Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 19, Volumen XXVI, 1989


El testigo y el autor


Diez dias de poder popular
Apolinar Díaz Callejas
Ediciones Fescol-El Labrador, Bogotá, 1988,
225 págs.

Sale a la luz pública un nuevo libro sobre los sucesos del 9 de abril de 1948 en Barrancabermeja. El escritor es nada menos que uno de los testigos presenciales de tales hechos. El texto consta de tres grandes secciones desigualmente construidas.

La primera parte intenta dar el contexto de dichos sucesos: Gaitán, Barrancabermeja y algo del bogo-tazo. Es la sección que más deja insatisfecho al lector. Hay una repetición de lugares comunes que no van más allá de los trabajos periodísticos de Arturo Alape. En el tratamiento de la personalidad de Gaitán no se revisa bibliografia reciente, como el libro de Herbert Braun (Mataron a Gaitán, 1987). El avezado político que es Apolinar Díaz Callejas enuncia categorías interpretativas como aquella de "cultura" revolucionaria (hipotéticamente, la cultura barranqueña así se definiría). A lo largo del capítulo segundo no se profundiza en la categoría, y en el tercero se ilustra con referencias a grupos culturales de la elite barranqueña y a poetas que pasaron por el puerto.

Pero la falla más protuberante de la primera parte, y en general del libro, es la desorganización en la exposición. Además de la repetición de lugares comunes, ya señalada, y de ciertos retozos autobiográficos, que interrumpen el argumento, no se percibe un claro esquema expositivo. El autor reconoce en parte esta falla (pág. 65) señalando diferencia de estilos. El valor testimonial del escrito disculpa esta limitación, que es donde más claramente se advierte la falta de familiaridad de Díaz Callejas con el oficio del historiador.

Sin embargo, no todo el balance en esta primera parte es negativo. El autor hace interesantes denuncias sobre el comportamiento de las elites colombianas: la cultura de la violencia que han contribuido a crear; el escándalo hipócrita con la barbarie del pueblo; el permanente recurso a la violencia para dirimir conflictos, y la búsqueda de "chivos expiatorios" para diluir responsabilidades (el comunismo, para los sucesos del 9 de abril). Otro gran acierto de la primera parte es el capítulo 4o., en donde se relaciona la huelga de enero del 48 con los posteriores hechos de abril. Aunque esta relación flotaba en los textos anteriores sobre el tema, es realmente éste el primero en el que explícitamente se trabajan en detalle las continuidades, y discontinuidades, entre los dos eventos. Finalmente, llamar la atención sobre los sucesos de Barrancabermeja es ya un logro en sí que contribuye a enriquecer el conocimiento histórico y supera la visión centralista del 9 de abril como "bogotazo".

En la segunda parte se toca el núcleo del texto: los hechos del 9 de abril en Barrancabermeja y su especial resitencia durante diez días, que en la práctica se prolongó unos cuantos más. El valor testimonial de esta sección casi que justifica el libro. Hay información nueva, tanto del testigo-autor como de otros protagonistas. La recopilación de noticias de periódicos, así como los análisis personales, sobre el consejo de guerra que se les siguió a los dirigentes barranqueños, es además otro aporte nuevo.

Esta segunda sección contiene también denuncias importantes sobre el papel de los pactos bipartidistas y el incumplimiento de lo pactado entre el gobierno y laJunta Revolucionaria de Barrancabermeja. Los análisis sobre el trípode del poder popular (que a veces se designa como obrero) —es decir junta, alcalde y obreros organizados—, así como sobre el aislamiento de Barrancabermeja y la inevitabilidad de lo sucedido, son altamente esclarecedores para los estudiosos de la historia del país. Todo ello está acompañado por una buena selección de fotos que ilustran el discurso del texto.

En la tercera y última parte, Apolinar Díaz Callej as vuelve nuevamente al panorama amplio de los sucesos nueveabrileños. Apoyándose en documentos diplomáticos estadounidenses, analiza la Conferencia Panamericana que se celebraba por esos días en la capital, y desmonta el mito del complot "comunista" con el que norteamericanos, dirigentes de los partidos tradicionales y la gran prensa quisieron explicar lo sucedido en aquel abril de 1948.

Las reflexiones finales son casi las mismas que se han hecho a lo largo del texto y en parte señalan nuevas problemáticas para profundizar.

Para concluir, se puede decir que con Diez días de poder popular se avanza mucho en conocimiento de nuevas fuentes y testimonios, pero poco en cuanto a la interpretación de conjunto sobre los sucesos del 9 de abril, incluso de los de Barrancabermeja. En ese sentido, lo que allí ocurrió sigue siendo algo desconocido para muchos colombianos, aunque es necesario reconocer el mérito de Díaz Callejas al descorrer en algo el velo del misterio.

MAURICIO ARCHILA NEIRA