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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
20, Volumen XXVI, 1989
¿Cómo ser crítico
literario y tener éxito editorial?
Origen y
evolución de la novela hispanoamericana
Manuel Antonio A rango L.
Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1988, 543 págs.
Más allá de
sus limitaciones conceptuales y estilisticas, la obra del profesor Manuel Antonio Arango
L. puede servir de ejemplo a quienes se han propuesto acrecentar el número de estudios
literarios en nuéstro país. Señalar esas limitaciones, y sugerir de paso los caminos
que debería emprender una crítica literaria más acertada, no resulta tan provechoso en
este caso como preguntarse acerca de las estrategias textuales que empleó el profesor
Arango para publicar seis libros de calidad discutible en un mundo editorial que por
tradición y por experiencia ha juzgado la crítica literaria como una aventura comercial
destinada al fracaso. Más pragmático y puntual que un hombre de letras, Dale Carnegie
habría hecho esa pregunta con otras palabras: ¿cómo ser crítico literario y
tener éxito editorial?" Esta reseña propone tres respuestas
complementarias.
1.
Compre uno y lleve once
Como tantos
profesores de literatura, el profesor Arango ha tenido una vida itinerante. Nacido en
Yacopí (Cundinamarca) en 1933, ha vivido en Bogotá, México, Francia y Canadá. Su
juventud, como la de tantos profesores de literatura, se gasté en el estudio del derecho
y, como tantos profesores de literatura, abandonó el derecho para dedicarse a la
enseñanza del español y de la novela hispanoamericana. Trabajó en la Universidad
Distrital Francisco José de Caldas (Bogotá), en la University of the West lndies
(Kingston, Jamaica) y en la Laurentian University (Canadá), donde ejerce en la actualidad
como profesor asociado. El prestigio del inglés y el aura que comunica haber vivido en el
extranjero iluminaron como una lentejuela su hoja de vida y, como siempre ocurre con las
hoj as de vida, una lentejuela significó para él la oportunidad de conseguir muchas
otras lentejuelas, un curso impartido en University of the West Indies incrementé sus
posibilidades de dar otro en Laurentian University, y un libro publicado en la editorial
Tercer Mundo le facilitó el camino para publicar otro en el Fondo de Cultura Económica.
Los profesores de literatura deberían tomar de aquí una primera lección si quieren ver
publicados sus estudios literarios. Esta primera lección es la más elemental de todas:
un crítico literario debe saber cómo presentar a las editoriales una hoja de vida
espectacular e intachable.
Sin embargo, una hoja de vida nunca es
suficiente para convencer a los editores de que publiquen un libro. El profesor Arango lo
sabía y sabía también que sus libros podían recibir innumerables objeciones y
evasivas. Pero, por encima de todas ellas, estaba seguro de que esos manuscritos tenían
una virtud que los editores no pasarían por alto de ningún modo: se trataba de estudios
sobre varios autores reconocidos, lo cual aumentaba sus posibilidades comerciales. Basta
con hacer un inventario de las publicaciones del profesor Arango para comprobar que nunca
se ha apartado de esta ley editorial según la cual un solo volumen
de crítica literaria debe contener tres, ocho y hasta once estudios diferentes
(1)
. He aquí, pues, los resultados de esta segunda
lección que no deben echar en saco roto nuestros estudiosos de la literatura:
1967. Tres figuras representativas de
Hispanoamérica en la generación de la vanguardia o literatura de posguerra. Bogotá:
Prócer.
1981. Aspectos sociales en ocho escritores
hispánicos. Bogotá: Tercer Mundo.
1984. Tema y estructura en la novela de la
revolución mexicana. Bogotá: Tercer Mundo.
1985. Once novelistas hispanoamericanos. Bogotá:
Carlos Valencia Editores.
1985. Gabriel García Márquez y la novela de
la violencia en Colombia. México: Fondo de Cultura Económica. 1988. Origen y
evolución de la novela hispanoamericana. Bogotá: Tercer Mundo.
2. Los
secretos de la fertilidad
Un rápido vistazo a esta lista bibliográfica
permite mostrar que la velocidad de producción crítica del profesor Arango ha aumentado
considerablemente en los últimos tiempos. De un libro publicado cada siete años (entre
1967 y 1981), ha pasado a publicar uno cada 3,5 años (entre 1967 y 1988). El secreto de
esta fertilidad puede encontrarse en tres razones fundamentales.
La primera de ellas consiste en que el profesor
Arango no ha desaprovechado los cursos que viene impartiendo desde hace cinco lustros y ha
dado forma a sus libros ya los capítulos de sus libros basándose en sus notas de clase.
