Boletín Cultural y Bibliográfico. Número16,  Volumen XXV , 1988
 

Historia de un ¿historiador?


Arciniegas de cuerpo entero
Juan Gustavo Covo Borda (Comp.)
Planeta, Bogotá, 1987, 435 págs.

Obras de Germán Arciniegas: 41 publicadas hasta 1986; quién sabe cuántas esperan entre su escritorio. Ensayos acerca de su obra: innumerables desde la edición de su primer libro en 1933. El estudiante de la mesa redonda. Arciniegas de cuerpo entero:   una conipilación que aborda desde diversas perspectivas la imagen de un hombre que va con el siglo. En esta obra, Cobo Borda realiza una selección bibliográfica de artículos, entrevistas, cartas y testimonios, que dan cuenta de la resonancia que la figura y la producción literaria de Arciniegas han tenido en lo nacional y en el ámbito latinoamericano y europeo; así mismo, el libro incluye conferencias y artículos periodísticos de este autor colombiano. Arciniegas de cuerpo entero se ofrece, entonces, como la "lectura" que de un hombre y su obra ha hecho este siglo. Es la historia de un historiador, término este último relativizado por dicha "lectura", contada por diversas voces a través de los años. Cobo Borda presenta esta antología como una forma de "subsanar, en parte, esa culpable ignorancia colombiana en torno al valor real de Arciniegas" (pág. 13).

A partir de las páginas de esta obra, el lector va conformando la imagen del intelectual que es el agitador universitario de los años veinte, cuando propone reformas sustanciales de la universidad, y que también es el respetado presidente de la Academia Colombiana de Historia en los ochenta. A través de los escritos de sus contemporáneos Alfonso Reyes, Uslar Pietri, Lleras Restrepo; de sus maestros, Sanín Cano, Stefan Zweig; y de los miembros de generaciones posteriores, Cobo Borda, Antonio Morales Riveira, el lector reconstruye el perfil literario de Germán Arciniegas y su trayectoria en la vida política colombiana. Dentro de ésta, Arciniegas ha ocupado cargos diplomáticos y ministeriales. Representante de los estudiantes en el Congreso, se traslada posteriormente a Londres como vicecónsul (1932); desempeña el cargo de consejero de la embajada de Colombia en Buenos Aires del año 40 al 42, para después volver al país y ocupar el cargo de ministro de Educación durante los gobiernos de Eduardo Santos y Alberto Lleras Camargo. Pasados los años, es nombrado embajador en Italia e Israel (del 59 al 62), en Venezuela (del 66 al 70) y en la Santa Sede (1976). Testimonio de sus gestiones culturales en Colombia son el Museo Nacional y el Museo Colonial.

  Si se consideran los textos que en Arciniegas de cuerpo entero se refieren a la obra de este autor en el campo de la historia, el interés que despiertan tiene que ver no sólo con la información que aportan acerca de ella y las reflexiones que ofrecen. Estos ensayos son también una manera de conocer el contexto del que surgen. Son un punto de partida para indagar cuáles son las posturas y las expectativas de una época, respecto al quehacer del historiador. Los artículos son un medio para explorar los criterios que rigen el acercamiento del público al conjunto de las obras de Arciniegas, y la tabla de valores según la cual se las califica. Así las cosas, en las respuestas que genera la producción de este autor se advierten cuatro criterios que las guían. Uno de ellos se centra en el aspecto de la profesionalización del escritor; otro, en consideraciones de apreciación estética; en una tercera instancia, las valoraciones se fundan en la significación de su obra como medio para comprender determinados procesos históricos (especialmente aquellos que se relacionan con la problemática entre el viejo y el nuevo mundo desde el descubrimiento); un cuarto criterio apunta hacia la valoración de las hipótesis y argumentos planteados en los libros de Arciniegas.

Es este último renglón el que aparece como el más anémico. Resulta evidente que la intención de Cobo Borda, al recoger los ensayos que giran en torno a la obra de Arciniegas, es presentar visiones encontradas; incluir posturas contrastivas y valoraciones diversas respecto a los argumentos que aquella plantea. No obstante, la orientación que sigue la crítica se mantiene en el ámbito de los tres primeros criterios antes anotados, en detrimento del último de ellos. La mayoría de los artículos son de tipo descriptivo más que analítico. La actitud analítica se manifiesta en algunos planteamientos de Sanín Cano, Hernando Téllez, José María Ots y Enrique Pérez Arbeláez, y adquiere profundidad en los ensayos de Rafael Gutiérrez Girardot y Jorge Orlando Melo.

Los contemporáneos de Germán Arciniegas y las dos generaciones subsiguientes destacan su constante oficio de escritor, plasmado ininterrumpidamente en periódicos y libros. Este autor es, según Hernando Téllez, un escritor de tiempo completo y jornada continua" (pág. 103); y para Gutiérrez Girardot, "El primer escritor profesional que ha tenido Colombia" (pág. 157). Dichas afirmaciones se basan tanto en la prolijidad de su producción, como en la trascendencia y difusión que ésta ha alcanzado más allá de las fronteras americanas.

