Boletín Cultural y
Bibliográfico, Número
21, Volumen XXVI, 1989
Para el pueblo
y pobre pueblo
Corrupción y expoliación en América
Latina
Alvaro Avila Bernal
Grijalbo, Bogotá, 1988, 378 págs.
Hay que
empezar por correr la voz; sentirse, más que reseñista, vocero; afianzado y convencido
de las palabras de Carlos Jiménez Gómez en el prólogo de este libro que reclama
recepción: "En cualquier Nación medianamente culta, un denuncio de la magnitud y
trascendencia de los que aquí nos trae el brillante ensayista, suscitará una alarma
social de grandes proporciones" (pág. 42). Estas palabras, además de imprecatorias,
responden al carácter del trabajo realizado por Avila Bernal: es un libro revelador y es
un libro de estructura hiperbólica.
Lo
anterior no quiere decir que lo revelado ha sido exagerado, incurriendo, por tanto, en
cierta falsedad, o que el investigador ha llenado, motu propio y mediante
especulaciones etéreas, los vacíos de información o la carencia de pruebas en
determinadas denuncias. Nada de eso. Cuando empleo la expresión "estructura
hiperbólica" me refiero a los métodos obsesivos que el autor utiliza para provocar
la reacción del destinatario del mensaje del libro. Acaso sea la única manera, hoy en
día ("acaso" puesto en duda), de congregar a la tribu, de decir (gritar) las
verdades públicas que Colombia necesita. Pero, ¿cuál Colombia? Acaso sea ese medio,
pero esa misma estructura hiperbólica afecta la objetividad de la información manejada.
¿De qué manera?
1. El
libro es susceptible de una radical condensación y de un nuevo ordenamiento capitular: si
algo lo caracteriza es la permanente repetición de informaciones, opiniones, argumentos,
frases y expresiones. Un mismo tema se desgaja en numerosos capítulos y subcapítulos,
dispersos y refundidos entre las tres partes constitutivas del libro. 2. Se hace un manejo
repetitivo de las estadísticas y de lo constatado, bien sea en fuentes de investigación
o en el trabajo de campo realizado por el autor a lo largo de la frontera oriental
colombiana (se advierte que el libro es el resultado de dicho trabajo, acometido como
parte de una comisión investigadora de la Procuraduría, administrada por Carlos Jiménez
Gómez): las estadísticas preparan un diagnóstico, pero unas estadísticas reiteradas
hasta la saciedad son ellas mismas el diagnóstico (lo cual supone la formulación de una
realidad, pero no la propuesta de su desmonte). 3. La ironía siempre implica una
exageración, en el sentido lingüístico de la palabra, porque afirma lo negativo como
positivo, en una indolencia necesaria para producir una reacción. Como dice Jiménez
Gómez en el prólogo, Avila Bernal posee la objetividad de quien ha contemplado a su
patria desde el exterior; pero esa objetividad se transfunde en la ironía del colombiano
que analiza doctamente la mano que lo ultraja. Corrupción y expoliación en América
Latina es un libro irónico. 4. El empleo de la semiología gráfica está al servicio
del comparatismo en diferentes campos y es una manera de inducir a la objetividad por la
fuerza; por ejemplo, mostrar el indicador de la nutrición en Colombia en el último
renglón de la escala de indicadores ídem de América Latina. 5. Los factores
seleccionados para el comparatismo son los delatores del subdesarrollo y de la corrupción
en Colombia (es excelente la escogencia de indicadores). 6. Al final son incluidos dos
artículos publicados en la prensa que bien podrían ser citados como fuentes y que sólo
insisten en temas ya tratados. 7. Ciertas citas, argumentalmente innecesarias, son
transcritas como sustitutos de signos de admiración:
"Si
usted va a Yavaraté es posible que sienta deseos de llorar" (pág. 100, tomado de Colombia
amarga de Germán Castro Caicedo). 8. Una bibliografía de peso, de autores
extranjerospor tanto, pretendidamente objetiva respalda cada una de las partes
constitutivas. Es una bibliografía extensa y especializada.
La
repetición es uno de los recursos de la hipérbole y distorsiona voluntariamente la
información; pero ello acarrea para un tipo de lector, por lo menos la
tendencia a la generalización de conceptos: ¿cómo diferenciar la corrupción
institucional, histórica, de la corrupción moral, particularizada? Por ejemplo, ¿cómo
diferenciar la corrupción estatal que implica la creación no planificada ni controlada
de los Fer, de la de los funcionarios que la aprovechan, desviando los recursos
financieros hacia sus propios bolsillos? El colombiano del común sabe de la existencia de
una entidad que se "preocupa" por la educación regional los Fer y
no se imagina el inmenso fraude que administrativamente supone. Otro tanto podría decirse
de la realización de diversas obras públicas, manifestaciones del "desarrollo del
país": las
obras públicas son obras y son negocios.
He
hablado de un tipo de lector y del colombiano del común, situándolos como destinatarios
del mensaje de este libro. Quizá el libro lo adquieran los estudiosos de los problemas
nacionales, o los políticos o los administradores. Pero el carácter del libro requiere
de la "opinión nacional", no de otro dedo acusador ni de otro intelectual que
proteste analizando. Corrupción y expoliación en América Latina está marcado
por el destinatario que implica: si no se cree en la "opinión nacional"
no en la intelectualidad colombiana no se puede publicar un libro de éstos, a
no ser por vanidad o ejercicio académico. Carlos Jiménez Gómez escribe en el prólogo:
"Definitivamente, en Colombia hay un cierto orden de problemas que, sin el asedio
bravío y constante de la opinión, nuestra clase dirigente nunca se acomedirá a
enfrentar cara a cara" (pág. 32). Llamemos a esa "opinión nacional" el
pueblo, el país
popular,
por oposición al país político, que es el auténtico acusado en el trabajo de Avila.