En esta costumbre no es un innovador: muchos tratados filosóficos de Aristóteles no son
otra cosa que apuntes de clase, y varios libros de Alfonso Reyes (para mencionar un
ejemplo más próximo a nosotros) no habrían sido posibles si el escritor mexicano no
hubiera tenido que desempeñar una cátedra sobre los temas que esos libros exponen
después de manera tan magistral. El ámbito primigenio de la crítica literaria ha sido
siempre el salón de clases y no se ha desprendido nunca de su carácter de lección, nunca
ha dejado de ser la discusión o la lectura compartida de un texto determinado. La
enseñanza que puede desprenderse de aquí es bastante clara: nuestros profesores de
literatura podrían convertir una de sus clases en un pequeño libro, en un breve conjunto
de lección cuya dinámica se apoyara en ese rigor que es tan propio de la
escritura.
La segunda razón es de orden estilístico. Se
trata de la capacidad que tiene el profesor Arango para citar a otros autores. Walter
Benjamin decía que le gustaría ser reconocido por las citas que hacían en sus ensayos;
las del profesor Arango son reconocibles con facilidad, pues casi nunca pierden esa
inconfundible marca de estilo que consiste en la extensión. Son líneas y líneas,
párrafos y párrafos, y páginas enteras en las que prefiere conceder la palabra a otros
autores. Esta humildad aterradora se ha ido acrecentando con los años: el estudio sobre
Eduardo Mallea que aparece en su último libro, Origen y evolución de la novela
hispanoamericana (1988), se encuentra tan poblado de citas que, según se desprende de
un rápido inventario, sólo el 26,97% de sus líneas son originales del profesor Arango.
Si se pudiera generalizar este índice a toda su obra, se concluiría que, de los seis
libros que ha publicado, en realidad sólo ha escrito uno y medio.
Su capacidad para citar a otros autores se
complementa con la capacidad que tiene para citarse a sí mismo. Su estudio sobre la
novela Al filo del agua de Agustín Yáñez fue publicado por primera vez en el
libro Tema y estructura en la novela de la revolución mexicana (1984), luego
formé parte de sus Once novelistas hispanoamericanos (1985) y por último ha sido
incluido en Origen y evolución de la novela hispanoamericana (1988). No es
necesario hacer un gran esfuerzo para mostrar que con esta estratagema pudo darle a sus
libros un grosor respetable y que, además, la convirtió en un truco maíavilloso para
encoger el tiempo, para reducir a cinco los veinte años que dice que se gasté
escribiendo sus estudios. El libro de 1984 se iniciaba con una frase que inspiraba
conmiseración y respeto: Esta obra representa el trabajo de cinco años de
investigación. El libro de 1985 citaba la misma frase sin variaciones y el de 1988
introducía en ella una pequeña modificación que puede parecer más bien
una hipérbole: Esta obra [...] representa el trabajo de diez años de
investigación
(2)
.
3. La retórica de la velocidad
A la capacidad del profesor Arango para componer
un libro sobre varios autores, para aprovechar sus notas de clase y para citar y
autocitarse, es necesario agregar una última estrategia que permite acelerar la
producción de crítica literaria. Esta estrategia es la que mejor define ese género de
la crítica literaria que se llama el manual de literatura y, por tanto, es la
que más claramente corresponde a una retórica de la velocidad,
es decir, a la manera de distribuir el material bibliográfico en forma rápida y
eficiente
(3)
. Algunos de los elementos de esta retórica de
manual pueden ser:
1. Los
períodos literarios:
La tradición
o la costumbre ha dividido la historia literaria en períodos como el
Romanticismo, el Realismo o el Modernismo . Si se
pretende escribir una historia literaria que resulte al mismo tiempo veloz y pedagógica,
es necesario no cuestionar estos períodos, aceptarlos con la fe del carbonero y
atribuirles un número determinado de características. Para el profesor Arango, por
ejemplo, el realismo tiene doce características (pág. 141) y el naturalismo ocho (pág.
208).
2. Los silogismos de la historia.
Si
un período abarca determinado número de años (premisa mayor), y si una obra fue escrita
en uno de esos años (premisa menor), se deduce que la obra posee algunas de las
características del período (conclusión). Esta manera de razonar impide incluir en el
estudio los anacronismos y las discontinuidades de la historia. Las obras literarias se
suceden entonces a lo largo del tiempo en un conjunto de bloques incomunicables y
estáticos: el domingo fue el romanticismo, el lunes el realismo y el martes el
modernismo, y hay obras que tuvieron la mala suerte de ser escritas un martes. El profesor
Arango no tiene el menor reparo en subrayarlo:
El ideal [dice
refiriéndose a una novela del guatemalteco Máximo Soto-Hall, escrita en 1894] es
completamente modernista. El ambiente donde se desarrolla la acción novelada es
eminentemente modernista. El libro sólo consta de unas ciento cincuenta páginas. Un
trozo de su novela nos muestra el pleno sabor modernista. [pág, 192]
3.
