Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 14, Volumen XXV, 1988

Las preocupaciones de Renata


Oculta ceremonia
Renata Durán
Editorial Emecé, Buenos Aires, 1985
 

De Renata Durán el público —si se les puede llamar así a los pocos lectores de poesía del país— sólo conocía su primer libro, Muñeca rota, hasta que en 1985 se publicó en Argentina su segundo y por ahora último libro, Oculta ceremonia. La distancia que separa sus dos libros es enorme, por no decir abismal. Renata Durán ha pulido más su lenguaje y ha encaminado todo su esfuerzo por un poema que renuncia a la dispersión de la pirueta para concentrarse en el gesto. Rigor, exactitud e intensidad serán los ejes que se cruzan por sus poemas, siempre con el peligro de caer en el hermetismo o en el aburrimiento. 

Su Oculta ceremonia podría parecer repetitivo, pero Renata Durán nos hace entender que para hacer una buena poesía no hace falta tener muchos elementos; basta detenerse en unos pocos. Y su libro se decide por explotar un sólo filón. Las palabras, entonces, se empiezan a cargar paulatinamente de sentido, a tener su propio trayecto dentro del libro. La palabra espejo puede ser en un poema el lugar donde ocurre el reconocimiento, pero en otro el desconocimiento. Por este ejemplo se ve que todo va sufriendo un cambio de estado. Las cosas no están fijas, porque el sentimiento tampoco lo está. En ese punto se empieza a sentir la circularidad, la continua curvatura del libro, ya que conviven la luz con la sombra, el abandono con la compañía, la eternidad con lo efímero. Ella misma lo dice en un poema: “Jamás somos los mismos”. El color, como si ella fuera un pintor impresionista, va variando, ya que éste no es la respuesta a una observación externa sino a una observación interna. 

Este libro será un viaje por la unión con el ser amado y por la incapacidad de lograrse. Esta fusión de contrarios, estos cambios de estados tocan el poema y le dan a este su tono íntimo, lo transforman en una materia sensible ante nuestros ojos que leen la voz de un conjuro. El poeta no se acomoda a las palabras. Las palabras se acomodan al poeta. Gran parte del valor de este libre reside en esa lucha, en esa preocupación de exactitud.

 

RAMON COTE BARAIBAR