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En las redes
Noticia de un
hombre
Joaquín Maitos Omar
Cuadernos de Poesía Ulrika, vol. 7, Bogotá, 1988.
El lector
de poesía tanto como el poeta es un chismoso. Practica el arte de la
chismografía, esto es, el acercamiento a los poemas como si se trataran de personas. La
llamada impresión general" no es más que el proceso simultáneo por el cual un
observador se percata de que una señorita bien despachada descuida la guardia facial y
muestra sus patas de gallo (contra las que se empleaban los afeites en la poesía barroca,
¿verdad?) y que además se le ha corrido una de las medias de nailon. Proceso
simultáneo, digo, como metáfora del ojo que zozobra en su intento de llevar a lo general
un vistazo de lo particular. O del ancho de una virtualidad de opciones. ¿Por qué uno se
ha fijado en estas cosas y no en otras? Es casi un problema ontológico. Digamos mejor:
poético, fotomecánico, prejuicioso.
La escritura conoce estos
avatares y da cuenta de ellos a pesar de las precauciones que pueda tomar el autor. De
estas magnitudes o brillos ajenos vive la crítica literaria. Y así entramos en Noticia
de un hombre, de J. Mattos Omar. Dice la parte IV de la prosa que da título al
cuaderno:
"Entre tanto,
corriente ciega e indómita, su pensamiento se mueve en mil direcciones, vertiginosamente,
y él sabe que no se detendrá en ninguna parte" (pág. 55).
Este movimiento interesa
en definitiva porque deja marcas en todo el conjunto. Es, diría, su autorreflexión e
impulso. En el siguiente texto,
devoto,
de Historias de cronopios y de famas, amplía el radio de acción:
"Hay que celebrar, en
verdad, la tarea que adelantan en favor del trastocamiento de las cosas, celebrar esas
pequeñas alteraciones en el vasto tablero de la Realidad, que, ya se sabe, dan como
resultado la poesía" (Un niño en la mañana, pág. 57). Y veamos, pues, que esta
alteración (adjudicada metonímicamente, por extensión, a la labor poética) consiste en
un compás que va del "corazón" al "concepto". De esta aparente
simetría (que provocará un desplazamiento) nacen las observaciones acerca de los mundos
sentimental y conceptual del sujeto. En Noticia de un hombre aparecen separados o
contrastados, pero nunca naturalmente armónicos por obra y gracia de la escritura (su
tarea). Y esta sencilla pero decisiva resistencia deja ver el problema entre verso y
prosa, entre poesía en verso y prosa común y silvestre con o sin toques de poesía. Algo
de esto es señalado de pasadita no más en el brevísimo prólogo de Darío
Jaramillo: "Mattos se despliega con más libertad en el poema en prosa".
Ciertamente, pero yo añadiría que todo parece indicar que el autor se sentiría más a
gusto escribiendo ese tipo de prosa (ya mencioné a Cortázar) que está a media caña
entre el relato breve y la epifanía, pero que no es ni tiene por qué ser poesía.
¿Autores? Pienso a la volada en un par: Marco Denevi, que recrea con personajes bíblicos
y literarios algunas situaciones signadas por el absurdo o la ironía; o Julio Ramón
Ribeyro en sus Prosas apátridas. Por ahí está, intuyo, la vena de Mattos Omar: Anotación
hallada en el diario de un lector (pág. 29) y Del evangelio (pág. 31)
recuerdan la atmósfera grata a Denevi, así como Recorte de prensa (pág. 41) y Recado
sobre mamá (pág. 47) se aproximarían a Ribeyro.
La oposición
"corazón"/ "pensamiento" revela una dispersión temática que tiene
que ver también con la descripción de lo cotidiano (La casa, pág. 9) y la
abstracción seudofilosófica (Noticia de un hombre, pág. 53). Aun en los momentos
en que las muletillas del relato invaden la estructura versal ("en efecto... ";
"así, ...
