Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 20, Volumen XXVI, 1989

Ciudad y trabajo


Work, Wages and Welfare in a Developing
Metropolis. Consequences of Growth in

Bogotá, Colombia

Rakesh Mohan

World Bank, Washington, 1986, 403 págs., 4 apéndices
 

 

Esta World Bank research publication aparece en Colombia el presente año. Se trata de un documento incluido en un programa de investigación del Banco Mundial, conocido como el City Study, dentro del cual se examinan cinco aspectos principales del desarrollo de las urbes: vivienda, transporte, localización del empleo, mercado de trabajo y finanzas públicas. El propósito del programa ha sido ampliar la comprensión de la fuerza de trabajo en términos de los aspectos enumerados, en procura de precisar el efecto de la política y los proyectos de desarrollo en las principales ciudades de los países asistidos por el Banco. 

Rakesh Mohan, economista originario de la India, escribió el libro estando vinculado al departamento de investigaciones sobre desarrollo, del Banco Mundial. Para su elaboración, se sustentó en cinco años de contacto con Bogotá: 1977-1980 y 1984. Utilizó datos estadísticos emanados del Dane en 1972,1973, 1975 y 1977, así como una encuesta de hogares preparada conjuntamente con el City Study en 1978, a la que se agregaron dos capítulos referentes especialmente al mercado de trabajo: características y condiciones del trabajador, entre las cuales espacio laboral, posesión de vehículo y desplazamiento al sitio de trabajo. 

Lo que hace al libro merecedor de especial atención, y lo incorpora a la bibliografía básica sobre el fenómeno urbano en Colombia, es el respaldo técnico conceptual, vale decir, una serie de discusiones y de elementos de análisis económico poco conocidos en nuestro medio. El más importante es la perspectiva comparativa, constante en la investigación auspiciada por el Banco Mundial. Frecuentemente se critica que la comparación internacional —para este caso, la del desarrollo de las metrópolis— genera explicaciones y diagnósticos ajenos a la realidad sociocultural que contextualiza la función de una ciudad predominante en el sistema urbano de la nación. En las páginas iniciales, el autor advierte que los directores del City Study no comparten la metodología de tipificar rasgos de las estructuras de muchas ciudades de América del Norte y Europa, para deducir luego la aplicabilidad de modelos de crecimiento a los mercados de trabajo urbanos en las ciudades del tercer mundo. A propósito de este asunto, señala Mohan:  

En su diseño fuimos escépticos con relación a la utilidad de construir modelos de gran escala y optamos, en cambio, por investigaciones detalladas sobre cada aspecto de la toma de decisiones... [págs. 2-4]  

En esos términos, el énfasis que condensa el método propuesto se expresa así:  

Entender el comportamiento de los individuos y las empresas en una situación de rápido crecimiento [...] hace necesario comprender previamente su comportamiento y la actividad en el mercado de trabajo antes de poder dirigirse a los asuntos de vivienda, trans­porte e infraestructura.  

En otras palabras, el City Study plantea que una proyección de la distribución espacial y general del ingreso, y la explicación de sus tendencias, son decisivas para entender y prever la naturaleza que probablemente tendría la demanda de vivienda, transporte e infraestructura en una ciudad en crecimiento. 

En el marco del análisis de los mercados de trabajo urbanos, la perspectiva es igualmente novedosa: se plantea un rompimiento con el paradigma dicotómico que emerge de las teorías dualistas del desarrollo, al no aceptar la separación entre sector formal y sector informal, ya que muchos estudios anteriores centran en esta última expresión la descripción de la porción del mercado desorganizada y asociada con la pobreza, o refugio de la población que emigra al polo urbano. La hipótesis sustitutiva es, entonces, la de la heterogeneidad existente en el mercado de trabajo. 

