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Boletín Cultural y Bibliográfico
, Número 19, Volumen
XXVI, 1989
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La Catedral de Quibdó en el atardecer
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San Francisco de Asís o la poesía de
la calle
William villa rivera
LAS VOCES DEL
PASADO
ES LA NOCHE del 3
de septiembre. En la tarde ha llovido e inmesas nubes permanecen suspendidas encima de la
ciudad. Ya las golondrinas han llegado para posarse en las cuerdas del fluido eléctrico
que rodean el parque y la catedral. A lo lejos, en los barrios, comienzan a sonar los
voladores. La calle que corre paralela al río Atrato y el parque Centenario situado al
frente de la catedral, son el punto de encuentro de las gentes que desde los confines de
la ciudad llegan hasta allí.
Por oleadas irrumpen los
grupos de los distintos barrios. Suena la tambora, las chirimías reclaman los cuerpos
para la danza, clarinete y pólvora quieren ser invitación para iniciar la fiesta, grito
y gesto quieren ser el lenguaje que les pertenece. Un canturreo interminable es la voz de
la multitud y hacia las diez de la noche son varios miles los que allí se congregan.
El
calor húmedo del ambiente se torna en goce que produce el roce indefinido de los cuerpos,
aquí y allá se forman los círculos de bailadores, los cuerpos se juntan, se arremolinan
creando zonas cálidas. Grupos de jóvenes se disponen en líneas y, tomados por la
cintura, danzan como una culebra que penetra la multitud. Una fórmula única se descubre
en la manera como se realiza el acompañamiento para la danza; como en Africa
1
,
consta
de tres elementos: el grupo musical, que para el Chocó tiene su mejor
expresión en la chirimía; el solista, que alterna con el coro, y la concurrencia, que en
su danza se acompaña con batir de palmas y gritos.
El barrio se constituye
en el segmento que permite diferenciar a los individuos allí reunidos, y el solista, en
su juego. con el coro, debe hacer resaltar esas diferencias. El nombre del barrio se
repite incesantemente y se torna en acompañamiento para la danza. Los córos no dejan de
repetir que el barrio al cual se pertenece es el más alegre, el más importante y el que
realmente goza la fiesta:
Si a la calle no
salimos
todo el mundo se va a lamentar
2
Noche imaginaria, que
pone en comunicación todos los cuerpos y busca integrar los territorios reales que tienen
su referencia en los barrios, pero que también establece el puente necesario con las
voces del pasado portadoras de identidad para el grupo.
No es suficiente con
llegar hasta la carrera primera para anunciar el comienzo de la fiesta. La alegría nacida
en el centro debe penetrar todos los rincones de la urbe, y en grupo se van a recorrerla.
La multitud, a su paso por los barrios, involucra a todos aquellos que habían renunciado
a ir a los alrededores de la catedral. La imagen circular que las gentes van describiendo
en su recorrido por los barrios, es enunciación de la fórmula que, de forma reiterativa,
en los días posteriores ha de repetirse en el sinnúmero de acontecimientos propios de la
fiesta. Ha pasado la medianoche, y las nubes que estaban esperando se desgranan de manera
torrencial, pero el aguacero también ha sido asumido como componente necesario de la
fiesta y se forman los coros que acompañan su danza con el estribillo que dice:
"este es el aguacero que no ha de faltar".
¿Cuál es la razón para
que todos esos bailadores recorran las calles? ¿Qué vienen a buscar en el sitio donde se
reúnen? El pretexto es celebrar al santo patrono de la ciudad: san Francisco de Asís
san Pacho, como en Quibdó se le llama. En esa noche no habrá calma, aún no
es tiempo para la oración y el santo permanece encerrado en la iglesia para dejar que los
hombres jueguen sin conocer límite. San Francisco de Asís, que enseñó la paciencia
como virtud, se dedica a esperar; sabe que un mes después, el 4 de octubre, todos esos
bailadores recorrerán las mismas calles y alrededor de él se recogerán, poseídos de la
beatitud extrema.
En las fiestas de san
Francisco de Asís, como en todas las fiestas que se celebran a diversos santos por los
ríos y poblados del Chocó, en apariencia es el contexto católico el que determina la
lógica e intencionalidad del rito. La realidad es que durante la fiesta, tanto en el
espacio como en el tiempo, se alternan series de acontecimientos de distinta naturaleza.
Nina S. de Friedemann, en su estudio sobre la religiosidad en comunidades negras de la
región de Barbacoas, llama la atención acerca de dos formas de contextos religiosos que
se alternan en el ritual:
[...] una de las
cuales se desenvuelve guiada por el sacerdote dentro de la estructura flsica de la iglesia
[...] la otra forma de contexto religioso de desarrolla independiente de la
autoridad sacerdotal, fuera de la estructura flsica del templo, pero alrededor de un buen
número de símbolos católicos...
