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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
14, Volumen XXV, 1988
Fernando Vallejo: El ángel del Apocalipsis
FABIO MARTÍNEZ
Ilustraciones: Santiago Londoño
DEBO COMENZAR por decir que Fernando Vallejo, el escritor colombiano que se
hizo famoso por su magistral obra sobre la vida de Barba
Jacob, no es ningún santo. Músico, cineasta
y viajero impenitente, su compleja y prolífica
obra, hoy es piedra de escándalo y motivo de
las más exacerbadas contradicciones, que van
desde un análisis justo y objetivo de su obra
hasta la condena moral y filistea, como se puede observar
en Medellín, su ciudad natal, donde todos los
días como dice Antonin Artaud la
gente come vagina cocinada con salsa verde.
De personalidad irascible y contradictoria, Fernando Vallejo pertenece a esa
pasta de escritores endurecidos por la vida, que no
hacen concesiones ni se ufanan del éxito efímero
ni pertenecen a capillas. De ahí
que su presencia que no ha dejado de escandalizar
en los nueve países por los que ha viajado
y, sobre todo, su obra atormenten a más de uno.
Quizá porque Vallejo pertenece por línea
directa a esa raza de escritores y poetas ácratas
que pariera alguna vez este país, como Porfirio
Barba Jacob y Fernando González; pero, fundamentalmente,
porque para Vallejo la literatura y la ficción
se hacen y se nutren de la vida, como ya se advierte
en las primeras páginas de su libro El fuego
secreto: Marquesas de la vida o la novela
dice el narrador omnisciente, hablando en primera
persona, ahora las dos se me hacen una sola, acaso
porque la vida cuando se empieza a poner sobre el papel
se hace novela.
Esta posición de compromiso con la vida es quizá
la que nos permite pensar la obra de Vallejo como una
obra abierta y totalizante, la novelarío, como
la llamara alguna vez Nicolás Suescún,
donde las experiencias vivenciales del autor y la capacidad
de evocar el pasado se mezclan de manera sorprendente,
para hacer una obra aguda, violenta y profundamente
irreverente.
Pero veamos un poco el proceso de formación de este escritor que no sólo
ha incursionado en el campo de la literatura, sino también
en el cine. Nacido en el seno de una familia burguesa
en 1942, año que coincide con la muerte del poeta
Barba Jacob en México, el escritor de Los
días azules y El fuego secreto realiza
sus primeros estudios en un colegio de monjas. Más
tarde, pasa al colegio del Sufragio, regentado por curas
salesianos, y al conservatorio de Medellín, donde
recibe sus primeros cursos de piano, que más
tarde abandonará por voluntad propia, para dedicarse
a viajar por el país.
Decepcionado por los años del terror y la violencia que vive Colombia
en los decenios del 50 y 60, y ante la imposibilidad
de continuar aquí una carrera cinematográfica,
a los 24 años de edad y después de llevar
una vida de adolescente precoz plasmada descarnadamente
en El fuego secreto, abandona el país
para irse a radicar en Roma, donde estudia cine. De
esa época, el único trabajo que queda
de Vallejo es una comedia satírica titulada El
médico de las locas, que diez años
más tarde será puesta en escena en la
ciudad de México, por el loco Valdés,
el hermano menor de Tintán. De Roma salta a Nueva
York. De la experiencia de Nueva York quedará
el guión cinematográfico Oh, Nueva
York, Nueva York, y ante la negligencia de vivir
en Jackson Heights o en el oscuro Bronx, viaja finalmente
a México, quizá buscando las huellas de
ese gran poeta de Santa Rosa de Osos, el poeta de los
mil rostros y los mil nombres, que lo desvelara desde
sus años de infancia en la ciudad de Medellín.
México, entonces, se convierte para Vallejo en el punto de partida de
ese largo itinerario que durará siete años,
recopilando datos y haciendo entrevistas por todos los
países donde vivió el poeta Barba Jacob.
Pero su tarea no se queda ahí. Como tantos artistas
y escritores que han hecho de México su patria
de adopción (recordemos los casos de Germán
Pardo García, Alvaro Mutis, Garramuño,
García Márquez), Vallejo fija su residencia
en ese país, y será a partir de ese momento
(1971) cuando su obra empezará a crecer.
Sin lugar a dudas, es el período más fecundo de Vallejo, durante
el cual, el escritor, alternando sus viajes por Centroamérica
y Cuba, logra construir una obra cinematográfica
de gran valor estético y temático (en
Colombia la censura ha prohibido sus películas)
y, lo que puede sorprender a críticos y literatos,
construye una gramática del lenguaje literario,
algo realmente novedoso y de gran interés para
los escritores. De esa época es también
El reino misterioso, pieza de teatro infantil
que gana un premio en el II Concurso Nacional de obras
de teatro en México, 1973.
A propósito de Logoi: una gramática del lenguaje literario,
publicado en 1977 en México por el Fondo
de Cultura Económica, Vallejo anota: Logoi
no es un ensayo, como se ha creído en Colombia.