La resolución ordenada de los problemas conceptuales se aprecia claramente en el capítulo 5, al tratarse un aspecto particular, como es la identificación y medición de la pobreza. Se trata con un concepto eminentemente contextual, difícil de cuantificar y, por lo tanto, también de planificar su tratamiento. El texto define, finalmente, la pobreza en términos del balance de necesidades energético-nutricionales, medido por el contenido calórico de la alimentación urbana específica promedio. Esta se tabula por grupos de ingresos para Bogotá, gastos en alimentos, cálculo de precios de calorías y requerimientos diarios por consumo entre la población de la ciudad (apéndices capítulo 5, págs. 125-140). Mohan reconoce, no obstante, que la prospección del economista no logra llegar al plano cualitativo de definir lo normal nutricional, y se reduce a “concebir, al menos, un conjunto de indicadores que sirvan para estimar independientemente la presencia de la desnutrición, y luego proceder a estimar sus determinantes” (pág. 122), frente a la prospección clínica, que mide objetivamente las consecuencias de la desnutrición. 

También se profundiza el análisis respecto a los mercados de trabajo urbano en los países en desarrollo.

Pasando revista a estudios anteriores sobre el tema, Mohan los clasifica en tres tendencias: aquellos que se concentran en las causas de la emigración a las zonas urbanas y en sus consecuencias para los mercados de trabajo (Harris-Todaro, Mazundar, Yap); aquellos que utilizan las estadísticas sobre mercados de trabajo para probar la validez del modelo del “capital humano” en los ingresos de trabajo en los países en desarrollo (Fields, Jallade, Psacharo­poulos); y aquellos que se basan en un modelo dualista que supone al mercado de trabajo urbano compuesto por los sectores formal e informal (Joshi, Lubell, Mouly, Merrick, Sethuraman). Mohan concluye que estos tipos de análisis, a pesar de su preocupación común por aminorar la pobreza, no permiten una visión totalizadora del mercado de trabajo. Estima que el modelo del capital humano no es descartable, en tanto representa aproximadamente entre el 30 y el 45% de la variación observada en los ingresos en los países en desarrollo. Es decir, que en esos porcentajes el ingreso de un individuo dependería de la inversión previa en educación y la experiencia on the job. El resto sería explicable por otras variables económicas sistemáticas que no son fácilmente mensurables: niveles de habilidad individual, imperfecciones estructurales que impiden el funcionamiento del mercado, tales como las regulaciones de bienestar social, o la existencia de procesos puramente aleatorios que otorgan recompensar labores a algunos y no a todos... Claro que Mohan no contempla algunos mecanismos muy colombianos, asociados a la provisión de empleo público. 

Con miras a enriquecer el análisis del problema, el autor se orienta a adicionar una dimensión a la taxonomía del mercado de trabajo urbano. Tal dimensión, que constituirá el aporte significativo del estudio, es la diferencia de localización espacial dentro de la ciudad. 

De ahí que la presentación del informe coloque como fenómeno central las distintas características socioeconómicas para diferentes zonas físicas de la ciudad. Este fenómeno, de ser descrito inicialmente en términos de la distribución del ingreso y de la distribución de la pobreza (capítulos 1 a 5), pasa a ser descrito en términos del mercado de trabajo (capítulo 6), mostrando en correlaciones parciales las características de la fuerza de trabajo en Bogotá. Las correlaciones se describen claramente en forma de perfiles:

a) edad-educación-ingreso (pág. 142), b) perfil de los trabajadores por ocupación (pág. 152), c)   perfil de los trabajadores por actividad industrial (pág. 158), d) distribución de los trabajadores por sitios de residencia y de trabajo (pág. 162). 

Adicionalmente, Mohan acepta incluir cuatro variables que se usan mucho para determinar la existencia del llamado sector informal:

e) distribución por tamaño de las empresas, f) distribución por niveles educativos básicos (secundaria), g) número de horas trabajadas semanalmente, h) estatus de inmigrante o nativo de la ciudad.

