Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 14, Volumen XXV, 1988


La historia y los cuentos


La tienda de imágenes
Elisa Mújica
Ediciones Fondo Cultural Cafetero, Bogotá,
1987, 120 págs.
 

 

Bajo el título La tienda de imágenes, la escritora santandereana Elisa Mújica ofrece, verdaderamente, una preciosa vitrina de cuentos cuyas imágenes verbales y cuya construcción narrativa se reflejan en diecinueve relatos cortos, uno de los cuales corresponde al título del volumen. 

Intentaremos en esta reseña, no realizar un breve resumen de cada cuento, por separado, sino referirnos a sus aspectos temáticos básicos, y fundamentalmente a uno de ellos, que es la caracterización de personajes. A través de este aspecto, se hará posible destacar otros rasgos temáticos estructurales. Con el humilde y breve estudio crítico que realizaremos, queremos ofrecer al lector algunas características preponderantes del grupo de cuentos, con lo cual puede hacerse una aproximación al carácter de la estructura narrativa y estilística que presenta la autora colombiana en este libro. 

El primer aspecto que se tratará, acometiendo un sucinto estudio temático, lo constituye la caracterización de los personajes, lo cual equivale a realizar un viaje por la psicología del hombre colombiano, sin que por ello pueda negarse la universalidad que alcanzan dichos personajes, al proyectarse y poder ser parte de cualquier espacio territorial y literario. 

Según este orden de ideas, en Una señora de Valladolid el personaje histórico Rufino José Cuervo se hace ficción y se relaciona, así mismo, con el personaje histórico y literario Rafael Pombo. De esta manera, nos es posible conocer las intimidades —imaginarias o reales—, de persona­jes cuyas anécdotas y vida íntima no conocíamos. Pueden observarse los estratos internos del alma de los personajes: “En seguida irrumpió otra de sus características: la prudencia” (pág. 9); “surgían, en el estudio de la muy parisiense rue Largilliére, regionalismos de todos los pelajes que Rufino José examinaba con la lupa de su escrupulosidad y su memoria, a fin de incluirlos en la gran obra a la que convergían sus esfuerzos casi desde la infancia” (pág. 10). El personaje Cuervo se enriquece, al presentarse ante los ojos del lector en su profunda relación con un hermano que lo protege, quien se había desterrado “para servir de báculo al solitario necesitado de ayuda” (pág. 11). La pasión de Cuervo por el idioma nos va presentando, poco a poco, a un investigador envuelto por la sombra de la muerte y de un aislamiento espiritual que sólo reposa en la correspondencia con su amigo Pombo. Siguiendo esta misma tendencia, concerniente al relato de personajes que corresponden a la historia colombiana, se encuentra el Tríptico de cuentos que establecen una relación entre la historia y la ficción. En El pequeño escribiente Florentino, se hace el retrato de Florentino González, el eterno enamorado de Bernardina Ibáñez, ambos personajes de la historia, en la época de las luchas republicanas entre Santander y Bolívar. Acerca del exilio (otra de las características de los personajes de este tipo) de Florentino, dice el texto: “estando tan adelantado el siglo XIX y viviendo Florentino lejos de su tierra, en países como Argentina y Chile —donde se ganaba el sustento gracias a sus vastos conocimientos de economía, derecho, política y ciencias administrativas, que le servían para dictar clases en liceos particulares y establecimientos públicos—, sus nuevos amigos, apenas se enteraban de su nombre y nacionalidad inevitablemente iban a parar al mismo tema” (pág. 50). Este tema era el de la participación de Florentino en la conjuración septembrina contra Bolívar. Paralelamente al desarrollo de su lucha por una personalidad política, el relato hace, mediante un recurso retrospectivo, un recorrido por la lucha sentimental de Florentino para conseguir el amor de Bernardina, quien al principio del relato ya está muerta y subida en un inmenso pedestal que Florentino le ha construido. Tras inmensas fatigas pan llegar a conquistar el amor de la mujer, Florentino cae en la soledad absoluta bajo la sombra de la muerte con lo cual va perfilándose el sino de estos seres que habitan el universo literario que aquí presenta Elisa Mújica. En tal sentido, en La partida de tresillo se presenta a Francisco de Paula Santander como figura a la vez histórica y de ficción. Al respecto dice el texto: “antes del destierro que lo condujo a Europa, el general Francisco de Paula Santander, cuando iba de camino hacia Hato Grande se detenía en el Puente del Común y desviaba un trecho, con el fin de desmontarse en La Conejera” (pág. 58). Y es en esta hacienda, perteneciente .a los hermanos Castro, en donde frente a los naipes, al chocolate lujosamente servido y en un ambiente aristocrático, se va a desenvolver la trama de las luchas sicológicas y políticas entre Santander y sus opositores, los revoltosos como Sardá, quien perseguido por su ataque a Santander se ha refugiado en uno de los treinta y cinco cuartos de la hacienda de los Castro, adonde, sabiéndolo el general, acude todos los días durante un año, al juego del tresillo, lanzando preguntas que, poco a poco, sumen a los habitantes de la hacienda en una progresiva angustia, hasta que Sardá se cambia de sitio, es muerto y Santander —magistralmente retratado en su personalidad incisiva y poderosa—, y habiendo sometido a la tensión psicológica a sus propios amigos, no vuelve a enfrentarse al naipe: “Al día siguiente los hermanos esperaron en vano a su excelencia. Ni entonces ni después volvió a cumplirse la cita” (pág. 64). Por otra parte, también en el Tríptico aparece la figura histórica de Nicolasa Ibáñez de Caro, madre de José Eusebio y amante de Francisco de Paula Santander. En su vejez, exiliada voluntariamente en París, y en medio de un ambiente de lujo y nostalgia, el hilo de la trama presenta a Nicolasa persiguiendo la sombra de una mujer parecida a su nuera, a quien tanto quiere y que se encuentra en Colombia. El relato se abre con el retrato de Nicolasa: “ ... pero su figura siempre había sido igual: delgada, menuda, dando la impresión de la fragilidad más completa, la cual, por supuesto, si alguien se fijaba, desmentían los ojos burlones, hundidos y negrísimos de quien no escucha sino sus propios dictados para triunfar en las empresas en que se empeña” (pág. 65). Por otra parte, durante el paseo por los Campos Elisios, la escritora va a utilizar nuevamente la retrospección para relatar las difíciles relaciones entre Santander y Nicolasa, las cuales menoscaban la dignidad de esta última, aunque ella le haya salvado la vida a Santander cuando, por medio de una carta muy profunda, detuvo la firma de Bolívar que decretaba la muerte del general. También pueden verse las conflictivas relaciones entre Nicolasa y su hijo José Eusebio Caro, quien sufriera en la adolescencia la huella del comportamiento de la madre, la cual en su vejez busca el perdón, un perdón inútil, puesto que José Eusebio ha contraído matrimonio con una mujer a quien ama y quien le ha dado el amor que su madre le negara. La nuera querida por Nicolasa es la que ella cree perseguir en el paseo por París, para luego darse cuenta de que sólo vive de sus sueños, y termina el relato escribiendo una carta que no puede ser lo suficientemente sincera. Nuevamente se observan en este cuento las conflictivas relaciones entre los personajes y el inevitable rumbo de los principales hacia la soledad, el aislamiento o la muerte. 

