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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
14, Volumen XXV, 1988
Marvel Moreno
SONIA NADHEZDA TRUQUE
I lustraciones: Yesid Vergara
CON LA PUBLICACIÓN, en 1980, del libro de cuentos Algo
tan feo en la vida de una señora bien, conocimos
el trabajo de Marvel Moreno. A partir de esa fecha su
nombre se vincula a los de las escritoras colombianas
de este siglo: Elisa Mújica, Alba Lucía
Angel, Helena Araújo, Fanny Buitrago, para lo
cual, no obstante, ha de tenerse el cuidado de situar
a cada una en su búsqueda, a cada una en su tema.
Con la reciente aparición de su novela En diciembre llegaban las brisas,
su trabajo ha despertado interés y parece
que por lo menos se inicia una valoración de
su primer trabajo, que pasó inadvertido y sucumbió
a ese estado muy común en nuestro medio; el de
la indiferencia y el silencio.
Me propongo, pues, hablar de la obra de Marvel Moreno. Para hacerlo me apoyaré
en datos aparecidos en periódicos nacionales,
en el prólogo que para el libro de cuentos escribiera
Jacques Gilard, en los recuerdos que introduce Plinio
Mendoza en su libro La llama y el hielo, así
como en la larga entrevista concedida por la escritora
en 1983 a Ignacio Ramírez y Olga Cristina Turriago.
A este material agregaré los resultados de mi
lectura, las emociones o las diferencias que me suscitaron.
De la entrevista concedida a Ignacio Ramírez y Olga Cristina Turriago
es de donde sabemos que Marvel Moreno es barranquillera
de pura cepa, de rancios abolengos. [...]
Es una mujer esencialmente joven, no sólo por
su aspecto. También por su lenguaje, su descomplicación
y su energía. [...] El buen humor la acompaña
siempre como vestigio inequívoco de sus raíces
costeñas. Igualmente, la sensibilidad. No de
otra manera se comprende que después de leer
en diez ocasiones el Quijote y de haber reído
a carcajadas con sus ocurrencias, un buen día,
al cabo de los años, ese mismo libro la haya
hecho llorar.
Hace algo más de quince años Marvel Moreno salió de
Colombia. Para entonces ya estaba absolutamente consciente
de que su vida era la literatura. No en balde apenas
culminaba su adolescencia cuando ya había leído
todos los clásicos. Tampoco fueron vanas las
horas que pasó en la cueva, al lado
de José Félix Fuenmayor, Alvaro Cepeda
Samudio y Gabriel García Márquez, quienes,
siendo amigos de Plinio Apuleyo Mendoza (su exesposo),
se familiarizaron con su presencia en aquellas reuniones.
Plinio Apuleyo Mendoza, al recordar la larga amistad que lo une a García
Márquez, cuenta que se casó con una barranquiliera,
por sugerencia de Mercedes Barcha. Fueron años
difíciles, cuenta Mendoza. Se casó con
una muchacha que conoció en el Country Club de
Barranquilla, una muchacha de la alta sociedad, que
cambiaría su mundo de tes-canasta por la dura
vida de ser mujer de un periodista paupérrimo
con el que abandonaría todo para irse a vivir
a París, para hacer allí, en aquella
ciudad deslumbrante y dura, su viaje al fondo de la
noche metros, inviernos aciagos, hospitales, confines
de infortunio y ternura, cultivando su secreta y desesperada
vocación de escritora.
De París a Mallorca, de Mallorca a París, en esa errancia se buscarían
el lugar propicio para escribir. Durante la permanencia
en Mallorca, Marvel inicia la redacción de los
cuentos del primer libro.
En este momento Marvel Morenó tiene más de quince años de
residencia fuera del país. Quizá la distancia,
los años de separación le propician una
mirada sin reservas, sin concesiones a la ciudad que
conoció. Los relatos tienen el sello común
con los escritores del grupo de Barranquilla. Semejanza
que se hace evidente al retomar temas explorados por
José Félix Fuenmayor, Alvaro Cepeda Samudio
y Gabriel García Márquez. Es recurrente
en temas como la casa, el mar, la familia, la relación
telúrica con su entorno.
En el prólogo al libro de cuentos, Jacques Gilard dice: Se impone
la referencia a los tres grandes narradores del grupo
de Barranquilla, porque es evidente que Marvel Moreno
parte de las mismas premisas, exigiéndose en
esta época lo que ellos se exigieron hace más
de treinta años. Hay un gran trasfondo común
que es el mundo costeño y un recurso a los grandes
ejemplos de afuera, que se encuentran principalmente
en la literatura norteamericana de este siglo.
