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Boletín Cultural y
Bibliográfico Número
21, Volumen XXVI, 1989
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Atracadero
de Ambalema. acuarela sobre papel. 17.3 x 25 cms, 1846.
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Bongos,
champanes y vapores en la navegación fluvial colombiana del siglo XIX
(primer parte)
EDUARDO POSADA CARBÓ
Acuarelas de Edward M. Mark.
Colección de la Biblioteca Luis-Angel Arango)
"A BORDO
BLANCO", le gritó el patrón del champán a José Joaquín Borda, mientras éste
observaba la ancha canoa que lo conduciría a la bodega de Conejo, aquella estación
obligada de los vapores que subían por el Magdalena y que, debido a los rápidos del
río, no podían seguir hasta Honda. El viaje de Borda en La Joven Tulia como se llamaba
la embarcación atestada de pacas de tabaco- ,en medio de las mercancías y la tradicional
algarabía de los bogas, duró seis horas. Al llegar a Conejo, José Joaquín Borda no
lamentó cambiar "el champán, recuerdo de lo pasado, por el lujoso i cómodo vapor,
prenda de civilización moderna y esperanza en lo porvenir" 1,
El
tránsito del champán al barco de vapor en Colombia, sin embargo, no fue tan sencillo
como el trasbordo de José Joaquín Borda en la bodega de Conejo 2 Como tampoco desplazó el vapor tan cómodamente a las primitivas
embarcaciones que parecían adaptarse mejor a la navegación en la indómita condición de
los ríos colombianos, abandonados a la suerte de la naturaleza. El doctor Saffray, que
pudo ya viajar en vapor durante los altos de la Nueva Granada, vio a menudo bajar, por la
corriente del Magdalena, "balsas de bambú, sobre las cuales se transportan de
ordinario las frutas, las bananas y las mercancías que no se echan a perder
a la intemperie" 3. Los vapores, "prendas de la civilización
moderna", y los bongos y champanes, "recuerdo de lo pasado", siguieron
conviviendo en el Magdalena, a pesar del optimismo de José Joaquín Borda.
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Los
hongos, construidos con troncos de árboles, alcanzaban a resistir hasta 70 toneladas
de Bongo del Magdalena, acuarela sobre papel. 17.3 x 25 cms, 1845.
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Un
champán, como en el que viajó Felipe Pérez en 1869,
ó como La vieja Tulia, era una barquéta de veinte o más metros de largo con dos por lo
menos de ancho, construida con tablas de cedro, y con una tolda central de bejucos, bajo
la cual viajaban carga y pasajeros. La proa la ocupaban los remeros, y la popa se dedicaba
a la cocina y la despensa de los bogas, "un acopio considerable de carne salada y
plátano verde". 4. Si bien el champán era
la embarcación más pintoresca y la de mayor capacidad de carga, no era en cambio la más
numerosa. Cuando Carl Ausgust Gosselman llegó a Mompox, en 1825, había unos cuarenta
champanes "que van y Vienen constantemente, lo que demuestra el intenso movimiento
fluvial que tiene el Magdalena"; pero al lado de los champanes había una gran
cantidad de bongos, piraguas y canoas, los que se utilizaban para viajes de menor
distancia y carga: "se ubican en una inmensa fila, casi continua, lo que le da un
aspecto Vivo a todo el sector, confundiéndose con los barcos que
inundan el paisaje" 5. Los bongos, como los describió el doctor
Saffray, eran "grandes piraguas construidas con troncos de árboles que pueden
contener de 60 a 70 toneladas de mercancías". Los correos, que en 1825 tardaban
veinte días subiendo de Mompox a Honda, utilizaban las más ligeras
piraguas 6 Bongos y champanes, piraguas y canoas constituyeron, con las
bestias de carga, los principales medios de transporte en Colombia en buena parte del
siglo XIX.
