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Vigencia de la vitalidad
El cocinero y el
capitán temerario
John Reed
Universidad de Antioquia, Medellín, 1987,
193 págs.
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Cuando Max
Eastman se refiere a Reed, su amigo y compañero de trabajo, lo describe como alguien
"con habilidades sin precedente para poner las ideas en planos emocionales y pintar
con colorido de llama". El coeditor de The Masses, revista abierta a las corrientes
socialistas y a la denuncia política, donde Reed publicó sus primeros artículos, agrega
que a John Reed "nunca lo alucinaron los emotivos matices de las ideas, al grado de
perder de vista su verdadero contenido, para transplantarlo a los niveles de acción sobre
la realidad de las cosas" (prólogo a Hija de la revolución, México, Fondo
de Cultura Económica, 1973). Los rasgos de la objetividad, la emotividad y la acción son
los que cobran relieve en el perfil de este periodista estadounidense; son también los
proyectados en la compilación de traducciones editada, con motivo del centenario de su
nacimiento, por la Universidad de Antioquia: reportajes, relatos y poemas.
Del encuentro con estos
textos surge la pregunta de si fue Reed en realidad ese periodista extraordinario, o si
fue más bien el proceso histórico en que estuvo inscrito el que ofrecía tal riqueza. Un
acercamiento a su obra (literaria y periodística) aproxima una respuesta: Reed es un
fenómeno coyuntural en el que convergen el clímax de una transformación histórica y la
actitud humana y profesional capaz de captarlo y reproducirlo de manera vital. Este
proceso de reproducción, y es allí donde se hallan la trascendencia e impacto de la obra
de Reed, no es simplemente un gesto informativo, un narrar apersonal. Su escritura emerge
de la empatía que establece con los hechos, y fluye expresando su posición ideológica
frente a ellos.
Si se habla de
objetividad en el caso de Reed, es porque en su exposición de los acontecimientos plantea
y
analiza los móviles que los
provocan y los describe a distancia. Pero el momento del acercamiento también se lleva a
cabo: el periodista y escritor se pronuncia a favor o en contra de la experiencia
testimoniada y manifiesta su vivencia en un nivel subjetivo, prevaleciendo la actitud
crítica frente a lo observado. En su prefacio a Los diez días que estremecieron al
mundo) (Moscú, Editorial Progreso, 1977), al aludir a la perspectiva que adopta
frente a la revolución bolchevique, Reed sintetiza este movimiento entre lo subjetivo y
lo objetivo que puede hacerse extensivo a todos sus escritos: "Este libro es un trozo
condensado de historia tal como yo la vi
[...] tendré que limitarme a los acontecimientos que vi y viví personalmente o que han
sido confirmados por testimonios fidedignos; va precedido por dos capítulos que describen
brevemente la situación y las causas de la Revolución de Noviembre" (Diez días,
pág. 11).
La vida
profesional de Reed, como se afirmó anteriormente, transcurre en un contexto de
transformación de las fuerzas históricas: la revolución campesina mexicana y la obrera
en Rusia; la primera guerra mundial y la participación norteamericana en ella; el momento
álgido en que uniones y sindicatos en Estados Unidos se enfrentan a las consecuencias del
expansionismo industrial. De estas experiencias, además de artículos y reportajes,
surgen sus tres obras capitales: México insurgente(l9l4), La guerra en Europa
Oriental (1916) y la ya mencionada acerca de la Revolución de Octubre (1919). El
cocinero y el capitán se recogen algunos reportajes realizados por Reed para The
Masses en torno a
las huelgas y las
organizaciones obreras (1913 a 1918), y para la revista Metropolitan, siendo corresponsal
de guerra en Europa, o acerca de tal hecho (1914 a 1918). Se traducen también dos de sus
poemas (1913) y un relato que da nombre al libro (1914), junto con su Autobiografía
(1917), escrita tres años antes de morir. El conjunto de las traducciones y notas
aclaratorias se debe a Guillermo Arévalo, Rosario Casas, Felipe Escobar, Juan Leonel
Giraldo, Ema von del Walde, Gabriel Iriarte y Nelson Osorio, miembros de la redacción de
la revista Teorema.
