Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 19, Volumen XXVI, 1989

A propósito de una reedición


Una nueva lectura
Soledad Acosta de Samper
Ediciones Fondo Cultural Cafetero,
Bogotá, 1988

Soledad Acosta de Samper (1833-1913) fue, sin duda alguna, la escritora e historiadora colombiana más importante del siglo XIX. Sin embargo, su extensa y variada producción es hoy en día casi desconocida, debido al desprestigio en que cayó la historía narrativa por ella cultivada y a la dificultad que existe para conseguir gran parte de sus obras. Después de la muerte de la autora sólo se han reeditado una de sus novelas históricas: Los piratas de Cartagena (Bogotá, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, 1946), sus biografías de Colón y Quesada: El Descubrimiento y el Fundador (Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1971) y una narración breve: Luz y sombra. Cuadros de la vida de una coqueta (Bogotá, Biblioteca Aldeana de Colombia, 1936). De allí la importancia de la reedición de algunas de sus novelas y cuentos hecha el año pasado por el Fondo Cultural Cafetero.

Los editores de este libro seleccionaron, entre la vasta obra de la autora, textos de ficción, por considerar “que en ellos se aborda con mayor libertad y variedad de matices los temas que fueron principal objeto de su atención: la situación de la mujer, las costumbres y la historia 1 .

La mayor parte de los relatos incluidos en esta edición pertenecen a la primera etapa de la producción de la autora y fueron compilados por ella en el libro Novelas y cuadros de la vida suramericana, impreso en Gante en 1869. El objeto de doña Soledad, al escribir estas novelas sobre tipos femeninos, fue moralizar, instruir y educar. Rechazaba la influencia del naturalismo francés, en boga por ese entonces, pues al estudiar pasiones y crímenes, en lugar de corregir y moralizar, servía para propagar el mal 2.

La obra Un chistoso de aldea. Cuadros de costumbres, incluida en la selección, es una novela histórica, género literario profusamente cultivado por la autora. Para ella, escribir acerca de un acontecimiento en forma novelada tenía por objeto hacer accesible a todos los públicos la historia de Colombia 3.

Estas narraciones constituyen, sin duda, una fuente para el conocimiento de la sociedad colombiana del siglo XIX, en especial de la región centrooriental, en la cual residió la escritora. Las descripciones sobre costumbres, como paseos por el campo, fiestas populares, bailes, comidas, tanto en Bogotá como en la zona de Guaduas, sitios donde transcurren la mayoría de los relatos, son un testimonio sobre el ambiente social de la época.

A lo largo de estos textos literarios están presentes las ideas sobre la providencia, la civilización, el pueblo, la revolución y las mujeres, que caracterizaron a la autora. Para analizar este aspecto, es importante tener en cuenta que la obra de doña Soledad fue escrita desde una perspectiva conservadora y católica. 

En sus novelas, al igual que en sus biografias de hombres ilustres de la conquista y de la independencia, está presente la idea de que el destino de los hombres se halla en manos de la “divina providencia”, de quien éstos son simples instrumentos inconscientes. Dios es la causa última y principal de los sucesos, sólo él conoce el porqué de muchos acontecimientos. De las novelas reeditadas, es tal vez en Dolores. Cuadros de la vida de una mujer en la que encontramos este pensamiento más claramente expresado. Allí, la protagonista, enferma de lepra, trata en vano de buscar una explicación a su situación y reflexiona sobre los designios de la providencia:

Otras veces mi alma se rebela, no puede creer en que un Dios me haga sufrir tanto, y en mí rebeldía niego su existencia: después... me humillo, me prosterno y caigo en una adoración sin fin ante el Ser Supremo 4.

En sus narraciones sobre vidas de mujeres está presente la noción de que Dios castiga a los que le faltan al respeto y le desobedecen, mientras que premia las buenas obras 5.

