Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 14, Volumen XXV, 1988

Bogotá vista por sus alcaldes


Bogotá ayer, hoy y mañana
Juan Mosca (entrevistas
, estructura y redacción)
Villegas editores, Bogotá, 1987. 303 págs., ilustrado.

Publicado bajo los auspicios de la Asociación Probienestar Social (Aprobis), y con el patrocinio de diversas empresas estatales y privadas, este libro, de formato grande y fina presentación editorial, busca dar cuenta de la evolución de Bogotá en los últimos cincuenta años, con fundamento en testimonios de quince alcaldes que han gobernado la ciudad en este período, desde Germán Zea Hernández hasta Julio César Sánchez, quien hace la presentación de la obra.   

El libro, por su naturaleza, se convierte en una suerte de herencia para los futuros mandatarios y para los interesados en estudiar las acciones administrativas y las tareas cumplidas en medio siglo. Obviamente, ofrece una visión muy distinta de la que podría dar un vecino de La Perseverancia o del norte. También contiene un anecdotario sobre la vida diaria y los usos bogotanos, que no deja de recordar los cuadros de costumbres del siglo pasado y hacen amable y divertida la lectura, especialmente en el primer capítulo, titulado “De la arcadia feliz a la aglomeración del siglo XX”.

En las siguientes diez secciones desfilan, sin un sentido histórico muy riguroso, las ciudades que cada alcalde soñó, los intrincados problemas del presupuesto —el capítulo más árido—, la tela de araña del transporte público, los entretelones del caos y del progreso. Un índice onomástico, siempre útil, completa el libro, que carece de una cronología y de un sumario, siempre prácticos en esta clase de trabajos.

Entre los kilómetros de asfalto, los problemas del alcantarillado, las dificultades financieras, las pugnas políticas, las congestiones de tráfico y la llovizna que trajo la desgracia a las zonas marginadas y que cada alcalde resolvió según las urgencias del momento y según sus posibilidades e intereses, se desliza la descripción de circunstancias políticas y técnicas probablemente desconocidas, así como episodios mayores y menores que muestran poco a poco la complejidad inaudita que significa administrar la ciudad más grande del país. También se pueden entrever el estilo personal y los rasgos humanos de los exalcaldes, así como el gran interés que tiene para los presidentes el manejo de la capital del país, considerado como el segundo puesto de Colombia.

La estructura del libro es novedosa y se sostiene bien en el transcurso de las páginas, las cuales no dejan de parecer excesivas, pues el formato hace incómodo leerlas y no faltan las redundancias propias de la diversidad de quince memorias recordando. El resultado es una suerter de collage controlado por el periodista, cuyas intervenciones aparecen en letra bastardilla y sirven para precisar, recrear en términos subjetivos una atmósfera con acento de intensa vivencia, o para introducir un tema, preguntar o replicar.

La mayor parte de las fotografías que ilustran los textos son bastante sosas. Casi todos los pies de ilustración carecen de mayores precisiones en cuanto a lugares y fechas, y en ocasiones poco agregan a la foto. Hubiera sido preferible menos texto y más ilustraciones mejor seleccionadas, no sólo porque es más propio del formato y del carácter del libro, sino por aquello de que una imagen vale más que mil palabras. Bogotá ha sido objeto del interés de diversos fotógrafos, pero también de artistas, caricaturistas y publicistas que hubieran constituido una rica fuente para visualizar la evolución de la ciudad, en reemplazo de tanta estadística, más propia para un informe técnico.

A medida que se avanza, la lectura parece volverse más áspera y dificultosa, por la naturaleza de los temas, por las cifras y por el peso del libro. Los iniciales recuerdos sobre recodos y calles, personajes como la loca Benita, la sombra de Gaitán jugando tejo o el perfil de blazer y mazamorra de Emilio Urrea, ceden paso a la leche contaminada, el desempleo, la indisciplina social, las toneladas de basura, la jerga del déficit y el superávit y las camas por día. Una enumeración monocorde, que es salvada por notas chispeantes de Juan Mosca, donde la sorpresa y la poesía y un amor inocultable por la urbe se encuentran y logran salvar un texto que amenazaba zozobrar.

Es notable que las referencias a las grandes catástrofes que ha enfrentado la ciudad sean casi nulas, en una obra que pretende una relación histórica. El 9 de abril del 48 y la toma del Palacio de Justicia, que marcaron no sólo un hito urbano y político, están ausentes casi por completo. No obstante, el libro no es apologético, pero, como anota el editor, tampoco es descarnado ni pesimista: “Por el contrario, busca hacer aportes a la información que los habitantes tienen sobre la misma . Sólo que muy pocos de esos habitantes tendrán acceso a este volumen, destinado, como muchos de su género, a una circulación institucional, a regalos de cortesía, en fin, al sueño en los anaqueles.

SANTIAGO LONDOÑO V.