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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
20, Volumen XXVI, 1989
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Izquierda: Selva virgen de los llanos: el árbol
de los tucanes (Tour du Monde, Librairie Hachette, París, 1877).
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La doma de un
caudillo colombiano: JUAN NEPOMUCENO MORENO, de Casanare
JANE M. RAUSCH
Universidad de Massachusetts
Traducción: Juan Fernando Esguerra
Trabajo
fotográfico: Mario Rivera,
Clara Inés
Duque
NINGUNA ESTATUA de Juan Nepomuceno Moreno se
levanta hoy en Bogotá. La mayoría de los colombianos no han oído hablar de él, y
probablemente apenas unos cuantos estudiosos puedan identificarlo como un patriota llanero
que combatió en las batallas de Boyacá y Cárábobo. Sin embargo, no es exagerado decir
que, en mayo de 1831, la actuación de este oscuro caudillo de Casanare pudo haber
cambiado el curso de la historia colombiana. Ya para entonces José Antonio Páez, en
Venezuela, y Juan Manuel Rosas, en Argentina, se habían servido de las llanuras como
trampolín para deponer a la elite urbana y tomar el mando de la nación. En cuanto a
Moreno, acababa de infligir en Cerinza una contundente derrota a las fuerzas de Rafael
Urdaneta, y desde Zipaquirá, a la cabeza de un ejército de feroces llaneros, amenazaba
marchar sobre Bogotá, derrocar al sucesor de Bolívar e imponer su propia dictadura. Si
bien los historiadores coinciden en que los acontecimientos de 1831 marcan un hito en la
evolución de la política colombiana, no han analizado aún el papel desempeñado por
Moreno. Un examen de su carrera indica que el fracaso en adueñarse del mando se debió no
sólo a sus limitaciones personales como dirigente, sino también al hecho de haber estado
condicionado por dos importantes tendencias de la historia colombiana del siglo XIX: la
subordinación de los territorios de los llanos a las regiones montañosas
y el surgimiento de un sistema político dominado por caudillos civiles
(1)
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Retrato de
Juan Nepomuceno moreno (Colección de miniaturas de la Biblioteca Luis Angel Arango,
dibujos realizados por Manuel Paredes Alvarez).
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Francisco de Paula Santander. 1792-1840, grabado
en piedra de Tavernier (Resumen de la historia de Venezuela, Imprenta de H. Fournier,
París, 1841).
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Las llanuras
tropicales, donde nació un día de finales del siglo XVIII, modelaron el destino de
Moreno. Estas praderas, que parecen infinitas, se extienden por cientos de kilómetros,
desde los Andes hacia el oriente, hasta fusionarse imperceptiblemente con los llanos de
Apure, en Venezuela. Atravesados por los raudos y caudalosos afluentes del Orinoco,
durante el año experimentan períodos alternos de inundaciones y sequías. Los llanos
tienen escaso valor para la agricultura, pero ofrecen, en cambio, un hogar natural aunque
precario a las manadas salvajes de vacunos y caballos introducidos originalmente por los
españoles en el siglo XVI.
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Carta del Departamento de Boyacá, gra[v]ado en
París por Darnet (Historia de la revolución de la República de Colombia, José Manuel
Restrepo, Librería Americana, 1827).
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En la época colonial, la provincia de los
Llanos, también conocida como Casanare, incluía la actual intendencia de Arauca y
lindaba por el sur con el río Meta, y por el norte con el Arauca. El interés de los
españoles por la región se desvaneció bien pronto, cuando los conquistadores fracasaron
en su empeño por descubrir, en medio de las herbáceas comarcas, el fabuloso reino de El
Dorado. La escasez de recursos naturales y los escollos que oponía la cordillera andina
restringieron los colonizadores blancos a un puñado de encomenderos, administradores,
cazadores de esclavos y misioneros. Según el censo de 1778, más del 73 por ciento de los
20.892 habitantes eran indios, la mayoría de los cuales vivían en
misiones regidas por franciscanos, agustinos recoletos y dominicos
(2)
. El censo reveló, así mismo, que la mezcla
racial había producido una subcultura de mestizos dedicados al pastoreo de ganado vacuno.
Estos vaqueros, a quienes posteriormente se les denominó llaneros, conducían el
ganado desde las llanuras hasta Sogamoso, a través de accidentados senderos. Cueros y
carne, junto con los tejidos de algodón confeccionados por los indios, constituían la
espina dorsal de la economía de la provincia.
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Carta del Departamento de Apure. Gra(v)ado en
Paris por Darnel (Historia de la Revolución de la República de Colombia, José Manuel
Restrepo, Librería Americana, 1827).
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Continuar
(1)
La autora expresa su reconocimiento a James W. Park por los valiosos comentarios
sobre una versión anterior de este ensayo, presentada en la reunión de la Southern
Historical Association celebrada en Charleston (Carolina del Sur) el 10 de noviembre de
1983.
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(2)
José Caicedo, Provincia de los Llanos:
Padrón tomado en el año de 1778, Morcote, 14 de octubre de 1778, Archivo Histórico
Nacional, Bogotá. (Regresar a 2)
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