También, entre los retratos de los personajes, muy variados y que reflejan toda una gama de la idiosincrasia colombiana, se encuentra la caracterización de mujeres de clases menos favorecidas, modestas e incluso indigentes. En María Modesta, la mujer recluida en un ancianato está rodeada por el aura de la soledad y de la angustia. La protagonista pasa el día entero hablando con dos mujeres del ancianato: “Las tres nos distraemos charlando. Así, engañamos al frío que sube del suelo de cemento o entra por el patio a pesar de que hay marquesina” (pág. 160). El hijo de María Modesta la ha recluido en el ancianato a causa de conflictos de ésta con su nuera. Por medio de recursos retrospectivos, la protagonista va a estar permanentemente recordando un trocito de mantequilla de la casa de campo, mantequilla que jamás volverá a tocar. También en este cuento pueden observarse las relaciones de conflicto entre los personajes y la tensión agresiva entre ellos, como cuando la nuera le derrama el café a María en la cara, conflicto que al agudizarse lleva a la protagonista a la soledad y a la tragedia, constantes estilísticas que rodean el universo de los personajes de este grupo de cuentos. En El chal azul, aunque se presenta una relación positiva entre dos hermanas, la degradación y la tristeza se hacen patentes, puesto que una de ellas es enferma mental. Se trata de una mujer de clase media baja que ha enloquecido. La hermana sana le lleva de regalo al sanatorio un precioso chal azul que la enferma nunca usa. Ello va a dar pie a que la primera piense que las enfermeras del sanatorio han robado el chal, lo cual sirve de pretexto para mostrar la crueldad interna de estos establecimientos. Sin embargo, de forma misteriosa, la víspera de la muerte de la enferma su mirada se va a teñir del “color insondable del mar de Simbad”. Revisando las pertenencias de la muerta, la hermana encuentra el chal azul, que cumple la misión de “evocarme, como si otra vez resplandeciera a mi lado, la belleza y la bondad de mi hermana” (pág. 25). Se reflejan, pues, el desamparo, la soledad y la locura, a través de un elemento casi mágico, como lo es el chal azul, el cual pone un poco de lucidez y ternura en la dura situación del personaje central. Algo semejante ocurre en el cuento La pararrayos, en donde Ofelia, “La mujer que nos servía el tinto a los empleados de la Caja Agraria” (pág. 34), divisa una estrella en el cielo y, al levantar sus humildes ojos, pronuncia unas palabras que la cambian de rumbo, cumpliendo “sin saberlo, la misión que le había sido asignada desde su nacimiento: salvar cinco millones de habitantes de morir calcinados, cuando el astro se precipitara sobre la ciudad” (pág. 35). 

