Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 14, Volumen XXV, 1988


San Andrés: Cotidianidad turística Vs. idealismo desarrollista


Pragmatic adaptation and idealistic intervention: An analytical description of development agencies within a context of political clientelism in San Andrés Island Colombia. (Tesis de doctorado en desarrollo. University Madison Wisconsin, 1980)
Michael Jack Rosberg

University Microfilm lnternational, Ann Arbor.
1982, 301 págs. 6 ils. 40 cuadros.
 

 

Michael Jack Rosberg llegó por primera vez a San Andrés en 1971, subvencionado por la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional, con la misión de participar como promotor (era magíster en bienestar social) en la creación de algunas cooperativas de productores y consumidores: 

Mi función era organizar a la comunidad para esta transición, y difundir la tecnología, los equipos y el capital básico necesarios para lograr la integración a la corriente principal de la economía colombiana
[pág. 5].
 

Esta experiencia nutriría el interés posterior para redefinir la forma de guiar a los isleños en el propósito de cambio social controlado. El intento cooperativista produjo un primer resultado hacia 1974, con la organización de una cooperativa pesquera, constituida inicialmente por un grupo de parientes (los hermanos Francis), tras lo cual el “efecto demostración” llevó a los lancheros a fundar su propia cooperativa. Rosberg creyó en las ventajas del cooperativismo para la comunidad isleña hasta 1975, época en la que descubrió que él, al igual que las entidades públicas orientadas a desarrollar la isla, no comprendían realmente a los isleños:  

El movimiento cooperativo en San Andrés no sólo fue una oportunidad para mí de manipular a los isleños [!]. También permitió que ellos trataran de manipularme como defensor y organizador de valiosos recursos [pág. 12]. 

El hecho era que el gobierno consideraba a los isleños una reserva de recursos laborales utilizables para construir y operar un puerto libre en un territorio situado a 1.450 kilómetros de Bogotá. Rosberg halló que la población isleña constituye un conjunto culturalmente distinto del continental y con una orientación económica esencialmente oportunista. Este valor fundamental en el complejo isleño, dificulta no sólo una estrategia cooperativista, sino en general los mecanismos usuales de intervención pública en los procesos de cambio. Comprender el proceso con que opera la gente, sería entonces la preocupación que motivó la investigación, para la cual Rosberg logró financiar otros años de permanencia en la isla. La disertación plantea la cuestión del rechazo de los pobres a estrategias a largo plazo para el crecimiento económico nacional, en favor de estrategias de supervivencia a corto término. Habría que buscar, entonces, presentar un modelo sustitutivo. 

En la exposición se parte del análisis de los modelos de intervención, entendiendo como “tradicional” el que considera la estructura social como unidad básica, y como sustitutivo el llamado “procesual”, el cual acepta la sociedad y la cultura como partes de un ambiente “dado” y, en cambio, acentúa la interacción de los individuos en tales contextos. El primero sería un modelo idealista; el segundo pragmático, para fines de brindar asistencia a los pobres, por parte de las agencias nacionales especializadas. 

La especial condicionalidad histórica de San Andrés —señala el autor— marcó la naturaleza de la escala comportamental del isleño. Si a eso se agregan los factores geográficos, y el tipo de relaciones gobierno-gobernados, queda descartado intentar explicar al isleño según los estereotipos de comportamiento cultural. 

La condicionalidad histórica es considerada en el período 1786-1953, previo a la conversión de la isla en puerto libre. A lo largo de dos períodos, basados en la agricultura esclavista del algodón (hasta 1853) y, después de la abolición, en la producción del coco, los isleños mostraron especial habilidad para ajustar las relaciones sociales a la conveniencia de las oportunidades económicas de cada momento. Los vaivenes en el sometimiento al régimen español o al inglés, o a uno u otro dueño de esclavos en la isla durante el primer período, y después las respuestas anexionistas y separatistas (en 1903, por ejemplo) o ante intentos posteriores de reclamo de soberanía, demuestran esa vocación. 

Como respuesta racional al ambiente, este tipo de comportamiento se hace constante, en la medida en que, con posterioridad a la conversión turística de su economía, San Andrés ha continuado siendo objeto de una política fluctuante en términos de promover o desestimular, mediante normas, la actividad del puerto libre. Una síntesis muy clara de este tratamiento se presenta en el cuadro 4.11 (pág. 106). 

El boom del puerto libre tuvo otras repercusiones:  

El trabajo que aquí reseñamos demuestra que una de ellas es la expansión política de la intendencia, reflejada en su burocratización administrativa, en la entrada en escena de las entidades del desarrollo, y en la consecuente aparición del agente político local, convertido en catalizador del tira y afloja entre las facciones beneficiadas o perjudicadas con las disposiciones fiscales y con el crecimiento de la nómina. 