Sin
duda, el champán era, antes del vapor, la embarcación comercial más apetecida por su
capacidad. Era también la más costosa. El capitán Charles Stewart Cochrane, quien
alquiló una piragua en Mompox por US$ 50, calculó que un viaje de Mompox a Honda en
champán costaba US$ 1.200. Según una guía viajera de 1825, un champán podía
transportar hasta cien cargas de diez arrobas cada una, al costo de nueve a diez dólares
la carga. Además del alquiler diario del champán de USS 4, había que pagar los
servicios del timonel, o patrón, y de veinte a veinticuatro bogas, a quienes se les
pagaban US$ 20 por cabeza en 1825. "El negocio es bastante lucrativo observó
Gosselman y lo será en tanto no se intente otro transporte más económico y
baratot Debido al alto costo de los fletes, Gosselman concluía en su Informe sobre los
estados sudamericanos: "esto demuestra la necesidad de no enviar a este país otras
mercaderías que las que puedan devolver con seguridad unos gastos de
transporte tan excesivos 7.
Los
costos se elevaban imponderablemente al evaluar la calidad del servicio. Las casas
comerciales tenían quizá arreglos especiales con los dueños de las embarcaciones. En
Barranquilla, por ejemplo, un inmigrante canadiense, John Glenn, había organizado una
empresa de transporte que en 1828 contaba con "seis y ocho de los mejores y más
grandes barcos del Magdalena". Según Rensselaer van Rensselaer, Glen empleaba unos
cien bogas, cabezas de familia. 8
Al
parecer, sin embargo, la mayoría de los viajeros contrataba personalmente tanto el
servicio mismo de los bogas como el alquiler de la embarcación con el timonel. "Los
preparativos para un inexperto como yo observó Gosselman no eran nada
fáciles, en especial si debía de realizar todo solo". Gosselman siguió la
costumbre: pagó por anticipado el arriendo del bongo más un excedente que le sería
devuelto al final del viaje por el timonel, a quien también canceló anticipadamente sus
servicios, así como el de la tripulación, cuyo reclutamiento correspondía al mismo
timonel. Este, a su turno, pagó a los bogas por adelantado. Gosselman no ocultó su
desconfianza: "Indudablemente es un grave riesgo entregar de antemano tal -cantidad a
un negro del todo desconocido, en un país en que la honradez no está muy desarrollada,
menos las acciones de la policía 9. Ya
contratados, con frecuencia los bogas no se presentaban a la hora o en el día acordados,
como lo comprobó Aquileo Parra en 1845; algunas veces no se presentaban del todo, cuando
entonces "tratar de seguir al fugado es una pérdida de tiempo, ya que es casi
imposible ubicarlo, y sieso se logra, ya no tiene el dinero 1O Una vez
en el río, muchos viajeros tal vez compartían el sentimiento de
Felipe Pérez: "estábamos a merced de aquellos beduinos de las aguas". La guía
de viajeros de 1825, ya citada, advertía que si los bogas encontraban motivo de
insatisfacción para con los pasajeros, los abandonaban en la ribera y se internaban en el
bosque 11, Molesto con el servicio después de
Varias horas de recorrido, el capitán Cochrane decidió regresar a Mompox, donde se
quejó ante el juez político. Sus esfuerzos fueron vanos para recuperar el dinero que
había pagado a los bogas de antemano; solo logró que el patrón le devolviera cinco
dólares. Cochrane calculó que había perdido cincuenta dólares en este intento de
Viajar hasta Honda. Su furia la dirigió entonces contra la falta de ley en Mompox:
"la administración civil en esta parte de Colombia es tan mala, que a menos que se
adopte la navegación a vapor o se produzca y se haga cumplir un código de leyes para
gobernar a estos hombres, muchas personas dejarán de comerciar o viajar en
el país" 12.