Mucho de magia se encuentra en el personaje Nayib, en el cuento Jvet y Nqyib, en donde la ñapanga que guisaba como nadie las empanadas de pipián, poseía, al igual que Ivet, una ligereza casi alada con la que se desplazaba por los pasillos y habitaciones de la casa sin hacer el menor ruido. Dentro de la apropiada descripción del conflicto entre Nayib, la empleada, e Ivet, la enfermera de la abuela, el personaje de la indígena va a alcanzar premoniciones magicas: “Por cierto que cuando Nayib alcan­zaba ese estado de paroxismo principiaban a ocurrir fenómenos en sus dominios. A Dora le parecía que, o la engañaban sus ojos, o vio en una oportunidad un objeto tan pesado como una cantina repleta de leche, que hervía en el fogón, trasladarse a una mesa por su propia virtud y sin que nadie lo tocara” (pág. 96). Este elemento de magia de los personajes también va a aparecer con alguna frecuencia en los cuentos de Elisa Mújica. Es así como, en el presente cuento, Nayib obtiene que Ivet sea despedida gracias a que ofrece una pócima para la virilidad al señor de la casa. No cumple su promesa pero tiene el don de la ubicuidad. Desaparece cuando nadie lo espera: “Cuando Jaime abrió los ojos para liquidarla con la mirada, en el despacho no había nadie” (pág. 99). También la característica de elementos mágicos va a aparecer en el cuento Pico-pico melorico. El turpial se mimetiza con la naturaleza y tiene el poder de reducirse de tamaño a su voluntad. Es un ave muy sensible que se siente profundamente molesta con un pequeño colgante de bambú de fabricación china que le habían regalado a su dueña. El turpial experimenta pánico con sólo mirar el colgante, y la dueña lo regala a un amigo que, por la acción mágica negativa del objeto, muere: “acaba de morir víctima de un infarto. Lo habían encontrado tendido en su lecho. Encima, ubicado sobre la puerta media de la cama, como si hubiera medido la distancia centímetro a centímetro se bamboleaba el móvil de bambú” (pág. 103). 

Desde el punto de vista del reflejo tenso entre las diversas clases sociales, se encuentra el cuento Sucedió en navidad. Una mendiga se sienta frente al portal de la casa de Francisca Clara, y se expresa así el relato: “por desgracia, si una desarrapada, una miserable, de carne y hueso y no de trapo, suplicaba al otro lado de la pared, con hambre, sin abrigo, resultaba imposible rezar la novena y cantar los villancicos” (pág. 89). El cuento manifiesta la tensión en una noche de navidad entre dos Seres pertenecientes a clases distintas. Hay una incisiva crítica social y una ironización de la navidad. Francisca Clara no se atreve a desprenderse del todo de sus prejuicios religiosos; sin embargo, no atiende a la mendiga y ésta, a la mañana siguiente, muere entre sus brazos: “en los ojos que empezaban a vidriarse se estampó la dulzura de una niña pequeña. Fue la expresión que se le quedó grabada” (pág. 92). 

