Boletín Cultural y
Bibliográfico,
Número 21, Volumen XXVI, 1989
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Los jóvenes y el
síndrome de inmunodeficiencia televisual
Tv Cultura
los jóvenes en el proceso de enculturación
Investigación transdisciplinaria dirigida por
Gladys Daza Hernández
Los
adolescentes colombianos consideran a Estados Unidos como el país más encantador del
mundo, el político extranjero que más admiran es Ronald Reagan, y su serie de acción
favorita es Los Magníficas.
Estos
datos objetivos pertenecen a una investigación de un grupo multidisciplinario, dirigido
por Gladys Daza Hernández y patrocinado por el Centro de Comunicación Audiovisual
(Cedal) y Colciencias, que expIoró la influencia y los efectos del medio televisual en el
joven adolescente colombiano. El resultado de su vasto estudio ha sido expuesto ahora en
el libro Tv Cultura: los jóvenes en el proceso de enculturación.
El
sujeto-objeto de tal exploración es más precisamente el joven bogotano entre las edades
de 12 a 17 años, de muy diversos estratos sociales. Esta edad es definitiva en el
descubrimiento y apropiación (o despojo) de un mundo y de una cultura. Y en dicho proceso
los mass media vienen cumpliendo un papel cada vez más preponderante. Los autores
definen este proceso con el término enculturación, "por el cual la persona
adquiere los usos, creencias, tradiciones, etcétera, de la sociedad y que se verifica por
la mediación de un grupo primario, generalmente la familia" y en la actualidad con
la intervención no siempre benigna de los mensajes televisuales.
El
joven elabora el conocimiento de la realidad en una especie de trance hipnótico que se
verifica frente
a la pantalla de una máquina productora de
imágenes coloridas que en 525 líneas constriñe la realidad o fabrica una
realidad ficticia o una apariencia de realidad. Del intenso escrutinio de estos efectos se
ha comprobado en esta investigación el papel dañino, distorsionador, alucinante,
soporífero y manipulador de este oráculo moderno llamado televisión. Pero de cara a una
educación para la libertad, la gran propuesta de este libro es enseñar a leer
críticamente los mensajes televisuales "y descubrir con qué propósitos son
seleccionados estos signos para no sucumbir ante su dominación".
Dos
largas partes conforman esta obra. En la primera se traza un completísimo marco teórico
en el que se han integrado los diferentes enfoques disciplinarios del problema:
periodístico, sociológico, semiológico, antropológico, educativo y desde la
comunicación. Se trataba, dicen los autores, de "conjugar las posibilidades de
reconocimiento e interpretación del problema por parte de cada ciencia implicada
[... para] llegar a una noción totalizante, dinámica e integradora de los procesos
sociales". Múltiple fue, pues, el enfoque y múltiples y difíciles de resumir aquí
son los procedimientos metodológicos, los resultados y las conclusiones de este trabajo
colectivo.
Los
autores comienzan señalando una serie de incongruencias presentes en la actual
legislación colombiana de comunicaciones; echan un vistazo, en seguida, a las fallas
estructurales de nuestro sistema de televisión con su falta de una coherente
reglamentación estatutaria, con su régimen de producción híbrido (estatal-privado),
con sus sutiles censuras y sus monopolios y fallas sin cuento. En esta sección inicial se
sitúa el caso de la Tv colombiana dentro de un contexto global y se analiza la relación
de conflicto de un orden internacional de las comunicaciones regido por sutiles lazos de
dominación y respectivo servilismo. Hipotéticamente, se formula la posibilidad de
insertarse dentro de un nuevo orden mundial de la información en el cual esta situación
de desequilibrio quedaría superada o al menos atemperada.
Igualmente,
se abordan aquí los supuestos teóricos del proceso encultunizador del medio televisual
en el joven. Para ello, se traza un perfil sociológico del adolescente colombiano, quien
representaría significativamente a un universo de la población urbana joven, dada la
profusa inmigración registrada en la capital. Se analizan los fenómenos psicosociales de
la percepción televisual y se advierte que este es un proceso dinámico de reelaboración
de la realidad a la luz del mensaje. Justamente a ello apunta el objetivo final de este
estudio: "Entender cómo el adolescente realiza su propia percepción de la oferta
televisiva consumida y cuál es la utilización que hace de la información".