Otros conceptos que aparecen en forma reiterada en la obra de Soledad Acosta son los de civilización y barbarie. Siguiendo los pasos de buena parte de los escritores hispanoa­mericanos del siglo XIX, sus relatos contienen una crítica de las costumbres imperantes, sobre todo las presentes en el medio rural. La imagen de un mundo poco civilizado se expresa mediante descripciones como ésta:

La casa cural de la aldea de ** era la única habitación un tanto civilizada que se encontraban en aquellas comarcas 6.

La noción de barbarie se halla en esta autora íntimamente ligada auna visión profundamente negativa del pueblo.

Este era considerado como “indómito, inobediente, propenso a la anarquía, el desorden en todo tiempo y lugar y a un descontento general e incurable” 7 .

La descripción que de los sucesos del 20 de julio de 1810 hace doña Soledad en el relato Un chistoso de aldea. Cüadros de costumbres es muy ilustrativa a este respecto:

Pero el pueblo soberano no estaba satisfecho con un papel secundario, necesitaba hacer algo, menearse, alborotar, que le sintieran de alguna manera; así fue que apoco volvióse a llenar la plaza de gente, de bote a bote, y como los nuevos soberanos no tenían nada que hacer, empezaron a gritar de nuevo que se castigase a los tiranos. Acababan los santafereños de aprender esa palabra y ya la usaban sin cesar y la aplicaban a troche y moche. Desde entonces hasta el día de hoy elpueblo ha llamado tirano a todo jefe de partido o gobernante, y no hay un solo personaje político de la República que no se haya oído llamar así por sus adversarios 8 .

En sus juicios sobre los acontecimientos y personajes, se muestra partidaria de la defensa “del orden y las leyes”, posición que liga a una crítica de la revuelta como medio de obtener el poder. En la novela breve citada, Un chistoso de aldea, el protagonista se desencanta de la revolución al ver el tratamiento que el pueblo de Bogotá dio a la virreina en 1810:

Aquella escena desengañó un tanto a Justo de lo que eran las revoluciones; declaró que bueno era derrocar gobiernos y echar vivas y mueras en calles y plazas públicas, pero cuando se trataba de desfogar la ira contra mujeres indefensas la cosa cambiaba 9 .

En la obra de Soledad Acosta de Samper sobresale su interés por el papel que la mujer debía cumplir en la construcción de la sociedad moderna. Su posición, aunque innovadora en unos aspectos, en otros continúa la tradición decimonónica.

Su opinión sobre la necesidad de que la mujer estudiara alguna profesión y trabajara, rompía con los cánones vigentes en la época, que circunscribían su labor a las actividades del hogar. Para ella, era indispensable revisar la concepción que iluminaba la educación femenina, pues partía del supuesto de “que la única misión de la mujer es la de mujer casada” 10

No obstante la revalorización que hace del papel de la mujer, subyace en su obra la idea de que la mujer estaba destinada al sufrimiento y era incapaz de sobreponerse al destino:

La vida de la mujer es un sufrimiento diario; pero éste se compensa en la niñez con el candor que hace olvidar; en la adolescencia, con la poesía que todo lo embellece; en la juventud, con el amor que consuela; en la vejez con la resignación. Mas sucede que la naturaleza invierte sus leyes, y se ven niñas que comprenden, adolescentes que aman, jóvenes que vegetan y ancianas que sueñan 11 .

Gran parte de sus heroínas, siguiendo los parámetros del género literario de la tragedia, entran en contradicción con la sociedad y al final sucumben, víctimas de las circunstancias que las rodean 12 , Sin embargo, en otros casos dibuja personalidades que subvierten el eterno drama femenino 13.