Pero lo más importante ha sido el cambio en la estructura de propiedad, ocupación y actividades en el territorio insular. El emergente grupo de empresarios surgió como nueva “dificultad” dentro del medio en el cual deben actuar los isleños. En el lapso de diez años (1962-1972), el 90% de las tierras en North End fue vendida a extranjeros y a mainlands (colombianos continentales). Pese a constituir todavía más del 50% de la población, los sanandresanos debieron resignarse a desempeñar los oficios tradicionales, excepto la posibilidad de la profesionalización universitaria en otra región. A la vez cedían a “turcos”, costeños y antioqueños el control de la industria turística y del comercio. En el momento de la encuesta, se tiende a considerar que para el isleño promedio el turismo no genera ingresos y, en consecuencia, la categorización económica les asigna una situación discriminada, dentro de la cual sus ocupaciones básicas son las de taxista, pescador, lanchero, maletero, vendedor de comestibles típicos, y, en unos pocos casos, las de burócratas públicos o profesionales liberales. El análisis del sistema político muestra cómo los objetivos de estos grupos ocupacionales son heterogéneos. Por ejemplo, los taxistas buscan incrementar los beneficios por el servicio que prestan, en tanto los empleados pretenden reducir el costo del mismo. En consecuencia, las bases para la colaboración son muy débiles, y se eleva la capacidad manipuladora del agente clientelista. 

En ese contexto, la disertación establece los efectos de las entidades de desarrollo (págs. 241-274), describiendo su acción dentro de un orden comparativo, y con base en las opiniones de 159 individuos, representativos de tres grupos de activiÉad previamente esbozados. Rosberg demuestra la ineficacia total —Ica-Caja Agraria—, o parcial —Sena-Acción Comunal— de las entidades que desconocen una estrategia de supervivencia surgida en los isleños como respuesta a un ambiente improductivo:  

La estrategia es una. pagar lo menos posible por obtener lo que se desea. Para los pescadores con equipo eso significa mínimas alianzas, puesto que el pescado proporciona los medios para satisfacer sus necesidades. Para los pescadores sin equipo, lo esenciales asociarse con propietarios de equipo. Esto vale también para los vendedores de cocadas. Los “lancheros” buscan aliarse con los turistas —y especialmente con las turistas— que les proporcionan los recursos... Los isleños, en suma, operan dentro de las reglas de aquel juego: el de sobrevivir a corto plazo y minimizar las expectativas posteriores, y esperan que los demás actúen también de acuerdo con estas reglas [pág. 274].  

Pero también hay quienes se favorecen con el proceso transaccional descrito. En San Andrés los políticos saben que su supervivencia depende de la habilidad para dirigir la mínima asistencia a los isleños y demás residentes de la intendencia, y para extraer del clientelismo el mayor beneficio para sí mismo. 

Rosberg centra su exposición en el examen de las principales variantes concebidas por los isleños para enfrentar la economía turística en el contexto del clientelismo. Estas variantes se registran mediante la observación directa (participativa) del comportamiento de isleños que pescan, conducen lanchas con turistas o ejecutan labores domésticas. Los pescadores que tome como ejemplo son “Madman” Francis y su socio “Dog” Hodgson (pág. 121-165), de quienes reconstruye su origen familiar, costumbres, actitudes, técnicas de pesca, ingresos y despilfarros, factores estos muy semejantes. Su estrategia varía únicamente en cuanto a la decisión de unirse o no a la cooperativa (“Madman” lo hizo, pero “Dog” no). Ellos representan a los isleños que han obtenido provecho de la industria turística mediante la acción colectiva. Al lado de este retrato se ofrece el de los “lancheros” (pág. 172-197), el grupo de isleños que lleva turistas en lanchas fuera de borda a los cayos cercanos, beneficiándose individualmente del turismo. Aquí el personaje típico es “Scorpion” Watson, cuyo comportamiento contradictorio —mezcla de afectividad e instrumentalidad— frente a los otros lancheros representa una modalidad “engañosa” en la actitud central del grupo poblacional. La tercera subcategoría social descrita por Rosberg es la de los vendedores de cocadas, residentes del sector del viejo cuartel ( barrack) , para quienes la preparación de los dulces de coco no es una forma de obtener ingresos, sino un método de distribución de excedentes entre los miembros del grupo, con lo cual se mantiene una viva amistad instrumental. La base de esta conducta sería la idea moral bautista prevaleciente, cuyo objetivo de: i) minimizar las diferencias, y ii) enfatizar la distribución de bienes, se compaginaría con su posición en las orillas de la red de distribución económica —ocasionales cargos burocráticos cedidos por los políticos, urbanización turística del vecinda­rio, que les brinda la situación doméstica, etc. 

Rosberg señala que estos tipos humanos —más que categorías sociales— no pueden utilizar la consejería agrícola del Ica, ni invertir en cultivos de yuca y plátano con préstamos de la Caja Agraria al 18% de interés, y que, aun poseyendo la tierra o el agua para ello, si recurren a los préstamos sus propósitos no son agrícolas, y si los obtienen tendrían pocas probabilidades de pagarlos. Rosberg cree que en estos casos opera una especie de analogía social de la teoría darviniana de la selección natural que hace infructuoso el mecanismo de acción oficial: su propuesta es la reprogramación del papel de las entidades de desarrollo dentro de un contexto más realista, que incluya el pragmatismo de las acomodaciones actitudinales de los recursos escasos a corto plazo propia de los isleños, dentro del cálculo para lograr objetivos a largo plazo. 

De 1980 a hoy, San Andrés ha tenido una administración que se ufana de sus logros. Sin embargo, se comprueba que las agencias ineficientes permanecen allí, y que la burocratización y el clientelismo permiten el funcionamiento de aparatos ejecutivos y legislativos duales (concejo intendencial, concejo municipal, alcaldía municipal e intendente) en una superficie de 44 kilómetros cuadrados. El diagnóstico de Rosberg sobre esta comunidad sui generis no pierde vigencia.

 

JOSÉ ERNESTO RAMÍREZ