No
hay, entonces, tal pasividad del telespectador, pero sí es palmario el proceso de
enajenación progresiva frente a este medio masivo. El detenono urbano, los procesos
políticos de violencia y corrupción, la dificultad en el transporte, la inseguridad, la
paranoia urbana, la falta de espacio y estímulos para practicar los deportes, no dan al
joven otra opción:
"enclaustrarse para aceptar los
productos que se le ofrecen diariamente como única forma de entretenimiento". En el
caso colombiano, es evidente el papel dc la Tv como agente de la nueva ola violenta.
En la
segunda parte del libro, entramos en el abstruso terreno estadístico. Pero, considerando
el rigor científico impuesto en el estudio, la inmersión en este farragoso campo
al menos para el lector resulta necesaria e indefectible. La herramienta fue
una gran encuesta dirigida a conocer los modelos de comportamiento y consumo de los
productos televisuales en este sector de la población bogotana. Un sondeo a fondo de los
saberes y expectativas del joven, realizado mediante un cuestionario con la módica suma
de ochenta preguntas.
Una
conclusión muy significativa: la institución familiar
cumple un papel cada vez de menor importancia encultunizadora y cede terreno ante el
embate de este medio audiovisual. Fenómeno social intcresantlsimo y preocupante en el
cual se advierte una especie de
fricción permanente en el
hábitat familiar causado por la presencia omnisciente y perturbadora del aparato de
televisión conectado ya a toda una red mundial (vía antenas parabólicas) y con los
infinitos reclamos comerciales y sutiles manipulaciones ideológicas de los mensajes
transmitidos y transfundidos a través de su tubo electrónico.
En otro
de los capítulos de esta segunda parte se pasó revista a los géneros televisuales que
la encuesta había arrojado como los preferidos de los chicos colombianos. Con mucho
acierto se intentó un desmonte de las piezas que componen el esquema y la simbología que
se manejan en los distintos programas. Los autores elaboran aquí muy precisas síntesis
analíticas frente a preguntas como las siguientes: ¿Cuáles señuelos y clisés
argumentales siguen cumpliendo su propósito dentro de las telenovelas, los seriales de
acción, las comedias, los programas musicales y de concurso? ¿Qué diferenciación
temática y de producción se da entre las telenovelas extranjeras y las nuestras? ¿Qué
se esconde tras el pretendido efecto lacrimógeno de la soap opera gninga o el
melodrama latinoamericano? ¿Cómo ha afectado al público juvenil la embozada expresión
doctrinaria de las series policiales estadounidenses con toda su carga de violencia,
xenofobia, racismo y larvada apología de los métodos de justicia privada? ¿Cómo se
realiza el proceso de apropiación de los modelos individuales y familiares; es decir,
cómo escoge el adolescente su héroe favorito y hace suya toda su estereotipia?.
Otra
conclusión interesante: "Los estereotipos impulsados en las series norteamericanas
de acción encuentran un terreno fértil en un medio como el nuestro dislocado por la
fuerza de los conflictos sociales, familiares e individuales. En el caso colombiano no
aparece la violencia del relato televisivo como una forma de canalización por
transposición y proyección de las actuales tendencias contra la vida; más bien
parece que los contenidos narrativos de estos textos están dando lugar a un refuerzo en
la conciencia colectiva
de niños, adolescentes y adultos de
que lo violento es lo normal y hace parte de la legalidad social".
La
cultura del adolescente colombiano es hoy primariamente audiovisual. Frente a los demás
medios, la televisión es-el-medio-y-el-mensaje. El joven colombiano no lee ni le
interesaría hacerlo: la prensa ocupó un agónico porcentaje en las preferencias de este
sector; por el libro ni se indagó. "De ello se concluye que la televisión es la que
más oportunidad tiene de ejercer una mediación cognitiva y un papel
encultunizador", apuntan los autores. Pero su propuesta es justamente "hacer del
joven y del adulto televidentes creativos y con posibilidades de encontrar los caminos de
una vida y una existencia libre a través de la lectura crítica de la televisión".
RAUL JOSÉ DIAZ
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