Por esta novedosa posición sobre el papel de la mujer, en los últimos años la obra literaria de Soledad Acosta de Samper ha empezado a ser analizada por autores como Montserrat Ordóñez, Gilberto Gómez Ocampo, Flor María Rodríguez-Arena y Lucía Guerra Cunningham 14 . Fruto de esta “nueva lectura” de sus novelas femeninas es la reedición que reseño. Su trabajo histórico no ha despertado igual interés por parte de los críticos. Fuera de los escritos que sobre su vida y obra hizo hace ya bastante tiempo Gustavo Otero Muñoz y del trabajo de Harold E. Hinds, esta faceta de su producción permanece inexplorada 15. En mi opinión, algunas de sus biografías de hombres ilustres deben también ser releídas. De ellas sería deseable que se reeditara la Biografía del general Joaquín A costa, prócer de la Independencia, historiador, geógrafo, hombre cient í fico y filántropo, por ser la única obra que doña Soledad escribió con base en fuentes documentales inéditas. El vínculo filial con el personaje estudiado le permitió tener acceso a diarios de viajes y correspondencia, basándose en los cuales elaboró una rica descripción del ambiente político, social y cultural de la Nueva Granada durante la primera mitad del siglo XIX.  Además, las referencias y las largas estadías de Acosta en Europa, recreadas a partir de los diarios, permiten ver el tipo de lazos que en ese período se estableció entre los intelectuales hispanoamericanos y los europeos.

Desde diversos puntos de vista, la obra de doña Soledad merece una relectura.

BEATRIZ PATIÑO

 

1 Soledad, Acosta de Samper, Una nueva lectura, Bogotá, Ediciones Fondo Cultural Cafetero, 1988, pág. 7. (regresar1)

2 Soledad, Acosta de Samper, La mujer en la sociedad moderna, París, Casa Editorial Ganier Hermanos, 1985, págs. 407, 408. (regresar2)

3 Ibíd, pág. 192, 286 y 349. (regresar3)

4 Soledad Acosta de Samper, Una nueva lectura, pág. 84. (regresar4)

5 Ibíd.. págs. 174 y 213. (regresar5) 

6 Ibíd., pág. 130; Germán Colmenares, Las convenciones contra la cultura. Ensayo sobre la historiografla hispanoamericana de siglo XIX, Universidad del Valle, 1986, págs. 57-58 y 60. (regresar6)

7 Soledad Acosta de Samper, Biograf í a del general Antonio Nariño, Pasto, Imprenta del Departamento, 1910, pág. 108. (regresar7) 

8 Soledad Acosta de Samper, Una nueva lectura, pág. 263. (regresar8)

9 Ibíd., pág. 266. (regresar9)

10 Soledad Acosta de Samper, La mujer en la sociedad moderna. págs. VIII-IX. (regresra10)

11   Soledad Acosta de Samper, Una nueva lectura, págs. 128, 129. (regresar11) 

12 Hayden White, Metahistory. The Historical lmagination in Nineteenth Century Europe, Baltimore-Londres, 1973, pág. 9. (regresar12)

13 Montserrat Ordóñez, “Soledad Acosta de Samper. Una nueva lectura”, en Una nueva lectura,
pág. 21. (regresar13)

14   Ibíd., págs. 11 a 24; Gilbero Gómez Ocampo, Entre María y La Vorágine. La literatura colombianaflnisecular (1886-1903), Bogotá, Ediciones Fondo Cultural Cafetero, 1988; Flor Maria Rodríguez-Arenas, Mujer, tradición y novela en el siglo XIX: Soledad Acosta de Samper, de próxima publicación; Lucía Guerra Cunningham, “La modalidad hermética de la subjetividad romántica en la narrativa de Soledad Acosta de Samper”, en Una nueva lectura, págs. 353 a 367. (regresar14)

15 Gustavo Otero Muñoz, “Doña Soledad Acosta de Samper”, en Boletín de Historía y Antigüedades, núm. 229, 1933, y núm. 271, 1937; Harold E. Hinds, “Life and Early Literary Career of the Nineteenth-Century Colombian Writer Soledad Acosta de Samper”, en Latin American Literary Review of Pittsburgh, 1977. (regresar15)

16  Soledad Acosta de Sampcr, Biografla del general Joaquín Acosta. prócer de la Inde­pendencia. historiador, geógrafo, hombre cient(fico y jildntropo. Bogotá, Librería Colombiana Camacho Roldán y Tamayo, 1901. (regresar16)