Mompox
era el gran rendevú de los bogas, según el capitán Cochrane, quien además calculó que
cerca de diez mil personas en las riberas del Magdalena se empleaban en remar
embarcaciones en el río 13. Las descripciones de los bogas,
bajo la observación de los viajeros, oscila entre la imagen idílica de su vida solitaria
y el desprecio de sus costumbres 14 "Tienen la insolencia de las razas alzadas", observó Felipe Pérez, después de verse obligado
a pagar más dinero para que la tripulación que le acompañó de Calamar a San Estanislao
aceptara cargar su equipaje hasta el pueblo. Sus casas, como la de los otros habitantes en
las orillas del Magdalena, estaban hechas de juncos y de bambúes. Según Mollien, las
casas de los ribereños se hallaban "enclavadas en medio de espesos bosques, donde el
dueño se contenta con desbrozar un espacio muy reducido para plantar bananas, caña de
azúcar, cacaos, piñas, batatas, pimientos y unas cuantas flores para adornar la cabeza
de las mujeres" 15, "En rigor anotó
el doctor Saffray. podrían vivir sin trabajar; pero el hombre desea tomar parte en
los placeres y los vicios de las ciudades y los pueblos; para esto
necesita dinero" 16, Seria de interés profundizar más sobre las
condiciones de vida de estos navegantes del siglo XIX, más allá de sus tradicionales
maldiciones y "carajos", de su gusto por el aguardiente y el baile, de su
obligatorio descanso en Morales: por ejemplo, cuál era la relación entre bogas y dueños
de bongos y champanes, entre bogas y timoneles, y entre los mismos bogas; cómo se llegaba
a ser timonel; cuántos de ellos eran dueños de embarcaciones; cuáles eran sus vínculos
con las poblaciones locales; cómo les afectaron las guerras civiles y los ciclos
económicos; cómo se organizaba la jerarquía social en esta sociedad ribereña. Una
lectura más detenida de los mismos viajeros permitiría quizá descubrir algunas
diferencias entre este grupo de navegantes identificados por esa tarea poco grata: bogar
en el Magdalena. Para observadores como Ernest Rothlisberger, era una vida contradictoria:
"estos barqueros del rio [...] llevan una existencia de las más duras, pero
caracterizada también por una cruda sensualidad, por bestiales costumbres, pues cuanto
allegan con faena tan ruda lo despilfarran luego en báquicos
excesos" 17.
Rothlisberger
hizo el viaje en vapor en la década de 1880, cuando pudo apreciar entonces el contraste
entre los distintos medios de transporte en el río. La navegación a vapor, sin embargo,
estaba lejos de haber superado las naturales dificultades del Magdalena. La accidentada
historia de sus primeros días, documentada, entre otros, por Gilmore y Harrison, se
prolongó alo largo del siglo XIX 18, Desde 1823, cuando
se le concedió el privilegio exclusivo, hasta 1837, cuando por segunda vez se declaró
abolido el monopolio, Juan Bernardo Elbers alcanzó a poner en servicio cinco vapores en
el Magdalena. La existencia de los mismos fue, ciertamente, precaria. Algunos, como
Gosselman, culpaban a Elbers directamente de los fracasos por su "ignorancia
imperdonable acerca de cómo deben estar construidos los vapores [...] así como por una
especie de orgullosa obstinación de dirigir por sí mismo este negocio". Otros, como
Harrison, veían el mal en "el pernicioso sistema de los monopolios" 19 Sin embargo, muchos dudaban deque la competencia,
en las condiciones económicas de la época, podría ser beneficiosa. Para J. de Mier, por
ejemplo, quien declinó una oferta para invertir en el río en 1847, la competencia era
sinónimo de ruina: "aquellos buques de vapor difícilmente tendrán carga y no
sabremos qué hacer con ellos el resto del año"
20
Estas condiciones se vieron modificadas por el boom exportador
del tabaco que alimentó el transporte fluvial hasta su caída y, posteriormente, por el
auge del comercio del café a partir de la década de 1880 21,
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Los champanes eran las embarcaciones más costosas, construidas
con tablas de cedro y una toldo de bejucos ene/centro. Champanes, acuarela sobre papel. 7
x 24.3 cms, s. f
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Una historia de
los vapores que navegaron por el Magdalena durante el siglo pasado podría también
revelarnos otras adversidades. Desde el Fidelidad, traído por Elbers en 1824, la
sucesión de vapores y su corto destino sugiere la enorme dificultad que enfrentaron los
empresarios que se arriesgaron a invertir en el Magdalena. Muchos vapores, como el mismo
Fidelidad, regresaron pronto a los talleres por no ser apropiados para la navegación en
un río de canales y profundidad variables y lleno de obstáculos 22, Muchos otros, tras superada la prueba del calado, se fueron a pique,
como el Roberto E. Joy, que, en su primer viaje, en 1896, se hundió en el brazuelo de
Campana Rota, después que un tronco se estrellara contra su casco. Algunos se hundieron
con leyenda, como el Cauca, que, según viejos navegantes, naufragó en 1863 con un tesoro
que nunca pudo recuperarse. Tan frecuentes como los naufragios parecen haber sido las
explosiones: el Manzanares, por ejemplo, cuyas calderas estallaron en 1854, causando la
muerte de varias personas; el Rafael Reyes, que sólo alcanzó a navegar dos años hasta
1888, cuando explotó en la Ciénagá de Palotal. Las expropiaciones de vapores con
propósitos bélicos durante las guerras civiles del siglo XIX fueron, así mismo,
ruinosas. El vapor Estrella, por ejemplo, fue expropiado por el general Melo para conducir
tropas a Cartagena y Santa Marta en 1854; Anita fue el primer buque que tomaron los
revolucionarios comandados por Gaitán Obeso en 1885; y el Magdalena fue incendiado en el
Guáimaro, por una de las partes en el conflicto de los Mil Días, en
1901 23 Excepcionalmente, algunos vapores tuvieron larga vida; tal es el
caso del Vengochea, construido en 1862 por la Empresa Vengochea & González,
posteriormente incorporado a la Compañía Unida, que prestó servicios hasta 1888 cuando
todavía tenía la fama de ser el más rápido de su época.
