Boletín Cultural y Bibliográfico. Número16,  Volumen XXV , 1988


Una visión histórica regional


El proceso colonial en el alto Orinoco-Río Negro
(siglos XVI a XVIII)

Mariano Useche Losada
Fundación dc Investigaciones Arqueológicas
Nacionales, Banco de la República, Bogotá,
1987, 208 págs.

La perspectiva regional se ha constituido, sin lugar a dudas, en inquietud principal de las investigaciones planteadas y adelantadas actualmente por las ciencias sociales. Siguiendo esta tendencia, encaminad a a establecer posibles diferencias espacio-temporales, fase obligad a en último término para sustentar con suficientes elementos de juicio la validez de cualquier hipótesis de carácter general, se articula el excelente trabajo de Mariano Useche titulado El proceso colonial en el alto Orinoco-río Negro (siglos XVI a XVIII). El estar estructurada la obra en capítulos cortos—demasiados tal vez—, manteniendo un orden temático y cronológico, permite un acercamiento claro a la problemática planteada, la cual gira alrededor de la expansión del Estado colonial español en la región, a través de sus imbricaciones sociales, políticas y económicas, y su efecto correspondiente sobre los grupos indígenas de la zona.

Este análisis global, circunscrito a la comarca comprendida entre la desembocadura del Meta en el río Orinoco y la del Casiquiare en el río Negro, y puntos adyacentes en sentido latitudinal y longitudinal —delimitación que conlleva una primera superación metodológica, dadas las dificultades que entraña en términos de operatibilidad histórica, el proponer una regionalización fraguada en sus componentes socíopolíticos concretos hasta el siglo XVIII—, enriquece en forma sobresaliente el conocimiento histórico, etnohistórico y etnográfico de la Orinoquia en su fachada oriental, complementando así investigaciones colaterales recientes, tales como la efectuada por la historiadora estadounidense Jane Raush 1

Al resultar demasiado dispendioso entrar a detallar, en esta reseña, cada uno de los capítulos del libro en cuestión, máxime si se considera el volumen de información aportado, nos permitimos hacer resaltar solamente algunos aspectos, que por su importancia, inscrita en el marco teórico seguido por Useche y según nuestro criterio, pueden ser considerados como relevantes desde un punto de vista histórico o historiográfico.

Hacemos referencia al concepto de ‘frontera’ y su aplicabilidad específica, a la actividad misional como parte fundamental de la presencia del Estado español en las zonas consideradas como "subperiféricas", a las repercusiones de la política esclavista sobre la demografía de los grupos nativos y la incidencia sociocultural de este mismo actuar, y finalmente a la geopolítica regional, producto en gran medida de tensiones de mayor amplitud. Aunque cada uno de estos componentes estructurales no son tratados en profundidad por el autor—no es un objetivo especifico dc la investigación—, su sola mención y, en ocasiones, su manejo más o menos extenso tienen el mérito de plantear la posibilidad de estudios complementarios posteriores, que permitan obtener una visión más amplia y fundamentada del devenir histórico de la zona.

Obedeciendo a la propuesta anterior, habría que considerar, en primer lugar, la evolución social, económica y política de la región alto Orinoco-Río Negro (AORN), a partir de los términos y características propios de la "zona de frontera" en que se constituirá a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII. Si bien el autor presenta un desarrollo general ligado básicamente al establecimiento de una "frontera de conquista", y ya al finalizar el siglo XVIII a una posible "frontera de colonización" —se apoya para ello en la ausencia de un proyecto colonial temprano—, se podría precisar aun más la aplicación del concepto ‘frontera’, atendiendo a una subdivisión basada en las causas de su aparición y en la economía y sociedad originadas por tal fenómeno y su respectiva evolución. Si se aceptan las definiciones: "frontera es un espacio abierto, extenso y a veces inmenso, vacío o escasamente poblado que invita a penetrar y no a detenerse" 2 , y "no es una línea o un límite o un proceso unilateral o unilinçal, solo se puede hablar de frontera como una zona de complejas experiencias, transacciones y mutaciones" 3 , lo cual implica, en nuestro caso, una zona geográfica determinada, distinguida por la interacción de sociedades diferentes, se deben tener en cuenta las múltiples posibilidades que resultarían de la combinación de dichos elementos.

De allí que, de acuerdo con lo expuesto por Mariano Useche en su bien documentado estudio, debería aparecer complementada esa "frontera dc conquista y de colonización" por una "frontera militar" —véase, por ejemplo, lo referente al presidio de Carichana—, en íntima relación con una "frontera misional" —bajo la acción principal de los jesuitas—, y en forma anexa por algunos elementos, que en alguna medida podrían haber constituido una "frontera agrícola y ganadería" 4 . De donde resulta que un modelo de "frontera" no se da en estado puro, sino que, por el contrario, se mezcla o sucede con una serie de variantes, de acuerdo con las condiciones impuestas por la misma evolución histórica. Hace falta analizar, refiriéndonos al AORN, hasta dónde se ha producido un resultado final, cifrado en el supuesto hecho histórico y transitorio constituido por toda "frontera". Respecto a la actividad misional, en una etapa que hemos considerado como fundamental y que finaliza en 1767, hay que tener en cuenta la controvertida labor de la Compañía de Jesús. No propiamente por el éxito de su gestión religiosa, ya que, como bien lo demuestra Useche, se dio en los grupos indígenas una inadaptabilidad manifiesta a los marcos sociopolíticos de las aldeas misioneras, aunada a los desatinos de la política colonial española en la región, lo cual impidió la completa realización de los objetivos correspondientes, sino por la proyección que el autor otorga al supuesto plan panorinoquense concebido por dicha orden religiosa. Este habría tenido como finalidad unir las misiones amazónicas (Maynas) con las tierras de la Guayana y los Llanos del Orinoco, teniendo como eje principal de apoyo las doctrinas del Meta y Casanare en unión de las que se debían erigir en la misma Guayana.

