Boletín Cultural y Bibliográfico Número 21, Volumen XXVI, 1989

Autodescubrimiento


 

12 de octubre de 1492: ¿DescubrImiento o invasión?
Renán Vega. Luz Marina Castro, Ismael Nájera, Clara Inés Rodríguez
Campaña de Autodescubrimiento de Nuestra América, Bogotá, 1988, 82 págs.

 

Los autores de este libro parten del principio de que el 12 de octubre no hay nada qué celebrar, a menos que estemos interesados en festejar una guerra que perdimos.

Indudablemente, ellos se ponen del lado de los indígenas y consideran que el Descubrimiento alteró el proceso de evolución natural que llevaban sus culturas, disponiéndonos desde entonces al subdesarrollo.

Y tras de que fuimos los perdedores en esta historia, siempre nos la han contado desde el punto de vista de los vencedores, elitista, heroico, machista y racista, el cual sigue sirviendo en la actualidad para justificar la desigualdad existente en nuestro continente, dicen con desesperación. Pues ha calado tan hondo, que generaciones enteras se han colocado en el bando del invasor, al enorgullecerse del antepasado europeo y despreciar la sangre indígena.

12 de octubre. . . es un librito sustancioso y entretenido que se puede leer a saltos y a ratos, pues su variedad de lenguajes y la diagramación clara fraccionan y aligeran la información. Tiene recuadros que amplían un tema, ilustraciones de época, dibujos, fotografías, mapas y caricaturas, a la manera de los efectivos comics para principiantes de Rius. La diversidad de fuentes y documentos que no esconden su preocupación por cederles la palabra a los americanistas, son reveladoras para jóvenes y lectores que sólo han tenido acceso a textos de historia tradicionales. . . es un librito sustancioso y entretenido que se puede leer a saltos y a ratos, pues su variedad de lenguajes y la diagramación clara fraccionan y aligeran la información. Tiene recuadros que amplían un tema, ilustraciones de época, dibujos, fotografías, mapas y caricaturas, a la manera de los efectivos comics para principiantes de Rius. La diversidad de fuentes y documentos que no esconden su preocupación por cederles la palabra a los americanistas, son reveladoras para jóvenes y lectores que sólo han tenido acceso a textos de historia tradicionales.

12 de octubre.. . es una clase de historia universal clara y concisa que hace caer en cuenta, en toda su dimensión, lo que significó este hecho del cual somos el centro y el resultado. . es una clase de historia universal clara y concisa que hace caer en cuenta, en toda su dimensión, lo que significó este hecho del cual somos el centro y el resultado.

Relacionando causas y efectos, motivos y consecuencias; mostrando la simultaneidad de dos mundos y la complejidad de cada uno, estos nuevos historiadores se proponen y logran ofrecer una visión histórica total y de conjunto que da al lector muchos elementos de juicio para poderse formar el suyo propio.

Destacan el sentido ecológico de los indígenas, verdaderos conocedores y guardianes de la riqueza y equilibrio de esa naturaleza que sedujo a los conquistadores y éstos violaron, saquearon y abandonaron, dando comienzo a su erosión.

Se van haciendo pan y quesito por entre la encomienda, el resguardo, la mita y todas esas organizaciones socioeconómicas que Indalecio Liévano supo explicar con paciencia, y en el colegio se las saltan para bajarse por el rodadero de los virreyes y caer rapidito a la Independencia.

Ponen énfasis en la diversidad de pueblos y culturas que había en América cuando los europeos se la encontraron de sopetón, y les dan crédito a los caciques incas, aztecas y muiscas y a sus feroces retadores en un recorrido de las tres grandes culturas por las que los profesores con tapaojos también pasan por encimita.

El recuento del otro lado del mundo, de Europa, también es muy esclarecedor, a excepción de un detalle que seguramente le incomoda a mi ignorancia: el epíteto de "rey-idiota" a Carlos V. Un rey que fue capaz de extender su imperio desde el punto donde sale el sol hasta por donde se oculta, no podía tener ni un pelo de idiota.

Planteo otra inquietud con la misma ingenuidad de lector que está abriendo los ojos ante la historia. Los fenicios, los sumerios, los griegos, los romanos. . . todos ellos murieron pero sus culturas están vivas. En cuanto trabajadores de la tierra, ¿no serán los campesinos los herederos directos de "nuestros primeros padres", ellos que recuerdan y practican secretos de la naturaleza, como los tiempos de siembra y de cosecha según las lluvias y la luna, los avisos de los animales, los contras medicinales de las plantas? Y en relación con esas culturas, ¿cómo quedan nuestras comunidades indígenas sobrevivientes —convertidas en objeto de estudio de los antropólogos— y dónde quedan nuestros campesinos, también en vía de extinción?

Hoy por hoy, somos latinoamericanos y tercermundistas, remacha el libro, pero el recuento de esta trágica historia de delación, muerte y dolor que para nuestros antepasados indígenas se inicia el 12 de octubre de 1492 lo termina en 1537 con la bula papal que descubre que los indios tienen alma, corazón y razón.

Yo cambiaría ese texto de lugar y daría un salto mortal a 1989, o al cantaleteado 1992 en un epílogo de la Latinoamérica actual, pues esos "nosotros" a que se refieren los autores todo el tiempo continuán siendo los indígenas del comienzo de la historia, como si los siglos de mestizaje y transformación no hubieran seguido moldeando a los habitantes de América.

Ese es otro tema, me dirán, y ojalá venga en camino otra cartilla, palabra que detesto, como detesto las cartillas y las conmemoraciones, pero que si no fuera por las unas y por las otras, cuántos hechos y personajes no quedarían perdidos en la oscuridad de la memoria de los que no han tenido la suerte de tropezarse con guías tan buenos como los de la Campaña de Autodescubrimiento de Nuestra América para que les ayuden a comprender quiénes son y de dónde vienen.

BEATRIZ CABALLERO