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Sociólogos,
sociólogos
La sociología en Colombia
Gonzalo Cataño
Plaza y Janés, Bogotá, 1986, 164 págs.
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Pocas veces una generación de
profesionales se detiene, en pleno camino de su ejercicio, a mirar hacia atrás,
hacia la génesis del saber que les dio carta de ciudadanía en el marco de las
determinaciones nacionales que los moldearon. Pocas las veces en que se escogen las circunstancias para expresar un principio de
identidad que registre lo que ha sido esa historia particular del desenvolvimiento de la
profesión y de los lugares y discursos que la reproducen.
Muchas son las veces en que un grupo significativo de personas se ha preguntado: ¿qué es
la sociología?, ¿cómo y desde cuándo se ha desarrollado en Colombia? No faltan tampoco
las circunstancias en las que el inapelable humor popular hable de la sociología como de
"la ciencia por la cual y sin la cual la sociedad sigue tal cual".
Esta insólita asociación entre lo poco, lo
mucho y lo circunstancial que, refiriéndose a la sociología, pudiera hacer cualquier
lector desprevenido, le imprime gran atractivo al libro La sociología en Colombia. Hasta
1985 el autor de la obra fue presidente de la Asociación Colombiana de Sociología y
actualmente es profesor de la Universidad Pedagógica Nacional. Constituyen el corpus del
libro tres partes que contienen ensayos escritos por su autor en los últimos seis años.
Aunque, "ninguno de ellos fue redactado con la finalidad de formar un libro", su
temática central gira alrededor del asunto que motivó su título, con una bien lograda
unidad. La primera parte, La sociología en Colombia, contiene un esquema del
desarrollo de la sociología en el país y ofrece un recuento y análisis de su historia
más reciente, en la que a partir de 1959 se crean los primeros centros de enseñanza de
la sociología, uno en la Universidad Nacional y
dos en las Universidades
Pontificias de Medellín y Bogotá, dando lugar a "lo divino y lo profano" en
esta disciplina. La segunda parte, El legado sociológico, da cuenta de temas de
gran interés: el lugar de los clásicos en la formación de los sociólogos colombianos.
En ella combina el recuento sobre sus preferencias personales al respecto, con agudas y
polémicas observaciones frente a los "manuales de sociología" utilizados en el
pasado como instrumentos formativos, para terminar con una invitación atrayente al
reencuentro con los clásicos. La tercera parte, Controversias, contiene dos
ensayos, De nuevo, ¿qué es la sociología? nuevo, ¿qué es la sociología? y Para
una política de desarrollo de las ciencias sociales en Colombia. El primero recoge
una polémica con Jorge Child que apareció en el Magazín Dominical de El Espectador en
noviembre de 1982, y el segundo es la respuesta a un documento auspiciado por Colciencias
sobre las estrategias relacionadas con la investigación social en el país. Ambos ensayos
contienen respuestas a las reiteradas preguntas que comúnmente se hacen sobre la
sociología. Hay un rasgo característico en la obra de Cataño y es la seguridad
con que defiende su profesión y el saber que le da razón de ser. Además es ostensible
en los ensayos que conforman este libro la continua alusión al pensamiento sociológico
clásico. Las citas que Cataño hace de Weber, recuerdan a Ortega y Gasset cuando, al
referirse a Goethe, abogaba por un estudio desde dentro", desde su medio, desde
sus dificultades, desde sus aciertos. A pesar de su llamado a retomar los clásicos, no
deja de ser claro para el autor que esta tarea debe estar íntimamente ligada a una
reflexión sobre lo nacional; de no ser así, los sociólogos corren suerte similar a la
del personaje descrito por Mario Rivero:
José sabía
perfectamente conducir un navío
y enseñaba a los hombres a hacerlo
Juan no sabía nada de nada y vivía ignorado
a la orilla del mar.