Los últimos dos decenios
del siglo XIX y los dos primeros del XX son el estadio de la expansión industrial de los
Estados Unidos. Ella se funda en la explotación de las minas de hierro y acero en el
oeste, y de las de oro y plata, tanto como en el desarrollo del transporte ferroviario.
Dicho proceso crea una nueva clase empresarial de líderes económicos con Rockefeller a
la cabeza, y agudiza la crisis entre empleadores y trabajadores que se había iniciado en
1886 ("Hay market riot", en Chicago). A la creación de la American Federation
of Labor (AFL), en 1881, sucede la de Industrial Workers of the World (IWW) en 1905,
sindicato obrero dentro del cual Reed participa activamente. Este es el contexto del que
surgen sus reportajes acerca de la masacre de Lundlow (septiembre de 1913 a abril de 1914)
y de la "Guerra en Paterson", Nueva Jersey (1913).
Más que de los libros,
afirma Reed, su experiencia de la lucha de clases nace de su contacto con los obreros
sindicalizados. Los choques de violencia a los que asiste son la ofensiva de la clase
capitalista contra los huelguistas de las minas carboníferas de Colorado o de las
hilanderías de Nueva Jersey, quienes sólo abogan por condiciones de trabajo y de vida
más justas. Esta es la perspectiva desde donde también observa el conflicto bélico
europeo: la Primera Guerra, es una guerra entre comerciantes que luchan por la hegemonía
económica. Los artículos de John Reed son la denuncia de tal situación y un producto
simultáneo a su activismo político. En 1919,
cuando el partido comunista estadounidense se divide, Reed se constituye en el
líder del partido comunista laborista y redacta su manifiesto y plataforma ideológica.
Seria sólo una visión
parcial, la de considerarle como un ideólogo. Reed, testigo y participante, deja en sus
escritos las huellas del contacto humano del que éstos brotan; es la dimensión humana y
no el informe del hecho, el eje de la efectividad de aquellos. En Reed se advierte el
interés del antropólogo que intenta penetrar en el modo de vida, las actitudes y
costumbres de una colectividad. Su objetivo son las masas (los huelguistas, los
revolucionarios, los soldados) y partiendo de ellas, la conformación de una imagen
panorámica vívida. Apunta hacia su vida cotidiana, su modo de vestir, comer y
expresarse, sus manifestaciones folclóricas: las canciones que se componen cuando las
gentes persiguen un objetivo común.
En los reportajes de Reed
están presentes las cualidades de un narrador de ficción, que se vale de recursos
técnicos a fin de recrear una atmósfera y un ambiente específicos. Armado de una
libreta de apuntes, llegaba hasta trazar el croquis del lugar donde ocurrían los
acontecimientos, para así poder relatar la escena con mayor eficacia. Por otra parte, se
mueve a través de comparaciones que buscan destacar las situaciones paradójicas o los
contrastes bruscos: la partida de París de la "promoción de 1914", un grupo
alegre e ignorante del verdadero contenido de la guerra, y el paso simultáneo de un tren
de la Cruz Roja cargado de heridos que vienen del frente. En cambio en sus cuentos, y me
refiero a los compilados en Hija de la revolución, Reed no alcanza tal calidad:
maneja un simbolismo obvio y el mensaje ideológico paraliza la dinámica narrativa.
El periodismo es
considerado, por lo general, como un género informativo y fugaz que no trasciende las
coordenadas temporales que lo generan. La producción de Reed plantea lo contrario; se
erige como una creación alimentada por lo vivencial y fundada en el juicio a la historia.
ALICIA FAJARDO
M.
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