Boletín Cultural y BibliográficoNúmero 21, Volumen XXVI, 1989

El tiempo de la palabra


Vuelvo a las calles las calles
Mario Rivero
Fundación Guberek, Medellín, 1989

Hay libros que tienen un valor arqueológico, como el presente conjunto de Mario Rivero, quien explica:  "Estos poemas fueron escritos en el año de 1968. Algunos han sido publicados, pero aquí los entrego en su totalidad". A diferencia de la frase de Antonio Machado (la poesía: "palabra en el tiempo"), Mario Rivero sabe que el tiempo de toda palabra es efímero (siglos en algunos casos; en otros, días nada más). Por eso este oficio consiste en aferrarse a las calles o a "lo que pasa" entre las cosas:

Distraídamente persiguiendo una palabra perdida, 
me entrego a la eterna manía de los versos.
[pág. 17]

Los mejores poemas del libro tienen que ver, pues, con esta conciencia del tiempo. El que trata sobre la señorita Betty (págs. 53-55) enfatiza esa oculta relación que se trasmite de los objetos a las personas, incluso cuando el mundo circundante está por caer:

La señorita Betty es un ser importante, 
aunque su valía debe ser apreciada
de acuerdo a una escala de valores, 
en eminente decadencia
[...]
La señorita Betty permanecerá allí, 
contemplándolos solitaria como alguien que 
ha perdido para siempre aquello que buscaba...

[Págs. 54-55]

El tema es retomado en el otro poema —la tienda del anticuario— cuya formulación apunta, además, al famoso vejeces de Silva:

Es una especie de pequeño museo de piezas amarillentas, muertas, honrado por la presencia de gentes, a quienes la existencia de este comercio, les reveló una forma personal de la melancolía, de las cosas que no están más:
l as ortofónicas de corneta, los deslomados libros con el dorso fechado, las desvaídas fotografías tan impregnadas de la "decencia ".
o de la forma de la decencia...

[Pág. 57]

Rivero es dueño de una notable capacidad para crear imágenes con la sencillez de los materiales con que trabaja. La mano de José Asunción Silva es aquí, en este libro, evidente (aunque la puntuación de Rivero tenga momentos de inestabilidad sorprendente). Pero esta ligereza, como la de los pintores "primitivos", es engañosa. La analogía con la pintura no lo es tanto, más aún si al lado de la corriente "primitivista" ponemos la obra de Aurelio Arturo. De ahí que la poesía de Rivero se acerque mejor al concepto de arpillera, de labor manual (y política, como en Chile) con retazos o telas rústicas para conseguir una escena totalizante, en el sentido de la descripción.

Lo que si es ingenuo en Mario Rivero es la idea del "privilegio" de los poetas para alcanzar una conciencia particular del tiempo:

Sí, sólo nosotros, los poetas, hemos fabulado y cantado como cisnes de la época, el arder y el fluir lívido de la vieja camarada, pálida y ojerosa. que no había perdido aún su virginidad. Aquella luna, vuelta hoy muchacha pública, especie de muerta. [Pág. 36] [Pág. 36]

Cuando la voz se limita a dejar que el lector fije sus propias versiones o saque sus conclusiones, digamos, el poema anda sobre ruedas, sin ningún contratiempo:

Compras los periódicos de la tarde, para ahogar en sangre, mientras aún estás despierto, los sucesos del día.
O esperas a que se produzca una vez más
el destello fascinante de la pantalla del televisor, sellado en tu alcoba como en un féretro.
[Pág. 41]

Esta es la tentación que domina el libro en buena medida. Vuelvo a las calles recrea su circunstancia con elementos demasiado transparentes:

"Conozco la insobornable tristeza del tiempo..."(pág. 39);"... en las aletas de su nariz, en su tristeza!" (pág. 18); "... un nudo de tristeza" (pág. 19);... ella habla muy triste de las cosas..." (pág. 54). Estas menciones, que intentan conmover al lector, a veces mueven a la piedad pero respecto a los poemas mismos:

O quizás, y como huyendo de un hierro de marcar,
o de los cabellos de ceniza. de las sábanas y el aire
tristemente usados, querrás ir al bar
[Pág. 42]

 

El inconveniente es que esta vuelta no es a la prehistoria poética de Mario Rivero, sino al año 1968, cuando su autor ya estaba en la base tres y era responsable de sus actos (verbales). Las calles no son ahora las que fueron ayer. ¿Será por ello que muy pocos poemas del libro yacen intactos? A otros les ocurre lo que a los vasos de cerámica que un arqueólogo desentierra: sólo quedan trizas pero cada una es una reliquia.

EDGAR O’HARA