Boletín Cultural y
Bibliográfico,
Número 21, Volumen XXVI, 1989
El monopolio
del desarrollo social
Clientelismo y desarrollo social:
el caso de las cooperativas
John Sudarski
Tercer Mundo, Bogotá, 1988, 280 págs.
El
profesor de la facultad de administración de la Universidad de los Andes John Sudarski
fue asesor-consultor, entre 1976 y 1978, del proyecto Acopie (la investigación-acción
para el fomento de las cooperativas), experiencia que le sirvió de base para este libro.
La
Corporación Financiera Popular (CFP), entidad que contrató el proyecto, se constituyó
en una de las agencias del desarrollo configuradas en los dos últimos decenios como
herramientas técnicas del beneficio social. Fue ideada inicialmente como propulsora de la
pequeña y mediana industria a través de objetivos y criterios puramente bancarios
(1967). La alternativa de democratización del crédito a industriales sin recursos ya
grupos de bajos ingresos favorecieron, a mediados de los setenta, su escogencia para
manejar un préstamo de la AID por US$ 5 millones. La línea que recibió más fondos
(42%)
fue la de
crédito comunitario dirigido a cooperativas, empresas comunitarias y otras formas de
asociación (págs. 93-102).
En este
contexto se localizó el proyecto Acople, cuyos objetivos inicialmente consistieron en:
1.
Determinar las condiciones que en las propias cooperativas conducen a su éxito o fracaso,
haciendo hincapié particularmente en los aspectos humanos y sociales que se convierten en
obstáculos [. . .]
2.
Determinar la forma de intervención que ayudaría a generar deferentes alternativas
organizacionales que redunden en un mayor provecho social y económico de los miembros a
quienes la corporación quiere beneficiar[...]
3.
Utilizar los resultados previos sobre las consecuencias de sus orientaciones y prácticas
en el sector cooperativo y, en especial, en las zonas rurales [pág. 98].
El
trabajo se expone en tres partes principales: Inicialmente se presentan los
elementos teóricos y analíticos que guiaron el proyecto Acople, así como la
metodología aplicada para la medición y el diagnóstico de los cambios producidos en las
cooperativas (introducción y cap. 1, págs. 15-109). De esta parte merecen destacarse la
conceptualización sobre el cooperativismo y la escogencia de la investigaciónacción
como fórmula de intervención apropiada para la generación de apretidizaje
organizacional.
El
autor acepta que la utilización de las cooperativas como unidades de intervención en
los proyectos y programas de desarrollo exige caracterizar la sociedad particular en que
se inscribe y "sopesar" cómo asimilaría tal fórmula (pág. 20). La
caracterización de la sociedad colombiana se hace en términos de nociones recogidas en
una revisión bibliográfica de la sociología contemporánea que se ha orientado al
malabarismo en el análisis de los procesos de la "modernización" (Mc.
Clelland, Eisenstadt, Inkeles), y que al abandonar la teoría clásica intenta reconstruir
marcos ad hoc, alimentados generalmente por un modelo de sociedad la
estadounidense tomada como meta. El profesor Sudarski no analiza suficientemente los
conceptos de sociedad y Estado cliente-lista. Al no abordar el
estado del arte se limita a encuadrar la estrategia del aprendizaje organizacional
"promovido por arriba", con lo cual el tratamiento del problema clientelismo vs.
desarrollo social se restringe a un marco que luego se demuestra insuficiente: el del
funcionamiento de la sociedad en términos del comportamiento de los individuos y las
escalas de valores. Además, para el tratamiento del tema se partió de adjudicar a las
cooperativas la virtud adicional de generar procesos de aprendizaje social entre sus
miembros (pág. 40). Sólo que este aprendizaje tendría una meta de autonomía
cooperativista, que en el lenguaje del sendero modernizante consistiría en adquirir
destrezas organizaciones como las de:
Autoadministración,
planeación y toma de decisiones conjuntas, capacidad de ejercer presión e influencia
colectiva, capacidad de usar el poder colectivo y de realizar tareas de complejidad mayor
y, en un nivel máximo de aprendizaje, adquirir la capacidad de reflexionar acerca del
proceso de maduración de la unidad: la capacidad de verla y conceptualizarla con mapas
cognoscitivos lo suficientemente detallados como para resolver los problemas que se
experimenten y para prever un futuro sobre el cual sea posible intervenir [págs. 49-57].
En el
lenguaje de la teoría de la modernización, estos éxitos empresariales implícitamente
representarían la modificación comportamental de valores de consumo, en especial los que
tienen que ver con los mecanismos por medio de los cuales las comunidades rurales en
este caso, las cooperativas de producción se integran a una aparente efectividad
económica, cuyo modelo acabado será la "subcultura del transistor".
La
experiencia concreta del proyecto Acople (caps. 2 a 6) permitió,
en cambio, demostrar cómo la
estructura de centralización en la financiación y dirección de los programas de
desarrollo social afincada en las distintas agencias nacionales y regionales, no sólo
bloquea la efectividad de un proyecto de esta índole, sino que afecta al conjunto del
sistema cooperativo. Las implicaciones del usufructo clientelista de los programas de
desarrollo conduce, en una interpretación sociopolítica más amplia, a concluir que la
esperanza del "cambio institucional controlado" está invalidada mientras
subsista el monopolio estatal del desarrollo social y, paralelo a él, el mantenimiento
del régimen neopatrimonial. El autor no evalúa con precisión las formas de desarrollo
social no estatizadas, como serían las fundaciones privadas, y las entidades
internacionales. Tampoco compara las formas cooperativas en otras actividades no
agrícolas, ni de producción fabril, dominios en los cuales se localiza un alto
porcentaje del movimiento "solidario" colombiano, poniendo así otra
restricción a la validez de su diagnóstico sobre el conjunto del cooperativismo.
