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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
20, Volumen XXVI, 1989
El no de la historia
La
crisis del poder
J. Ernesto Patiño Avila
Ecoe ediciones, Bogotá, 1988, 146 págs.
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Nada aparentemente más descarado y fácil que presentar un libro
que suponemos no leído por otros, y más
si se posee la remota esperanza de que la presentación
disuadirá a los otros de emprender su lectura.
Aparentemente. La escuela del reseñista está
llena, para el defensor de los trabajos serios
y especializados, de descarados y facilistas.
Pero el autor de reseñas bibliográficas
tiene un compromiso, o debe tenerlo. El solo hecho de
que exista un lector de reseñas especie
bien curiosa y minoritaria, cuyo 90% lo conforman los
autores de reseñas es ya un aliciente bastante
comprometedor. Se debe manejar con honestidad el arte
del propagandista a través de la crítica
y el análisis. Y como lo que se promociona es
un producto designado bajo la especie de libro,
el lector me perdonará esta nota introductoria
al producto bibliográfico en cuestión
(nota que, por las mismas razones, no va a pie de página
ni en las notas). Me refiero, entonces,
y en principio, a la edición de Ecoe para esta
serie de ensayos del doctor Patiño Avila que;
por otra parte, afecta gravemente el contenido de la
misma. No es responsable que bajo el escudo de modesta
edición que no responde a criterios
económicos se oculte la mediocridad del
trabajo editorial a todo nivel: por supuesto que habría
que comenzar por la confusa redacción del autor,
aunada a la despreocupación por revisar y unificar
los textos, pero un trabajo consciente de corrección
de pruebas debe llegar a la sugerencia y a la amonestación
al brillante y descomplicado autor. En la presente edición
pareciera haberse omitido el trabajo del corrector de
pruebas: constantes y graves errores de ortografía,
puntuación defectuosa y ausencia de criterios
de unificación tipográfica. Todo esto,
sumado a las fallas de diagramación, armada e
impresión, nos dejan la sensación de estar
leyendo unos borradores premonitorios de un texto importante.
El prólogo de Pierre Gilhodés hace referencia al carácter
de ensayos de los textos allí agrupados ocho
en total y tres partes que los abarcan. El método
ensayístico, sin embargo, no supone una hipótesis
previa, como la que se formula en casi todos los textos
del libro, sino el desarrollo de unas tesis centrales.
Es claro que Patiño va más al desarrollo
de dichas tesis y a la búsqueda de propuestas.
En este caso, el interés analítico por
presupuestos teóricos es un estorbo. Veámoslo
en el texto Violencia y luchas políticas,
el más extenso del libro, sobre la violencia
en Colombia: con el propósito expreso de hacer
un análisis multifactonal del fenómeno,
presenta inicialmente las teorías sobre las causas
de la violencia en Colombia. El propósito expreso
se esclarece en la conclusión parcial,
en la que se recomienda tener en cuenta las seis teorías,
porque todas son válidas. Pero tras la conclusión
parcial surge la verdadera tesis del origen político-militar
del fenómeno. Por supuesto que la tesis tampoco
descarta las seis teorías previas, pero las anula
en su exclusividad, anulándose de paso ella misma,
puesto que la propuesta es de entrelazamiento
multifactorial. Podríamos tomar, por ejemplo,
la teoría de causas económicas como base
del entrelazamiento: si se hacía
necesaria la expropiación agraria base,
se hacía necesaria la legitimación política
de Estado o de partido, con la presencia del terrateniente
representante, necesario el control militar casi
indistinto del guerrillero en la época denominada
Violencia, necesaria la punición a los
transgresores de las leyes de propiedad ya bastante
confusas para la víctima de la expropiación,
con lo cual era necesaria también, en el sentido
de naturaleza, la conducta marginativa y transgresora
por contra (sádica, cruel, etc...) del agredido,
y nadie podría negar que la injusticia económica
de base tiene antecedentes históricos, los mismos
que han producido guerras civiles en nuestro país,
desde el momento mismo de la Independencia. Con lo cual,
están integradas las seis teorías, a saber:
la económica, la política, la militar,
la jurídica, la psico-social (descartando,
claro está, el galimatías étnico
de que la agresividad indígena presente
a través de todos los períodos de la historia
y latente, hasta el momento de la violencia, en la descendencia
étnica, encontró sus cauces energéticos...)
y la teoría histórica, que, finalmente,
antes que ser una teoría más, ofrecería
el enfoque epistemológico para las otras.
Esta dispersión metodológica atañe a la ambigüedad
del carácter ensayístico o a la timidez
del autor en hacer una síntesis de la investigación
previa, poniéndose por encima de lo investigado.
Igualmente se manifiesta en el empleo equívoco de las hipótesis,
primero porque carece del espacio necesario para demostrarlas
(los ensayos parecen haber sido escritos para el libro
como viñetas de un paisaje), y segundo porque
son hipótesis predemostradas que
sirven, a su vez, de argumentación. En el capítulo
sobre Centroamérica, la hipótesis se refiere
a la diferencia de objetivos en las presencias estadounidense
y soviética, cuya demostración parece
ser olvidada en las conclusiones del capítulo
que enumera, primero, objetivos generales perseguidos
por los EE.UU. y la URSS..., y segundo, "objetivos
generales logrados por los EE.UU. y la URSS..."
sin distinciones. El ideal de seguridad establece la
distinción en la proporción de ofensor
cercano a defensor lejano. Me recuerda algo escrito
por Cioran, desde donde pienso esta reseña: Estoy
de acuerdo en que existe una jerarquía cualitativa
de imperios: los mongoles y los romanos no subyugaron
a los pueblos por las mismas razones, y sus conquistas
no tuvieron el mismo resultado. No obstante, ambos fueron
igualmente expertos al hacer perecer al adversario reduciéndolo
a su imagen y semejanza (Historia y utopía).