Avila Bernal, como el exprocurador Jiménez Gómez, cree en la "sanción
social"; eso es su libro: una " sanción social" al país político colombiano.
Basta de la retórica de que "Colombia somos todos", que difunden quienes no
desean llevar el bulto que les corresponde por sus acciones.
Esta
reflexión sobre el destinatario del libro nos remite, ahora sí, al contenido mismo,
porque lo escribe alguien que forma parte del pueblo, y sobre las desgracias que
convierten al pueblo en víctima de los datos registrados; es decir, recapitulando
disquisiciones, quien está acostado en el diván, y juega a ser el psicoanalista,
reconoce sus traumas y sabe que ellos se localizan en su discurso: la base de la
exageración es pensar con el deseo. En este caso, el deseo de convocar a la opinión
nacional.
El
libro se divide en tres partes: "Situación actual de los territorios fronterizos de
Colombia", "Desarrollo de los territorios fronterizos de Colombia y
Venezuela" y "Fundamentos y mecanismos del expansionismo brasileño". Sobra
decir que las tres divisiones no aglutinan todos los temas tratados, como, por ejemplo,
los de fraudes en obras públicas la construcción del anillo vial de Cartagena, el
proyecto de El Guavio que no se localizan en territorios de frontera, o el análisis
de la corrupción de algunas empresas públicas de ámbito urbano. De cualquier manera, la
investigación está orientada siempre a la denuncia que, lejos de corresponderse con el
título de la obra, plantea responsabilidades institucionales y morales de nuestra clase
dirigente, casi exclusivamente. La divergencia país popular-país político se manifiesta
en los siguientes aspectos: 1. Uno de los principales factores de recuperación de la
frontera oriental es la integración territorial, la construcción de una "frontera
humana"; el obstáculo básico a dicha integración no es sólo la baja densidad
demográfica de la zona: "la verdadera integración territorial sobrepasa el límite
de los solos fenómenos económicos. La integración es, entonces, un problema
institucional, es decir, de cienóia política y de organización social" (pág. 91).
2. La Pedrera es sitio
estratégico, geográficamente y por su abundancia de recursos naturales, para establecer
el centro de dicha integración territorial. El lugar se ha desaprovechado y, en cambio,
se dio curso al proyecto de Marandúa, solución militar y no planificada en cuanto al
estudio de impacto en el ambiente que su mantenimiento supone. 3. La universidad genera
proyectos deleznables de planes geopolíticos (tipo Marandúa) que se aplican como
autoridad, sin tener en cuenta el evidente divorcio de la educación superior y la
realidad del país. La divergencia país popular-país político también engloba el
sector educativo en cuanto engrandecimiento político de conocimientos no pragmáticos. 4.
Las estadísticas sobre la delincuencia y el hambre son tergiversadas para no deteriorar
la imagen de Colombia (¿cuál Colombia?) ante los paises que se interesan en la
explotación de nuestros recursos, con importantes dividendos para las oligarquías
traidoras. El pueblo colombiano también es "informado" con esas estadísticas;
es decir, se mira en el espejo falso, el espejo político: el país popular no se conoce.
En
conclusión, el libro constituye, más que un señalamiento de las técnicas
subimperialistas de Brasil aplicadas sobre la Amazonia colombiana, dados la baja densidad
de población y el abandono en que la clase dirigente colombiana mantiene esas regiones,
una acusación directa a dicha clase dirigente; es más, el análisis de la deseperada
situación del nordeste brasileño explica el proceso de colonización y conquista de la
Amazonia, promovido por Celso Furtado o el teólogo de la liberación Hélder Cámara,
casi que justificando la búsqueda de recursos en países vecinos. Cito: "¿Acaso esto significa que
Colombia es una víctima indefensa y sumisa de vecinos poderosos y expansionistas? ¿No
será, tal vez, que nuestros vecinos están más eficientemente gobernados y que, por
ende, disponen de una política de fronteras y de protección de sus recursos?"
(pág. 113). Por otra parte, se pone de manifiesto una vez más la tesis de nuestra
historia
alienada o
marginal, la de estos países; incluso Brasil, definido como país subimperialista, lo es
en la medida en que cumple los designios imperialistas estadounidenses, que buscan
favorecer los negocios de sus multinacionales y conservar el estado de dependencia; hasta
el llamado "diferendo colombo-venezolano", minimizado justamente por Avila, es
explicado como parte de una "soterrada conjura internacional ". Finalmente, el
libro plantea un problema de soberanía, esa mentira histórica de los países
latinoamericanos. ¿La soberanía es política o popular? Políticamente, es una
traición, una farsa; y..., se ha dicho que la soberanía reside en el pueblo, ese que
casi no existe en nuestra frontera oriental; el propósito del autor, quien irónicamente
cree aún en la opinión nacional, por lo menos nos da una esperanza, y hago votos por que
haya eco nacional a tan importantes revelaciones.
Lamento,
una vez más, la pobreza editorial de la publicación. Grijalbo, prestigiosa editorial
mexicana, se ve reducida a las mediocres realizaciones de una sucursal colombiana.
¿Cuándo comprenderá la industria editorial colombiana que la corrección de pruebas es
un trabajo fundamental en la producción del libro? No me cansaré de reiterar esta queja.
OSCAR TORRES DUQUE
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