Y, por supuesto, el gran tema que atraviesa las dos obras de Marvel Moreno es
la casa, las grandes mansiones barranquilleras, protegidas
por altos muros, con sus dramas y pasiones, su galería
de mujeres contrariadas o burladas por el poder de los
hombres, pero con la fortaleza y el perverso atavismo
de la superstición que se resumen en el último
relato del libro de cuentos, La noche felíz
de Madame Yvonne.
Si por un lado está la casa como tema, en el puzzle temático
de Marvel Moreno aparece, como en algunos escritores
estadounidenses, el barrio, característica que
inserta su obra en lo que se ha dado en llamar literatura
urbana. A todo esto su personal estilo le añade
un sustrato fantástico, como que los hechos no
resisten una explicación coherente y hay que
hallarla en los arcanos o en las casualidades. En El
muñeco, como en Oriane, las protagonistas
establecen relaciones atávicas y casuales: un
muñeco encontrado en la calle o la casa invadida
de ruidos que escucha María y a lo cual su tía
no parece darle importancia; sencillamente le explica
que los ruidos y las voces dejan huellas en el
aire... y es como si el aire no saliera nunca de las
casas viejas.
A lo largo del libro los personajes buscan en qué apoyarse, y las salidas
son bien diversas: algunas de estas mujeres parece que
aceptaran como inexorable su limitada vida interior
y, como consecuencia de algo que no han manejado ellas,
el derrumbe de la comodidad de clase a que estaban acostumbradas.
Parecen enajenadas, como empujadas por las circunstancias,
a las que no oponen resistencia. Ciruelas para Tomasa
es buen ejemplo de lo dicho anteriormente. Este
relato es uno de los más audaces del libro: aprovecha
una estructura de yuxtaposición de voces, voces
que dan su versión sobre lo sucedido.
En el libro de cuentos se percibe la influencia de algunos textos de Katherine
Mansfield (Casa de muñecas o En la
bahía), así como de Rosario Ferré
(Cuentos de Pandora). Sin embargo, Marvel Moreno
va más allá, debido a su abierta posición
feminista, las mujeres son víctimas de la norma
masculina y cualquier transgresión es castigada.
El deseo y su realización tienen como contrapartida
el castigo.
Pero así como sostengo que Algo tan feo en la vida de una señora
bien es un libro trabajado y que confirma la calidad
de la escritora, me gustaría señalar agregando
que, por supuesto, son opiniones muy personales, y que,
como con cualquier libro, cada lector hace su valoración
que el afán de tesis obliga a Marvel Moreno al
recurso de clichés que en algunos casos se convierten
en muletillas que en la novela terminan como hipérboles.
Así, por ejemplo, los cachacos son los más
represivos con las mujeres; las mujeres de la clase
alta y que van al Country Club son rubias o irresistiblemente
hermosas, y hasta las prostitutas (véase Petulia
o María Fernanda) han tenido fortuna. Es un cachaco
el que mutila para el placer a su mujer, doña
Genoveva, en La muerte de la acacia.
Marvel Moreno habla de la ciudad que conoció y de la clase de la cual
proviene. Desde los relatos busca la base temática
de lo que será su obra posterior. Hablará
de esa burguesía ociosa cuyos componentes todo
lo reducen a pertenecer o no a cualquiera de los dos
clubes que los enaltecen como miembros: el ABC o el
Country. Todo se apuesta a eso y, si a alguno le es
negado el ingreso, como le sucedió a Daniel González,
se dedica como contrapartida al contrabando de tabaco.
También incluye la referencia cultural a lo supersticioso,
mediante la cual personas y hechos se ven marcados por
lo funesto de los arcanos: la acacia de doña
Genoveva la carbonizó un rayo: Era un viernes
y trece por añadidura. Confusamente la ciudad
interpretó la muerte de la acacia como una señal
de advertencia, un signo de reprobación enviado
por el cielo ante la complicidad que entre ella y doña
Genoveva se había establecido.
En el libro de cuentos están los tanteos, la búsqueda de tema y
estilo que más se acomode a su objetivo. Tratará
de mostrar una mirada totalizadora sobre lo femenino.
