Boletín Cultural y BibliográficoNúmero 21, Volumen XXVI, 1989

El paso accidentado


En la ruta del día
Gabriel Jaime Franco
Cuadernos de Otras Palabras, Medellín, 1989

Estos trece poemas de Gabriel Jaime Franco pertenecen a un conjunto mayor: Insistencia en la luz. Así, nuestra lectura se basa en un anticipo. Sin embargo, el viaje a la ciudad es un viaje por la palabra que intenta en vano referirse y referirla:  "żA mi propio paso, qué eco le devuelve su voz más íntima, me torna espejo, buscador de pedazos de mí mismo?" (XIII, pág. 18).

Franco reverencia a Blaise Cendrars, y con justicia: un poeta poco divulgado entre nosotros y que merecerla ser más conocido (o reconocido, pues se le leía con interés —ten su lengua materna?— en la década del veinte y hay unas notas muy pertinentes de José Carlos Mariátegui). Pero sin tener que recurrir al París de Baudelaire (ya que Cendrars es el mago de los trenes y otras aventuras) habría, entre otros, un antecedente en nuestra lengua: Poesía de paso (1966) de Enrique Lihn. El hablante de los poemas es el lenguaje convertido en pasajero del poema, por más que exista una escenografía y varios personajes actúen de acuerdo con el azar de las circunstancias. Las marcas de esa retórica son consecuencia de un desgarramiento interior, a todas luces revelado en la particularísima sintaxis del poeta. En la ruta del día no presenta esta preocupación (y no tiene por qué presentárnosla, aclaremos). Sí hay, en su defecto, una lectura "pasiva" de la ciudad:

Ha cambiado la ciudad, los cerros leprosos que la cercan, 
su aire ensortijado,su voz de numen que agoniza. 
[IV, pág. 48]
[IV, pág. 48]
Estas calles que un poeta cantara
con voz meliflua  premeditadamente tierna no son más que un ilegible obituario...
[y, pág. 9]

Observemos cómo la mención de la voz se repite y se ajusta a un esfuerzo que le compete más al poema que a la configuración de lo que "transcurre" o "sucede" por él: "Algunos llevan su cuerpo/ a la absurda paz de los teatros,/ mientras en los hospitales se aprestan! a abrir los depósitos de gasa! y en los suburbios un ocio de café,/ periódicos y música/ se prepara para acicalar la noche..." (X, pág. 14).

El sujeto poético que deja su cuarto para iniciar la ruta del día tiene a Cendrars como atalaya, pero de esa visión interior (cuyo jerarca sería Rimbaud) escuchamos al Neruda de la monotonía ciudadana y el Walking around. Gabriel Jaime Franco intenta, y en buena medida lo consigue, "estructurar" ese viaje, darle sentido a su búsqueda, que es y ha de ser una búsqueda poética. Pero al mismo tiempo cada segmento "confiesa" por separado cuál es la preocupación reinante:

Nada alterará tampoco la terrible secuencia de los días en los que mi voz, a la que las visiones de una ciudad ulcerada han puesto hendiduras, repliegues, saltos, en los que mi voz ha querido sembrar flores vivas de amaranto. ĦMi voz, cómo se puso así mi voz!
Mi corazón no evitará esta dolorosa ruta.
[1, pág. 5]

żDe qué hendiduras, repliegues y saltos se trata? Da la sensación —al terminar de leer este primer poema— que el viaje será accidentado, por decir lo menos. Y en realidad nos incorporamos a un periplo de lo más lineal y educado. La iluminación más intensa ("collage de luz" pág. 10; "coro de luz", pág. 18), supongo, vendrá con el libro definitivo. Por ahora el voltaje es discreto.

EDGAR O’HARA