Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 19, Volumen XXVI, 1989

Entre el sol y las sombras


Koku-yó, Mensajero del Sol
Leopoldo Berdella de la Espriella
Carlos Valencia Editores, Bogotá, 1988,
78 págs.

Koku-yó es un relato elaborado a la manera de las grandes tradiciones mitológicas que buscan explicación a los fenómenos de la naturaleza, o mejor aún, que poetizan sobre ellos para dar a la realidad, que se percibe caótica, una coherencia y un sentido. En él los habitantes del país de Manaré presencian asombrados la batalla de Pakuné, Señora de las Sombras, contra Koku-yó, Mensajero del Sol, batalla de la cual van sacando conclusiones de carácter ético y normas de comportamiento para la vida cotidiana.

Tinieblas y luz, noche y día, debilidad y fortaleza, son fuerzas, o seres, cuya posición siempre ha preocupado a los hombres; ellos simbolizan la fundamental contradicción entre el bien y el mal, ante la cual, a lo largo de la historia, se han inventado las más variadas respuestas. Para unos se trata de una lucha sin sentido, como la existencia humana; para otros, más épicos, de la confrontación purificadora en la cual triunfará el bien. Para el autor, en cambio, se trata de una lucha entre opuestos que concluye cuando uno de ellos, la noche, descubre la necesidad del otro para existir. No se anula la tensión entre luz y oscuridad, sino que se descubre en ella un equilibrio fundamental. Koku-yó necesita de la noche para brillar, y la noche, a su vez, necesita de la débil luz de éste para manifestarse plenamente. Llegar a este equilibrio no resulta fácil; la noche, en su poder, pretende destruir por muchos medios a estos débiles intrusos; ellos, a pesar de su debilidad, deben cuidar el preciado tesoro del cual son portadores. Resulta particularmente bello el momento en el cual el árbol de Olleto abre sus frutos para tender una cálida trampa a Koku-yó y, al cerrarlos, en vez de extinguirlos termina convertido en luz y comienza a vibrar. Koku-yó es capaz de iluminar todo lo que toca e incluso de convertir en luz a los que pretenden destruirlo.

Formalmente, la obra se encuentra dividida en una serie de relatos cortos que inicialmente presentan los personajes, luego las diferentes confrontaciones entre las dos fuerzas y finalmente la recapitulación en la cual luz y tinieblas son asumidas como facetas de la vida del hombre. La narración es clara y concisa, con economía de personajes y sobriedad en el manejo de los nombres —lo que no sucede con frecuencia cuando se trabaja la mitología con fines literarios—; parece una historia muchas veces contada que, por lo mismo, se va convirtiendo en un relato fundamental, estable y, de cierta manera, cerrado en sí mismo. Un relato que es lugar obligado de referencia para los que habitan el país de Manaré, quienes tienen que labrar un sentido sobre la realidad escabrosa y ambigua que habitan.

Ciertamente, nosotros ya no vivimos el mundo de los hombres primitivos, y nuestra capacidad para percibir los cambios en la naturaleza cada vez es menos capaz de sutilezas —en las ciudades el cielo se oscurece pero la noche parece que nunca llega—. Creemos, incluso, que dominamos la naturaleza, pero la tierra se está desmoronando bajo nuestros pies calzados; inventamos cosas y contemplamos con asombro cómo se nos salen de las manos y nos atacan. Estamos, por lo tanto, en la misma incertidumbre del hombre primitivo y tenemos la misma necesidad de una dimensión de sentido que ilumine nuestras oscuridades. Las preguntas de los hombres primitivos siguen teniendo sentido para nosotros, y Koku-yó, Mensajero del Sol, tiene todavía mucho que enseñarnos.

MANUEL GARNICA MARTÍNEZ