Boletín Cultural y BibliográficoNúmero 21, Volumen XXVI, 1989
 

La colección de cerámicas del Banco Popular


Cultura Tumaco
Jean François Bouchard y Santiago Mona
Fondo de Promoción de la Cultura,
Banco Popular, Bogotá, 1988, 84 págs.

Esta obra constituye el primer volumen de una colección destinada a divulgar los materiales cerámicos alojados en los Museos del Banco Popular. Con este ánimo se coordinó el trabajo de varios profesionales: Alicia Dussán de Reichel presenta la publicación; siguen los textos de los investigadores J.F. Bouchard y S. Mora; luego la muestra cerámica en fotografías, junto con una descripción técnica. Para finalizar, la arqueóloga Marianne Cardale de Schirimpff hace una traducción al inglés, consiguiendo una gran fidelidad con los textos originales mediante el uso preciso de los términos científicos. La obra así compuesta aparenta una integridad; sin embargo, su contenido la divide en dos partes, que trataremos a continuación.

A partir de la lectura de los tres textos iniciales podemos separar una primera sección. En ella advertimos que el título del libro no concuerda con todo lo que en él se expone. En efecto, la denominación "cultura Tumaco", como lo anota A. Dussán, proviene de una época en la cual la arqueología se limitaba al estudio de objetos. Muchos de éstos provenían del saqueo de yacimientos arqueológicos y, ante la falta de información, se les nombraba según la tribu que ocupaba la región en el momento, de la conquista. Esta práctica, junto con la determinación de "áreas culturales", popularizada por Steward en la década de los 40, ha producido en nuestro país un concepto estático de la historia. Ejemplo de ello son los conocidos mapas de "culturas arqueológicas", que sólo representan, en el mejor de los casos, los territorios habitados por las etnias del siglo XVI. Es así como la "culturalumaco" corresponde a una simplificación de la historia de la región, unidad aparente que contrasta con la complejidad registrada por los arqueólogos a lo largo de dos mil años de ocupación. Las excavaciones y tráfico ilícitos de materiales arqueológicos sólo han logrado, después de casi un siglo, aportar a nuestro conocimiento una cultura Tumaco donde los objetos desprovistos de contexto carecen de valor para la reconstrucción de las sociedades que los crearon. Citando a A. Dussán: "El artefacto es el resultado de una combinación de normas culturales y de un enfoque personal, pero de todos modos el objeto es apenas una parte de un contexto; implica un entorno fuera del cual pierde en gran parte su sentido y razón de ser". El trabajo del arqueólogo es la recuperación de ese entorno mediante una excavación; en ella, no sólo los objetos son registrados, sino también los rasgos en el sedimento que los encierra, y la forma como todo se articula entre sí. Con esta información se logran datos confiables, que llevan a una interpretación histórica como la que se ha logrado en la región de Tumaco.

Los escritos de Bouchard y Mora sintetizan esta visión arqueológica. El primero, en el texto titulado "Culturas prehispánicas del litoral pacífico nor-ecuatorial", relaciona el medio ambiente con los procesos de ocupación, para presentar una historia del poblamiento desde sus comienzos en el Ecuador, hasta los vestigios más tardíos del año 1000 d.C. El autor hace resaltar la unidad natural de la costa meridional colombiana y la sección norte del Ecuador, encontrando que estas tierras bajas y anegadizas, cubiertas de manglares, inciden en el desarrollo de unos mismos procesos culturales. Igualmente, la economía estaría fuertemente condicionada al medio, por tratarse de una economía mixta donde la pesca desempeña un papel de gran importancia. La agricultura, por su parte, basada en el cultivo de maíz y yuca, tiene menores posibilidades de expansión, debido al clima caliente y lluvioso que caracteriza a la región. La demografía, por lo tanto, estará condicionada en su crecimiento, puesto que la zona óptima de explotación se encuentra cerca de los manglares. Esta situación daría como resultado uiia expansión lineal en una estrecha franja del litoral.