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Escenas
populares en el río Magdalena, acuarela sobre papel, 17.4 x 6.8 cms. s.f
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La
historia de los vapores está, por supuesto, atada a la de sus compañías, y la de sus
empresarios que le dieron vida. Como puede observarse en el cuadro 1, entre 1823 y 1900
por lo menos veintinueve compañías prestaron servicios de navegación en el río
Magdalena. Esta enumeración, organizada a partir de la lista del capitán Acosta, no es exhaustiva 24 Habría que añadir
quizá un número significativo de pequeñas empresas, de menor duración, como Samper
& Cía., cuyo único Vapor, Honda, se fue a pique en su primer viaje en la vuelta de
Acuña; o como la Empresa Henry Wells, que en 1857 trajo un vapor que naufragó en su segundo viaje 25, El cuadro, sin embargo, es
ilustrativo del intenso movimiento empresarial en el río Magdalena. El mercado de vapores
parece haber sido, así mismo, activo. El Isabel, por ejemplo, fue adquirido por la
Magdalena Steam Navigation Company en 1854, vendido en 1856 a la efímera compañía de
Hamburger, Batis & Chapman, quienes lo rebautizaron Mompox: el vapor fue readquirido
por la Magdalena Steam cuando intentó reorganizarse más tarde, y finalmente pasó a
formar parte de la flota de la Compañía Unida, fusión de las tres empresas más
importantes de la época en el río Magdalena 26 La lista de los principales accionistas también es ilustrativa del origen de los
empresarios fluviales. Algunos son representantes del capital extranjero, como J Powles,
de la Magdalena Steam Company; pero la participación de empresarios nacionales, como J de
Mier, de Santa Marta, F. Montoya, de Medellín, y B. Martínez Bossio, de Cartagena, fue
considerable. La decisión de la Compañía Unida de establecer su sede de operaciones en
Barranquilla, desde su fundación en 1857, fue también el reconocimiento de la
importancia de este puerto fluvial, muchos de cuyos empresarios se vincularon ala
navegación por el Magdalena: i.M. Pino, Vengochea & González, Danoville &
Wessels, Hoenisberg & Wessels, Hoyer Hermanos, D. López Penha, F. Pérez Rosa, L.
Gieseken. Aunque algunos de ellos eran de origen extranjero, su condición de inmigrantes,
sin embargo, los vinculaba estrechamente con la economía de la ciudad, donde, además,
habían fijado residencia permanente, como en el caso de L. Gieseken y D. López Penha. La
firma Hoenisberg & Wessel, por ejemplo, figuraba como el principal contribuyente en el
registro del pago del impuesto sobre la renta en Barranquilla en 1870 27,
La
historia de estas compañías merece ser explorada con mayor profundidad. Su contribución
a la creación de empleo era significativa, desde los más simples trabajos en los muelles
de los puertos ribereños hasta el más prestigioso cargo de capitán de buque. La
actividad naviera se extendía en la construcción de bodegas, ramadas para la carga y
descarga, y varaderos, donde se armaban y refaccionaban embarcaciones, como el que
construyó la Compañía Unida en trabajos dirigidos por el jefe de
carpinteros Ciriaco Pérez 28 Extranjeros, inmigrantes y nacionales se
sucedían en la capitanía de los vapores y en el también apetecido cargo de contadores,
ambos tenidos en gran estima social en Barranquilla: W. Champan, JE. Glen, M. O. Mier, B.
