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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
20, Volumen XXVI, 1989
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Los jefes Humberto Gómez y Eloy Sánchez (sobre
los caballos) pasan revista al ejército que fueron conformando (El Gráfico, Bogotá,
vol. 7, núm. 338, mar. 24, 1917).
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Rebelión en los llanos colombianos: el affaire
Arauca de 1917*
JANE M. RAUSCH
Universidad de Massachusetts
Traducción:
Juan Fernando Esguerra
Trabajo
fotográfico: Mario Rivera, Clara Inés
Duque
EL 8 DE ENERO de 1917 los bogotanos que vieron
los diarios de la mañana se sobresaltaron con la noticia de una
rebelión en los llanos
(1)
. Diez días
antes, Humberto Gómez, á la cabeza de una banda armada, se había tomado la población
de Arauca. Por lo común, acontecimientos de esta índole poco conmocionaban a la capital.
Arauca, aldea situada en la frontera con Venezuela, en medio de extensas llanuras
tropicales y carente inclusive de comunicación telegráfica con Bogotá, era refugio
favorito de los malhechores, que habitualmente desafiaban con impunidad las leyes de ambos
países. Esta vez, sin embargo, el haber dado muerte Humberto Gómez a la principal
autoridad colombiana de la región, el comisario especial, y haberse autoproclamado jefe
civil y militar de la República de Arauca constituían un reto que no podía
pasarse por alto. Preocupado por salvaguardar las precarias negociaciones, que por
entonces se adelantaban de un tratado con Venezuela, el presidente José Vicente Concha
actuó con presteza. Decretó el estado de sitio y envió a Arauca dos expediciones
militares separadas, al mando del general Jesús García. Los diarios informaron
ampliamente de los dramáticos episodios que siguieron. Su interés se prolongó inclusive
hasta después de la captura de Humberto en Venezuela, el 9 de febrero, cuando informes de
testigos oculares de las atrocidades cometidas en los llanos por los soldados de García
reclamaron una investigación. Entre mayo y septiembre, Enrique Olaya Herrera, director de
El Diario Nacional y futuro presidente de la república, ventiló hasta el escándalo el
incidente fronterizo, atacando al gobierno tanto desde las columnas de su periódico como
en el hemiciclo de la cámara de representantes. Un análisis de lo que vino a denominarse
affaire Arauca esclarece un aspecto poco conocido del gobierno de
Concha y explora un tema de la historia colombiana que ha sido desatendido: la relación
entre el interior andino y la fronteriza región de los llanos.
Tradicionalmente la historia colombiana se ha
enfocado hacia el desenvolvimiento de los valles de las montañas andinas y de las
ciudades de la costa caribe, regiones éstas que constituyen escasamente un tercio del territorio de la república pero que albergan más del noventa por
ciento de la población
(2)
. Salvo la
atención brindada a la campaña bolivariana de 1819 en Casanare, estudiosos e
investigadores han descartado las llanuras del Orinoco, del mismo modo que la Amazonia, al
considerarlos como territorios periféricos que nunca han desempeñado
papel significativo en el desenvolvimiento cultural del país
(3)
. El llamamiento de los profesores Arthur
Whitakes, William Paul McGreeve y Christopher Abel a estudiar a fondo todas las regiones
de Colombia ha despertado escaso interés por las secciones
político-administrativas llaneras del Meta, Casanare y Arauca
(4)
. Los historiadores, al igual que la mayoría de
los colombianos, se han conformado con ver a los llanos como un lugar de lucha y misterio, un territorio exótico en cuyos secretos tan sólo han
penetrado hombres tenaces
(5)
.
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Cravo Norte, en Arauca (Fotografía de José
Vicente Piñeros).
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Dado este convencionalismo, resulta irónico que
en los llanos misteriosos hayan vivido colonos desde mediados del siglo XVI,
lo cual los coloca entre las más antiguas regiones fronterizas
permanentes del nuevo mundo
(6)
.
