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Uno que
dice saber cómo fuimos
La economía chibcha
Armando Suescún Monroy
Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1987,
113 págs.
El
historiador Suescún expone un tema que, por su complejidad e importancia, viene siendo
estudiado desde hace cuarenta años: la economía chibcha. La obra pretende contribuir al
conocimiento y divulgación del periodo precolombino, aparentemente desconocido en la
historia colombiana, a causa de ese supuesto vacío histórico condicionado por el
descubrimiento de América, acontecimiento que dio lugar a la implantación de las
instituciones europeas, con las cuales, según muchos historiadores, se inició la
historia americana.
La lectura del libro
plantea muchos interrogantes y hace recordar otros escritos sobre el tema, a fin de
cotejar el manejo de los datos, análisis y conclusiones tendientes a caracterizar el
objeto de estudio de los muiscas y a la vez llegar a un acuerdo sobre cómo designarlos.
El autor no trae referencia alguna sobre
el concepto de chibcha, tér
mino
que por primera vez utiliza el cronista fray Pedro Simón, en 1625, para denominar la
lengua de los habitantes de la altiplanicie cundiboyacense, a la llegada de los
conquistadores europeos. Dicho término ha sido usado indiscriminadamente para identificar
tanto a los mencionados habitantes como a la familia lingüística extendida por el
norte de Sumamérica, Panamá y Costa Rica a la cual pertenecía su lengua. Entre
los grupos de lengua chibcha de la cordillera Oriental de Colombia y de la serranía de
Mérida en el siglo XVI, se encontraban los sutagaos, muiscas, tunebos, laches, guanes,
chitareros, timotos y cuicas
1
. Actualmente existen grupos indígenas como los coguis,
sahás, ijcas de la Sierra Nevada de Santa Marta; yaruros, de Arauca; paeces, del Cauca;
cunas, de Urabá; cofanes, del Putumayo; cuaiqueres, de Nariño, todos pertenecientes a la
familia lingüística chibcha. Es claro que mezclar lo cultural con lo lingüístico crea
confusiones, más aún cuando el término muisca se halla generalizado. No se
desconoce que los términos chibcha y muisca han sido utilizados
convencionalmente por los investigadores y, sobre todo, que durante por lo menos un siglo,
de 1848 a 1948, se usó solamente chibcha y de ahí en adelante múisca (o
muiska) y chibcha, este último empleado consistentemente por todos los autores
estadounidenses. Una de las razones para llamarlos muiscas es la de diferenciarlos de la
familia lingüística. Si bien el nombre no es realmente lo fundamental, sí lo es, en
cambio, establecer qué tan homogéneos o heterogéneos fueron los grupos que se designan
con dicho término. Lo importante, según E. Londoño
2
,
consiste en saber
hasta qué punto éstos conforman una unidad de análisis válida, y es aquí donde
reside el Verdadero problema, pues resulta difícil determinar quiénes, cuántos y
cuáles fueron los muiscas.
El investigador Suescún,
al tratar de seguir el proceso histórico de la cultura chibcha, retorna al arqueóloga
Silva Celis para situar la etapa formativa de dicha cultura entre los siglos V a. de C. y
IV d. de C., y una etapa de desarrollo de alta cultura a partir del siglo IV hasta el XVI
d. de C. De esta información queda la impresión de que la obra sólo incluye datos
parciales y desactualizados, pues la cronología aceptada por los arqueólogos para los
muiscas sólo se remonta a alrededor del siglo VIII d. de C. Fechas anteriores a ésta en
la altiplanicie cundiboyacense se asocian con una ocupación diferente que corresponde a
los habitantes del período Herrera; éste se remonta al primer milenio a. de C. para la
sabana de Bogotá.
El autor considera que la
economía chibcha tuvo un carácter de núcleo inicial y formativo basado en los notables
avances de la agricultura, la industria y el comercio, así como por la naturaleza
comunitaria y de solidaridad social. Al tratar el tema de la división
político-administrativa, habla de cuatro estados que tuvieron actividad económica y
relaciones comerciales comunes. No hubo, por tanto, comenta el historiador Suescún (pág.