Escauriaza, L. Mc Causland, L. Riascos, L. Lascano Carazo, J. Santrich, W, Duncan, J.A. de
la Rosa, N. Jimeno Collante, F. Pérez Rosa, P. Roncallo, W. Hamilton, J. A. Vergara,
entre otros 29, Algunos contadores, como J. M.
Mc Causland, pasaron a ser capitanes; otros capitanes, como G.M. Mier y W. Chapman, se
convirtieron en directores de compañías; y los más ambiciosos fundaron sus propias
empresas, como F. Pérez Rosa, quien se inició como contador en la Magdalena Steam
Navigation Co., y en 1882 fundó la compañía de vapores que llevó su
nombre 30,
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Compañías
de navegación en el río Magdalena y sus afluentes,
1823-1900
|
Nombre
|
Fundación
|
Vapores
|
Accionistas
|
|
Empresa
Elbers
|
1823
|
5
|
B. Elbers
|
Anglo-Granadina
|
1837
|
1
|
F.
Montoya, J.M.Pino, M. Abello, J.Plock, D. Longa
|
|
V. de Sta.
Marta
|
1846
|
2
|
J. de
Mier, E.Ujueta, M. Abello, J. A. Catano, P. Días-Granados
|
|
V.
Simmonds
|
1852
|
1
|
|
|
Magdalena
Steam Navigation Company
|
1854
|
3
|
J. Powles
|
|
Cía.
Norteamericana de la N. Granada
|
1855
|
1
|
|
|
Cf a.
Americana
|
1856
|
3
|
Everet
& Brown
|
Roberto A.
Joy
|
1856
|
1
|
R. Joy,
Mac Lean & Lintz
|
Cía.
Unida 1857
|
1857
|
12
|
R. Joy
|
Fruhming
& Goshen
|
1856
|
|
|
A.
Weckbecker
|
1858
|
1
|
A.
Weckbecker
|
Cía. de
Navegación
por el Dique
|
1860
|
3
|
|
Cía.
Nacional 1862 4 Vengochea & González
|
|
|
|
A.
Weckbecker
|
1864
|
2
|
Danouille
& Wessels
|
Vapores
del Dique
|
1867
|
1
|
|
Ci a.
Alemana
|
1869
|
6
|
Hoenisberg.
Wessels Cía.
|
Cía.
Internacional
|
1870
|
4
|
Hoyer
Hermanos, D.
López Penha
|
A.
Weckbecker
|
1873
|
2
|
A.
Weckbecker
|
F. J.
Cisneros
|
1877
|
9
|
F.
J. Cisneros
|
E. Pérez
Rosa
|
1887
|
3
|
F. Pérez
Rosa
|
N/ción
por el Dique
|
1891
|
7
|
P. Vélez
Cía
Inglesa de Vapores
|
Giesckcn
& Held
|
1887
|
2
|
Gieseken
& Held
|
B.
Martínez Bossio
|
1886
|
6
|
|
Cía
Colombiana Cía. Alemana, Cía.
de Transporte
|
1886
|
13
|
Internacional,
Cisneros
|
Fluvial de
Cartagena
|
1896
|
7
|
|
Vapores F.
Pérez
Rosa
|
1891
|
2
|
E. Pérez
Rosa
|
Cía.
Antioqueña
|
1899
|
2
|
|
Alemana de
Navegación fluvial
|
1900
|
3
|
L.
Gieseken
|
|
Hanseática
de Vapores
|
1900
|
4
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Fuente: Capitán .1. Acosta, Manual del navegante. Bogotá, 1945, págs.
9-11.
SEGUNDA PARTE
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1 Véase J.J. - Borda. Seis horas en champán, en Cuadros de
costumbres, Bogotá. 867. págs. 284-288. (regresar1)
2 véase 1, Nichols, Tres puertos de Colombia. Bogotá, 973: R.
Gómez, Picón, Magdalena. no de Colombia, Bogotá, 945: R. L. Gilmore y .J.P.