La
sección más seria deil estudio es la consagrada a describir la praxis administrativa y
operativa del proyecto Acople, toda vez que esta praxis no fue muy ajena a la tensión
entre actividad científica y burocracia. De antemano, Sudarski advierte que en los
países como Colombia impera el complejo del fracaso, al cual los especialistas en
políticas de desarrollo han conceptualizado como fracasomanía (pág. 29),
conducta que forma parte de un comportamiento "dependiente" y que, al
adicionarse al patrón clientelista, genera un verdadero síndrome comportamental,
impregnando de tal manera las instituciones oficiales como para enquistarse y conducir a
que cada nueva administración introduzca su propio conjunto de soluciones preconcebidas,
las cuales incluyen la consideración de la inutilidad de las experiencias de aprendizaje
previas sobre desarrollo organizacional y social (págs. 234-239). Cronológicamente se
describe este proceso, desde la inauguración del proyecto, cuando sus relaciones con los
burócratas del departamento de cooperativas de la CFP eran inmejorables
(págs. 97-107). De las tres etapas propuestas (pág. 99), se alcanzó a cumplir sin
contratiempos burocráticos, la de diagnóstico de las comunidades, cuya síntesis,
basándose en una tipología tabulada de visiones del individualismo con efectividad
comunitaria, presenta al final de esta sección (pág. 106). La segunda etapa, de
diseño y aplicación de actividades de intervención, identificación de las
restricciones organizacionales y discusión en la CFP de dichos obstáculos con grupos
pertinentes, estuvo afectada sensiblemente por los cambios de ministro de Desarrollo, de
secretario del ministerio y de presidente de la junta directiva de la CFP, y por el
antagonismo de éste contra el gerente de la CFP, lo que condujo al reemplazo del mismo y
a la parálisis en la gestión del desarrollo cooperativo. Tales intimidades demostrativas
del síndrome clientelismo-fracasomanía son el eje del capitulo 3 (págs.
137-163). La tercera etapa de medición del progreso alcanzado en las cooperativas con la
consecuente retroalimentación a la organización se trocó en un ambiente hostil derivado
de la tensión descrita, en el cual
los
productos de dicha investigación no resultan ser directamente
útiles para las personas o agencias dedicadas a la acción...
En
otras palabras, la explicación del proceso a los sujetos mismos del cambio no se logró
parcialmente para dos sectores del "público": los miembros de las cooperativas
y la misma entidad promotora (págs. 87-93).
Ahondando
en la anterior explicación, el trabajo podría incluso releerse evaluando su propuesta de
investigación-acción sobre las cooperativas promovidas por la CFP (págs. 80-93 y
98) e intentando establecer si tal estrategia de método alcanzó algún resultado
específico como concientización. En ese nivel, la lectura crítica del trabajo sobrepasa
la delimitación del mismo y se dirige a precisar su contribución al conocimiento del
cooperativismo, así como al aprovechamiento de sus resultados a partir de lo expuesto.
Surge allí un interrogante sobre cuáles son los sujetos del estudio (en términos de
investigación-acción). En la presentación, el énfasis se pone en la búsqueda de
cambios cualitativos en los miembros de las cooperativas, en el aprendizaje que
lleve a éstos a ser ciudadanos modernos, productivos y eficientes (pág. 44). En la
consideración de las implicaciones analíticas de las conductas que se manifestaron en el
desarrollo del proyecto Acople (pág. 229, cap. Conclusión) se traslada el foco del
estudio, y los sujetos no son ya los miembros de las cooperativas, sino la conducta
descrita con variados adjetivos y sustantivos, tales como retaliatoria, fracasomanía,
paternalista o esquema mental clientelista de los administradores oficiales de la
política de desarrollo cooperativo. El autor no explica este cambio de sujeto, aunque en
algunas líneas evalúa la imposible retroalimentación del aprendizaje organizacional
(págs. 236-237).
En el
prólogo, John Sudarski aspira a que su libro estimule el surgimiento de una esfera de
aprendizaje sobre las dinámicas de los proyectos de desarrollo en Colombia, y acepta el
dilema de escribir conciliatoriamente para públicos distintos (académicos, políticos,
cooperativistas, planeadores, etc.), pidiendo tolerancia mutua entre
los lectores. En respuesta, a
ésta y como conclusión, de la reseña, el libro se podría recomendar, primeramente,
para hacerlo material central en laboratorios de administración pública;
secundariamente, como referencia útil en autocríticas de las teorías políticas del
desarrollo y en las revisiones sobre los límites metodológicos de las tecnologías
comportamentales, y así como sobre los alcances de la teoría de la modernización. En
otros planos, sería un texto marginal para las cátedras de investigación-acción, de
cooperativismo y de sociología política.
JOSÉ ERNESTO RAMIREZ
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