírica. Eran 21 poetas, ya de por sí un número excesivo, pero era fundamentalmente
acertada en una lista de nombres que recogen hoy por hoy el consenso público. Además, la
antología de Panero tenía la cualidad de contener unos poemas que eran lo más
representativo de cada escritor. En suma, acaso la mejor antología desde el Panorama publicado
por el ministerio de Educación en 1963, bajo la dirección de Fernando Arbeláez.
Pues bien: ese es el
libro que deja de editar el Círculo de Lectores para poner en circulación esta
antología de no se sabe qué: uno intenta, primero, discernir si se trata de una
selección de nombres; pero no; es imposible que en Colombia haya habido 51 (151!) poetas.
Así, inevitablemente, se confunden el oro con la morralla, y al lado de nombres tan
esenciales como Aurelio Arturo, Jaime Jaramillo Escobar o Jorge Gaitán Durán, se colocan
escritores tan prescindibles como Santiago Mutis, Maruja Vieira o José Luis Díaz
Granados. La confusión llega a tal punto, que hay menos páginas dedicadas a José
Asunción Silva que a un versificador tan epigonal como Harold Alvarado. En este terreno,
podría decirse que en la Antología Círculo están todos los que son, pero no
todos los que están son. Se le abona el acierto de incluir, entre los jóvenes, al más
destacado: Ramón Cote.
Por incluir tanto nombre
superfluo, el libro acaba por no ser, tampoco, una antología de poemas.
JAIME LÓPEZ
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