Tal proyecto se vería entorpecido, en el siglo XVIII, por los intereses franco-holandeses, empeñados en mantener su alianza con los caribes—como forma de presión contra la presencia española—, amenazados en el alto Orinoco, puesto que la expansión jesuita implicaba el taponamiento de la Guayana meridional, lugar en donde se localizaba una importante población de dicha etnia; y finiquitado en el siglo XVIII por los decretos de Carlos III. Precisamente cuando se empezaba a ejecutar un plan concreto de colonización, con el fin de incorporar debidamente al programa civilizador hispano a los diferentes grupos indígenas de la región. Acompañado lo anterior, naturalmente, dentro de una concepción de frontera de colonización, de un poblamiento dirigido y de una relativa activación económica.

Relevados sucesivamente los jesuitas por los capuchinos andaluces—hasta 1771— y por los franciscanos—hasta bien entrado el siglo XIX—, la labor misional, a lo largo del siglo XVIII, aparece más como producto de las renovadas perspectivas geopolíticas del Estado español que como afán meramente evangelizador. ¿Perseguían algo más los jesuitas, que adelantar un simple programa de expansión territorial, buscando la continuidad física de los territorios a ellos encomendados, con el fin de obtener ventajas logísticas y misionales? Creemos que el interrogante, relacionado con la intensa polémica suscitada alrededor de la actuación de los seguidores de Ignacio de Loyola en sus reducciones —querer conformar un Estado dentro del Estado— sigue formando parte del debate histórico.

En cuanto a la política esclavista, como parte constitutiva del proceso colonial puesto en marcha en el AORN, incidió a su vez negativamente sobre la curva demográfica indígena, alterando de paso el equilibrio sociocultural de las etnias locales. A pesar de que los límites impuestos por las fuentes —hecho destacado por el autor— impiden un acercamiento cuantitativo más o menos exacto a las proporciones reales de la trata, la información suministrada por Useche permite apreciar la magnitud de dicho tráfico y, consecuentemente, observar las repercusiones de tipo socioespacial que tal actuar trajo consigo.

Si bien la práctica de la esclavitud era una costumbre prehispánica generalmente extendida entre los aborígenes americanos, españoles, portugueses y holandeses, apoyados en formas como el rescate y la guerra justa —sustentadas por imperativos económicos— trastocaron su carácter cultural llevándola a las conocidas dimensiones de explotación y masificación.

Así, el quiebre sociocultural y el efecto demográfico, que por otra parte también experimentó, bajo términos diferentes, el Africa subsahanana a través de la trata negrera 5 , aparecen caracterizados, en la obra descrita, por la reubicación espacial de diferentes grupos etnoculturales, por la exacerbación de los conflictos intertnibales y por el manejo de las mismas hostilidades en beneficio propio y contra los intereses de las potencias enemigas empeñadas en la región, con el desgaste social inherente a tales movimientos.

Debido a que el autor no hace referencia alguna al baquiano, uno de los tipos sociales de mayor importancia histórica en las zonas de frontera, nos permitimos hacerlo en este aparte, con el objeto de hacer resaltar la estrecha relación que seguramente tuvo —al igual que en toda la frontera del Caribe— con la expansión de los diferentes frentes de colonización y con las cabalgadas, aquellas operaciones cuasimilitares encaminadas, entre otras cosas, a la obtención de esclavos.

En último término, de acuerdo con el desarrollo propuesto inicialmente, tenemos que abordar las relaciones geopolíticas que se dieron en la zona. A este respecto, basta señalar a grandes rasgos, por razones de espacio mas no de importancia, el acertado análisis de Useche acerca de las disputas planteadas entre España y las demás potencias coloniales europeas —Inglaterra, Holanda y Francia—, lentamente afincadas en el litoral caribe desde el siglo XVI, las diferentes estrategias políticas y económicas, como proyecto general de colonización, puestas en práctica por las mismas metrópolis y finalmente la revaloración tardía experimentada por los territorios de la Guayana y el Orinoco a través de las nuevas directrices trazadas por las reformas borbónicas.

MIGUEL GARCÍA BUSTAMANTE

 

1 J. Raush, A tropical plabu frontier. The Llanos of Colombia, 1331-1831, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1983. (regresar1)

2 G. Céspedes del Castillo, América Hispánica 1492-1898. Madrid, Editorial Labor, 1985, pág. 40 (regresar2)

3 R. Morse, The bandeirantes: Historical Role of the Brazilian Pathfinders, Nueva York, 1965, pág. 30. Citado por J. Raush, op. cit., pág. XIV. (regresar3)

4. Raush, op. cit., pág. XIV. (regresar4)

5. Véase, por ejemplo: G. Mbaye, "La trata negrera en el interior del continenete africano", en La trata negrera del siglo XV al XIX, Barcelona, Serbal/Unesco, 1986, pág. 186; F. Bowser, El esclavo africano en el Perú colonial 1524-1650, Mexico, Siglo XXI, 1977, pág, 17; E. Leuzinger, Africa negra, Barcelona, Seix Barral, 1961, pág. 169. (regresar5)