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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
14, Volumen XXV, 1988
Las estructuras englobantes
de un escritor antioqueño
Proceso creativo y visión del mundo
en Manuel Mejía Vallejo
Luis Marino Troncoso
Procultura. Bogotá, 1986, 325 págs.
La teoría estética denominada
estructuralismo genético, propuesta, entre otros, por Lucien Goldmann y
Jacques Leenhardt, busca explicar la creación artística a partir de ideas como
estructura significativa, estructura englobante, visión del
mundo y sujeto colectivo de la creación. Esta corriente parte del
supuesto de que existen dos realidades (dos estructuras): la sociedad y la obra de arte, y
que están íntimamente unidas por relaciones intrínsecas.
Tal es la perspectiva crítica que asume el
jesuita Marino Troncoso en su análisis de la obra y la vida del
novelista antioqueño Manuel Mejía Vallejo
(1)
. Afirma Troncoso: La literatura de
América Latina en general y la antioqueña en particular han sido siempre testimonio fiel
de la realidad (pág. 266). No significa esto que el crítico utilice la literatura
exclusivamente para hacer historia, ni reduce los textos a meros reportajes o testimonios.
No. El método goldmanniano deja margen para el estudio estético y formal de la obra, y a
esto dedica Troncoso buena parte de su libro.
En
este sentido, Troncoso escudriña todo lo publicado por Mejía Vallejo hasta 1978. El
análisis es completo, el estilo ameno, la documentación prolífica. En forma objetiva,
señala no solamente logros como la textura poética o periodística de muchos de los
textos, su belleza, sus formas lingüísticas y su fuerza expresiva, sino también sus
debilidades: la grandilocuencia anacrónica por el uso exagerado de la comparación y el
adjetivo en La tierra éramos nosotros (págs. 37, 154), el esquematismo de Al
pie de la ciudad (pág. 60) y de El día señalado (pág. 91), la manera como
el autor ha rellenado algunos cuentos hasta convertirlos en novelas (págs. 65
y 83) y su desmedida necesidad de participar en concursos literarios adaptando su obra a
circunstancias particulares, hasta el punto de que algún crítico lo ha catalogado como
un escritor de concurso (págs. 46 y 99).
En el proceso de definir las relaciones entre
arte y sociedad, Troncoso establece una estructura mental para el caso de
Mejía Vallejo, que sería el punto de partida para organizar el universo de este
escritor. Tal punto estaría constituido por el paradigma vivirmorir
recordando la soledad de los caminos. En otras palabras, esta frase definiría una
constante, una cimentación en el proceso creativo, y nos serviría para interpretar su corpus,
sus categorías mentales y la esencia de su visión.
Empero, en Mejía Vallejo, la dialéctica
vida-muerte, las ideas de nostalgia y soledad y el tema del camino implican la percepción
de un presente cargado de historia; es decir, volcado preferentemente hacia el pasado,
exento de futuro. De hecho, según analiza Troncoso, en la obra del antioqueño
encontramos la lucha por conservar, o al menos registrar, unos valores tradicionales que
se derrumban, la glorificación de ciertos rasgos consuetudinarios de un pasado glorioso
y, sobre todo, la conciencia de que lo importante ha quedado atrás (pág.
134).
El punto esencial del análisis, en mi concepto,
radica en la afirmación de que tal suma y combinación de elementos
(vida-muerte-nostalgia-soledad-camino) no es creación del artista, sino algo adquirido y
transmitido por la sociedad (pág. 268). Así, Troncoso, aplicando con fidelidad la
teoría de Goldmann, abre el análisis en círculos concéntricos a partir de los textos
analizados, para incluir en primer lugar la biografía del autor, y luego el grupo, muy
cercano a la idea de generación. (Habla, por ejemplo, de la estructura
social que organiza la conciencia empírica del grupo [pág. 270]. En círculos más
amplios están la época, lo regional, el país, las clases sociales, la tradicion.
Se presenta, pues, un proceso dialéctico, un
continuo ir y venir de la obra a las condiciones que la hicieron posible: detrás de cada
autor hay una tradición, unos valores, unos hechos históricos, una
circunstancia, que según Troncoso no debemos pasar por alto.
Así, la vida y la obra de Mejía Vallejo se
convierten en símbolos de una visión del mundo colectiva.
Desde las primeras páginas del libro que
comentamos, lo regional antioqueño, a cuya cabeza estaba el maestro Tomás
Carrasquilla, va quedando configurado como una vigorosa corriente cultural de
características muy definidas, en cierto modo opuestas a otras manifestaciones en el
país, y en especial al Modernismo-universal-bogotano (pág. 19). Se incluye
amplia documentación sobre los artífices de la antioqueñidad: los trece Panidas, el
grupo de la década del cuarenta, el de los cincuenta, el suplemento Generación, el
nadaísmo, La Tertulia, Papel Sobrante. Se dan fechas, cientos de nombres propios,
títulos, citas bibliográficas, temas, obras y anécdotas, y la lista completa de
concursos literarios, con detalles sobre jurados, actas, patrocinios y salvamentos de
voto.
Se trata, pues, de todo el desarrollo cultural
paisa de este siglo: en primer lugar, desde una perspectiva histórica, analiza la
hegemonía conservadora, el gaitanismo, la violencia, el crecimiento de las ciudades, el
Frente Nacional. En segundo lugar, ciertas variables antropológicas: la importancia del
costumbrismo, algunos mitos populares como el tango, el culto a Gardel, la cultura del
puñal. Así, la violencia innata del antioqueño, la ética del trabajo, la religiosidad,
el matriarcado y el machismo y el progresivo desbarajuste de estos y otros valores, van
quedando esbozados. En el centro de la obra de Mejía Vallejo estaría, pues, una de las
claves para desentrañar primero el auge y luego lo que en el decenio del setenta se
llamó la decadencia y la pérdida de liderazgo de los antioqueños.
El mismo Troncoso advierte que su libro no es un
trabajo definitivo (pág. 272). Ninguno lo es. Es, sí, un comenzar a comprender la
historia reciente de ese departamento que colonizó el país, que inauguró el proceso de
industrialización, y que a pesar de ser tradicionalista, ha producido los creadores e
intelectuales más innovadores. Desde Carrasquilla, Fernando González, Pedro Nel Gómez,
Barba Jacob, León de Greiff hasta Castro Saavedra, Oscar Hernandez, Rodrigo Arenas,
Belisario Betancur, Otto Morales, Fernando Botero, Gonzalo Arango, Arango Ferrer, Mejía
Vallejo y tantos otros...
ALVARO PINEDA BOTERO
(1) Una perspectiva similar
utiliza Jorgelina Corbatta en Notas para un análisis estructuralista genético de Aire
de Tango en Revista de Estudios Colombianos, núm. 2. 1987, pág. 33.
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