La temprana introducción de vacunos y caballos, así como el mestizaje de blancos e
indios, produjeron una subcultura de vaqueros: la de los llaneros. Los jesuitas
establecieron, a lo largo de los ríos Casanare y Orinoco, su segundo sistema misionero,
en cuanto a extensión, de América del Sur. Durante el siglo XVIII, Casanare constituyó
una próspera provincia del virreinato de la Nueva Granada, pero las luchas de
independencia resultaron particularmente devastadoras para los llanos y ahondaron la
brecha entre la vida de las montañas y la de las sabanas tropicales. El decaimiento de la
ganadería, los efectos del auge y de la depresión de la economía, los fallidos
esfuerzos de los gobiernos nacional y departamental para fomentar el cambio, constituyen
tan sólo algunas de las tendencias que es necesario estudiar para comprender el desenvolvimiento de los llanos, en comparación con el del
interior, a lo largo del siglo XIX
(7)
.
En el siglo XX, la concentración de la violencia en los llanos durante la primera guerra
de guerrillas, entre 1949 y 1953, y el subsiguiente progreso del Meta como una de
las más activas zonas de colonización en América Latina, confirman la hipótesis de que
la naturaleza permanente del este salvaje de Colombia, en
comparación con la movilidad que le asigna Turner a la frontera
estadounidense, no invalida sus efectos sobre el núcleo de la región montañosa
(8)
. El affaire Arauca fue
apenas una de las tantas confrontaciones históricas entre las dos Colombias: el
modernizado interior y la rústica comarca llanera.
En la Colombia montañosa, el segundo decenio
del siglo XX trajo paz y progreso económico. Una nueva generación de conservadores y
liberales abandonó la política belicosa, que trágicamente había engendrado la Guerra
de los Mil Días (1899-1902), por la reanudación del compromiso con la democracia parlamentaria, la regularidad electoral, el respeto a la
ley y a las libertades civiles
(9)
. Figuras
moderadas de ambos partidos le abrieron paso a la formación de la Unión Republicana,
coalición que eligió los presidentes de la república entre 1910 y 1930, todos ellos
conservadores. Aunque muchos liberales hubieran preferido apoyar a sus propios candidatos,
la decisiva derrota militar de 1902 y el asesinato de Rafael Uribe
Uribe, en 1914, dejaron al partido en estado de postración
(10)
. Con el auge de la economía, sin embargo,
pudieron desviar su frustración política hacia lucrativos proyectos de enriquecimiento.
El café se había convertido en el principal renglón de exportación, en tanto que los
crecientes ingresos por ganado, azúcar y textiles contribuían a la prosperidad de
Colombia. La inversión foránea, especialmente en la zona bananera, también era
significativa. Tal como lo resume Robert Dix, fue una época en que el considerable
desarrollo material en nada redujo el aislamiento de las elites respecto a las masas, y en
que el gobierno y los partidos representaron casi exclusivamente
los intereses de una exigua clase alta
(11)
.
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Paso de ganado a Venezuela a través del río
Arauca. Al fondo El Amparo (El Gráfico. Bogotá,
vol. 28, núm. 353, jun. 16, 1917).
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El gobierno de José Vicente Concha (1914-1918)
ejemplifica ese decenio de consenso elitista. Reconocido jurista y codirector del partido
conservador, Concha recibió el respaldo del dirigente liberal Uribe Uribe
en las elecciones de 1914 y ganó por la abrumadora mayoría de 300.000 votos
(12)
, Casi enseguida hubo de encarar la crisis
nacional causada por el estallido de la primera guerra mundial. Al mismo tiempo que
mantenía absoluta neutralidad, adoptó las necesarias medidas de austeridad para hacer
frente a la disminución del crédito externo, al creciente déficit nacional y a la fuga
de moneda fuerte. Los historiadores han considerado el éxito en capear esos difíciles
años, junto con la firma de nuevos tratados con Ecuador y Venezuela, como los principales
logros de Concha. En palabras de Henao y Arrubla, su gobierno fue
pacífico, sereno y firme
(13)
.