27), cuatro economías diferentes sino una sola, de la misma manera que sólo existió un
pueblo y una cultura en todo el territorio. Así habría que ver a los muiscas como una
unidad, de lo cual se colige que los habitantes del norte como los del sur fueron
homogéneos, y semejantes sus pautas culturales. Desafortunadamente, el investigador no
incluyó en su análisis recientes trabajos de arqueología y etnohistoria, los cuales, al
interpretar la información, muestran una gran contribución al estudio de los muiscas, en
el sentido de presentar un enfoque antropológico que permite caracterizar social y
culturalmente las diferentes sociedades de esta etnia. La arqueología, por ejemplo,
reafirma la heterogeneidad de
estos
grupos, al constatar diferencias considerables en la cerámica, en el tratamiento de los
cadáveres, en las formas de enterramiento y en los tipos de tumbas. La etnohistoria, por
su parte, muestra que los mitos de origen entre los grupos del sur y del norte de la
altiplanicie eran distintos, lo cual indica que no se trataba de un pueblo tan homogéneo
como se ha creído. Económicamente, entre los muiscas existió una especialización
regional, gracias a un avanzado sistema de intercambio y a condiciones locales de
producción, de acuerdo con la disposición de recursos
3
.
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Por otra parte, la
existencia de territorios independientes tuvo implicaciones que deben tenerse en cuenta
para los análisis de las estructuras sociales, económicas y políticas. El hecho de
existir dichos territorios también contradice la homogeneidad y unidad muiscas.
Según los cronistas y
las fuentes etnohistóricas, el tipo de organización sociopolítica se basó en el
parentesco por vía materna y cada grupo conformó un núcleo (UTA-SYBYN) gobernado por un
capitán (menor o mayor); la agrupación de pueblos estuvo bajo el mando de un cacique y
los cacicazgos no independientes estuvieron gobernados por el zipa de Bacatá y el zaque
de Hunza.
El historiador Suescún,
al tratar el tema de la organización social y política, plantea que la sociedad chibcha
tenía una estructura gentilicia, cuyos principales elementos eran la familia, el clan y
la tribu. No sobra recordar que un enfoque antropológico sobre los chibchas fue planteado
en 1949
por
Guillermo Hernández Rodríguez, al introducir el concepto de clan como unidad de
análisis. Sin embargo, en este estudio no hay realmente elementos nuevos; por el
contrario, da la impresión de que con sólo retomar la definición de Pitirin A. Sorokin
sobre el clan el problema queda resuelto. Por otra parte, el autor afirma que, a la
llegada de los españoles, en el territorio de los chibchas no había un solo estado sino
cuatro. Este planteamiento confirma la sensación de que el trabajo trata de una
recopilación más sobre los chibchas (muiscas) que desconoce muchos trabajos sobre
antropología e historia, los cuales presentan nuevas teorías, variados enfoques
metodológicos y abundantes datos básicos que enriquecen la información.
Es horade no seguir dando
vueltas y vueltas sobre aspectos conocidos a partir de los trabajos de Joaquín Acosta
(1848), Ezequiel Uricoechea (1854-1871), Liborio Zerda (1883), Eugenio Ortega (1981),
Vicente Restrepo (1895), Carlos Cuervo Márquez (1903), Miguel Triana (1922), etc., etc.,
y cuyos datos fueron retomados de los cronistas de los siglos XVI y XVII-XVIII,
desconociendo todo el potencial de información que ofrecen. los documentos de archivo,
los datos y análisis arqueológicos expuestos en varias tesis de grado y publicaciones de
los últimos quince años.
Retomando el
planteamiento del historiador Suescún sobre los cuatro estados chibchas, cabe recordar
que cuando los cronistas describieron a los muiscas no contaban con un respaldo teórico;
"con mucha frecuencia hablaron de ellos en términos feudales reflejando de esta
manera sus propios esquemas sociales. Más adelante el término tribu, de origen
latino, entró en boga para designar a una
sociedad de indígenas o a un simple conjunto de
ellos, y así, los estudiosos y anticuarios lo usaron de una manera desordenada,
alternando casi siempre con el término Estado para referirse a una misma
realidad"
4
. El efecto de mezclar
conceptos distintos como tribu y estado, utilizándolos
desordenadamente, les suprime su naturaleza explicativa como herramientas teóricas que
son. Las tribus constituían formaciones sociales gentilicias basadas en las relaciones de
parentesco que Lewis Morgan, en 1877, denominó gens. El Estado, por el contrario,
se organiza a partir del territorio, la propiedad privada y las clases sociales.