En el capítulo sobre Praga y la intervención soviética,
a pesar de no existir una hipótesis formulada,
en cinco veladoras páginas, uno no sabe si el
proceso de democratización interior
checo, previo al 68, fue o no fue como parece
sugerirlo el título, en cuanto conflicto
Este-Oeste reflejo de lo ocurrido en París
en mayo, o si se trataba de una auténtica perestroika,
producto de condiciones sociopolíticas de
autodeterminación y madurez, puesto que el análisis
de la democratización interior, por
extraña razón, no resulta importante al
lado del conflicto este-oeste. La hipótesis del
capitulo sobre distribución y poder en América
Latina es la consecuencia evidente del análisis
de las estadísticas que se maneja; y en el ensayo
sobre la violencia en Colombia, ya hemos visto, la hipótesis
es una teoría previa, para la cual todo análisis
teórico es lastre.
Una hipótesis no es una propuesta, pero proponer desde la modesta rampa
de una hipótesis es un acto de audacia contenida,
ennoblecedora cuando se trata del destino del hombre.
Patiño es sociólogo, politólogo
y filósofo, al decir de sus títulos1
y su método, positivamente, delata la interdisciplinariedad
de su estudio; como sociólogo, se declara discípulo
de Wright Mills y escribe su ensayo La elite del
poder en U.S.A., el mejor, por más claro
y crítico, de los ocho que integran La crisis
del poder; también como sociólogo
hace el análisis de las estadísticas económicas
y las relaciona con las tesis económicas modelo,
como sucede en El poder y la distribución;
como politólogo, descubre hábilmente las
relaciones íntimas y viciadas entre el poder
político y las clases dominantes (que no dejan
de ser el centro del ensayo sobre la violencia en Colombia),
y como filósofo elabora conclusiones sociopollticas
cercanas al marxismo ortodoxo, por ejemplo: El
individualismo consumista que permea estos resultados
choca contra las aspiraciones de una libertad individual
que se vuelve libertad política. La razón
instrumental resuelve la relación entre deseo
y decisión, y hace de la libertad política
algo sometido al liberalismo económico de las
fuerzas del mercado y de la democracia política
algo secundario. Pero, sobre todo, y como núcleo
mañoso de este comentario bibliográfico,
me llama la atención esta afirmación que
aparece en El poder y los sueños,
el primer ensayo, sobre el libro del mismo nombre de
Régis Debray: Es preferible aceptar una
neurosis universal que librarse a una neurosis personal.
Esta afirmación justificaría, por supuesto,
el método de propuesta-hipótesis en su
mencionada significación, para los ensayos que
conforman La crisis del poder, como aportación,
por lo menos, a la voluntad de hacer, si no a la voluntad
de entender. El defecto ensayístico es consecuencia
de la ausencia de contexto histórico, pese a
la intención lograda de internacionalizar todo
problema nacional o continental; pero, vuelvo a Cioran,
en este tipo de trabajos con la historia,
o se escoge la historia en sí misma o se escoge
la utopía revés de la moneda y vástago
de la historia, que produce para su conservación;
no hay duda acerca del camino escogido por Patiño;
pero al escribir la frase de la neurosis universal
no ha perdido tan de vista la historia, que será
siempre la neurosis negada para que viva la propuesta;
paralela a la frase de Cioran: Todo contemporáneo
es odioso, la de Patiño conduce a la formulación
del idilio, tras superar y desconocer la crítica.
Patiño es escéptico ante los mitos
del Protocolo de Ginebra, del principio de la seguridad
colectiva y del desarme; más adelante,
sin embargo, también en el capítulo sobre
el libro de Debray, plantea sus tres principios
correctores: I. El interés nacional es
la base y el fin de una política exterior legítima.
II. Defender y promover el interés nacional de
los otros. III. La aplicación del II no es posible
sin las condiciones y limites del I.. Así
también, critica la teoría del equilibrio
sobre el poder, controlado por las múltiples
y diversas fuerzas sociales, pero sugiere un poder orientado
por mayorías no manipuladas; o bien, después
de hacer la crítica a la composición de
la Comunidad Económica Europea, la ofrece como
modelo a los países latinoamericanos.
El cinismo anulado por la fe, el conocimiento por la acción. Si no dentro
del contexto de la historia, si dentro del contexto
de la utopía, podemos situar estos ensayos, que
entonces quedan exentos de su nuclearidad crítica;
el historiador al fin descubre que su trabajo destructor
ha sido inútil, porque, como escribe Cioran,
de nada vale dejar de creer en la realidad geográfica
del paraíso o en sus diversas figuraciones; de
todas maneras reside en nosotros como un dato supremo,
como una dimensión de nuestro yo original; de
lo que se trata ahora es de descubrirlo ahí.
Cuando lo conseguimos, entramos en esa gloria que los
teólogos llaman esencial; pero no es a Dios a
quien vemos cara a cara, sino al eterno presente, conquistado
por encima del devenir y de la misma eternidad... ĦQué
importa ya entonces la historia! Ella no es el asiento
del ser sino su ausencia, el no de toda cosa, la ruptura
de lo viviente consigo mismo; y no estando constituidos
por la misma sustancia que ella, nos negamos a cooperar
en sus convulsiones. Está libre para aplastarnos,
tocará únicamente nuestras apariencias
y nuestras impurezas, esos restos de tiempo que siempre
arrastramos, sjmbolos de fracaso, marcas de esclavitud
(Historia y utopía).
La palabra crisis así como la palabra ensayo sólo
son aquí símbolos irónicos.
ÓSCAR TORRES DUQUE |