Continuar
*
La investigación para el presente estudio fue
parcialmente subvencionada por la National Geographic Society. Para referirse al
escándalo suscitado por los acontecimientos de Arauca, los periódicos colombianos
utilizaron a menudo el vocablo francés affaire (véase, por ejemplo, El Diario
Nacional del 18 de julio de 1917). (Regresar a *)
(1)
El
Diario Nacional, 8 de enero de 1917. (Regresar a 1)
(2)
Robert
C. West, Tbe Geography of Colombia, en A. Curtis Wilgus (comp.), The Caribbean:
Contemporary Colombia, Gainesville, 1962, pág. 4.
(Regresar a 2)
(3)
Gerardo
Reichel-Dolmatoff, Colombia, Nueva York, 1965, pág. 29. (Regresar
a 3)
(4)
Arthur
Whitaker, The United States and South América: The Northern Republics, Cambridge,
1948, pág. 49; William Paul McGreevey, An Economic History of Colombia 1845-1930, Cambridge,
1971, pág. 307; Christopher Abel,"Conservative
Politics in Twentieth Century Antioquia", en Latin American Centre,
Ocassional Papel III, Oxford, 1973, pág. 2.
(Regresar a 4)
(5)
L.E.
Nieto Caballero, Vuelo al Orinoco, Bogotá, 1935, pág. 113. (Regresar
a 5)
(6)
Varios geógrafos caracterizan a los llanos
colombianos como frontera permanente. Por ejemplo, Raye Platt, en su artículo
Opportunities for Agricultural Colonization in the Eastern Bordes Valley of the
Andes (en Pionner Settlement, American Geographical Society, publicación
especial núm. 14, Nueva York, 1932), dice que aunque mucha gente de la región
habita en fincas que han sido ocupadas por sus familias durante generaciones, vive, como
ha vivido siempre, esencialmente en la condiciones de los primeros colonizadores
(pág. 6). El fracaso en extender sistemáticamente la colonización de los llanos dentro
de las tierras incultas, contrasta con el ininterrumpido movimiento de los colonizadores
estadounidenses hacia el oeste, según lo observa Frederick Jackson Turner. Para otras
descripciones de la frontera permanente, véanse Dieter Brunnschnwiler, The Llanos
Frontier of Colombia, East Lansing, 1972; y Raymond E. Crist y Ernesto Guhl,
Pionner Settlement in Eastern Colombia, en Annual Report of the Smithsonian
Institution, págs.
391-414. (Regresar a 6)
(7)
Jane M. Loy [Jane M. Rausch], The Colombian
Llanos in the Nineteenth Century: A
Tropical Plains Frontier, en National Geographic Society Research Reports.
(Regresar a 7)
(8)
Una reseña crítica de la tesis de
Turner se encuentra en George Rodgers Taylor (comp.), The Turner Thesis Concerning the
Role of the Frontier in American History, 3a. edic., Boston, 1972.
(Regresar a 8)
(9)
Antonio García, Gaitán
y el camino de la revolución colombiana, Bogotá, 1955, pág. 35. (Regresar 9)
(10)
Gerardo Molina, Las
ideas liberales en Colombia, Bogotá, 1974, t. II, pág. 13. (Regresar
a 10)
(11)
Robert H. Dix,
Colombia:The Political Dimension of change, Nueva Haven, 1967, pág. 78. (Regresar a 11)
(12)
Milton Puentes, Historia
del partido liberal colombiano, 2a. edic., Bogotá, 196!, pág. 564. (Regresar
a 12)
(13)
Jesús María Henao y
Gerardo Arrubla, Historia de Colombia, 8a. edic., Bogotá, 1967, págs. 838-839.
Esta obra constituye el texto más corriente sobre historia de Colombia. Es interesante
anotar que los autores omiten toda referencia al affaire Arauca, así
como a la situación conflictiva que enfrentó Concha a causa de las grandes huelgas de
los obreros portuarios y del transporte en la costa caribe, que registra Miguel Urrutia en
The Development of the Colombia Labor Movement, Nueva Haven, 1969. Actitudes
igualmente complacientes con el gobierno de Concha se pueden encontrar en Milton Puentes, op.
cit., pág. 564-566, y en Guillermo González Brum, Gobernantes de Colombia, Bogotá,
1936, pág. 193. (Regresar a 13)
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