Es una gramática del lenguaje literario. Creo
que en español no hay otro libro así,
ni en inglés, ni en francés, ni en italiano,
ni en ningún otro idioma, que yo sepa.
Y más adelante, con su estilo áspero y
corrosivo que lo caracteriza, concluye: Logoi
es una especie de ociosidad y de maldad, pero muy
útil para escritores.
En ese mismo año, 1977, se estrena en México su película
Crónica roja. En 1980 se estrenará
En la tormenta; y tres años más
tarde, Barrio de campeones. Todas escritas y
dirigidas por él.
De corte realista, las dos primeras películas tienen como tema central
la época de la violencia en Colombia. En la
tormenta, un grupo de pasajeros que viaja en una
chiva hacia Calarcá es interceptado,
en el alto de La Línea, por la banda de Sangrenegra.
En Crónica roja se narra la historia de
dos hermanos que escapan a la policía. Tratan
de llegar a la frontera para alcanzar su libertad. En
la frontera, el primer hermano es detenido como sospechoso
de contrabando. En la cárcel es objeto de malos
tratos y violencia sexual. El primer hermano mata, entonces,
en la cárcel, a uno de los guardianes. Debido
a esto, se vuelve una celebridad y empieza a aparecer
en todos los periódicos y crónicas de
la época. Merced a su fama, el segundo hermano
es víctima de humillaciones y burlas en la escuela.
Al final, pasará sus mejores años encerrado
en un reformatorio para adolescentes. Barrio de campeones,
su última película, es la historia
de un boxeador del barrio Tepito, de México,
que a toda costa lucha por arañar el éxito.
A excepción de Barrio..., que simboliza la derrota de una clase,
vemos en Vallejo una deliberada intención de
utilizar la violencia en Colombia como fondo temático
de sus películas. Podríamos decir que
es una constante, por no decir que una obsesión,
plasmada, así mismo, con ese tono vigoroso y
a veces truculento que se presenta en su obra literaria.
Pero volvamos a 1942, año de la muerte de Barba Jacob. Como es sabido,
Vallejo nace en el mismo año, exactamente nueve
meses después que se produjera el deceso del
bardo colombiano.
Pues bien: esta extraña coincidencia no es gratuita. Por el contrario,
creo que constituye una de las claves que nos permiten
descifrar el interés que desde la infancia tenía
Vallejo por ese extraño personaje. Interés
que ya en su obra de juventud, Los días
azules, se dibuja de manera borrosa, inconsciente,
pero que empieza a cobrar cuerpo y se hace real, en
aquella búsqueda tenaz y empecinada que sobre
la vida del poeta se planteara Vallejo a su llegada
a México.
La búsqueda de Barba Jacob significa para Vallejo su propia búsqueda
y, en esa lucha tenaz por armar de nuevo las piezas
del rompecabezas de la vida del poeta, Vallejo se va
a encontrar a sí mismo en más de una ocasión.
En los múltiples giros de la vida dice el escritor al final
de Los días azules, en un país
extranjero, prisionero en la celada de sus versos, empecé
a vislumbrar que otro antes que yo había vivido
mis momentos y recorrido mis caminos, y desandando mis
pasos lo empecé a buscar, me empecé a
buscar, tras de su huella, volviendo sobre la mía....
Es indudable que la obra más importante de Vallejo, y que lo marca de
manera decisiva, es Barba Jacob, el mensajero; no
sólo porque para el mundo de las letras hispanoamericanas
representa el rescate de una vida oscura y hasta hace
poco difícil de reconstruir, sino porque es a
partir de esta biografía cuando Vallejo descubre
su propio camino literario. Allí están
plasmadas las primeras armas literarias que Vallejo
más adelante desarrollará en su serie
novelística denominada El río del tiempo,
y de la que forman parte sus novelas Los días
azules y El fuego secreto.
En Barba Jacob, el mensajero encontramos ese tejido fino y delicado que
Vallejo hace de los tiempos; esa manera de contar aparentemente
caótica y anárquica que nada tiene que
ver con una narración sosa y lineal; ese encadenamiento
de secuencias donde el pasado se confunde con el presente,
influencia, quizá, de su experiencia en el campo
del cine; y lo que es más importante a lo largo
de su obra narrativa, esa capacidad de evocación
que tiene del pasado, contada con el pulso de una escritura
desgarrada, pasional y siempre al borde del abismo.
Barba Jacob, el mensajero se abre con la llegada
del poeta al puerto de Buenaventura, después
de veinte años de ausencia. El poeta venía
acompañado de un joven centroamericano, bello
y apuesto, que le cargaba su maleta llena de versos;
ese joven, a quien descubrió alguna vez Barba
Jacob en una calle de León, en Nicaragua, iba
a ser su amante durante toda su vida. Vallejo lo irá
a descubrir cincuenta años más tarde en
la ciudad de León, viejo, pobre y con hijos,
como él mismo lo cuenta al final de la biografía.
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