Boletín Cultural y Bibliográfico. Número16,  Volumen XXV , 1988

Tres universos entrelazados


La pasión de las gárgolas
Roberto Vélez Correa
Instituto Caldense de Cultura, Manizales,
1987, 148 págs.

A partir de la historia de un burócrata solterón que a lo largo de su vida es testigo de todas las patrañas con las cuales una mujer, utilizando no sólo su propia belleza sino la de su hermano adolescente, es capaz de manipular a los altos ejecutivos de la ciudad donde vive, hasta que el tiempo termina por destruir el poder de su arma secreta, marcando el inicio de un rápido proceso de decadencia, Vélez Correa busca develar el trasfondo oscuro y secreto, el lado oculto y misterioso donde se esconden los verdaderos móviles que rigen la vida de la sociedad, para plasmarlo en esta novela ganadora del primer lugar en el concurso Bernardo Arias Trujillo (1987), como un mundo turbio y grotesco donde todos los valores pierden por completo su vigencia y sólo funcionan como máscaras para ocultar sus increíbles grados de distorsión. El cual se va construyendo a lo largo de veintisiete capítulos que, sin seguir un estricto orden cronológico ni estar encadenados por un hilo conductor claramente perceptible, recortan únicamente los momentos cruciales en la vida de los personajes, constituyéndose así en las piezas aisladas de un rompecabezas que. el lector debe ir armando en el proceso mismo de la lectura y que, al igual que los fragmentos de la muñeca descuartizada encontrados por el protagonista, casa perfectamente al final de la novela. Y se nos da a conocer a través de un narrador externo cuyo lenguaje, rebuscado y erudito pero también crudo y popular, marca su perspectiva con cierta ironía, manifiesta sobre todo al contraponer la cara aparente de las cosas con lo que se oculta tras ella; narrador que no sólo tiene un conocimiento absoluto de todo lo que ocurre en la historia que nos cuenta, sino que en ciertas ocasiones, pretende incluso orientar directamente nuestra percepción, comentando unos hechos que hablan de sobra por sí solos, con divagaciones más o menos largas que interrumpen el ritmo y la velocidad de la narración.

Conformado por tres universos cerrados y claramente delimitados entre sí, que al oponerse constantemente a lo largo del relato no hacen más que señalar, a veces quizá demasiado directa y conceptualmente, las múltiples contradicciones existentes dentro de la sociedad de una ciudad sin nombre concreto, este mundo creado por la novela empieza a remitirnos constantemente a la realidad, ya no sólo de Manizales, sino de cualquier ciudad colombiana de finales del siglo XX, que es en última instancia la que ella pretende aprehender y recrear.

El universo principal es el de los grupos de las capas medias de la ciudad ligados, directa o indirectamente, a ese "mundo de escritorios, sellos, arrumes de documentos, folders, prisa y desgaño", donde el protagonista, "más a fuerza de resignación que de méritos laborales", logra sobrevivir a pesar del odio de su jefe. Esos grupos giran constantemente alrededor del mundo de la clase dominante, en busca de la mínima rendija que les permita atravesar las barreras que los separan. A ellos pertenecen la mayoría de los personajes de la novela:

Yigal Andrade, solterón que vive atormentado por la pasión secreta que le inspiran los dos hermanos Sanint; su sobrina Nubia, prometedora universitaria que oculta tras su belleza una obsesiva pasión por una muñeca monstruosa llamada Narveha; Francedi Sanint, "La Maga Blancade los ejecutivos", que poco a poco va perdiendo su encanto; su hermano Duván, el donjuán de la ciudad; Rolando Santacruz, el abogado utilizado por los Germania para salir de un estruendoso y turbio escándalo legal, y Medardo Contreras, el jefe de Yigal, que le desata "una guerra de nervios buscando su renuncia".

En contraposición a éste universo, se sitúan el de la clase dirigente de la ciudad y el de las clases bajas. En la cúspide del primero, antes ocupada por terratenientes de "hacha y machete" convertidos en prepotentes hombres de negocios (como don Daniel, el padre de los Sanint —quien "huyó de la aridez de las tierras antioqueñas en busca de una oportunidad en Caldas encontrándola fácilmente cuando ya sus hermanos de raza habían disfrutado de la titulación de hectáreas baldías"—) o por antiguos burgueses de "cubilete, corbatín, paño fino importado y bastón de mano niquelado" (como el banquero Melindroso Ocampo, padre supuesto de Duván y "prohombre dentro de las páginas de la historia social y política de la ciudad" —en el que nadie se atrevía a ver al "timadór de media centena de pequeños propietarios que acudieron a su firma para obtener préstamos hipotecarios"—), reinan ahora los poderosos Germania, dueños de un gigantesco grupo económico que lleva su nombre, cuyos múltiples e intrincados negocios se manejan desde una mansión que se alza como un castillo medieval, en un promotorio que domina toda la ciudad. El otro, el universo de las clases bajas, se plasma en la novela como una mesa amorfa de seres monstruosos y repugnante a los que Yigal trata siempre de evitar: sirvientas enanas con los dientes podridos, prostitutas groseras, ancianas muecas o "molestos integrantes de la economía informal que crecía aledaña al comercio oficializado del Centro Comercial", entre los cuales el protagonista no alcanzó a distinguir a los "jóvenes pelafustanillos"de "los padres de familia en el rebusque", ni de los "avivatos a la caza de oportunidades mayores". Al cual pertenece Nilvia, la sirvienta enana y regordeta que Yigal convertía en su amante secreta cuando de noche llegaba borracho, y la doble paria de Francedi, vendedora ambulante que tenía sus mismos ojos pero la piel ajada y los dientes cariados, la cual funciona como una estrategia para presentar a la Maga Blanca, que es también una premonición de su final.

Estos tres universos opuestos se comunican entre sí por una espesa red de hilos oscuros y secretos cuya verdadera dirección se define claramente al final del relato: todos se extienden de arriba hacia abajo, todos se mueven desde la casa de los Germania, pues es allí donde se unen en tres nudos principales que poco a poco se van develando como los móviles últimos de todas las acciones del mundo de la novela: sexo, dinero y poder. La red se va cerrando paulatinamente hasta clausurar toda salida válida posible para los personajes, que finalmente sólo encuentran las vías monstruosas, las pasiones ocultas y retorcidas para desahogar la frustración y el fracaso, a los cuales parecen estar condenados de antemano. Francedi, después de ser expulsada, junto con Santacruz, de la casa de los Germania, fracasa también en su intento de conquistar a Yigal, pues éste, tras haberla deseado en secreto durante toda su vida, cuando logra poseerla se convence de que el único contacto sexual satisfactorio que ha tenido en su vida ha sido su relación con la sirvienta enana y deforme. Y Duván, después de ser el supermacho de la ciudad, "dueño de miles de himenes a la redonda", no puede eludir el destino que le ha fijado su hermana al utilizarlo como carnada para ejecutivos, y termina siendo seducido por Gilberto Germania, sin lograr conquistar a Nubia, que remplaza su monstruosa muñeca por un grotesco bufón enano.

Con lo cual la novela marca la realidad aprehendida por ella con una visión eminentemente trágica del mundo, que sólo al enmarcarse en el contexto cultural, social e ideológico al que pertenece la obra, hace que ella recobre su pleno sentido, revelándose como testimonio crudo, sórdido y desesperanzado de la honda y compleja crisis que atraviesa la sociedad colombiana, y que poco a poco va contaminando todos los niveles de la vida nacional, sin excluir el cultural.

CAROLINA TORRES POSADA