Dadas las características de su en-foque y estilo, la crítica vacila en colocarla dentro de una categoría definida: ¿Ensayo? ¿Historia? ¿Sociología? Hay consenso en cuanto a las cualidades estilísticas de la obra:

sencillez, ligereza, ritmo, tono anecdótico; igualmente, acerca de la capacidad de Arciniegas para compenetrarse con un momento histórico dado, intuir las estructuras mentales de éste y elaborar acertados cuadros de época. Medardo Vitier señala cómo la prosa de este escritor fusiona lo novelesco, lo lírico y lo dramático, y Alberto Zum Felde subraya el heho de que en Arciniegas los héroes asumen proporciones humanas. Dichos rasgos tienen como resultado una obra que no es ni sociología, ni historia, ni ensayo, sino lo que Rafael Gutiérrez O. denominafeuilleton: un género nacido del periodismo moderno, que utiliza "Algunos medios del ensayo para divulgar temas complejos de manera accecible y amena a un amplio público lector" (pág. 157).

En este sentido, Arciniegas llena las expectativas de unos lectores que buscan en el quehacer del historiador, más que la documentación sistemática y la metodología rigurosa, explicaciones e interpretaciones digeribles que tengan un sólido fundamento teórico. Algunas líneas del ensayo "Germán Arciniegas" de Hernando Téllez sintetizan tal postura:   "Otros pueden superarlo por el estilo o la erudición documental; ninguno por el aspecto crítico ni la originalidad del concepto. La historia [en Arciniegas] se torna en hecho vivo, en realidad objetiva, sujeta a causa y efecto; una especie de noción fenomenológica preside el discurso de su pensamiento y, de esta suerte, nada[...] aparece allí como cosa providencial o engendrada por el azar. Postura mental, criterio intelectual, que se apartan completamente de la actitud más común en esta especie de trabajos" (pág. 87).

Pero es también en la ausencia de rigor y documentación, donde los críticos hallan la debilidad de algunas posturas de Arciniegas; en su afán por validar sus hipótesis, este autor cae a veces en generalizaciones arriesgadas o en interpretaciones forzadas. Parece ser que una de sus tesis principales, y a la vez su talón de Aquiles, es su afirmación respecto a las raíces vernáculas del espíritu revolucionario y democrático en el proceso histórico americano; contra algunos de los argumentos que en este sentido esgrime Arciniegas, se ha pronunciado la crítica. Tales la posición de Hernando Téllez al abordar Este pueblo de América (1945), donde Arciniegas encarna en las revueltas indias el ideal revolucionario que alimentó al posterior movimiento independentista. Por otra parte, Téllez encuentra que, a fin de sustentar su hipótesis de que América no debe tanto a Europa como se cree, y deque ésta le debe a la primera más de lo que se supone, Arciniegas subvalora la presencia del viejo mundo en el nuevo. Para Téllez, nuestra herencia lingüística, la de determinados sistemas políticos y hábitos mentales, así como el influjo de la Revolución Francesa y los derechos del hombre en el movimiento de la Independencia, demuestran lo contrario. Con respecto a otras obras, por ejemplo Los comuneros (1939) 6 Bolívar y la revolución (1984), las críticas apuntan hacia la parcialidad de los juicios expuestos. José María Ots manifiesta cómo en la primera de ellas el autor insiste en los rasgos negativos de los virreyes del siglo XV III. Por su parte, Jorge Orlando Melo se refiere a la actitud benevolente de Germán Arciniegas en lo que concierne a las posiciones adoptadas por Estados Unidos y Santander en el siglo XIX, contraponiéndola al estricto enjuiciamiento a que son sometidas las posturas de Bolívar e Inglaterra, en Bolívar y la revolución.

Aciertos y desaciertos de una obra, emergen de Arciniegas de cuerpo entero. Allí se perfila un escritor y un gestor de la cultura. También como fundador o director de revistas, Germán Arciniegas ha contribuido a la aglutinación de autores y a la divulgación de sus escritos. Dentro de este itinerario figuran las revistas Universidad (1928), Revista de Indias, Cuadernos (1953) y Correo de los Andes, y los nombres de colaboradores como Gabriela Mistral, Charry Lara, Macedonio Fernández y Juan Ramón Jiménez. En esta medida, a la vez que explorador de la historia americana, Arciniegas es actor de su historia literaria; él la alimenta y ella se pronuncia acerca de él. De allí que la compilación de Cobo Borda constituya, como se dijo, una muestra de las tendencias críticas y de las expectativas literarias de los últimos cincuenta años. Dada su naturaleza, se echa de menos, en Arciniegas de cuerpo entero, un apéndice que dé breve cuenta de la injerencia en el mundo de las letras y la política, de aquellos que escriben acerca de Arciniegas, para así contextualizar mejor su discurso.

ALICIA FAJARDO M.