Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 14, Volumen XXV, 1988


Fidelidad con la poesía


Poesía colombiana, 1880-1980
J. G. Cobo Borda
Universidad de Antioquia, Medellín, 1987.

 

 

Juan Gustavo Cobo Borda viene realizando desde dos frentes distintos y felizmente complementarios su labor creativa. Siguiendo un vuelo descendente, han aparecido en estos últimos años tres libros que marcan una parte de esa trayectoria: Antología de la poesía hispanoamericana (1986), Letras de esta América (1986) y ahora, en la colección Celeste de la Universidad de Antioquia, Poesía colombiana. Trayectoria en la que se observa el paso de su evaluación del panorama literario latinoamericano, hasta dedicar este libro a una evaluación particular de la poesía del país. 

Se asiste en estos años a un momento en que la “Generación sin nombre” empieza a hacer el balance de ella misma y de su labor personal; de esta manera nos encontramos con las primeras antologías de estos poetas nacidos en el decenio del 40: Juan Manuel Roca, Darío Jaramillo Agudelo, el propio Cobo, o con recopilaciones como la de María Mercedes Carranza, publicada en 1987. 

Si los frutos trágicos que son los poemas de esta generación es una de sus características, también existirá una preocupación, igualmente solitaria, por crear un cuerpo crítico. 

“Se trata de descubrir un país llamado Colombia”. A lo largo de quince capítulos, que abarcan desde Silva hasta el decenio del 70, Cobo Borda reunirá ensayos y artículos que permanecían ampliamente desperdigados por una infinidad de revistas. Parecería que el título, Poesía colombiana, es un intento de particularizar o de crear una insalvable distinción con respecto a la poesía escrita en otros países. Pero no es así. Si en su Antología de la poesía hispanoamericana intentaba descubrir los ecos existentes entre los diversos autores, aquella galería de espejos, Cobo seguirá por esta misma vía de investigación. De forma paralela, el autor nos quiere dejar constancia de su apreciación acerca de aquello que más ha disfrutado o que más ha aborrecido. 

Un criterio especialmente sano, aunque a veces bastante destructivo, es empezar por descreer de todo lo que se ha escrito sobre poesía colombiana. En su largo ensayo, no incluido en este libro, “La tradición de la pobreza” (Eco, núm. 214), apuntaba que “la lectura de la poesía colombiana, aunque sólo sea la de un siglo, resulta incómoda. Es una poesía poco importante”. Cobo, en el volumen que aquí se reseña, ha abandonado cierta descalificación que muchas veces rozaba con la ligereza; de esta manera se asiste a las reflexiones de un valioso lector mucho más reposado. “Una relectura de Barba Jacob” nos indicará esta nueva apertura. El libro será, pues, la suma de las “sucesivas lecturas” del autor, y también será “una propuesta de lectura”. Quizás lo más valioso de él se encuentre en tres ensayos que de alguna manera vertebran todas sus páginas: “Mito”, “El nadaísmo” y “La década del 70”. 

La aparición de Mito marcará una ruptura inmediata: “Ya no es posible abocar el estudio de nuestro pasado literario sin tomar en cuenta esta escisión. Contra la facilidad y el desgreño, un cierto decoro. Un estilo, un instrumento de análisis. Contra la habitual improvisación, datos, elementos, cifras y opciones. Un aprendizaje que era a la vez trabajo y acción” (pág. 140). Analizando cada una de las figuras que se reunieron alrededor de Mito, Cobo Borda hará resaltar la singular importancia de sus logros:   


1. Crítica y creación. Inteligencia e imaginación. Invención y transmutación.   
2. El ser al mismo tiempo corrosivos y certeros.   
3. Cosmopolitismo, intelectualismo, erotismo.   
4. Diálogo y polémica.   
5. Situar el trabajo intelectual colombiano dentro de una órbita de validez internacional.   
6. Tornar expresivo un lenguaje adulterado y reflexionar sobre él.   
7. Crear una poesía que por fin tocaba la realidad.   
8. Cambiar para siempre la literatura del país. 

Junto a una reflexión literaria incorporará también una reflexión histórica, siendo Mito la fusión final. Indudablemente, el mejor ensayo del libro sobre un poeta será el dedicado a Gaitán Durán, donde lo mostrará en su doble faceta de alentador principal de la revista y de extraordinario creador. Lo seguirán ensayos sobre Cote Lamus, Mutis y Charry Lara. 

Deteniéndose sigilosamente en una bibliografía dispar, Cobo Borda realizará un análisis desde dentro del nadaísmo, alejándose de esa mirada fría y aséptica de un análisis formal. Manifiestos, libros, actos públicos, cartas, nos darán una visión amplia y diversa, refrescante y lúcida del nadaísmo. De la misma manera que hizo con Mito, el autor intentará encontrar los hilos conductores:   


1. El humor como clave.   
2. Su incultura como uno de los méritos reales del movimiento.   
3. Su forma de acción como creación artística.   
4. Su reivindicación de la marginalidad, que acabó por convertirse en una apología del sensacionalismo.   

5.
La falta de reflexión de ellos mismos como grupo y la falta de un fundamento teórico.
   

Eduardo Escobar, Jotamario, Mario Rivero y Jaime Jaramillo Escobar serán estudiados en su doble vertiente: como participantes del nadaísmo y como figuras particulares. Será a Jaime Jaramillo Escobar a quien dedique una reseña especial sobre su libro Sombrero de ahogado. 

El volumen finalizará con un ensayo sobre “La década del 70”, donde intentará trazar un retrato de unos años en los que al mismo autor le tocó en suerte publicar sus primeras obras. Como continuidad de su exposición realizará la segunda reseña de un libro reciente, Poemas de amor, de Darío Jaramillo Agudelo. Cien años de poesía que irán de Silva al decenio del 70, serán para Cobo Borda una manera de analizar la historia social y económica del país. Sus preocupaciones —las rupturas con el pasado, la importancia de las revis­tas, la relación entre los poetas, la creación de un gusto, la poesía como una de las formas de la historia— surcarán continuamente todas las partes del libro.

 

RAMÓN COTE BARAIBAR