No perder vocación por
el origen del pensamiento clásico en la sociología y tener a la "ciencia como
vocación" es la gran lección que va dejando la lectura de estos ensayos. Pero la
idea de enseñar, de dar lecciones, imprime también una característica muy particular al
estilo de Cataño, que lo hace muy "magisterial" y didáctico, como también
poco ameno; reafirmando, con ello, viejos estereotipos sobre el estilo de hablar y
escribir de los sociólogos. Uno de los más grandes pensadores del siglo XX, el filósofo
y sociólogo Theodor W. Adorno, ha escrito refiriéndose a las llamadas ciencias humanas:
"Con esta ocasión la forma en que se defienden los intereses de las ciencias del
espíritu permite que se vea su apocamiento. Los argumentos, especialmente en cuanto
tienen como finalidad conseguir medios financieros ya sea de parlamentos, de
gobernantes o incluso de mecenas, precisan utilizar como triunfo la utilidad; así
pues, sus portavoces se cuidan de la importancia propedéutica de los estudios
humanísticos". Es justo decir que la obra La sociología en Colombia tiene
una intencionalidad diferente de la criticada por Adorno, y eso le da otra dimensión a
los análisis de Cataño: la honradez intelectual en la defensa de la sociología alejada
de cualquier utilitarismo. "Si bien la sociología no ha transformado el
país ¿alguna otra ciencia lo ha hecho? sus realizaciones han ayudado a
sensibilizar de una u otra manera a los colombianos sobre la necesidad de luchar por una
sociedad amable y justa". El esfuerzo de Gonzalo Cataño al publicar su obra trae una
invitación para la comunidad de sociólogos a reflexionar sobre su historia, la de su
disciplina, la de su saber, como también contiene una reflexión sobre el futuro de
ésta, contenida fundamentalmente en el último ensayo, cuando polemiza sobre el trabajo
de Rodrigo Lozada
Plan de concertación nacional en ciencias sociales e historia: Documento de Base.
De la lectura de este trabajo quedan una serie de puntos que no permiten agotar el
debate y que de nuevo invitan a polemizar con el autor. Entre otros, tenemos:
La tendencia a confundir en ciertas afirmaciones el concepto de desarrollo de un
saber con el desarrollo de la profesión, especialmente en las relaciones contradictorias
que esta pareja dc conceptos determinan.
Si bien la periodización está marcada por la institucionalización de la
enseñanza de la sociología como profesión, es necesario combinarlas con otros factores
y momentos para que no quede una historia simplemente desde lo académico. Los trabajos
hechos en otro contexto por el sociólogo Gabriel Restrepo son un buen punto de partida
para superar este problema.
Los discursos que convergen en la formación del saber sociológico en el plano
nacional no son exclusivos de la comunidad científica de sociólogos. Así como se cita
el aporte de Darío Mesa y Jaime Jaramillo Uribe, es necesario reconocer el de otros
pensadores colombianos que han ejercido gran influencia en la sociología, como Estanislao
Zuleta.
La discusión sobre el objeto de la sociología ha recorrido caminos distintos de
los defendidos por Cataño. Baste recordar los planteamientos del programa de sociología
de la Universidad del Valle sobre el diálogo continuo entre las ciencias sociales.
El papel de la facultad de sociología de la Universidad Nacional es incuestionable
en una historia de la sociología colombiana, pero los resultados de los últimos
congresos sobre esta ciencia han revelado una producción que cada vez se hace más
madura, a pesar de la falta de una política editorial de mayor amplitud y menos
centralizada en la capital. Esto llevaría a que en un futuro una obra con pretensiones
como la que nos ocupa, tenga necesariamente que mirar la historia desde la periferia,
desde la provincia.
La influencia del pensamiento marxista en el desenvolvimiento de
esta
disciplina, no ha sido tratada con profundidad ni en esta obra ni en ensayos al respecto
hechos por otros sociólogos. El balance debe efectuarse desde propuestas metodológicas,
epistemológicas y teóricas más rigurosas. Nadie podría negar aunque Cataño lo
haya olvidado la importancia de los planteamientos de la escuela de Fráncfort y su
influencia en el pensamiento sociológico colombiano. No existirá en la historia de
muchos sociólogos la ausencia de lecturas de las obras de Marcuse o de Adorno, exponentes
de este pensamiento.
Falta, para la historia de la sociologia, recoger pacientemente el trabajo
de cientos de sociólogos que desde la lejana provincia han hecho algo más que
"sensibilizar a los colombianos" y han logrado recuperar elementos importantes
del patrimonio cultural, contribuir a formas de organización comunitaria, encontrar
métodos de recolección de datos. De tal suerte que la sociología tiene dos caras que se
multiplican para conformar una serie de niveles y momentos de una misma historia.
MANUEL RESTREPO YUSTI
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