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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
19, Volumen XXVI, 1989
A la vuelta de la
calle
Informe
Omar Castillo
Ediciones Otras Palabras, Medellín, 1987
La experimentación con
el lenguaje forma hoy parte no sólo de la expresión sino de la experiencia poética, del
enfrentarse al lector tanto por el tema como por las figuras estilísticas:
ordenación de la frase o descomposición del verso, disolución de la sintaxis, etc. El
poema no corresponde ya al concepto tradicional de poesía, no responde al sentimiento
ayer calificado de poético. Esto, a propósito de un libro: Informe.
Informe, de Omar
Castillo, es, sin duda, un libro que detiene al lector, como una voz de alarma, como un
expediente, como una reacción o un rechazo frente a algo o de algo Aludamos, primero, a
la edición, que lleva el sello de Otras Palabras, de Medellín, fechado en 1987,
provocadoramente simple, luego hermosa (y tal vez quiera ser hermética). Una fotografía
y unas palabras liminares de Amílcar Osorio acercarían al autor a un nadaísmo que se
empeña en vivir cuando la vida y la sensibilidad de la época lo han dejado atrás. En la
historia de nuestros movimientos poéticos, ser nadaísta hoy (y justamente por lo que un
día significó) es carecer de elemental lucidez. Acompañan también la edición un
envío firmado por Luis Iván Bedoya, una bibliografía (como se usó en ciertos poemas
sajones de comienzos de siglo) y una nota biográfica. Todo ello al lado de unas pocas
páginas, tal vez quince, que entregan el poema fragmentado en once partes.
Es el volumen octavo de
la aludida colección de versos, y en la presentación dice: "El Informe de
Omar Castillo se desliza friamente sobre la superficie de las cosas. La obstinación de su
mirada extraña enteramente, la ilusión de referencias más allá o más acá de las
cosas primarias que violentan una existencia suspendida en el abismo de la
ciudad". En estas líneas hay dos palabras explicativas: frialdad y abismo, que
hablan de la actitud del poeta y del estado del espíritu al crear o componer.
Entonces, dos apuntes
primeros: los temas y el lenguaje. En cuanto a lo primero, es un libro vuelto hacia
el absurdo de las calles, a la destrucción de la vida en la selva de cemento y cristal, a
las naturalezas muertas (como en la ilustración), a la áspera experiencia del caos y del
dolor: "La condición de estos textos se transmite directa y desnudamente, como una
estrategia de expansión o realización en varias formas del puro añade la
"presentación" y simple título: Informe".
Y en cuanto a lo segundo,
el laconismo, no la alusión sino el eludir. Los versos apenas enuncian, describen,
valiéndose del recurso de la sucesión o superposición de imágenes:
Escultura arrojada en
hierro y
concreto deteriorando
Nombres y direcciones inscritos
afanosamente
A punta de navajazos
inexpertos y endebles
Transcurre
El taxi la avenida
Edificio pierde pisos
en su retrovisor
Incompleto
Vira dejándose intacto
Son los objetos vacíos,
los seres cotidianos, los actos anodinos, los sucesos sórdicos a fuer de ser triviales.
El poema increpa y abandona a un mismo tiempo, denuncia y olvida o entrega y rechaza
invariablemente bajo un signo doloroso:
Monedas ponen en
funcionamiento la máquina
Si se es experto oprimiendo
Los objetivos
son derribados vistos
En la pantalla
De lo contrario
se repite la acción
Agotar la moneda
Sise quiere repetir hasta alcanzar
Objetivos que vistos y
Si se quiere ser experto
Espichando saltarán en fragmentos
Y vuelva que ha ganado
El derecho a repetir
Una y otra vez
Como si el casete no se agotara
Dejando el índice suspendido en la explosión.
Esta máquina, que bien
puede estar en Madrid o en Bogotá, es una gran parábola o una gran metáfora de la vida
que se ha entregado a la inexistencia, que se hace vida en cuanto deja de lado la vida,
acusándola péro sin enjuiciarla, pues se carece de fuerza para ello. Aunque, por
supuesto, según la forma casi jeroglífica de la composición, también hay alusiones:
Al mismo
tiempo
Vórtices
Diáspora
Usura geométrica
Tejados
Oficina de correos
Aire acondicionado
Salario mínimo
Las vanguardias llegaron
al letrismo, y la disolución del poema llegó hasta el silencio, en la idea de un
poema pulverizado que acaba también con la mirada que contempla (pues termina
contemplándose a sí misma sin dirección ninguna) y el objeto de contemplación. Aunque,
diríase, que los poemas como necesitados buscan no un lector que los lea sino que
averigtie quién es el que los ha escrito. Imaginamos, en el caso de alguna tradición,
que algo hay de Trilce o de la conocida antipoesía, que resulta, ésta última, un
escondite ante el olvido de lo que es composición. ¿Será así y, en lugar de ella, se
echa mano de lo que llamaríase una invención? No se puede saber, aunque se nos
asegura que: "Todo el libro está construido como un sólido reporte, en el cual cada
parte es una cuidada pieza de una máquina polifónica, en la que se ignoran o
se borran irónicamente, todas las señales de la repetida e insoportable cacofonía de
la interioridad Esta afirmación es, obviamente, incomprensible, yjustamente por
ser interior. Nada dentro y nada afuera, diríamos, concluyendo.
Pero hay datos que valen;
Omar Castillo nació en 1958, en Medellín, y lo persiguen algunos lebreles o libros:
Garra de gorrión, de
1980; Fundación y rupturas, de 1985; Relatos del mundo o la mariposa
incendiada, de 1985; Limaduras del Sol, con el sorprendente añadido de dos
ediciones, en 1983 y 1986. Los "informes", por ley, son escuetos, y ocultan más
de lo que dicen o dicen sólo lo que no puede ocultarse. Vendría este informe de la
tradición clásica del hombre dividido (clásica dentro de la modernidad), la de los
hombres huecos, contra quienes se ha vuelto todo cuanto de sus manos ha salido y para
quienes el paisaje trazado por su propio corazón es una fantasmagoría que toca en el
delirio.
Pero la validez de la
expresión está en su necesidad, e inevitablemente viene a mi memoria aquel acto de Luis
Cernuda, cuando no llevó a libro algunos de sus primeros poemas por calificarlos de
"ingeniosos".
JAIME GARCÍA MAFFLA
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