El énfasis de los
últimos años en la definición de las sociedades se fundamenta en estudios que han
contribuido al tema de la economía partiendo de las diversas formas de organización
social y política, para lo cual varios investigadores parten de casos etnológicos que,
si bien corresponden a otras realidades, teóricamente son avances científicos válidos y
utilizables. Las sociedades muiscas se vienen estudiando dentro del concepto de cacicazgo:
organización social que produce un excedente económico y una especialización, la cual
establece una diferencia con la organización tribal. M. Sahlins
5
coloca los cacicazgos entre
las sociedades tribales, pero reconoce que éstos representan un avance evolutivo, por
cuanto poseen la capacidad de organizar una mayor diversidad económica y ambiental dentro
de un solo grupo político. Según E. Service
6
,
la mayor diferencia entre la tribu y el
cacicazgo es la desigualdad que existe en éste entre personas y entre grupos. Por otra
parte, a pesar de la jerarquía alrededor de la sociedad, en el cacicazgo no existen
clases sociales, y es esta carencia lo que lo distingue del Estado. Una característica
típica del cacicazgo es la producción comunal. Ha sido con este concepto con el que los
arqueólogos y etnohistoriadores han organizado la información de algunas sociedades del
período tardío de la preconquista, y es bajo esta noción y sus implicaciones como en
los últimos años se ha caracterizado a los
muiscas, sin que éstos hayan recorrido los
estadios evolucionistas de banda-tribu-cacicazgo.
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Por otra parte, el libro
enfoca aspectos generales: el medio, la población, la forma de organización, etc.,
elementos de interés, aunque en algunos casos el autor, por querer ser tan preciso, cae
en imprecisiones; por ejemplo, dentro de los límites del territorio del zaque incluye el
páramo de Guasca (Cundinamarca), dato que no concuerda con el establecido por Fabchetti y
Plazas (1973).
El autor orienta
los cuatro capítulos siguientes "Relaciones de producción",
"Producción", "Comercio y sistema tributario", a demostrar la
"naturaleza socialista de la economía chibcha!, la cual, a partir de un
núcleo formativo, llegó a tener un eficiente funcionamiento por medio de la producción
agrícola en diferentes pisos térmicos, industria, intercambio, redistribución; sin
embargo, falta fuerza y profundidad para entender el objetivo de los mercados, ya que
según C. Langebaek
7
, estos producen una forma de circulación de
bienes suntuarios más que de bienes de producción o comida.
El último
capitulo es bastante interesante, por cuanto muestra que la invasión al altiplano y la
destrucción de la población y su cultura fueron hechas, utilizando palabras del autor,
por hombres que traían hambre atrasada de siglos de miseria, que engañaron para luego
dedicarse a la estafa, al secuestro, al asalto, a la tortura, a la muerte, a la esclavitud
y al genocidio. Con la usurpación de la tierra surgió la propiedad privada de la misma;
ésta se afianzó por medio de los repartimientos o encomiendas, más tarde a través de
los resguardos o confinamientos de indios, y finalmente con la mita se produjo el
desarraigo del indio de su tierra, de su familia. Estas instituciones constituyeron la
forma extrema de desconocimiento de los derechos humanos, de explotación, de atropello y
humillación, lo que llevó a la extinción de los muiscas.
Si bien la economía
chibcha (muisca) mantuvo un equilibrio entre producción, distribución y consumo y la
sociedad se caracterizó por mantener la igualdad, la solidaridad y la independencia, no
se trata de volver a la cultura ni a la economía precolombinas, pero sí, escribe el
autor, de estudiarlas, conocerlas y valorarlas. De recobrar su presencia en nuestra
historia, de inclinarnos sobre ella y estudiar modelos autóctonos.
ALVARO B0TIVA CONTRERAS
1
Roberto Lleras Pérez y Carl Langebaek Rueda, "Producción agrícola y desarrollo
socio-político entre los chibchas de la cordillera Oriental y serranía dc Mérida",
ponencia presentada al 45. Congreso Internacional de Americanistas, Bogotá. Universidad
de los Andes, 1985. En Chi efdoms in the americas. Robert D. Drennan y Carlos A. Uribe
(comps.). University Press of America, 1986, págs. 25 1-267. (regresar1)
2 Eduardo
Londofío Laverde, Los cacicazgos Muisca ala llegada de los conquístadores españoles. El
caso del Zacazgo o "Reino" de Tunja, tesis dc grado, Departamento de
Antropología, Universidad de los Andes, Bogotá, 1984, pág. 117. (regresar2)
3 Carl
Henrik Langebaek, Mercados y circulación de productos en el altiplano cundiboyacense,
siglo XVI, tesis de grado, Universidad de los Andes, Bogotá. Este trabajo fue revisado
por el autor y publicado por el Banco de la República en 1987 con el título Mercados,
poblamiento e integración única entre los muiscas. Siglo XVI. (regresar3)
4
Eduardo Londoño, Op. cit,. pág 114. (regresar4)
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5. Citados por E.
Londoño, Op. cit.m, págs. 95-104 (regresar5)
6
Ibíd
(regresar6)
7 Carl
Henrik Langebaek, Op. cit., 1985b. (regresar7)
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