En la entrevista arriba mencionada, Marvel Moreno reconoce
que le debe mucho al psicoanálisis y al feminismo
que asumió a ultranza. La formación psicoanalítica
está presente en su obra, y vale la pena hacerlo
resaltar. En La eterna virgen y La sala del
niño Jesús presenta dos caracterizaciones
psicológicas de lo femenino. En el primero es
la introyección del deseo y del afecto, inhibido
hasta reducirlo a imágenes violentas (la seducción
del jefe a su secretaria), imágenes que buscan
una gratificación de la libido. Otro tanto ocurre
en el segundo. Es el tiempo detenido de una novicia
(atiende una sala de niños abandonados), el mecanismo
de huida hacia adelante de un yo no gratificado, transferencia
hacia un altruismo exacerbado. La relación eros
y tánatos, planteada con mucha mayor fuerza en
la novela, con una sutil referencia a algunos cuentos
de Simone de Beauvoir (La mujer rota), en el
cuento que da título al libroAlgo tan feo
en la vida de una señora bien es otra referencia
a su relación con el psicoanálisis, a
los mecanismos del morir, donde la protagonista, Laura
de Urueta, abocada a una situación límite,
se decide por el suicidio.
En La noche feliz de Madame Yvonne, la novela corta que cierra el libro,
Marvel Moreno se acerca, por fin, decidida, a lo que
será el gran tema de su novela. Se anuncian los
personajes y las situaciones. Sucede en el Country Club,
una noche de carnaval. Nada escapa a los comentarios
de madame Yvonne (exprostituta enaltecida como vidente
de la burguesía local). Allí aparecen
Lina Insignares, Alvaro Espinosa, Petulia, Catalina.
Se percibe el bullir de comentarios, la moral farisaica
como actitud cotidiana, fiel retrato de una sociedad
sin bases y que puede ser de Barranquilla o de cualquier
otro lugar de Colombia.
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Los atributos del libro de cuentos, en el que llaman la atención la economía
de lenguaje, la moderación en las expresiones
regionales, la contención que logra una estructura
sólida, hacen de Algo tan feo en la vida de
una señora bien uno de los mejores libros
de cuentos escritos en Colombia, y que debe ser recuperado
y leído y puesto al lado de Lo Amador de
Roberto Burgos, Bahía sonora de Fanny
Buitrago, Un pueblo de niebla de Alonso Aristizábal,
La octava puerta de Jorge Eliécer Pardo,
La calle del farol dormido de César Pérez,
para no citar sino algunos cuantos (doy disculpas por
la omisión de los que también merecen
estar aquí).
Marvel Moreno, como casi todos los escritores, ha ido madurando su tema. Ha debido
esperar muchos años, alejarse de su ciudad, escribir
un libro, para finalmente encontrar que todo estaba
dado desde la infancia, como le comenta a Ignacio Ramírez
y Olga Cristina Turriago: Pero en esa familia
había no sé cuántas tías
y tíos y primos... En todo caso, en mi casa todos
los días había muchas mujeres presididas
por mi abuela, en visita. Ella me permitía estar
presente, sólo escuchando, porque me prohibió
hacer cualquier pregunta, ni antes, ni durante, ni después
de la conversación. Yo oía contar historias
que eran, a veces, tremebundas. Yo no entendía
casi nada, pero lo que la abuela buscaba era obligarme
a reflexionar.
En diciembre llegaban las brisas está escrita en tercera persona
del singular: consta de tres partes, cada una de cinco
capítulos y un epílogo de la protagonista,
Lina Insignares. Cada una de las partes da cuenta del
devenir vital de tres mujeres: Dora, Catalina y Beatriz.
La presencia de Lina Insignares en el transcurrir de
estas vidas, se manifiesta también como devenir,
también participa del aprendizaje, mira con sorpresa
o confirma intuiciones a medida que ella también
va creciendo y afirmando su vocación intelectual,
alimentada por largas conversaciones con tres ancianas
de su familia: la abuela, tía Eloísa,
tía Irene. A partir de esta galería de
personajes femeninos, teniendo como juego la dispersión
temporal, espacial y anecdótica, nos vamos adentrando
en un discurso secular que, partiendo del terror bíblico
a las mujeres, aún hoy, en los umbrales del siglo
XXI, se presenta como un hecho ineluctable. Algo que
llama la atención en la lectura es cómo
las ancianas y las mujeres mayores a que se refiere,
aparecen como más sabias y audaces a la hora
de enfrentarse al hombre. Es la abuela la que anuncia
lo que será la vida sexual de Dora; más
tarde Lina lo ratificará, al casarse con un hombre
que la hubiese azotado cuando hicieran el amor, primero
por hacerlo, y luego por haberlo hecho antes con otro
hombre.
Porque así es. La anécdota está vista desde estas atribuladas
mujeres de la clase alta barranquillera, que de alguna
forma reproducen sus ambiciones y sus vicios.
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