";
"a
lado y lado... "; "arriba, sobre. .";"abajo, después... ";
"dentro, por fin... ", etc.) ésta es gobernada, o protegida, por el corazón
(simbólicamente, la lírica):
Dentro,
por fin,
tras el bolsillo de la camisa,
un ritmo feliz que no cesa.
[Nota de viaje, pág. 11]
... como si me
estrangulasen
con una soga
el corazón
[Elegía, pág. 15]
Acá, yo. corazón en
asombro.
apostado detrás del doble postigo
de mis ojos.
[El convidado, pág.
19]
... yo, el
percusionista,
golpeo rabiosamente con la maza
mi corazón
[El percusionista, pág. 21]
Me detengo en aspectos
estrictamente formales, aunque se dé en el conjunto una tácita simbiosis de lírica con
verso (y no en balde un poema se titula Elegía). Y por ese camino se llega a la
postura, sobreentendida, del supuesto conocimiento a través de la palabra ser:
... ese dolor dulce
en que se humedece de plenitud el Ser
[Homenaje ala música, pág. 17]
¿Qué otros convidados me
acompañarán
en esta demencial fiesta del Ser
[El convidado, pág. 19]
Una digitación suave
sobre la médula del Ser
[Breve aparición de la lluvia en la noche, pág. 25]
Esta afinidad
idealista (en términos poéticos) es la que vuelve abstractas las noticias de un hombre.
O, digamos, convierte al sujeto poético en un leve dilema. La prosa que da título al
conjunto adolece de dicha filiación y allí se nota que corazón y pensamiento juegan al
ping-pong existencial. No se trata de menciones simplemente, sino del tipo de actitud
hacia la escritura, sea en prosa o en verso. Esa escritura, como dije al principio, nos
confía sus secretos límites. Veamos un ejemplo:
A la duda se
llega por un movimiento
instantáneo e imperceptible. Pero la
estancia en ella es ardua y tormentosa.
Si acosan, acosan, si no cesan de multiplicarse.
¿cómo convivir serenamente con sus fantasmas?
[La oscura noche de la
duda, pág. 33]
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El título es elocuente. Y
aparece el "movimiento" que, según entreveo, conduce al autor (de manera
inconsciente) de un lado a otro (prosa y verso, puntos cardinales de su propia experiencia
con el lenguaje). Palabras como "pensar (pág. 13) y "noción" (pág. 17)
desearían un contrapeso. Pero claridad y obscuridad en poesía son actos
verbales de igual valor. Lezama Lima no es más poeta que Borges, ni viceversa. Es un
asunto de táctica expresiva. En Noticia de un hombre pululan ambas tendencias (lo
concreto/lo abstracto) y tiñen a su manera todas las páginas. Los mejores momentos
están, claro, del lado que muestra mejor su astucia. Digámoslo así: resulta más fácil
ser "obscuro" de la misma manera que resulta dificilísimo llegar a escribir con
la "simpleza" de fray Luis de León. Pero este es otro cantar.
Creo que la escritura de
Mattos Omar se inclina por o se desplaza a la prosa, a un tipo de relato atento al detalle
(Tocando mi mentón, pág. 35; Historia con unos ojos verdes, pág.
43; Recado sobre mamá, pág. 47). Incluso La
casa (pág. 9) podría verterse a prosa sin modificar su encanto. Lo que todavía no
maneja bien el autor es el cambio. La brevedad es cosa de ingenio, sí, pero también
de combinatoria. ¿Poesía en prosa? La suya tendría que seguir las lecciones de Francis
Ponge, la manera en que "analiza" poéticamente a sus criaturas. Si la
abstracción hace daño, mejor inyectarse pronto la vacuna del diario ejercicio con las
palabras. Hasta que chillen, como dice Octavio Paz. Y pidan chepa y vean qué luz.
EDGAR OHARA
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