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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
19, Volumen XXVI, 1989
Desde Bolívar hasta Urabá
Don Ismael
y
sus culebras
Ismael Porto
Biblioteca Popular de Urabá, 1988, 84 págs.
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En Don Ismael y sus culebras, publicado dentro de la
colección Biblioteca Popular de Urabá, Ismael Porto (Bocachica, Cartagena, 1942) nos
narra las aventuras de un individuo cuyo destino está estigmatizado, desde el nacimiento,
por una relación bastante cercana con las culebras y, por ende, con la muerte. Enmarcado
dentro de la tradición oral, el libro maneja dos niveles narrativos: por un lado, el
puramente anecdótico; por otro, el simbólico. En este segundo nivel, nos encontramos con
un héroe que ha de ejecutar las más avezadas estrategias para liberarse de su enemigo
atávico, la muerte, en este caso representada por innumerables ofidios que se le
aparecen, amenazantes, en los más inusitados momentos. Los personajes principales del
libro son don Ismael (niño, adolescente y adulto), las culebras (boas, mapanaes,
candelillas, verrugosas, etc.) y los indómitos parajes que recorre el protagonista y que
lo llevan desde Bolívar hasta Urabá. En esta narración hay de todo: historias
divertidas y picarescas, como cuando el pequeño Ismael (Verija Seca) le arranca la toga a
su mentora, la madre Victoria, para verle el cabello, en un arrebato de amor; aventurescas
y espeluznantes, como su encuentro con el doctor Moré, sabio chiflado que vive en una
choza ubicada en las playas aledañas al colegio, donde el personaje pasa su adolescencia;
y alucinantes y míticas, como la descripción del delirio causado por una picadura de
culebra o la ingestión de una pócima que le administra su novia Eneyda como antídoto
contra dichos animales. En medio de un paisaje vivo y palpitante, nuestro héroe nos narra
de manera peculiar y simpática su lucha con los reptiles, su obsesión con ellos y su
triunfo final, no solamente sobre los odiados animales, sino también sobre el destino que
representan. Por supuesto, el relato, como toda pieza de tradición oral que se respete,
está salpicado de hipérboles que, en lugar de desvirtuar la historia, enfatizan su
credibilidad dentro de un contexto mítico, haciéndola divertida y hasta edificante. Don Ismael y sus culebras nos lleva de la mano
hacia la orilla del mar, en una noche pletórica de estrellas en la que escuchamos a un
viejo contar la historia de su vida entre tragos de ron y eternos cigarrillos.
Además de lo planteado antes, Don Ismael y sus culebras sobresale por otras
cuantas cualidades. La transcripción verbatim del lenguaje autóctono de las diferentes
regiones del litoral atlántico le dan al libro un sabor y un color bastante interesantes.
Nos transporta desde Cartagena:
la
verdá que Manita se estaba muriendo... que le pasó a la niña... pero habrase victo
quién e capá e violá a la pelá (pág. 13), hasta Necoclí: levántate,
tómate cuatro huevo sin clara, cómete un plátano asao despuntao y yente que te espero
pabebé (pág. 50), respetando las idiosincrasias propias de sus habitantes
(las variantes lingüísticas) y, a la vez, mostrándonos lo que tienen en común los
diversos pueblos costeños. En el relato de sus aventuras, es posible ver que el autor no
sólo está atrapado en una suerte de simpática ofidiofobia, sino que también es
consciente de los problemas dejusticia, salud y violencia a los que se enfrenta una tierra
que adivinamos por él muy querida. Sin extenderse en detalles que harían virar el foco
de su historia, Ismael Porto denuncia de manera sensible la colonización en Urabá, la
falta de recursos sanitarios y médicos en la zona y la ineficacia de los distintos
gobiernos para resolver éstas y otras dificultades de índole similar. Sin necesidad de
sermones ni arengas religiosas, laicas o políticas, Porto nos sugiere, a través de la
historia misma y la resolución a que se llega en ella, que el principal enemigo que ha de
vencerse es el miedo y que, una vez éste ha sido vencido, podemos continuar resolviendo
los menesteres que la vida nos plantea recurriendo a lo simple, a lo directo y en algunos
casos hasta a lo mágico.
No se podría decir que el libro de Ismael Porto
es una revolución literaria o una obra magna y trascendente. Más bien se trata de un
trabajo sencillo y sin pretensiones que nos arranca sonrisas, risas y hasta risotadas con
su capacidad de captar el espíritu de unas gentes y unos pueblos en los que lo esotérico
se mezcla con lo pagano, lo aventurero con la indigencia material, y lo mágico con una
realidad agreste y difícil, donde, en última instancia, lo más importante es
sobrevivir.
MIRIAM
COTES
BENÍTEZ
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