Con estos antecedentes, Bouchard traza un modelo de poblamiento con orígenes en Ecuador, cuyos representantes serían portadores de una cultura emparentada con la "tradición chorrera" del Ecuador. Estos pueblos, obligados por la saturación de su hábitat, migrarían hacia el norte, ocupando tierras aún inhabitadas en el 400 a 300 a. C. El estilo cerámico de los primeros pobladores se transforma, con múltiples detalles en figurillas y recipientes. Por otro lado, se reproducen motivos en serie gracias al uso de moldes, y se simplifican las técnicas decorativas. Hacia los primeros siglos de nuestra era, parece presentarse una decadencia, con un abandono de la región hacia el año 300 6 400 d.C. En ese momento desaparecieron los grandes centros, como el que pudo existir en la isla de El Morro (Tumaco) o en la isla de La Tolita (Ecuador). Igual suerte sufrieron las aldeas ubicadas en proximidad de ríos y esteros, que mantenían comunicación con estos sitios de mayor importancia. Aún debe encontrame una respuesta para estos hechos, dentro de varias posibilidades anotadas por Bouchard. Sin embargo, una investigación reciente de Diógenes Patiño en el litoral caucano puede aportar algunos elementos de juicio. En efecto, a través del análisis de muestras de polen fósil, se registró un cambio en el nivel del mar. Este habría involucrado el retiro de los manglares, y por lo tanto la desaparición, próxima al asentamiento, de la zona óptima postulada por Bouchard.

Las fluctuaciones en el nivel del mar se han registrado en forma continental, tanto en la costa pacífica como en la caribe, y en varias ocasiones se ha tenido testimonio de su influjo en las ocupaciones humanas. En la región de Tumaco, estos cambios se repitieron aún más tarde, lo cual influyó en la forma como se solucionó el problema de anegamiento. Hacia el año 1000 d.C., como lo anota 5. Mora, llegaron a la región nuevos pobladores, sin aparente relación con los anteriores. Estos, para establecer sus viviendas, modificaron el paisaje construyendo grandes montículos de tierra. Algunos sirvieron probablemente para los cultivos, aunque se siguió explotando la abundante pesca en forma similar a los antiguos. El patrón de asentamiento tampoco, sufrió grandes cambios, y es así como muchos de estos montículos se encuentran encima de yacimientos más tempranos, habiendo sido construidos en parte con las basuras antiguas. Para S. Mora, quien relaciona en detalle todas las excavaciones de la zona, los constructores de montículos habrían aparecido en una fase anterior, relacionada con la tradición de procedencia ecuatoriana. Si bien esta posibilidad deberá investigarse, lo precario de la determinación de esta fase Nerete obliga a la duda. Por otra parte, las investigaciones de Patiño en el Cauca, donde carece de montículos artificiales, y a su vez carece del complejo cerámico Bucheli (año 1000 d.C.), indicarían la contemporaneidad de estas expresiones. Por último, debe anotarse que Mora considera posibles los contactos con la zona andina, debido al hallazgo de materiales líticos que pueden tener esta procedencia. Este autor, después de la revisión de todos los antecedentes, considera que las culturas registradas en esta región no pueden reducirse a una sola, ni escribirse su historia a través de las particularidades del medio.

Una segunda sección se encuentra después de los textos. Consiste básicamente en una colección de fotografías en color, bien logradas, seguida de una descripción técnica ordenada en varios títulos. Además de una pequeña fotografía para guía del lector, se incluyen las medidas de los objetos y una corta descripción. El estilo de los encabezamientos y los escritos es museográfico; por lo tanto, en ocasiones incurre en simplificaciones o en una apreciación subjetiva. Para algunos casos, como la fauna, donde se cuenta con estudios como el de Emma Sánchez, de la Misión Española de la Costa de Esmeraldas, el tratamiento acusa el desconocimiento de las fuentes arqueológicas básicas. Esto evidencia la distancia que separa los esfuerzos investigativos respecto del trabajo desarrollado en los museos, que se beneficiarían de un trabajo conjunto, como el que se adelanta en muchas instituciones de esta naturaleza en el extranjero.

INÉS CAVELIER