Harrison. Juan Bernardo Elhers y la introducción de la navegación a vapor en el río
Magdalena". en J. A. Bejarano (Comp.), El siglo XIX en Colombia visto por los
historiadores norteamericanos, Bogotá. 1977. (regresar2)
3 Doctor Saffray. Viaje a la Nueva Granada, Bogotá. 1948. pág. 54:
W. Scruggs. The Colombian and Venezuelan republics. Boston. 905. pág. 45. véase
F. Zambrano. La navegación a vapor por el río Magdalena". Anuario colombiano de
historia social y de la cultura. Bogotá. núm. 9. 1979. pág. 64.
(regresar3)
4 Véase F. Pérez, Episodios de un viaje, Bogotá, 1946, pág. 34; C.
A, Gosselman, Viaje por Colombia, 1825v 1826, Bogotá. 1981, págs. 133-134;T.
Nichols, Tres puertos, op. cit., págs. 39-41; ver también: Borda, "Seis
horas. op. cit., pág. 6: Saffray. Viaje a Nuevo Granada, op. cit., págs. 54
y 55, (regresar4)
5 Gosselmn, Viaje por Colombia, np, cii., págs. 117-118. (regresar5)
6 Véase Saffray, Viaje a Nueva Granada, op. cii., pág. 54; The
modern traveller, Colombia, Londres, 1825. pág. 300. En epocas de lluvias, el correo
tardaba en subir hasta sesenta dias. Al descender, el viaje podia hacerse en siete días; The
modern traveller, idem. Según el coronel Acosta, entre Barrancas y Honda, los correos
tardaban 104 horas: es decir, a una velocidad de un poco más de una legua por hora,
véase Acosta, itinerario descriptivo del Magdalena, Bogotá. 1850, pág. 10,
véanse también R. L. Gilmoreyi. P. Harrison, "Juan Bernardo Elbers",
op. cit., pág. 79. (rergresar6)
7 Véase Capt. C. 5. Cochrane, Journal <fa residence and troveis in
Colombia during the years M23 ond 1824. Londres, £825, págs. 119-20; 11w modern
traveller. op. cit., pág. 301; Oossel man, Viaje por Colombia, op. cit., pág.
117; y del mismo autor, Inforrne sobre los estados sudamericanos en los años de 1837 u
1838, Estocolmo, 1962. pág. 34.
Viajeros. Véase, por ejemplo. J P. Hamilton, viajes por el interior de las provincias de
Colombia, Bogotá, £955, pág. 53; U. Mollien (regresar7)
8 En C. V. R. Bonney (comp.), A legare of historicol gleanings, Albany,
N. Y., £875, pág. 477. Cuando el capitán Cochrane llegó a Barranquilla. en 1823. ya
Glen llevaba ocho altos viviendo en el lugar ("un hombre muy inteligente, y
aparentemente haciendo una buena fortuna"), Cochrane, A journal, op. cit.,
pág. 76. (regresar8)
9 Gosselman, Viaje por Colombia, op. cit., pág. 121. (regresar9)
10 Véase A. Parra, Memorias, Bogotá, 1912, pág. 66;
Oosselman, Viaje por Colombia, op. cit., pág. 122. (regresar10)
11 Véase Pérez, Episodios, op. cit., pág. 44; TIte modern
traveller, op. cit., pág. 301; "Ellos imponen al viajero sus términos, cuyo
dinero están autorizados a cobrar por adelantado, y con frecuencia los abandonan después
de uno o dos días de viaje", en Cochrane, A journal, op. cit., pág. 108. (regresar11)
12 Cochrane, A journal op. cit., págs. 116-122. (regresar12)
13 Cochrane, idem,, pág. OX. (regresar13)
14 Las observaciones sobre los bogas abundan en la literatura de viajeros,
Véanse, por ejemplo. J P. Hamilton, Viajes por el interior de las pro vincias de
Colombia. Bogotá, 1955, pág. 53; 0. Mollien, Viaje por la república de Colombia
en 1823, Bogotá, 1944, págs. 25 y 32; E. Reclus, Mis exploraciones en América, Valencia,
1910, págs. 61-62; MM. Madiedo, "El boga del Magdalena", en Cuadros de
costumbres. Bogotá, £867, págs. 3-7; Gosselman, Viaje por Colombia, op.
cit,, págs. 117 y sigs. Véanse también D, E. Peflas Galindo, b.,s bogas de Mompox, Bogotá,
1988; 0. Eals Borda, Mompox y Loba, Bogotá. 1980, págs. 44A-49A. Una
recopilación de observaciones de viajeros puede verse en la obra de Aníbal Noguera. (regresar14)
15 Mollien. Viaje por lo república. op. cit,, pág. 35. (regresar15)
16 Saffray, Viaje a Nueva Granada, op. cit., pág. 56. (regresar16)
17 E. Rothlisberger , El Dorado. Bogotá. pág. 24.
(regresar17)
18 Gilmore y Harrison. "Juan Bernardo Elbers". op. cit.:
Nichols. Tres puertos, op. cit., págs. 45-49, Véase también 5. Pizzano de Ortiz.
