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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
19, Volumen XXVI, 1989
Lo que mira, lo que dice
y lo que desdice
el
Papel Periódico de la Ciudad
de Santafé de Bogotá
Prensa
y revolución a finales del siglo XVIII.
Contribución a un análisis de la formación de
la ideología de la independencia nacional
Renan Silva
Banco
de la República, Bogotá, 1988,
188 págs.
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A pesar de ser punto de
referencia obligado para muchas búsquedas intelectuales en el campo de las ciencias
sociales, el papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá no había sido objeto de
una lectura orientada y analítica, como la define el propio autor del ensayo que aquí se
reseña. La tarea impuesta es analizar la mayor y más duradera publicación periódica de
la época colonial, como una de las varias superficies de emergencia y
formación de la ideología de la Independencia. El semanario 265 números
publicados entre 1791 y 1797 es caracterizado como un papel periódico
[...]
digno de una ciudad ilustrada
[...]
considerando que la de Santafé
de Bogotá, como corte de un reyno tan dilatado, exigía muy dejusticia un escrito que
circulase por sus Provincias. Sin embargo, su destinatario privilegiado, designado
con el nombre de el público, no es otro que la minoría alfabetizada con la
cual establece una relación activa de lectura colectiva, debate, crítica y escritura.
Renán Silva muestra cómo el Papel Periódico
creó un espacio para la circulación del saber, en el cual la difusión de las naciones
europeas sobre economía (recursos, población y actividades) se combinó en mayor o menor
grado, implícita o explícitamente, con la elaboración de temas referentes al virreinato
y a la política imperial de la corona española.
Situado en el clima intelectual y cultural de
fines del siglo XVIII, el Papel Periódico aparece como uno de los instrumentos más
importantes, si no el más, en la tarea de dar nuevo significado a las nociones que nutren
la imagen que de sí misma tiene la sociedad colonial. La crítica a las
preocupacionessobre la limpieza de sangre y la exaltación del valor del trabajo abren el
camino, en primer lugar, ala noción de nobleza del espíritu, referida al interés por el
saber y el bien común y, en segundo lugar, a la condena de la mendicidad y la limosna, a
las que contrapone la actitud positiva ante el trabajo y su virtud redentora.
En el campo de la cultura, y específicamente en
el de la educación, el semanario apoyó la renovación curricular, haciendo eco y
estimulando al movimiento iniciado desde los años sesenta contra la
peripatética y en pro de los conocimientos útiles. Menos rico resulta su
aporte a la política, al concentrar sus esfuerzos en combatir el fantasma de la
Revolución Francesa. Ambos campos, sin embargo, la política y la cultura, son entendidos
en su más estrecha acepción, tanto en el Papel Periódico como en el ensayo que
reseñamos.
Con este análisis, el autor se aleja consciente e
insistentemente de la concepción difusionista que ha hecho de la historia de las ideas la
práctica de rastrear influencias y, en cambio, recupera para ella el análisis semántico
y, con él, un terreno fértil e ineludible para quien pretenda ceñirse a la disciplina
del contexto histórico. Por otro lado, el trabajo se ocupa de ciertos interrogantes
característicos de la sociología histórica, interrogantes que era necesario formular, y
en cierto sentido el rigor de su análisis y la exclusividad de su fuente nos recuerdan la
metodología del estudio de caso. Sin embargo, Silva no reduce las relaciones a esquemas
sino que, separándose de ellos, se pregunta cómo la economía, la sociedad, la política
y la cultura son vistas y nombradas por el Papel Periódico, en un momento de
crisis del orden en general.
Hay una virtud más en este trabajo. Su renuencia,
al evaluar el papel desempeñado por el semanario en el proceso de independencia, a pasar
de la evidente fascinación por el tema a la prosa apologética.
Aunque el autor justifica satisfactoriamente su
opción por una fuente exclusiva, no se nos deben escapar las posibilidades que abriría
el poner al Papel Periódico en relación con otros textos, dejando de lado, por implicar
una tarea diferente, la puesta en relación con otras actividades y realidades.
Por ejemplo, el Papel Periódico tuvo una virtud
política que, me parece, ha podido ser más explícitamente destacada. Al igual que los
posteriores Correo Curioso y Mercantil y Semanario de la Nueva Granada, aunque como
precursor y en mayor medida, el periódico de Manuel del Socorro Rodríguez contribuyó a
crear una noción de comunidad imaginada eñtre los neogranadinos, una visión
de sí mismos como entidad distinguible, enlazada con la de un futuro próspero y feliz,
el cual podía ser construido. Ellos, en conjunto y conjugados con la experiencia de la
Expedición Botánica, las sociedades patrióticas y las tertulias, también agrietaron la
mentalidad de resignación y milagro, formularon en diferentes grados y sentidos la
necesidad de acción transformadora y propusieron una noción distinta de patriotismo.
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En segundo lugar, el código de la felicidad, la
prosperidad y la gloria del país como resultado del aumento de la población y del
reconocimiento y la explotación de los recursos naturales (en forma de caminos,
agricultura, industria y comercio) aparecen tempranamente formulados en los informes de
los visitadores y comisionados especiales (Narváez de la Torre, De la Torre y Miranda,
Francisco Silvestre, Mon y Velarde, entre otros), al igual que en los escritos de criollos
como Pedro Fermín de Vargas y en algunos de los informes de Moreno y Escandón. Ellos
resultan coincidentes en algunos puntos, y en otros contradictorios, con la política
neomercantilista de los Borbones. Aunque se inscriben en el cuerpo de nociones circulante,
ninguno de ellos, sin embargo, tiene como interlocutor al público ni dirige a
él su apelación, sino a las autoridades. Esa es su gran diferencia con el Papel
Periódico.
En tercer lugar, el discurso
hiperbólico sobre los recursos naturales del Nuevo Reino de Granada y su consecuentemente
inexplicable atraso, no fue único. Motivado, al menos parcialmente, como estaba, por la
arremetida peyorativa del abate De Pawn sobre la naturaleza de América, tuvo sus
equivalentes, que en algunos casos aun lo superaron, en México, en Quito, en Perú y en
Chile.
Quedaria también lugar para
proponer una lectura comparada con otros periódicos similares de la época en otras
colonias. Por ejemplo con El Mercurio Peruano, con el cual el Papel Periódico Sostuvo
correspondencia y hasta un debate sobre la literatura peruana y la neogranadina, en el que
se exaltaron competitivamente los valores de cada una como los mejores. ¿Se haría en el
Mercurio Peruano la misma tarea de resignificación de nociones y de prefiguración de
futuro?
El trabajo de Renán Silva
constituye un buen lugar de encuentro de la historia y la sociología (y la semántica) y
abre nuevos caminos temáticos y metodológicos.
MARGARTIA GARRIDO
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