Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 9,  Volumen XXIII , 1986
 

Sin conclusiones, pero útil y documentado


Arte y arquitectura en Santander
Alberto Corradine y colaboradores
Universidad Nacional de Colombia, Bogotá,
1986, 176 págs.

En la temática urbana y arquitectónica de América, y de Colombia en particular, existen regiones que aún requieren estudios particularizados, como el que encaran en la oportunidad el arquitecto Alberto Corradine y sus colaboradores, también arquitectos, Helga Mora de Corradine, Néstor Gómez, Elizabeth Rubiano, Ignacio Guerrero, Juan Manuel Sarmiento, Aydée González y Jaime Amaya.
Las peculiaridades regionales en el proceso de ocupación del territorio, la disponibilidad de recursos tecnológicos, las formas de producción locales y las modalidades de vida de las comunidades dejan huellas indelebles que caracterizan y dan identidad a estas arquitecturas.
Corradine señala las dificultades que tiene la tarea de investigación que deben encarar centros universitarios carentes muchas veces de los recursos económicos y las posibilidades de desplazarse sistemáticamente a zonas marginales o de difícil acceso, para efectuar los trabajos de campo
de relevamiento y documentación gráfica.
La tarea en equipo de docentes y alumnos ha permitido, sin embargo, concretar este estudio sobre el departamento de Santander, que contó con el apoyo del Cindec.
El enfoque del trabajo se ciñe a una visión integradora en la valoración de las obras, que parte de una descripción de las características propias del medio geográfico, los procesos históricos derivados del contacto de las culturas indígenas con la conquista española y la reorganización administrativa, política y económica del territorio.
Las variables demográficas que denuncian la paulatina disminución de la población indígena, el aumento de los negros y la dispersión de localizaciones de mestizos, blancos y mulatos indican el complejo proceso de integración que se había producido en la región.
El estudio de fuentes parroquiales eclesiásticas y de documentación procedente de diversos repositorios históricos acredita un avance destacado en el conocimiento y fundamenta el sentido y seriedad de la investigación.
Factores estructurales del desarrollo de las comunidades en la articulación de su economía rural y el artesanado urbano expresan una circunstancia que, aun con sus propias especificidades, se generaliza para otras zonas de Colombia y el continente.
En cambio el proceso de formación de centros urbanos, a partir de la fundación de Vélez, en 1539, presenta peculiaridades que apartan a los ejemplos santandereanos de las normativas de trazado que se codifican en las ordenanzas de población de Felipe II, algunos decenios más tarde.
En los albores del siglo XVII la reorganización territorial que encara el oidor Luis Henríquez y que llevara a la práctica Antonio Beltrán de Guevara abarcó una extensa región que incluyó a Santander definiendo diversos patrones de asentamiento urbano.
Alternativas diferenciadas de cauces de caminos, plazas de reducida dimensión que ratificaban la centralidad del urbanismo americano —en
ricas propuestas de distribución y usos— hasta casos excepcionales como el de los pueblos de indios de Servitá, Balegra y Anagá, con arterias rotatorias a partir de la plaza, marcan las incidencias de estas ricas expresiones de la morfología urbana del Santander colonial.
El proceso funcional de estos pueblos de indios del siglo XVII se complementaba con la conformación de parroquias de amplia jurisdicción y de las villas y ciudades de españoles. Mientras alcanzaba a cuarenta y cuatro pueblos de indios en el siglo XVII, con notoria decadencia en los períodos siguientes (quedan reducidas a cuatro parroquias en 1810), la crecen notoriamente de siete en 1650 a cuarenta y una en 1810, señalando la merma de la población indígena, el crecimiento de las otras castas y la modificación administrativa de los pueblos.
Corradine y sus colaboradores abordan con información de fuentes documentales de primera mano el proceso de construcción de las iglesias doctrineras, las disposiciones que encuadran su carácter tipológico y las características de las tecnologías aplicadas.
El siglo XVIII deja en muchos de estos templos su huella en el tránsito que va desde los pueblos de indios a sede parroquial, ya sea por sustitución del templo o por remodelaciones notorias.
La importancia de las fachadas de los templos santandereanos y el sentido escenográfico de su localización dominante sobre el espacio de la plaza, llama la atención tanto cuanto la notable variedad de propuestas de la composición formal de sus imafrontes (Aratoca, Curitl, Guapotá) que culminarán en el ejemplo neoclásico del diseño de Piedecuesta.
Los interesantes y aleccionadores relevamientos de viviendas populares de diversas localidades (Encino, San Gil, Curití, etc.) completan este aporte documental de la arquitectura en Santander que se complementará con nuevas noticias sobre las manifestaciones artísticas de bienes culturales conservados en los templos y un anexo de artesanos que desempeñaron su tarea en la región.
En definitiva, un texto útil y documentado que hubiera merecido probablemente una mejor edición para hacer más accesible esta documentación.
Notamos, sin embargo, la ausencia de unas reflexiones finales y conclusiones de síntesis que dieran digno remate al evidente esfuerzo de esta investigación.

RODOLFO VALLIN M.