Boletín Cultural y Bibliográfico Número 21, Volumen XXVI, 1989

Todas las cosas están llenas de dioses, decía Heráclito


Poemas escogidos escogidos
José Manuel A rango (selección y prólogo de
David Jiménez P.)
Editorial Universidad de Antioquia, Medellín,
1988, 333 págs.

La Universidad de Antioquia otorgó el pasado año el Premio Nacional de Poesía por Reconocimiento a José Manuel Arango; ahora el lector tiene la oportunidad de acercarse a su obra mediante la generosa selección realizada por David Jiménez, quien ha tenido el acierto de incluir al final del libro las traducciones realizadas por Arango de poetas estadounidenses —D. Levertov, T. Merton, K. Patchen, D. Ray, R. Bly y Emiliy Dickinson— y del austriaco Georg Trakl.

Tres son los libros que marcan la trayectoria poética de José Manuel Arango: Este lugar de la noche (1973), Signos(1979)y Cantiga(1987). No se puede hablar de evolución en su poesía; su trabajo es la línea recta de una flecha: desde su primer libro hasta el último, su intento ha sido una indagación constante en el hombre, en el amor y en la naturaleza.

Se ha señalado como una de las virtudes de su poesía su brevedad. María Mercedes Carranza ya lo había visto así en 1982: "Poesía rigurosa y elaborada, que centra su temática en el erotismo. Poemas cortos, que recogen de un lado un enorme acervo cultural, y de otro, una sensibilidad que la expresa en monólogos y en alusiones herméticas" (Eco, núm. 250, pág. 360).

También Juan Gustavo Cobo Borda recalca esta impresión: "Un verdadero poeta no requiere demasiadas palabras: le basta con la precisión de unas cuantas y el silencio en torno a ellas, dilatándolas: tal el signo distintivo de la poesía de Arango; tal su importancia" (Album de la nueva poesía colombiana, Fundarte, 1980). Como una anomalía dentro de la poesía colombiana se puede interpretar su trabajo, pero al mismo tiempo se puede ver como una reacción contra la retórica y el virtuosismo.

En un trabajo paralelo al de los nadaístas, Arango es quizá su más exacto contrapunto. Mientras que el nadaísmo necesitaba remover la realidad para encontrar en esa convulsión la validez suicida de su voz, Arango extraía de ella su esencialidad. No prefirió los escombros, sino la mínima porción de sabiduría y de misterio de todo acto humano. No necesitó remover. Necesitó ordenar.

Y empezó por la apropiación del silencio. En su primer libro este rasgo es evidente; el poema no está planteado como una afirmación sino como una sugerencia. Entre lo que dice y lo que calla se encuentra la tensión de su escritura.

Un segundo hilo conductor es acercarse a los objetos para nombrarlos en la totalidad de su misterio: en todo lo que nombra busca aquello desconocido que lo alienta, y es aquí donde hace suya la sentencia de Heráclito: "Todas las cosas están llenas de dioses". La esencialidad, manifiesta en su brevedad y concisión, le da la llave de lo universal. Cuando habla del "vendedor del mercado que tiene oro en los dientes" su palabra va hacia lo mítico que hay en él.

Un tercer aspecto es la simultaneidad. Para Arango apenas existen fronteras entre cl hombre y lo que lo rodean. Hay una permeabilización. Y un acto es el encadenamiento de otros actos. En este poema se observa claramente:

mientras bajo la tierra 
crecen las raíces del pino
y los muertos tranquilos 
pastorean los astros 
mientras un hombre canta para 
espantar su miedo 
por un camino solitario 
y sobre alguna ciudad desconocida 
cae la lluvia
tú 
y yo 
nos amamos

Por su poesía pasan personajes extraños y de ellos se sabe nutrir: el forastero —países detrás de su rostro/ y sus zapatos puestos a secar junto al fuego—, los sordos del asilo, el ciego de la guitarra, el vendedor de pájaros, los cajeros adolescentes. Estos oficios le seducen a Arango no porque sean llamativos o porque sean "poéticos", sino porque, como lo dice en uno de sus poemas, "tal acto encubre otros actos". Al principio de esta reseñase dijo que en su poesía no se podía hablar de una evolución. Sin embargo en Cantiga se nota que el poeta se aleja un poco de lo hermético, y se apoya en un coloquialismo para que su voz fluya de una forma más directa —Con un solo ojo torvo, Ella viene, Cantiga de enamorados y el conmovedor Ah y es de nuevo la mañana—. Pero Arango no deja de seguir trabajando en lo suyo y escribe en este mismo libro una especie de arte poética:

una apariencia mansa
y un fondo de desasosiego 
las cosas
su fantasmagoria

La huella que ha dejado en su poesía la obra de Wallace Stevens es de enorme importancia. Este le enseñó la transparencia y la intemporalidad. Pasando de las influencias a las resonancias, y de las resonancias a las coincidencias, existe un poeta venezolano con el que mantiene grandes puntos en común. Se trata del poeta Reynaldo Pérez-Só (Caracas, 1945). El día que se haga un estudio de la obra de José Manuel Arango—y ese día no está muy lejos— sería un gran error si no se establecieran las debidas relaciones entre ambos poetas.

RAMÓN COTE BARAIBAR