Boletín Cultural y BibliográficoNúmero 21, Volumen XXVI, 1989

Los cuentos cortos de toda la vida


Toda la vida
Jairo Aníbal Niño
Carlos Valencia Editores, Bogotá, primera edición: 
1979, segunda edición: 1989, 95 págs.

Toda la vida, de Jairo Aníbal Niño (1941), se presenta en su contraportada como una colección de cuentos cortos. Estos, nos cuentan historias que presentan personajes, recrean situaciones y circunstancias, y en ocasiones expresan una reflexión del autor o describen una imagen o una metáfora. de Jairo Aníbal Niño (1941), se presenta en su contraportada como una colección de cuentos cortos. Estos, nos cuentan historias que presentan personajes, recrean situaciones y circunstancias, y en ocasiones expresan una reflexión del autor o describen una imagen o una metáfora.

De un cuadro de corte realista se pasa a un paisaje decorado con los astros; de las ocurrencias de una tortuga se puede pasar, con solo voltear la hoja, a las imágenes que construye un marinero de Buenaventura cuando ama. La fábula ocupa una página en el libro. Las anécdotas como tales son tratadas con fluidez, con sencillez y cuidado, penetrando la realidad de la cual, al parecer, provienen.

Dos personajes aparecen con cierta claridad en los relatos en los cuales el autor se ocupa de los abusos del poder: el patrono, injusto y asesino, y el campesino, subyugado y explotado. En otro momento es el guerrillero y el militar o el terrateniente y el indígena. Siempre están enfrentados de manera inevitable, jugándose la vida, vengando la muerte.

Frente a las situaciones que se narran, el autor resuelve los relatos con la paradoja feliz, el final ciertamente inesperado, no por el giro insólito o por la solución inteligente y aguda, sino por el imposible que ésta encierra. En el relato pudo suceder lo que casi nunca sucede: el oprimido se venga de las afrentas del opresor.

El autor expresa, en este tipo de relatos, amor y solidaridad hacia los desarraigados. Lo hace con detenimiento, mostrando su condición abandonada y la realidad que los margina, lo cual no evita que caiga repetidamente en maniqueísmos.

El libro también trae prosas cortas que aluden a otras historias, a otros lugares, y sin lugar a dudas son ingeniosas. Hay párrafos que impactan por su belleza, y otros que poseen salidas con buen sentido del humor. A este respecto podemos decir que al autor le gusta escribir chistes (un ejemplo muy claro de esto es el de la página 49 titulado El carapálida, puesto que salta a la vista que los cuentos dependen de la última frase y que están estructuralmente dispuestos para ésta, que es el modelo común del chiste. Así aparecen al comienzo algunas frases que sirven de marco a la frase final, que se supone nos debe hacer reir.

Los otros cuentos (o prosas) son indecisos en sus intenciones, en tanto que hacen una observación o lanzan una idea expuesta con pretensiones poéticas (lo que no es contradictorio) pero que no llegan, ni al apunte inteligente y claro que se debe a una observación y reflexión, ni a la imagen que construyen las palabras ordenadas según la voz de un poeta. Es el caso del cuento El par que (pág. 33), del que cito la primera frase: "Entre Fantasilandia y Mañanalandia fue construida Latinoamericalandia, la última y esplendorosa atracción del gran parque".

Si nos detenemos a mirar esos espléndidos cuentos cortos de un Kafka o de un Juan José Arreola, que muestran la singular y efectiva economía de los elementos que es necesaria para que una frase, cargada de todo lo que requiere y libre de todo lo que le sobra, lo tenga todo, es posible saber qué esperar de un cuento corto.

Aunque la comparación no existe y sería injusto con Kafka y Arreola hacerla, uno de los pocos ejemplos que trae este libro de ese cuento corto es el de la página 53 titulado Mensajera.

En todos o en casi todos los demás cuentos lo que se aprecia es una incapacidad narrativa del autor, pues, si bien sus relatos no poseen las características que antes precisamos como esenciales a los cuentos cortos (como pretenden ser los de este libro), tampoco los personajes que presentan tienen peso, verosimilitud, consistencia. El narrador, sea cual sea la extensión y las formas que adopte, debe crear caracteres psicológicos y comportamientos verosímiles. En el caso de Jairo Aníbal Niño esto no ocurre. Lo mismo puede decirse de los mundos que recrea: es clara la ausencia de condiciones narrativas en ellos, y su lectura nos deja la sensación deque la escritura de este tipo de cuentos es un facilismo.

Para finalizar, cabe recordar que en Colombia en los dos últimos años, aproximadamente, se ha dado una relativa abundancia de los llamados cuentos cortos, como lo demuestra la reciente instauración de un concurso nacional que premia los mejores. Ya son varios los libros de autores colombianos similares a Jairo Aníbal Niño, y hace apenas unas semanas un joven escritor de apellido famosoanunciaba en Bogotá que practicando este tipo de escritura habla inventado un "nuevo género".

MARIO DUARTE DE LA TORRE