Los inventarios de autores y de obras.
Estos
inventarios son inevitables en un manual de literatura. Los autores pueden ser
inventariados o presentados de muchas maneras. El libro del profesor Arango ofrece las
siguientes modalidades:
a) Según los años de nacimiento y muerte:
Juan Rodríguez Freyle (1556-1640); Francisco Muñoz y Bascuñán (Chile,
1607-1682); Juan Ruiz de Alarcón(México, 1580-1639); Pedro de Oña (Chile,
1570-1643)..., etc. (pág. 37).
b) Según su nacionalidad: Guatemaltecos:
Rafael Arévalo Martínez (1884). Mexicanos: Ramón López Velarde (1888-192 1); Martín
Luis Guzmán (1887) y Mariano Azuela (1873-1952). Panameños: Ricardo Miró
(1883-1940)..., etc. (pág. 296).
c) Según su profesión: Eugenio Díaz
(1804-1865), periodista y agricultor (pág. 146); Jaime Mendoza (1874-1938).
Médico, periodista, sociólogo, novelista e historiador de Bolivia (pág. 188);
Uribe Pedrahíta (1897-1953), quien además de un buen novelista fue médico,
farmacéutico, bacteriólogo, profesor universitario y pintor (pág. 278).
d) Según sus obras: Abelardo Morales
Ferrer, con Idilio fúnebre; González García, con Escándalo; Manuel
Gandía, con Crónicas de un mundo enfermo y con La Charca, Garduña, El negocio
y Redentores (pág. 217).
e) Según su estilo: Larreta continúa
empleando procedimientos típicos: sensaciones, plasticidad, dignidad en el lenguaje,
maneras exquisitas, objetos refinados (pág. 186). Las tres ratas, consiue
construir un relato sobrio, proporcionado, interesante, metódicamente desarrollado, con
materiales sumamente sencillos (pág. 335).
f) Según algún epíteto o alguna
calificación: D. H. Lawrence con su desafío a la civilización; Aldous Huxley, el
super-estructurado [...]; la maestra del monólogo, Virginia Wolf; y James Joyce, con su
vivencia psíquica permanente (pág. 369).
4. La presentación de las obras.
Es evidente
que el objetivo principal de un manual o de una historia literaria es la presentación de
cierto número de obras literarias. Lo que resulta lastimoso es que sacrifique la
profundidad crítica en aras de la simple presentación, y que por hacer la descripción
de una novela pierda la oportunidad de interrogarla, de preguntarse acerca de sus
estrategias, de su contexto, del horizonte de sus deseos y del diálogo que alguna vez
propuso a sus más lejanos y más cercanos interlocutores, la presentación de una obra,
como la de un autor, es un arte simple y muchas de sus modalidades son practicadas por el
profesor Arango. Estas modalidades son, entre otras, las siguientes:
a) Enunciación del argumento y descripción de
los personajes: La novela narra con lujo de detalles, la lucha implacable entre
Doña Bárbara y Santos Luzardo. Doña Bárbara es la fiel representante de la Ley del
Llano: la agresión armada, el soborno, la fuerza bruta, y la superstición del ambiente
llanero. Santos Luzardo, abogado, viene de la capital y desea imponer al Llano la Ley del
orden (pág. 307).
b) Enunciación del tema y de una que otra vaga
cualidad: novela de cuadros patéticos de la vida del indio, obra de gran riqueza de
elementos y de una fina agudeza que conlleva [sic] a formar un espíritu de
reivindicación nacional (pág. 246).
c) Teoría del reflejo o suposición de que la
obra es un espejo de un momento histórico o de una situación social determinada:
Evidentemente, si nos detenemos en una serena reflexión, la obra de Uslar Pietri
refleja un cuadro colectivo, no sólo de la Venezuela de 1914, sino la perspectiva
histórica y evolutiva, la sociedad en devenir, desde el punto inicial del arribo del
conquistador hispano... (pág. 386).
d) Descripción de la forma narrativa: La
narración en primera persona está dominada por el plano subjetivo sobre el objetivo. Dos
narradores estructuran los protagonistas: el narrador, un hombre de claros valores
morales, y un poeta de enorme sensibilidad a quien se le denomina el señor de
Aretal (pág. 197).
e) Inventario de las partes que componen la
obra: La novela consta de tres capítulos, cada uno dividido en breves períodos: el
primero en tres, el segundo en trece y el tercero en dos (pág. 460).
f) Cita de un fragmento que sea como un
aperitivo para el lector: Veamos un trozo de la novela (pág. 200);
Veamos un pequeño trozo de la novela (pág. 305); etc.