Después de esta fase estadístico-descriptiva, el informe pasa, en su segunda parte, al plano explicativo, buscando construir un modelo de participación de la fuerza de trabajo y de estimación de las funciones del ingreso. Esta parte es difícil y superflua para los lectores no econometristas, toda vez que, además de los análisis multivariados, presenta las derivaciones de las funciones del ingreso a partir de la teoría del capital humano, y las consideraciones teóricas sobre el estimativo de la oferta de trabajo (labor supply). Una idea más sencilla se obtiene en los resúmenes, al final de los cuatro capítulos consagrados a la elaboración del modelo (7 a 10) y del capítulo final, “Pobreza urbana, ingreso y empleo: ¿qué hemos aprendido?” (págs. 348-369). 

Antes de señalar los aportes, se aprecia cómo el vigor conceptual del estudio choca, no obstante, con algunas barreras, para calificarlo de fundamental en la bibliografía colombiana del trabajo. Cabe destacar dos de esos obstáculos: 

El primero está cabalmente reconocido en los cuatro apéndices finales (págs. 361-381), que abordan la justificación de la materia prima, compilada a través del Dane, para el análisis del mercado laboral urbano: escepticismo respecto al cubrimiento del ingreso en el censo de población de 1973, y en las encuestas de hogares retomadas en el estudio. Mohan les asigna un cubrimiento del 66% (pág. 370). Dudas sobre la subnumeración en la distribución espacial del mismo censo, aceptando para el estudio una cifra diferente de la oficial, la cual es deducida de un estimativo que se apoyó en el Estudio de Desarrollo Urbano Bogotá Fase 11(1972). 

Por otra parte, hay momentos (prefacio, introducción, capítulos 3, 4 y 5) en que el autor trata de incluir a Cali como ciudad subsidiaria, para efectos de comparar la distribución espacial del ingreso y la medición de la desnutrición y del rendimiento escolar. Esta ampliación interurbana del análisis complica un poco la lectura del trabajo, para no hablar de la superficialidad en que incurre respecto, a la esencia del fenómeno en la segunda ciudad. Incluso genera desorientación en la titulación, como es el caso del capítulo 9 (How segmented is the Bogotá Labor Market?) donde, sin embargo, se introducen nuevamente líneas de comparación con datos de ambas ciudades. 

La contribución más controvertible del libro guarda relación con la evidente segmentación espacial existente en Bogotá, que sería la razón de un círculo vicioso, para la reproducción de una situación en que tal segmentación espacial afectaría la enseñanza, por el desmejoramiento de la calidad tanto docente como discente, y a largo plazo de las posibilidades laborales de la población originaria de las zonas deprimidas espacialmente. Las desventajas espaciales sufridas por los escolares se incrementarían con el tiempo, autoperpetuando una discriminación social que tendría su última manifestación en el mercado de trabajo, aun desvirtuando la teoría del capital humano. Al respecto, Mohan halla estadísticamente reveladores los índices de segregación espacial del ingreso, así como de especialización ocupacional, que confirman cómo, por ejemplo, los sitios de residencia de la fuerza de trabajo están concentrados por ocupación en sectores particulares de la ciudad (mapa 6-1). Validando el modelo del capital humano en Bogotá a un nivel del 50% o más, Mohan lo complementa con la localización de la residencia para, sumados, considerarlos como los determinantes básicos del ingreso para el conjunto de la fuerza de trabajo de la ciudad (a 1978). 

Aparte de las lecciones que saca el autor —“el rápido crecimiento urbano no está necesariamente acompañado por altos índices de desempleo, pobreza y segmentación del mercado de trabajo” (pág. 357)— este trabajo deja en claro la impotencia histórica de los gobiernos nacional y distrital para romper un patrón de segmentación urbana que, según otros importantes hallazgos (véase bibliografía sobre el proceso urbano en Colombia), tuvo un dinamizador clave en los planes pilotos para desarrollo de ciudades como Bogotá, Cali y Medellín.

 

JOSÉ ERNESTO RAMÍREZ