"Don Juan Bernardo Elbers, fundador de la navegación por vapor en el río
Magdalena", en Boletín de Historia y Antigüedades. Bogotá.
septiembre-octubre. 1942. (regresar18)
19 Gosselman, Informe, op. cit., págs. 134-135; Harrison, Viaje
por el inlerior, op. cit., pág. 40. (regresar19)
20 En Gilmore y Harrison, "Juan Bernardo Elbers, op. cit. pág. 215. (regresar20)
21 Por ejemplo, en 1852, el tráfico de la Compañía de Navegación de
Santa Maria se nutria principalmente de la carga generada por la industria del tabaco;
Nichols. Tres puertos, op. cit., pág. ss. véase H. Horna, "Transportation
modernization and entrepreneurship in nineteenth-century Colombia", en Journal of
Latin American Studies, 14(1), mayo de 1982, págs. 35-36, R.C. Beyer, Transportation and
the coffee industry in Colombia", en lnter-American Economic Affairs, 11(3), 1948,
pág. 22; 1. P. Harrison, "The Colombian tobacco industry from government monopoly to
free trade, 1778-1876", Ph. D. tesis sin publicar de la Universidad de California,
copia mecanografiada de la Universidad de los Andes, Bogotá, 1969. Véase también L. E.
Nieto Adela, Economía y cultura en la historia de Colombia. Bogotá, 1973, cap itulos
XVII y XVIII (regresar21)
22 Este ejemplo y los siguientes han sido tomados de: Capitán J. Acosta,
Manual del Navegante. Barranquilla, 1945. págs. 9-30, y A, Martínez Aparicio y R.
Niebles, Directorio anuario de Barranquilla, Barranquilla. 1892. págs. 1-56. Véase
también F. Baena y J. R, Vergara, Barranquilla, homenaje del Banco Dugand. Barranquilla.
922. págs. 243-305, (regresar22)
23 Véase Acosta, Manual del navegante, op. cit.; Martínez Aparicio y
Niebles, Directorio Anuario, op. cit,, págs. 54 y 55. La importancia estratégica del
río Magdalena era evidente. Gaitán Obeso, por ejemplo, alcanzo prácticamente a dominar
toda la flota del Magdalena, En Caracoli se apropió de varios vapores antes de seguir
río abajo.
Véase M. Deas, Poverty, civil war and politics: Ricardo Gaitán Obeso and his Magdalena
Rivercampaign in Colombia", Novo Americano, (2). Turin, 1979. pág. 275, (regresar23)
24 Véase Acosta, Manual del navegante. op. cit., págs. 9-30. (regresar24)
25 Martínez Aparicio y Niebles. Directorio Anuario. op. cit.. págs. 14 y
36. (regresar25)
26 Acosta. Manual del navegante. op. cit., pág. 12.
(regresar26)
27 Registro general de las personas que han sido definitivamente calificadas
por la junta superior, para el pago del impuesto sobre la renta en el año de 1870,
en Gaceta de Bolívar, Cartagena. enero de 1870. (regresar27)
28 Martínez Aparicio y Niebles, Directorio anuario. op. cit., pág. 27 (regresar28)
29 Idem, Véase también Acosta, Manual del. navegante. op. cit,
Según Goenaga, Juan Glena [...] presidía la aristocracia que distinguía a los
capitanes de hace 50 años. todos hombres de gran relieve social. M. Goenaga, Lecturas
locales. Barranquilla. 1955. pág. 321. (regresar29)
30 Martínez Aparicio y Niebles. Directorio anuario. op. cit,; Baena
y Vergara, Barran quilla. op. cit., Acosta, Manual op. cit. (regresar30)
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