Boletín Cultural y Bibliográfico. Número16,  Volumen XXV , 1988


En las redes


 Noticia de un hombre
Joaquín Maitos Omar
Cuadernos de Poesía Ulrika, vol. 7, Bogotá, 1988.

El lector de poesía —tanto como el poeta— es un chismoso. Practica el arte de la chismografía, esto es, el acercamiento a los poemas como si se trataran de personas. La llamada impresión general" no es más que el proceso simultáneo por el cual un observador se percata de que una señorita bien despachada descuida la guardia facial y muestra sus patas de gallo (contra las que se empleaban los afeites en la poesía barroca, ¿verdad?) y que además se le ha corrido una de las medias de nailon. Proceso simultáneo, digo, como metáfora del ojo que zozobra en su intento de llevar a lo general un vistazo de lo particular. O del ancho de una virtualidad de opciones. ¿Por qué uno se ha fijado en estas cosas y no en otras? Es casi un problema ontológico. Digamos mejor: poético, fotomecánico, prejuicioso.

La escritura conoce estos avatares y da cuenta de ellos a pesar de las precauciones que pueda tomar el autor. De estas magnitudes o brillos ajenos vive la crítica literaria. Y así entramos en Noticia de un hombre, de J. Mattos Omar. Dice la parte IV de la prosa que da título al cuaderno:

"Entre tanto, corriente ciega e indómita, su pensamiento se mueve en mil direcciones, vertiginosamente, y él sabe que no se detendrá en ninguna parte" (pág. 55).

Este movimiento interesa en definitiva porque deja marcas en todo el conjunto. Es, diría, su autorreflexión e impulso. En el siguiente texto, devoto, de Historias de cronopios y de famas, amplía el radio de acción:   "Hay que celebrar, en verdad, la tarea que adelantan en favor del trastocamiento de las cosas, celebrar esas pequeñas alteraciones en el vasto tablero de la Realidad, que, ya se sabe, dan como resultado la poesía" (Un niño en la mañana, pág. 57). Y veamos, pues, que esta alteración (adjudicada metonímicamente, por extensión, a la labor poética) consiste en un compás que va del "corazón" al "concepto". De esta aparente simetría (que provocará un desplazamiento) nacen las observaciones acerca de los mundos sentimental y conceptual del sujeto. En Noticia de un hombre aparecen separados o contrastados, pero nunca naturalmente armónicos por obra y gracia de la escritura (su tarea). Y esta sencilla pero decisiva resistencia deja ver el problema entre verso y prosa, entre poesía en verso y prosa común y silvestre con o sin toques de poesía. Algo de esto es señalado —de pasadita no más— en el brevísimo prólogo de Darío Jaramillo: "Mattos se despliega con más libertad en el poema en prosa". Ciertamente, pero yo añadiría que todo parece indicar que el autor se sentiría más a gusto escribiendo ese tipo de prosa (ya mencioné a Cortázar) que está a media caña entre el relato breve y la epifanía, pero que no es ni tiene por qué ser poesía. ¿Autores? Pienso a la volada en un par: Marco Denevi, que recrea con personajes bíblicos y literarios algunas situaciones signadas por el absurdo o la ironía; o Julio Ramón Ribeyro en sus Prosas apátridas. Por ahí está, intuyo, la vena de Mattos Omar: Anotación hallada en el diario de un lector (pág. 29) y Del evangelio (pág. 31) recuerdan la atmósfera grata a Denevi, así como Recorte de prensa (pág. 41) y Recado sobre mamá (pág. 47) se aproximarían a Ribeyro.

La oposición "corazón"/ "pensamiento" revela una dispersión temática que tiene que ver también con la descripción de lo cotidiano (La casa, pág. 9) y la abstracción seudofilosófica (Noticia de un hombre, pág. 53). Aun en los momentos en que las muletillas del relato invaden la estructura versal ("en efecto... "; "así, ... "; "a lado y lado... "; "arriba, sobre. .";"abajo, después... "; "dentro, por fin... ", etc.) ésta es gobernada, o protegida, por el corazón (simbólicamente, la lírica):

Dentro, por fin, 
tras el bolsillo de la camisa, 
un ritmo feliz que no cesa. 

[Nota de viaje, pág. 11]

... como si me estrangulasen 
con una soga
el corazón
[Elegía, pág. 15]

Acá, yo. corazón en asombro.
apostado detrás del doble postigo
de mis ojos.

[El convidado, pág. 19]

... yo, el percusionista,
golpeo rabiosamente con la maza
mi corazón
[El percusionista, pág. 21]

Me detengo en aspectos estrictamente formales, aunque se dé en el conjunto una tácita simbiosis de lírica con verso (y no en balde un poema se titula Elegía). Y por ese camino se llega a la postura, sobreentendida, del supuesto conocimiento a través de la palabra ser:

... ese dolor dulce
en que se humedece de plenitud el Ser
[Homenaje ala música, pág. 17]

¿Qué otros convidados me acompañarán 
en esta demencial fiesta del Ser 
[El convidado, pág. 19]

Una digitación suave sobre la médula del Ser
[Breve aparición de la lluvia en la noche, pág. 25]

Esta afinidad idealista (en términos poéticos) es la que vuelve abstractas las noticias de un hombre. O, digamos, convierte al sujeto poético en un leve dilema. La prosa que da título al conjunto adolece de dicha filiación y allí se nota que corazón y pensamiento juegan al ping-pong existencial. No se trata de menciones simplemente, sino del tipo de actitud hacia la escritura, sea en prosa o en verso. Esa escritura, como dije al principio, nos confía sus secretos límites. Veamos un ejemplo:

A la duda se llega por un movimiento 
instantáneo e imperceptible. Pero la 
estancia en ella es ardua y tormentosa. 
Si acosan, acosan, si no cesan de multiplicarse. 
¿cómo convivir serenamente con sus fantasmas?

[La oscura noche de la duda, pág. 33]

El título es elocuente. Y aparece el "movimiento" que, según entreveo, conduce al autor (de manera inconsciente) de un lado a otro (prosa y verso, puntos cardinales de su propia experiencia con el lenguaje). Palabras como "pensar (pág. 13) y "noción" (pág. 17) desearían un contrapeso. Pero claridad y obscuridad en poesía son actos verbales de igual valor. Lezama Lima no es más poeta que Borges, ni viceversa. Es un asunto de táctica expresiva. En Noticia de un hombre pululan ambas tendencias (lo concreto/lo abstracto) y tiñen a su manera todas las páginas. Los mejores momentos están, claro, del lado que muestra mejor su astucia. Digámoslo así: resulta más fácil ser "obscuro" de la misma manera que resulta dificilísimo llegar a escribir con la "simpleza" de fray Luis de León. Pero este es otro cantar.

Creo que la escritura de Mattos Omar se inclina por o se desplaza a la prosa, a un tipo de relato atento al detalle (Tocando mi mentón, pág. 35; Historia con unos ojos verdes, pág. 43; Recado sobre mamá, pág. 47). Incluso La casa (pág. 9) podría verterse a prosa sin modificar su encanto. Lo que todavía no maneja bien el autor es el cambio. La brevedad es cosa de ingenio, sí, pero también de combinatoria. ¿Poesía en prosa? La suya tendría que seguir las lecciones de Francis Ponge, la manera en que "analiza" poéticamente a sus criaturas. Si la abstracción hace daño, mejor inyectarse pronto la vacuna del diario ejercicio con las palabras. Hasta que chillen, como dice Octavio Paz. Y pidan chepa y vean qué luz.

EDGAR O’HARA