3
La manera como las gentes
de Quibdó asumen la danza en la noche del 3 de septiembre permite que la colectividad
transite un espacio libre de todo poder institucional. La multitud que canta y baila en la
calle no reconoce poder alguno del sacerdote en ese espacio y en ese día. Evidenciar la
existencia y función del contexto religioso independiente donde la comunidad le imprime
una dinámica particular al ritual, muchas veces antagónica con la racionalidad
católica, ha de permitir descubrir aquello que las sociedades negras del Pacífico, en su
evolución cultural y en el contacto con otras culturas, han preservado como territorio
donde su propia identidad se revela.
La historia
cultural de las sociedades negras en América enseña sobre el papel preponderante que
desempeñó la religión, verdadero baluarte desde donde las comunidades enfrentaron la
continua amenaza de destrucción física y espiritual
4
. Al
decir de Manuel Zapata Olivella, los santos fueron de los mejores aliados para lo negros
durante la colonia y aun después de la independencia
5
. La
sociedad colonial tendía a reprimir las reuniones de los esclavos y
sobre todo sus bailes y prácticas en que se manifestaran los contenidos del ritual
africano, pero igualmente propiciaba momentos de fiesta donde se liberaban las tensiones
entre las etnias, se permitía el encuentro de la comunidad y la expresión de ciertas
formas culturales anteriores a la condición de sujeción
6
Estos momentos de fiesta
tenían siempre como motivo la celebración a los santos.
Si bien en los ritos que
se observan en la región del Pacífico no persistieron, como en otras comarcas de
América, los sistemas religiosos de origen africano, en la forma como se alternan los dos
tipos de contextos religiosos se ha de percibir aquello que es específico del ritual. La
máscara sonriente de la fiesta se desdobla para enseñar sobre la contradicción que la
alimenta: los protagonistas son el misionero y la etnia negra. El misionero se expresa y
un momento tenso se experimenta; depositario del lenguaje de la dominación, ha querido
constreñir el cuerpo del negro en sus manifestaciones. La etnia negra posee alegría
infinita, y con sus acciones concurre a moldear la fiesta en el lenguaje que la liga con
sus antepasados. Al final, el misionero y la etnia negra se miran a través del santo;
producto cultural nuevo es el que están prontos a descubrir, yen el discurrir de la
fiesta encontrarán, tanto en el espacio como en el tiempo, la posibilidad de actualizar
sus lenguajes de origen.
Preciso es retornar
a la calle, donde la alegría se va dispersando por toda la ciudad; en los barrios se va
quedando la gente y el amanecer parece irreal. La noche ha permitido a los afrochocoanos
penetrar al espacio donde los fragmentos de una memoria colectiva disgregada esperan la
gramática que les de sentido; tal posibilidad la instauran la música y la danza, como
formas de lenguaje anteriores a toda condición de sujeción. El cuerpo errante de los
bailadores recorre un camino que lleva al encuentro de un lenguaje arcaico, evocación
muscular que busca actualizar los acontecimientos donde el grupo se experimenta en estado
de libertad; momento de trance donde la colectividad descubre en el
gesto las unidades básicas para la producción de la significación.
7
.
El ciclo festivo
alrededor de san Francisco de Asís se inicia el 20 de agosto y termina el 5 de octubre.
El 3 de septiembre no es sino la culminación de una serie de alboradas realizadas por
cada barrio. Desde el 20 de agosto hasta el 2 de septiembre, cada barrio participante en
la fiesta realiza su alborada correspondiente, y de ese modo anuncian que un mes después
saldrán por las calles en su día de fiesta. La complejidad de la fiesta y el sinnúmero
de actos que la configuran, determina que la mayoría de la población deba participar en
su organización.
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"San Francisco de
Asís permanece en la Iglesia"
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CONTINUAR
1
Isabel Aretz, "Música y danza (América
Latina Continental, excepto Brasil)", en Manuel Moreno Fraginals (relator), Africa
en América Latina. México, Siglo XXI Unesco, 1977, pág. 246. (regresar1)
2
Aparte de uno de los tantos coros que cantan los
barrios. Fiesta de 1982. (regresar2)
3 Nina S. de
Friedemann, "Con textos religiosos de un área negra de Barbacoas (Nari6o,
Colombia", en Revista Colombiana de Folclor, Bogotá, vol. IV, núm. 5, 1966,
pág. 64. (regresar3)
4 Juana Elbein dos Santos
y Deoscoredes Maximiliano dos Santos "Religión y cultura negra", en Moreno
Fraginals, op. cit.. pág. 115.(regresar4)
5
Manuel Zapata O., seminario "Religiosidad
atroamericana", Bogotá, 1983. (regresar5)
6
Roger Bastide, Las Américas negras, Madrid,
Alianza Editorial, 1969. (regresar6)
7
Jean Duvignaud. Elsacrificio inútil, México,
Fondo de Cultura Económica, 1979, págs. 27-44; Roger Bastide, El sueño, el trance y la
locura, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1976, pág. 67. (regresar7)
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