Por otra parte, también en el plano de la descripción y del conflicto entre los personajes se encuentra un señalamiento del sector aristocrático femenino y masculino, del cual tomaremos como ejemplo dos cuentos: El pequeño señor y el río y El contabilista. El primero trata de don Federico, quien ha comprado un metedero en un edificio central de Bogotá y quien parece un caracol metido en su concha, pues es el único lugar donde se siente a salvo. Por lo demás, es un sitio de delicias y finuras en donde relucen objetos y situaciones aristocráticas. El anfitrión recibe a sus visitas con exquisito whisky de impecable marca, en cuya elección Federico se muestra severo. Coleccionista de libros y de antigüedades, Federico se enamora fallidamente una vez de una escritora uruguaya, a quien envía unos lujosos volúmenes que después no puede recuperar. Luego se enamora de una poetisa, Tatiana, de quien se convierte en protector. Tatiana le había traído de un viaje una bufanda de seda natural que va a acompañarlo hasta la muerte. Poco a poco, el viejo va traspasándole todas sus pertenencias a su protegida y, con el fin de ayudarle más, intenta suicidarse. Tatiana cubre los gastos del hospital y le coloca al lado un muchacho de confianza para que lo vigile. En un viaje a Girardot, el anciano se escabulle del muchacho y, al regresar éste, “únicamente observó, caído en el suelo, el bastón. El cadáver flotó al otro día. Del cuello no se le había desprendido la bufanda” (pág. 33). Destaca en este cuento el amor por los objetos aristocráticos y nostálgicos, así como también se hace patente el destino de todos los personajes hacia la tragedia, la soledad y la muerte. En el cuento El contabilista, es magistral la relación que se presenta entre los cuatro personajes básicos y el reflejo de sus situaciones más profundamente sicológicas. Se trata de tres hermanas aristocráticas y ricas que entran en relación con un joven contabilista, empleado suyo, quien va a visitarlas todos los días a la casa. La protagonista, quien inicialmente lo asocia con su hija muerta, poco a poco se va apegando a él. Se aleja de la religión y sólo tiene ojos para el joven contabilista. Las tres mujeres sienten diferentes pasiones por el joven; así dice el texto: “Aunque la verdad es que, si nuestro amiguito faltara una sola tarde a su cita, las tres nos hundiríamos en el caos de los acontecimientos anormales, que rompen el hilo de las certezas diarias y nos confinan a lo desasido y flotante, al aire” (pág. 76). En el cuento, destaca el conflicto interno entre las tres hermanas y es de hacer resaltar la profundidad psicológica de los sentimientos. Así, se pregunta la protagonista: “.¿Dónde habitará ahora mi envidiable serenidad de espíritu, esa cualidad que me atribuyeron en otra época, aunque en realidad jamás ha sido mía? Una mujer que llega a lo que se ha convenido en llamar ‘una cierta edad’ comprueba que sus caminos se tornan tan tortuosos como en la adolescencia y sin el encanto de ésta” (pág. 77). De esta manera, frente a sus sentimientos, la protagonista decide cancelar el contrato del contabilista y desaparecer de escena. Es notable el manejo que hace Elisa Mújica de la psicología aristocrática y senil, tal como ocurre en el cuento El cisne negro, en donde Ana Magdalena, la protagonista, en espera de una niña que criara, todas las noches se lanza a la fría agua de un lago. Finalmente, tras esperar a su niña —hija de una prima que se suicidara a causa de los amores de su marido con la protagonista—, niña que nunca llega, al cisne negro le va a llegar la muerte: “La niña estaba a su lado, pero no la muchachita entre petulante y tímida que Ana Magdalena había criado, sino una mujer espléndida... muerte se llamaba” (pág. 87). Dado el breve espacio para esta reseña, es lamentable no podernos referir a otros aspectos que destacan estilísticamente en el grupo de cuentos. No obstante el lector encontrará como un aspecto preponderante, además de lo citado, una exaltación y un amor constante por los objetos delicados y las antigüedades. Con ello, nos parece que la autora quiere hacer un reconocimiento a ese amor por los objetos deliciosos y aristocráticos que revelan la nostalgia y la melancolía de un tiempo que se fue. Tal es el caso del cuento La tienda de imágenes, en donde la protagonista es feliz comprando objetos que la seducen, como “una bombonera de baccarat que jamás había soñado lucir en el comedor. Irizada y milagrosa permaneció en una repisa por espacio de meses” (pág. 43). También el amor por los libros lujosamente empastados y joyas de biblioteca va a reflejarse en algunos de los cuentos, tales como Lo tienda de imágenes y El pequeño señor y el río. Y aparte de este aspecto fundamental, no queremos cerrar este escrito sin hacer referencia al tratamiento irónico y crítico que se da a los próceres de la patria, tal como ocurre en el cuento El héroe, cuyo personaje agoniza en un cuarto sucio, mientras arriba, en un suntuoso palacio, los invitados continúan la fiesta con que lo agasajan. En el orden de la presencia de la muerte, sobresale el cuento El último domingo, que relata las últimas horas que, sin saberlo, vive el protagonista. 

Por último, cabe mencionar la presencia de la mujer bohemia, rica y protectora de los guerrilleros, quien sin conciencia alguna de lo que está haciendo es cogida en una trampa y termina sus días en la cárcel. Esto sucede en el cuento Carta a Vilma, el cual es bastante original con respecto a las características similares que los otros cuentos presentan entre sí. El libro se cierra con Triángulo, relato no muy sobresaliente pero que tiene la virtud de mostrar el conflicto entre dos mujeres aparentemente amigas, quienes dependen una de otra, y en medio de las cuales parece cruzarse levemente la figura del marido de una de ellas. 

Mucho más podría decirse de este grupo de cuentos de Elisa Mújica. Sin embargo, queremos concluir diciendo que en ellos hay unidad, estructuración, un pulcro uso del lenguaje y, ante todo, un curioso compendio de caracterización psicológica, localismo regional, dulzura, belleza y la presencia trágica de la soledad, la desdicha o la muerte, que en todos los cuentos rodean a los personajes.

  MARCELA ISAACS H.