Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 14, Volumen XXV, 1988

Nunca se aprende a ser novelista


   La sombra de tu paso
Manuel Mejía Vallejo

Editorial Planeta, Bogotá, 1987

La obra de un autor debe mirarse desde la totalidad de su creación. La sombra de tu paso es una novela que debemos considerar como un momento más en el universo creativo de Mejía Vallejo. Al compararla con su primera obra, La tierra éramos nosotros (1945), podemos descubrir un autor menos ingenuo y mucho más crítico frente a sí mismo, frente al lenguaje y frente a la realidad que lo rodea. 

Los amores de Bernardo y Claudia tienen como telón de fondo la convulsionada época de los años sesenta en Colombia, la época del nadaísmo recreada por el autor de manera crítica y mordaz. Bernardo es un escritor que frecuenta los mismos lugares de los nadaístas: La Urna de Cristal y El Venado de Oro, pero que asume una actitud sarcástica que pone en evidencia la falaz postura intelectual de los nadaistas: “Usaban las mayúsculas desorbitadamente, y elogiaban su desparpajo: primero iban al vicio ciegamente, después lo documentaban, inventaban su justificación y su disculpa” (pág. 75). 

Silvio Velero representa dentro de la obra la encarnación más acabada de lo que fue el nadaísmo, y con su actitud cínica y desfachatada acaba por interponerse entre Bernardo y Claudia. A pesar de ello, los amantes crean un intenso universo poblado de personajes y de juegos verbales que sólo ellos comprenden. Un obstáculo más fuerte se presenta a la pareja, el fantasma de Pedro, un pintor que se había suicidado al no ver correspondido su amor a Claudia. Ella se ve obligada por Bernardo a confesar la verdad de aquella relación y, contrariamente a toda suposición del lector, Bernardo termina reconociendo su parte de culpa en aquel suicidio: “Pero yo ignoraba que él se sentía ofendido. Muchas veces nos besamos y nos estrujamos cerca de él, yo ignoraba también lo que sufría. En alguna forma nosotros ayudamos a matarlo” (pág. 171). 

Cuando esta relación ha alcanzado cierta estabilidad, Claudia decide partir para siempre mostrando antes a Bernardo los certificados médicos que confirman el incurable cáncer que la invade. Reconocen entonces como lo más importante el haber vivido bien mientras estuvieron juntos. Bernardo anuncia a Claudia que su historia de amor él la había ido escribiendo. Claudia se marcha. Esta relación confiere a la novela una dimensión lúdicra y erótica. 

En Lo sombra de tu paso, las coplas y las canciones populares forman parte constitutiva de la realidad que se recrea y determinan su acento poético. 

Los personajes se van construyendo a sí mismos a través del diálogo, pero el lenguaje que utilizan resulta a veces tan excesivo que les resta profundidad.  

El espacio que recrea esta novela es totalmente urbano; son las calles y las plazas de Medellín. Sin embargo, vuelve a aparecer Balandú, pueblo abandonado a causa de la violencia y de los espejismos de la ciudad, pueblo construido con los recuerdos de los hombres que se fueron. 

Indudablemente, La sombra de tu paso no es la gran creación de Mejía Vallejo. Es, sencillamente, otro momento que confirma la constante búsqueda del autor por escribir su gran novela, y que al mismo tiempo nos recuerda la actitud que ha mantenido en su oficio de escritor desde que apareció su primera obra: “Cuando escribí la primera novela tenía veinte años de ignorancia. Después seguí estudiando, viviendo, leyendo. Nunca se aprende a ser novelista, como nunca se aprende a vivir, aunque de pronto se salga con una buena novela o con buenos momentos de vida” (1).

 

(1) Tomado de Jaime Mercado, “Treinta minutos con Mejía Vallejo”, en El Colombiano Literario, núm., 682, Medellín, 4 de agosto de 1963. Pág. 2.

 

RAFAEL MIRQUEZ A.