De acuerdo con una opinión general, cada época
tiene necesidad de hacer su historia y de interpretarla; sin embargo y para no ir muy
lejos, desde que Pedro Henríquez Ureña publicó las corrientes literarias en la
América Hispánica (1949) nuestros criterios historiográficos no han variado mucho o
no han alcanzado el espíritu de divulgación que define a los manuales de literatura. En
consecuencia, todos estos manuales y aún muchas historias literarias transitan los
caminos gastados de sus antecesores. Origen y evolución de la novela hispanoamericana es
un excelente compendio de todos ellos y de sus lugares comunes. Es el manual que cita
tantos manuales e historias literarias como sería posible imaginar. Menciona nombres de
autores y títulos de novelas que casi nadie conoce pero que tienen la virtud de haber
sido incluidos en manuales más antiguos, y al mismo tiempo reproduce líneas enteras de
maestros como Fernando Alegría, Antonio Curcia Altamar, Andrés Amorós, Enrique Anderson
Imbert, José Juan Arrom, John Brushwood, Pedro y Max Henríquez Ureña, Seymour Menton,
Mariano Picón Salas, Angel Rama, Emir Rodríguez Monegal, Luis Alberto Sánchez, Arturo
Torres Ríoseco, Alberto Zum Felde y otros.
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Es probable que muchas de las incoherencias del
profesor Arango (que no me he ocupado en señalar), muchas de sus repeticiones
insustanciales, de sus defectos de estilo y sus erratas, habrían podido ser evitadas si
hubieran contado en la editorial con un lector crítico o un corrector de pruebas más
cuidadoso, Estas negligencias no benefician al crítico ni a la editorial y ponen de
manifiesto la necesidad que tienen las editoriales colombianas de trabajar en relación
más estrecha con la misma crítica literaria. Por otra parte, si el profesor Arango ha
logrado traducir su experiencia académica en seis libros publicados, ello se debe a una
inteligencia de las posibilidades editoriales de la crítica literaria que en ningún
momento resulta desdeñable. Es verdad que sus estrategias textuales se convierten a veces
en simples estratagemas y sus páginas están pobladas de tics, de lugares comunes y de
fórmulas que solemos identificar con una retórica de la crítica; pero así son siempre
los comienzos y los finales de los géneros o de una de sus especies, y los estudios del
profesor Arango corresponden posiblemente a una especie en extinción, a una crítica de
sobrevivencia que, sin embargo, bien puede enseñarnos a deambular de editorial en
editorial y a conocer los ardides y las maneras de ganar amigos y tener éxito en los
negocios. Por una simple necesidad profesional, por el deber que tienen de conocer la
tradición del género que practican, los críticos literarios del futuro no deberían
pasar por alto ninguno de estos ardides.
J.
E. JARAMILLO ZULUAG
A
(1)
Existen, por supuesto, otras alternativas editoriales para la crítica literaria.
Así, por ejemplo, el libro dedicado a un solo autor, poeta o novelista, puede tener
alguna acogida en las editoriales si se trata de un autor ampliamente reconocido y siempre
y cuando no se haya saturado el mercado con numerosos estudios sobre su obra. Una segunda
alternativa consiste en reunir artículos de varios estudiosos de la literatura sobre un
autor o un tema específicos. En nuestros días el crítico literario está dejando de ser
autor para convertirse en compilador o en
antologista de los estudios literarios que han escrito sus colegas. En
consecuencia, la crítica literaria está destinada a convertirse en un género breve,
quizás tan breve como los cuentos largos. (Regresar a 1)
De
todas maneras y sin importar por cuál modalidad de decida, cl crítico literario no debe
perder en ningún momento cl sentido de la actualidad o de la oportunidad si quiere
sobrevivir en el vertiginoso mundo del mercado editorial. Un estudio sobre la literatura
más reciente o sobre un autor cuyo aniversario esté por celebrarse, puede ser publicado
con menos dificultad de la acostumbrada. Así lo prueban cl estudio de Juan Gustavo Cobo
Borda sobre la novela posgarcíamarquiana o la compilación de Monserrat Ordóflez sobre
la obra de José Eustasio Rivera (a propósito de la crítica de aniversario, véase la
reseña Para una arqueología de la crítica literaria publicada en el
Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. XXV, núm. 14, 1988, págs. 101-103).
(2)
Este Leitmotiv
del profesor Arango puede encontrarse también en su estudio sobre Gabriel García
Márquez y la novela de la violencia en Colombia (1985), el cual representa el
trabajo de cinco años de investigación. El estudio fue comentado por Alicia
Fajardo M., en su reseña Hay que preguntar, Boletín Cultural y
Bibliográfico, vol. XXIII, núm. 9,1986, págs. 99-100.
(Regresar
a 2)
(3)
Véase al
respecto Literatura a toda velocidad, en Boletín Cultural y Bibliográfico,
vol. XXV, núm. 14, 1988, págs. 103-104. (Regresar a 3)
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