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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
20, Volumen XXVI, 1989
Dos
en uno
Guajira.
Pueblo y destino
Javier Covo Torres
Carbocol-lntercor. Bogotá. 1987,
138 págs.
Guajira.
Pueblo y destino
es otro de los
libros preparados, dibujados y escritos por el ya conocido cartagenero, arquitecto,
pintor, caricaturista y creador de historietas Javier Covo Torres. Este texto, como los
demás suyos, lleva su sello indiscutible: Covo, salvo que aquí nos encontramos con dos
libros en uno. El primero, sobre el pueblo guajiro; el segundo, no sobre el destino, como
él lo nombra, sino sobre el trabajo de explotación del carbón, en el Cerrejón Zona
Norte, por la Asociación Carbocol Intercor, patrocinadora de la edición.
La primera parte que llamo primer libro, habla
del pueblo de la Guajira, su geografía, su conquista, sus indios indomables, su
hermosa provincia, el acordeón y la tenacidad de una raza. Y escribo habla porque,
si bien es un libro dibujado, los dibujos, más que contar por sí mismos, apoyan al
texto, que está escrito con rapidógrafo y a mano alzada. Así comienza el libro con una
dedicatoria: ˇˇal carbón!!, por parte de un personaje con indumentaria de
ingeniero de Carbocol. Vienen las palabrejas a manera de prologuillo, donde cl
autor le habla al lector llamándolo paciente y resignado, lo cual poco ha
degustar, más aún cuando se trata de un libro de ilustraciones con dibujos coloridos y
simpáticos que el lector ha escogido leer, por más que sea una obra de
divulgación cultural con propósito didáctico.
Comienza, pues, la historia del pueblo guajiro,
luego de situarlo geográficamente. Es la historia que él nos cuenta basándose en la
bibliografía de la página 138. Desde el principio nos encontramos con unas gentes duras
e indomables, con su lucha, tesón y resistencia a la conquista española.
Fueron feroces oponentes al dominio español; además, astutos y sagaces, supieron
(cuando les convenía) adaptarse a la idiosincrasia del español, sus patrones sociales y
económicos para formar la sociedad que aún, hoy por hoy, permanece (pág. 11). Los
dibujos acuarelas y tinta ilustran el encuentro de los españoles no sólo con
los guajiros tenaces, sino con la selva ardiente, tropical, y el mar Caribe lleno de
tesoros: perlas para el intercambio. También cuenta de las transformaciones culturales,
de cómo se volvieron comerciantes por ser la península paso de ida y vuelta de los
barcos a los puertos coloniales, y ganaderos, gracias a unos extraños trueques que los
hizo más sedentarios pero no pacíficos, porque las batallas continuaron: los
indios guajiros, excelentes guerreros y tiradores, mantuvieron su autonomía, sus
costumbres y su idiosincrasia hasta los primeros lustros del siglo XX (pág. 36).
Después vienen capítulos que hablan de los orígenes, de la economía, de las castas, de
la compleja organización social y familiar, de las costumbres, de la religión, de las
distintas manifestaciones culturales, explicaciones de forma breve que van apoyadas con
los dibujos, que, a su vez, tienen movimiento. Además, cada página está diagramada con
talento, en ella las ilustraciones entran y salen del texto con ritmo, es imposible evitar
el mantener cierta sonrisa en la comisura de los labios.
Hasta aquí el primer libro. Después viene: Guajira.
Destino, destino, tal vez, en el sentido de fatalidad. Este segundo libro
tendría una introducción que en verdad es el final de la primera parte: Provincia
Guajira. Allí nos sitúa, en el sur, en un lugar que es un triángulo, zona
donde se gestó la personalidad del vallenato o provinciano; el lugar donde se
desarrolló la historia de la provincia guajira... (pág. 81). Allí la conquista
española también fue violenta y cruel: lo muestran las batallas en las ilustraciones,
también graciosas. Allí, después de mucha sangre derramada, se fueron acomodando los
unos y los otros, y se mezclaron. Después trajeron esclavos, y hubo más mezclas.
Indio, mestizo, mulato, blanco y negro se fusionaron en un cruce permanente del que
surgió un nuevo tipo humano de altas calidades: el vallenato o provinciano (pág. 88).
Viene la leyenda que no podía faltar, la de Francisco el Hombre, entonces el destino en
donde se habla de su majestad el carbón, del complejo carbonífero el Cerrejón
Zona Norte y sus importantes repercusiones para el devenir de la Guajira (pág. 95).
Aparecen los antecedentes, desde 1865, cuando un
míster descubre la mina de carbón, hasta que en 1950 el Ifi comienza los
estudios; así, tras las licitaciones, se crea Carbocol, empresa del Estado que, en asocio
con Intercor firma que gana la licitación, empiezan el proyecto
industrial más ambicioso que Colombia haya emprendido en toda su historia. El texto
y los dibujos explican el proceso de extracción del carbón, un asunto de magnitudes
inimaginables. Aquí ha desaparecido la Guajira, lo que queda del indio bravío, el
ambiente, el calor, los vallenatos, los colores de la acuarela y hasta el humor: nos
quedamos con los hombrecitos de overol y casco que hablan del complejo sistema mecánico
para la extracción del carbón.
Por eso hablo de dos libros diferentes. Uno
primero, que es el cuento ilustrado de los guajiros a la llegada de los conquistadores,
bonito y rico de leer. El segundo, con menos gracia, que habla del proceso de extracción
del carbón en la mina del Cerrejón Zona Norte por parte de Carbocollntercor, pegados
desafortunadamente con unas brevísimas páginas de historia de la zona vallenata; y esto
es lo que molesta, en cuanto a la unidad de un libro tan bien hecho, que no es uno, ni son
dos.
DORA CECILIA RAMÍREZ
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